En el escenario de la alta tecnología, la ambición no tiene escrúpulos y el amor es la moneda más peligrosa.
Linda Lennox es la heredera indiscutible de un imperio multimillonario, pero también la víctima de una coreografía de expectativas ajenas. Mientras ella se pregunta si su destino le pertenece, su hermana adoptiva, Thais, ejecuta en la sombra una fría venganza para arrebatarle su lugar y a su prometido.
Un exclusivo baile de máscaras será el punto de no retorno. Oculta tras un disfraz, Linda conocerá a James Darcy, el frío rival de su padre que no cree en las promesas vacías. Esa noche, la traición más dolorosa saldrá a la luz, obligando a Linda a descubrir quién es realmente y hasta dónde está dispuesta a llegar para reescribir su propio guion.
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CAPITULO 19. LA VISPERA DEL JUICIO.
La tensión dentro de las paredes de Lennox Technologies había alcanzado su punto máximo, volviendo el aire casi irrespirable. Linda, James y Thais se preparaban en secreto para enfrentar a un enemigo que había permanecido oculto demasiado tiempo, moviendo los hilos desde las sombras y poniendo en peligro no solo el patrimonio de la empresa, sino también la integridad física y emocional de toda la familia. La evidencia oculta dentro del sobre de papel marrón era contundente, pero todavía les quedaba por delante la tarea más difícil y dolorosa de todas: confrontar cara a cara al traidor en el consejo de administración y proteger lo que tanto sudor les había costado construir.
Reunidos a altas horas de la noche en la sala de juntas, bajo una luz muy tenue y con las persianas completamente bajadas para evitar miradas indiscretas desde los edificios de enfrente, Linda tomó la palabra con una voz que resonó firme y segura en el vacío de la sala.
—Por fin hemos descubierto con nombre y apellidos quién está detrás de la filtración masiva de datos y del sabotaje informático de la otra noche —declaró Linda, barriendo la mesa con una mirada llena de una frialdad implacable—. Se trata de alguien en quien mi padre y yo confiábamos a ojos cerrados, alguien que ha usado miserablemente su posición de poder para destruirnos. Pero esta vez cometió un error fatal: tenemos pruebas irrefutables de sus crímenes.
James se levantó con paso decidido y proyectó en la gran pantalla de la pared las copias de los correos electrónicos privados, las transferencias bancarias secretas a cuentas extranjeras y las grabaciones de las cámaras de seguridad que demostraban, sin dejar lugar a dudas, la implicación directa del veterano directivo señalado.
—Este hombre no solo comprometió la seguridad financiera de la compañía al vender los planos del nuevo proyecto a la competencia —explicó James con severidad, cruzando los brazos sobre el pecho—, sino que también diseñó una estrategia perversa para manipular las debilidades de Thais y usar su identidad para obtener acceso a la información más confidencial de la red central sin dejar rastro.
Thais, sentada a la derecha de su hermana con el rostro serio y una expresión que mezclaba la culpa con una recién descubierta valentía, añadió con voz decidida:
—Ese miserable ha jugado con todos nosotros como si fuéramos simples piezas en un tablero de ajedrez, pero se le ha acabado el tiempo. Hemos recuperado por completo el control de la partida.
Linda respiró hondo, cerrando los ojos por un breve segundo, plenamente consciente de que el siguiente paso que iban a dar a la mañana siguiente era crucial para el destino de Lennox Technologies.
—Mañana a primera hora convocaremos una reunión extraordinaria con todo el consejo directivo y los abogados de la familia. Presentaremos estas pruebas delante de todos —anunció Linda con determinación—. No voy a permitir bajo ningún concepto que esta asquerosa traición quede impune ante la justicia.
James asintió, dedicándole una mirada llena de un profundo orgullo y ternura.
—Estoy contigo, Linda. Una vez que la policía se encargue de él, reforzaremos la seguridad de manera definitiva para asegurarnos de que algo así jamás vuelva a repetirse.
Esa noche, Linda se sentó sola en su despacho, revisando una última vez cada documento. La batalla psicológica había sido terriblemente dura, pero la verdad estaba a punto de salir a la luz del sol. Sabía que la confianza rota sería muy difícil de reconstruir en los pasillos de la empresa, pero también tenía la certeza de que era posible lograrlo con transparencia, agallas y un liderazgo firme.
Mientras tanto, en un rincón apartado de la ciudad, el directivo implicado recibía un aviso anónimo sobre la investigación secreta. Su rostro se desfiguró con una mezcla salvaje de ira y desesperación. Sabía perfectamente que su juego de mentiras había terminado, pero su mente retorcida no estaba dispuesta a rendirse sin dar una última y desesperada batalla.
Linda, James y Thais estaban listos para el gran desafío final. El futuro del imperio Lennox y el de sus propios corazones dependían por completo de las próximas veinticuatro horas.