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Amor Sin Medidas

Amor Sin Medidas

Status: Terminada
Genre:CEO / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:63.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

"Para mi familia, mi peso era el tamaño de mi vergüenza. Para mi esposo, yo solo era un contrato que cumplir."
Elena siempre fue "la gorda" de la familia, el blanco de las burlas de su madre y la sombra de su perfecta hermana. Cuando las deudas de su padre alcanzan el límite, deciden venderla a un hombre que todos rumorean es un viejo decrépito y cruel.
Pero el destino tiene otros planes. El hombre que la espera en el altar no es un anciano, sino Thiago, un CEO tan frío como apuesto que solo se casó para heredar una fortuna. Entre el desprecio de su nueva familia y el desamor de un esposo que ama a otra, Elena llegará a su límite. Es hora de dejar de ser "la gordita buena" y demostrarles que, cuando el corazón se congela, la venganza es el mejor postre.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 14

El aire en el piso de presidencia se volvió gélido cuando las puertas del ascensor se abrieron de par en par. No era el silencio respetuoso que rodeaba a Thiago, sino un estrépito de voces vulgares y pasos pesados. Los Del Valle habían llegado, y no venían a pedir, venían a exigir.

Yaneth estaba saliendo de su oficina con una carpeta cuando los vio. Su corazón, que había empezado a latir con una confianza nueva, se detuvo en seco. Ahí estaba él: su padre, Ricardo, apoyado en ese bastón de empuñadura de plata que siempre usaba para enfatizar su autoridad. A su lado, su madre y Rebeca la miraban con ojos que destilaban veneno.

—Vaya, miren a la gran señora —escupió Ricardo, avanzando hacia ella. El sonido del bastón contra el mármol golpeaba los nervios de Yaneth—. Te pusiste ropa cara y te estiraste la cara, pero sigues siendo la misma basura que salió de mi casa.

Yaneth sintió que las rodillas le temblaban. Por un segundo, volvió a ser la niña de diez años que se escondía en el armario. El miedo era una garra vieja y conocida que le apretaba la garganta.

—¿Qué hacen aquí? —logró decir Yaneth, con la voz quebrada—. No tienen derecho a entrar así.

—¡Derecho! —chilló su madre, acercándose tanto que Yaneth pudo oler su perfume barato—. Tenemos todo el derecho del mundo. Te vendimos para salvarnos, y ahora que te vemos en las revistas, resulta que te olvidas de quiénes te dieron la vida. Necesitamos dinero, Yaneth. Y lo queremos ahora.

—No les voy a dar nada —respondió Yaneth, tratando de recuperar el aire. El miedo empezó a transformarse en una rabia sorda—. Me vendieron, ¿recuerdan? El contrato está cerrado. Ya no les debo ni el aire que respiro. Por años me humillaron, me dijeron que no valía nada, que era una carga... ¡Me hacían sentir asco de mi propio cuerpo!

Ricardo rugió de furia. La sombra de su padre se proyectó sobre ella, oscura y violenta.

—¡Cállate, malagradecida! ¡Sin nosotros no serías nada!

Antes de que Yaneth pudiera reaccionar, Ricardo levantó su bastón de madera maciza y lo descargó con fuerza contra el brazo de su hija. El golpe seco resonó en todo el pasillo. Yaneth soltó un grito de dolor y cayó al suelo, el impacto la dejó sin aliento.

Mientras ella intentaba recomponerse en el piso, Ricardo se inclinó, la tomó del cabello para levantarle la cara y, con una frialdad aterradora, le cruzó la mejilla con una cachetada que le giró el rostro.

—Mírate —le escupió él, mientras Yaneth sentía el sabor a sangre en su boca—. Sigues siendo una gorda inútil revolcándose en el suelo. No eres una reina, eres nuestra esclava y vas a...

—¡SUÉLTALA! —El grito de Thiago fue como el rugido de una bestia herida.

Thiago acababa de salir de la sala de juntas. Había visto el bastonazo, había visto la cachetada. En ese instante, el hombre de negocios desapareció y solo quedó el hombre que, por primera vez en años, sentía que le estaban arrancando algo propio.

