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Ecos De Un Imperio Invisible

Ecos De Un Imperio Invisible

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / CEO / Romance
Popularitas:642
Nilai: 5
nombre de autor: Elvira Lovegoot Boot

Gael Eryx Valcázar lo tiene todo: poder, dinero y control absoluto sobre su mundo… hasta que ella aparece.
Naelith Corvane, una chica recién graduada con grandes sueños, entra a trabajar en la empresa equivocada… o tal vez en la correcta.
Lo que empieza como una simple oportunidad se convierte en un juego peligroso de secretos, ambición y emociones que ninguno puede controlar.
Porque en un mundo donde todo tiene un precio… enamorarse puede ser el error más caro.

NovelToon tiene autorización de Elvira Lovegoot Boot para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: Dos mundos, un mismo destino

El sonido del despertador no fue necesario.

Gael Eryx Valcázar ya estaba despierto antes de que el sol tocara los ventanales de su apartamento. Acostado boca arriba, con la mirada fija en el techo, repasaba mentalmente la agenda del día como si cada segundo contara… porque, en su mundo, lo hacía.

A las seis en punto se levantó.

Rutina exacta. Sin margen de error.

Diez minutos de ejercicio. Ducha fría. Café negro, sin azúcar. Traje oscuro perfectamente planchado. Cada movimiento suyo parecía medido, calculado, casi automático. No había espacio para la improvisación en la vida de alguien que dirigía una de las empresas más influyentes del país.

A las seis y cuarenta y cinco ya estaba revisando informes en su tablet.

Números. Estrategias. Proyecciones.

Todo bajo control.

O al menos eso parecía.

Señor Valcázar, el auto está listo anunció su asistente a través del intercomunicador.

Gael no respondió de inmediato. Terminó de leer una última línea, deslizó el dedo por la pantalla y apagó el dispositivo.

En cinco minutos dijo finalmente.

Su voz era firme, tranquila… pero distante.

Siempre distante.

Tomó su reloj, lo ajustó con precisión y se miró en el espejo por un segundo más de lo necesario. No buscaba aprobación. No la necesitaba. Pero había algo en su mirada que ni el éxito, ni el dinero, ni el poder lograban llenar.

Y él lo sabía.

Al otro lado de la ciudad, la mañana no era tan silenciosa.

¡Mamá, ya voy!

Naelith Corvane salió corriendo de su habitación con un zapato en la mano y el otro medio puesto, intentando equilibrarse mientras revisaba su celular al mismo tiempo.

Te vas a caer un día de estos dijo su madre desde la cocina, sin siquiera mirarla.

No hoy, hoy no puedo caerme respondió Naelith, riendo, aunque claramente iba tarde.

Su casa era pequeña, pero cálida. Llena de vida. De ruido. De esos detalles que no aparecen en los catálogos de lujo pero que hacen que un lugar se sienta como hogar.

Naelith tomó una tostada, le dio un beso rápido a su madre y salió casi sin despedirse.

¡Hoy es importante! —gritó antes de cerrar la puerta.

Y lo era.

Después de años de esfuerzo, noches sin dormir, trabajos a medio tiempo y sacrificios que nadie más veía… por fin era oficialmente licenciada en Administración.

Y hoy empezaba todo.

O al menos eso esperaba.

Caminó rápido por la calle, esquivando gente, autos y pensamientos que se le cruzaban sin orden.

Tenía sueños grandes. Más grandes de lo que su realidad permitía… o eso le habían dicho muchas veces.

Pero nunca fue de rendirse.

Nunca.

El auto de Gael avanzaba por la ciudad como si el tráfico no existiera. Oscuro, elegante, intocable.

Dentro, el silencio era casi absoluto.

Tiene una reunión con los inversionistas a las ocho, una llamada con el equipo de expansión a las diez y…

Cancela la llamada de las diez interrumpió Gael sin levantar la vista.

Pero es importante para el proyecto internacional.

Lo sé. Cancélala igual.

Su asistente dudó un segundo.

¿Algún motivo en particular?

Gael giró ligeramente la cabeza hacia la ventana. Observó la ciudad que despertaba. Personas caminando rápido, vendedores ambulantes, estudiantes con mochilas demasiado pesadas para su edad.

Vida real.

Reprograma para mañana —dijo finalmente.

No dio explicaciones.

Nunca lo hacía.

Naelith llegó al edificio con el corazón acelerado.

No solo por la carrera que había hecho… sino por lo que representaba ese lugar.

Una torre enorme de vidrio, imponente, reflejando el cielo como si fuera inalcanzable.

Wow… susurró.

Había visto fotos, claro. Pero estar ahí era diferente.

Mucho más.

Respiró hondo, acomodó su blazer prestado, pero bien cuidado y caminó hacia la entrada con la determinación de alguien que no tenía otra opción más que lograrlo.

Porque fallar no estaba en sus planes.

No ahora.

Gael bajó del auto sin mirar a nadie.

El personal del edificio lo saludó con respeto inmediato. Algunos con admiración, otros con miedo.

Era joven para tener tanto poder.

Demasiado joven.

Pero eso no era lo que llamaba la atención.

Era su presencia.

Fría. Impecable. Inquebrantable.

Entró al ascensor privado mientras revisaba su reloj.

Llegamos dos minutos antes —comentó su asistente.

Entonces estamos tarde respondió él.

Las puertas se cerraron.

Naelith, en cambio, tuvo que esperar.

Una fila larga. Personas igual de nerviosas. Igual de preparadas.

O eso parecía.

Apretó su carpeta contra el pecho.

Tranquila… tú puedes, se dijo en voz baja.

No tenía contactos. No tenía padrinos. No tenía suerte garantizada.

Pero tenía algo más fuerte.

Ganas.

Y a veces eso era suficiente.

O al menos eso quería creer.

El ascensor de Gael se abrió directamente en el último piso.

Su oficina lo esperaba.

Amplia. Minimalista. Perfecta.

Pero vacía.

Siempre vacía.

Dejó su saco sobre la silla, caminó hacia el ventanal y observó la ciudad desde arriba.

Desde ahí, todo parecía pequeño.

Controlable.

Predecible.

Pero la vida nunca lo era.

Y eso estaba a punto de cambiar.

En el primer piso, Naelith finalmente llegó a recepción.

Buenos días, vengo por la convocatoria de asistentes administrativos dijo, intentando sonar segura.

La recepcionista la miró de arriba abajo rápidamente.

No con desprecio… pero tampoco con interés.

Piso 14. Sala de entrevistas.

Naelith asintió.

Gracias.

Se dirigió al ascensor con el corazón latiendo con fuerza.

No sabía que ese edificio no solo cambiaría su carrera.

Cambiaría su vida.

En el piso 30, Gael tomó su tablet nuevamente.

Un nuevo documento había llegado.

“Lista de candidatos Área administrativa”

Lo abrió sin mucho interés.

Era rutina.

Un proceso más.

Un día más.

Hasta que algo o alguien hiciera que dejara de serlo.

En el piso 14, las puertas del ascensor se abrieron.

Naelith dio un paso al frente.

Sin saber que, en ese mismo edificio… alguien ya estaba a punto de cruzarse en su camino.

Y cuando eso pasara…

Nada volvería a ser igual.

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Luisa Fernanda Leon Barahona
por que demoran tanto en subir los capitulos 😂
Lala Lovegoot Boot: disculpaaaaa
total 1 replies
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