Es una historia intensa y visceral sobre pasión, ambición y lealtad en un universo donde cada decisión puede ser la última.
Un romance envuelto en balas.
Una guerra donde el corazón es el único territorio que no están dispuestos a perder.
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CAPÍTULO 13.
La mañana empezó lenta... Habíamos vuelto a dormirnos después del amanecer.
La habitación estaba en silencio, envuelta en una luz suave que se filtraba por las cortinas. El aire todavía tenía ese calor tranquilo que queda cuando dos personas han pasado la noche abrazadas.
Sentí el vacío antes de abrir los ojos. Me quedé quieta, escuchando el sonido de sus pasos, el roce de su chaqueta, el leve clic del reloj que siempre usaba.
Había algo diferente en su forma de moverse.
Más tenso.
Más decidido.
Cuando finalmente abrí los ojos, él estaba de pie junto a la puerta.
_Tengo que resolver algo hoy _ dijo cuando me vio despierta.
Su voz se escuchaba tranquila.
_ ¿Problemas? _ pregunto.
Gabriel negó lentamente.
_ No.
Hizo una pausa.
_ Decisiones.
Eso me hizo fruncir el ceño.
_ ¿Algo que deba preocuparme?
Se acercó a la cama y apoyó una mano en el colchón. Sus dedos rozaron mi cabello con una suavidad que no combinaba con el hombre que dirigía imperios y guerras.
_ No si todo sale bien.
Sus palabras no me tranquilizaron.
_ Gabriel…
Pero él se inclinó y besó mi frente. Un gesto simple e íntimo.
_ Confía en mí.
Después se enderezó, tomó su chaqueta y salió del departamento, cerrando la puerta con un sonido seco y el silencio que quedó detrás de él fue extraño. Demasiado largo, demasiado lleno de preguntas.
El día pasó lento, muy lento. Intenté distraerme, ordené el departamento, bajé a comprar comida. Intenté leer, pero terminé mirando la misma página durante veinte minutos sin entender una sola palabra.
Había una inquietud dentro de mí que no sabía explicar, como si algo importante estuviera ocurriendo lejos de mí o como si el mundo estuviera moviendo piezas que todavía no podía ver.
Cuando el sol empezó a caer detrás de los edificios, la sensación empeoró. La ciudad se llenó de luces, los autos comenzaron a formar ríos rojos sobre las avenidas y yo aún seguía esperando.
No sabía exactamente qué... Pero lo esperaba.
Entonces escuché el golpe en la puerta. Dos veces y mi corazón dio un salto y caminé hacia la entrada con una sensación extraña en el pecho.
Cuando abrí… Gabriel estaba ahí.
Pero algo en él era distinto. No era la intensidad salvaje con la que había llegado la noche anterior. Y tampoco era el hombre que entraba a una habitación como si estuviera listo para enfrentarse al mundo entero.
Esta vez parecía… tranquilo.
Peligrosamente tranquilo.
Sus ojos me recorrieron con calma, como si estuviera asegurándose de que yo realmente estaba frente a él.
_ Aurora _ dijo.
Solo mi nombre.
Pero en su voz había algo que hizo que el aire se me quedara atrapado en el pecho.
_ Pasa _ respondí.
Entró despacio y cerró la puerta detrás de sí. Y caminó por el departamento como alguien que conoce perfectamente el lugar.
Se detuvo frente al ventanal, mientras las luces de la ciudad iluminaban parcialmente su rostro.
_ Hablé con Valentina _ dijo finalmente.
El nombre cayó entre nosotros como una piedra en agua quieta. No sentí celos, sentí algo más profundo, ¿Quizás temblor?.
Gabriel se giró hacia mí.
_ Se terminó.
El silencio que siguió fue tan grande que pude escuchar mi propio pulso.
_ ¿Qué quieres decir? _ pregunté, aunque ya lo había entendido.
Gabriel caminó hacia mí, cada paso suyo parecía cargado de algo que ya no podía detenerse.
_ Quiero decir que se acabó, Aurora... Hoy.
Sus ojos no vacilaban.
_ No podía seguir viviendo una vida que no era la mía.
Tragué saliva.
_ ¿Qué pasó?
Gabriel soltó una exhalación lenta.
_ Fue peor de lo que imaginaba.
Pasó una mano por su cabello, recordando.
_ Cuando llegué al departamento, Valentina estaba esperándome.
¿Esperándote?
_ Sí... vivo en su departamento la mayor parte del tiempo.
Su mirada se oscureció levemente.