Thiago voló por el pasillo. Antes de que Ricardo pudiera reaccionar, Thiago lo tomó por la solapa del saco y, con una fuerza bruta que nadie le conocía, le propinó un puñetazo directo en la mandíbula que lo mandó a volar contra la pared. Ricardo cayó al suelo, gimiendo, mientras su bastón rodaba por el mármol.

—¡Thiago! —gritó Rebeca, horrorizada.

Thiago se interpuso entre Yaneth y su familia, jadeando, con los puños cerrados y los ojos inyectados en sangre. Parecía un demonio salido del infierno.

—Escúchenme bien, pedazos de basura —la voz de Thiago temblaba de furia pura—. Si vuelven a poner un pie en este edificio, o si se acercan a diez metros de mi esposa, me encargaré de que pasen el resto de sus miserables vidas en una celda. ¡Seguridad! ¡Sáquenlos de aquí ahora mismo! ¡Y si oponen resistencia, tírenlos por las escaleras!

Los guardias, que habían llegado corriendo, arrastraron a Ricardo, a Elena y a una Rebeca que gritaba insultos, sacándolos del piso de presidencia.

Thiago se giró de inmediato hacia Yaneth. Sus manos, que antes eran puños de hierro, ahora temblaban mientras se arrodillaba a su lado.

—Nena... —susurró él, con una ternura que le partió el alma a Yaneth. Sus dedos rozaron con infinita delicadeza la mejilla roja y el brazo donde ya empezaba a formarse un moretón violáceo—. Nena, mírame. ¿Estás bien? Déjame ayudarte.

Yaneth lo miró. Pero sus ojos ya no tenían miedo. Había algo nuevo ahí: un frío glacial, una determinación que asustaría a cualquiera. Se limpió el hilo de sangre de la comisura de los labios y rechazó suavemente la mano de Thiago para ponerse de pie por sí misma.

—Estoy bien, Thiago —dijo ella. Su voz era plana, sin emoción.

—Hay que llevarte a un médico, ese golpe fue...

—Dije que estoy bien —lo interrumpió Yaneth. Se enderezó, se sacudió el traje crema y recogió su carpeta del suelo. Miró hacia el ascensor por donde se habían llevado a sus padres—. No se las voy a dejar pasar. Me golpearon por última vez. Los voy a hundir, Thiago. Voy a usar cada recurso, cada contacto y cada centavo que tengo para que no les quede ni el nombre.

Su mirada ya no era la de la chica dulce. Era la mirada de alguien que acababa de declarar una guerra total. Sin decir nada más, Yaneth caminó hacia su oficina, dejando a Thiago solo en el pasillo, con el corazón acelerado y una preocupación que lo consumía. Sabía que Yaneth había cambiado para siempre, y no sabía si el hombre que él era podría seguirle el ritmo a la mujer en la que se estaba convirtiendo.

Al entrar en su despacho, Yaneth se encontró con Fabián, que se había quedado encerrado esperando que pasara el estruendo. Al verle la cara y el moretón en el brazo, Fabián soltó un grito que se escuchó hasta la recepción.

—¡¿QUÉ TE PASÓ?! ¡DIME QUE NO FUE ESE ICEBERG! —gritó Fabián, corriendo hacia ella.

—Fueron mis padres, Fabi —respondió Yaneth, sentándose en su silla.

Fabián se quedó mudo por un segundo y luego estalló. Empezó a caminar de un lado a otro, gesticulando con una rabia frenética.

—¡MALPARIDOS! ¡HIJOS DE...! ¡¿CÓMO SE ATREVIERON?! —Fabián golpeó la mesa con su bolso—. ¡Esos cerdos hambrientos de dinero! ¡Te juro por Chanel que me las van a pagar! ¡Voy a ir yo mismo y les voy a arrancar los pelos uno por uno! ¡Basuras! ¡Ratas de alcantarilla! ¡¿Golpear a una reina como tú?! ¡Ay, Yaneth, nena, me hierve la sangre! ¡Les voy a hacer una brujería que no se van a poder ni sentar! ¡Son unos miserables, unos... unos monstruos de feria!

