El agua no solo está subiendo… está “vivo” de alguna forma.
A veces no ataca directamente, pero se comporta de manera antinatural, como si siguiera a las personas, como si eligiera y empezará a crear consciencia.
Nadie sabe si es un fenómeno natural… o algo más, algo que se esconde en lo más profundo.
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No son ellos
El aire cambió antes de que cualquiera se moviera. No fue el agua, no fue el viento, fueron ellos.
Julián y Sara.
Algo en la forma en que estaban quietos, en cómo sus cuerpos parecían sostenerse con un equilibrio extraño, como si no dependieran del mismo esfuerzo que los demás, hizo que el grupo completo entendiera lo mismo al mismo tiempo, aunque nadie lo dijera en voz alta. No eran los mismos.
Valeria no soltó la mano de Tomás.
—Detrás de mí —susurró.
El niño obedeció sin preguntar.
Mateo dio un paso al frente, posicionándose ligeramente entre el grupo y ellos dos.
—Julián —dijo, midiendo cada palabra—. Tenemos que seguir avanzando.
Julián no respondió de inmediato, su cabeza se inclinó apenas hacia un lado, como si estuviera escuchando algo, pero no a ellos, algo más.
—No —dijo finalmente.
Una sola palabra, pero cargada, pesada, incorrecta.
Sara a su vez soltó una pequeña risa, suave, fuera de lugar.
Valeria sintió cómo el miedo se transformaba en algo más claro, más definido.
Esto ya no era incertidumbre, era peligro.
—Muévanse —dijo Ernesto en voz baja, sin apartar la vista.
El grupo comenzó a avanzar lentamente, sin dar la espalda, manteniéndose juntos, cada paso medido, cada respiración contenida.
Pero Julián dio un paso adelante y el agua a su alrededor reaccionó, no salpicó, no se agitó como antes, se abrió, como si lo dejara pasar.
Valeria se quedó pasmada, si su madre estuviera ahí, abría gritando "igual que cuando el agua le abrío el paso a Moisés" Pero claramente este hombre no era Moisés.
—No corran —susurró Mateo—. Si corremos, reaccionan.
—¿Reaccionan? —murmuró Claudia.
Pero no hubo tiempo para responder, Sara avanzó también, sus pies se movían lento, pero seguro., demasiado seguro, como si ya no dudara, como si supiera exactamente hacia dónde ir.
Tomás apretó la mano de Valeria.
—No están caminando… los están moviendo.
Valeria sintió un frío distinto recorrerle el cuerpo.
Julián levantó la mirada y por un segundo… pareció reconocerlos.
—No duele —dijo.
La frase cayó como un golpe.
—¿Qué? —preguntó Luis, con la voz quebrada.
—No duele —repitió Julián—. Es… mejor.
Sara asintió lentamente, su sonrisa no desaparecía.
—No duele —añadió ella.
—Aléjense —ordenó Mateo, esta vez más firme, pero ellos no se detuvieron y entonces ocurrió.
Julián avanzó un poco más rápido, demasiado rápido para alguien en ese estado. El grupo retrocedió bruscamente. Valeria sintió que Tomás tropezaba ligeramente detrás de ella.
Todo pasó en segundos, Sara extendió la mano, no hacia el aire, hacia ellos y el agua respondió con un movimiento brusco.
Una onda que se levantó apenas unos centímetros… pero suficiente para desestabilizar.
Claudia resbaló, cayó de rodillas, algo empezaba a jalar de ella.
—¡No! —gritó Ernesto, intentando ayudarla.
Julián reaccionó de inmediato, se lanzó, no corrió, se deslizó. Como si el agua lo empujara. Valeria sintió que el tiempo se rompía.
—¡Levántate! —gritó Ernesto.
Claudia intentó ponerse de pie, pero el agua se movía raro, estaba pesada, densa, como si quisiera mantenerla abajo.
Mateo reaccionó primero, se interpuso, empujó a Julián con fuerza, el contacto fue real, pero no normal, Julián no retrocedió como debería, su cuerpo absorbió el golpe de una forma extraña, como si no estuviera completamente… sólido, Pero logro hacer que perdiera el equilibrio.
—¡Ahora! —gritó Mateo.
Ernesto logró levantar a Claudia. Luis jaló a Sara de la trayectoria, empujándola hacia un lado.
Pero ese fue el error, orque Sara giró la cabeza de golpe, como si ya no tuviera huesos en lo absoluto y lo miró, muy de cerca, demasiado cerca, su sonrisa desapareció.
—Tú también…
Luis retrocedió de inmediato.
Valeria a su vez reaccionó y agarró a Tomás con más fuerza.
—¡Nos vamos!
El grupo comenzó a moverse, no corriendo, pero sí más rápido, más decididos
Julián no los siguió, se quedó quieto, observando, como si algo lo detuviera, como si estuviera esperando.
Sara sí avanzó un poco más, pero entonces… se detuvo, su cuerpo se tensó, su cabeza se inclinó otra vez. Y ambos… giraron lentamente hacia el agua.
El grupo no se detuvo a entender, aprovechó esa oportunidad y avanzaron más rápido, más lejos, sin mirar atrás.
El agua volvió a su movimiento normal o al menos… a lo que ahora consideraban normal.
Después de varios minutos, el terreno comenzó a cambiar, no de forma abrupta, pero sí suficiente, el nivel del agua bajaba, poco a poco, paso a paso, hasta que finalmente… sus pies tocaron algo más firme.
Tierra.
Valeria sintió que el cuerpo le fallaba por un segundo, pero no se dejó caer, no aún, no hasta estar segura.
Mateo señaló hacia adelante, había una pequeña elevación. No era una montaña, pero sí una colina.
—Ahí —dijo—. Subamos
El ascenso fue lento, doloroso, pero diferente. El agua quedó atrás, por primera vez, no completamente, pero lo suficiente para respirar distinto.
Cuando llegaron arriba… nadie habló. Simplemente… se dejaron caer.
Valeria se sentó, abrazando a Tomás con fuerza, su hijo apoyó la cabeza en su pecho.
—Ya no los escucho —dijo.
Valeria cerró los ojos y por primera vez en mucho tiempo… No sintió miedo.
El grupo seguía casi completo, dañado,cansado, Pero habían sobrevivido.
Mateo miró hacia la ciudad, el agua cubría casi todo.
Y en la distancia… algo se movía, era grande, iba lento, Pero ya era Imposible de ignorar.
—Descansen —dijo—. Nos movemos al amanecer.
Valeria no preguntó cuánto faltaba, no preguntó qué venía. Solo sostuvo a su hijo. Y por primera vez desde que todo empezó… permitió que el cansancio la alcanzara.
Pero incluso ahí… en lo alto… con el agua lejos… algo seguía observando. Y no se había rendido.