_ Estaba sentada en el sofá. Con una copa de vino, como si ya supiera exactamente lo que iba a pasar.
Mi estómago se tensó.
_ Le dije que necesitábamos hablar.
_ ¿Y?
Gabriel dejó escapar una risa breve, sin humor.
_ Se rió.
_ ¿Se rió?
_ Dijo que los hombres solo usan esa frase cuando están a punto de arruinar algo.
El silencio volvió a caer.
_ Entonces le dije la verdad.
_ ¿Cuál?
Sus ojos se clavaron en los míos.
_ Que nunca la amé como ella merecía.
Sentí un escalofrío.
_ Eso debió doler.
_ Sí.
Pero su voz no mostraba duda.
_ Primero pensó que estaba bromeando. Después preguntó si había otra mujer.
_ Y no respondiste.
Gabriel negó.
_ No hizo falta.
Mi pecho se apretó.
_ Entendió, solo al ver mi rostro.
Asentí lentamente.
_ ¿Se enfureció?
_ Mucho.
Sus ojos se endurecieron al recordarlo.
_ Dijo que ella me había ayudado a construir todo lo que soy.
_ ¿Y?
_ Le dije que tal vez tenía razón.
Eso me sorprendió.
_ Pero también le dije algo más.
_ ¿Qué?
Gabriel dio un paso más cerca de mí.
_ Que todo lo que construí… lo hice porque entendí que no quería volver a perder a la única persona que realmente amaba.
Mi respiración se volvió lenta.
_ Yo.
_ Tú.
Sus dedos buscaron mi mano.
_ Intenté olvidarte, Aurora.
Su voz era más baja ahora.
_ Intenté construir una vida distinta… una que no me recordara todos los días lo que perdí cuando desapareciste _ bajé la mirada _ Pero no funcionó.
Sentí su mano levantar suavemente mi mentón.
_ Porque siempre fuiste tú.
Mis ojos ardían.
_ Gabriel… tu mundo ahora está lleno de enemigos.
_ Lo sé.
_ Si me quedo contigo…
No me dejó terminar.
_ Entonces pelearemos juntos _ lo dijo con una calma absoluta, como si el peligro fuera algo inevitable.
Y entonces hizo algo que jamás habría esperado del hombre al que todos llamaban el Jaguar.
( Se arrodilló frente a mí )
Mi corazón se detuvo.
Sacó una pequeña caja negra de su bolsillo, la abrió y dentro había un anillo sencillo, pero hermoso.
Gabriel levantó la mirada. Era primera vez desde que lo conocía que parecía nervioso.
_ Aurora _ su voz tembló _ He vivido en guerra demasiado tiempo.
Tragó saliva.
_ Pero contigo siempre sentí que existía algo más que sobrevivir.
Tomó mi mano.
_ No te prometo una vida fácil.
_ No te prometo seguridad absoluta.
_ Pero sí puedo prometerte algo.
Sus ojos se volvieron intensos.
_ Voy a pelear todos los días de mi vida para que sigamos juntos.
El aire desapareció de mis pulmones.
_ Aurora… _ su voz fue un susurro.
_ ¿Quieres ser mi esposa?
El tiempo dejó de existir. Pensé en todo lo que habíamos sobrevivido en las calles, en el miedo y en los años separados... Nunca habíamos sido dos historias distintas, porque siempre fuimos la misma historia.
Me arrodillé frente a él y tomé su rostro entre mis manos.
_ Gabriel Herrera…
Sonreí entre lágrimas.
_ Tardaste demasiado en pedírmelo.
Una risa suave escapó de su pecho.
_ Entonces eso es un sí…
Lo besé antes de que terminara la frase.
_ Sí, mi amor.
Cuando el anillo entró en mi dedo, sentí algo extraño, como si el mundo finalmente encajara en su lugar.
Apoyé mi frente contra la suya.
_ Ahora sí estamos completamente locos_ murmuré.
Gabriel sonrió con esa sonrisa peligrosa que había hecho famoso al Jaguar. Pero que siempre había sido mía.
_ Aurora…
Sus brazos me rodearon.
_ Siempre lo estuvimos _ responde.
Y por primera vez en mucho tiempo… El futuro no parecía una amenaza, mas bien parecía una guerra que estábamos listos para ganar.
Pero esta vez Juntos...
ella claramente le dijo que era una trampa pero el de disque macho se fue y cayó en el anzuelo a si que no venga a reclamar nada 😡
despues de aquí seguro aparecerá la valentina esa ocupando el lugar de aurora