Fabián se detuvo, jadeando, y se arrodilló frente a ella, tomándole las manos.

—No voy a parar hasta verlos en la calle pidiendo limosna, ¿me oyes? Mi ciela, nadie te toca y sale ileso. ¡Thiago debió haberlos matado ahí mismo! ¡Qué poca clase, qué gentuza!

Yaneth miró a Fabián y, por primera vez en el día, una sonrisa fría apareció en su rostro.

—Tranquilo, Fabián. Thiago ya hizo su parte. Ahora me toca a mí. Mañana empezamos los trámites para embargarles hasta los recuerdos.

Fabián la miró y asintió, viendo que su amiga finalmente había sacado las garras. El juego de "la gordita sumisa" se había acabado. Ahora, los Del Valle iban a descubrir lo que pasa cuando despiertas a la verdadera heredera de su odio.

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Lorena Malpica
Guau que bonito final gracias es muy linda, felicidades y bendiciones 💯
Lorena Malpica
😂😂😂😂😂😂😂😂 Éste Fabián como me ha hecho reir, es tremenda, la sal de la vida felicidades escritora
Lorena Malpica
Creo que ni siquiera son sus padres
Lorena Malpica
Dios ilumine tu camino para que salgas de dónde estés. Me gusta mucho cómo escribes
Lorena Malpica
Qué bueno, parecía que su pareja también la iba a humillar, peto parece que no, sólo la ignorará.
Lorena Malpica
Las mismas tramas, sólo me gusta verlas porque llega un momento en que todo cambia y ellas se empoderan y ahora si a ver quien es el tonto
Liberpan 2016
me gustó
consisa
Jeni Dragan Eugenia
Felicidades!
Hanna
ame autora 💗
Hanna
me encanta la novela , 🤭 me he reído mucho con las ocurrencias de Fabián 😂
Nora Ezquerra Llamas
Te entiendo tanto Dios quiera que estos comentarios te levanten el ánimo y ansias de salir adelante ,como consejo aunque con llanto seguí intentando te lo dice mi experiencia aunque no tengo tu dicha de poder plasmar tus sentimientos y ayudar a otros no todos tenemos esa facilidad la vida debemos tomarla como viene tal vez no como queremos te envío mis fuerzas luz y muchas bendiciones . MUCHAS GRACIAS 🫂❤️
María del Carmen Rebolini
muy buena novela, me encantó
Miriam Perilla
Dios te bendiga y proteja siempre 🙏 👏👏
Cecilia Benavento
Felicitaciones!!!
Teresita Ramirez Lecuna
sencillamente excelente
corta
de desenlaces rápidos
y protagonistas centrados
y el extra en este caso un lujo
Fabián se lleva el crédito total
me gustó muchísimo la novela porque toca el tema de la autoestima que si bien es muy delicado aquí lo plasma como algo que se puede superar con ganas de hacerlo
te felicito escritora y aunque escribas por desahogo, no dejes que las penas te arropen
el sol siempre brilla después de una noche oscura
Teresita Ramirez Lecuna
un paso a la vez
sibte ayuda escribir , sigue haciéndolo
también ayudas a otros al leerte
además, desarrollas personajes increíble y a pesar de tus tristezas mira que crear a Fabián que saca sonrisas con sus diálogos
a mí me mantienes súper entretenida y enganchada a la novela
así que "pa lante" 😃
Teresita Ramirez Lecuna
me encanta como va la novela
y....... amo a Fabián
que bueno es tener un amigo (a) así
bien por la protagonista a levantar la autoestima
el ser "gordita" no te hace menos y siempre que no afecte tu salud, pues a disfrutar los kilitos
no todas nacimos para ser tablas ni modelos de pasarela antigua
Kathy Roma
eso es todo 🤭
Irene Covarrubias
❤️❤️
Ana María Bolivar Martinez
Un gran abrazo mi querida escritora, eres luz en la oscuridad de quienes acudimos a la lectura para imaginar y olvidar lo.que nos rodea. sigue adekante☺️
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