Lucas siempre ha hecho lo correcto.
Una carrera impecable. Una vida estable. Una boda en camino.
Hasta que Ethan regresa.
Doce años después, su antiguo mejor amigo vuelve convertido en su mayor rival… y en alguien completamente distinto. Más frío. Más seguro. Más peligroso.
Ethan no ha vuelto por negocios.
Ha vuelto por él.
Lo que comienza como una competencia entre empresas pronto se transforma en algo mucho más personal. Más intenso. Más difícil de ignorar.
Porque Ethan no juega limpio.
Y Lucas ya no puede seguir fingiendo que nada le afecta.
Entre decisiones correctas y deseos que no debería tener…
Lucas tendrá que elegir:
¿La vida que construyó…
o a quien nunca logró olvidar?
NovelToon tiene autorización de Lyn SD para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 7
Ethan
—Idiota —escucho sus palabras y, por primera vez en años, siento ganas de dejar salir una carcajada.
Lo dejo allí, seguramente enojado, y es exactamente lo que quiero.
No me sirve llegar como un amigo.
No me sirve ser un conocido.
Ni simpático.
Necesito romper su mundo perfecto.
Lo necesito pensando solo en mí.
Doce años… y sigue siendo un problema que no sé cómo dejar de querer.
Durante demasiado tiempo fingí que no importaba.
Que lo que pasó quedó atrás.
Pero no desapareció.
Solo se quedó… esperando.
Si quiero que me vea realmente, haré lo que tenga que hacer.
Soy un hombre, no una linda mujer. Necesito jugar todas las cartas que pueda si quiero quitárselo a alguien.
No me quedo al resto del cóctel. No me interesa mostrarme más de lo que ya hice. Tampoco necesito más.
Ya sembré lo suficiente.
—¿Qué tal fue? —pregunta Theo más tarde, llegando a mi nuevo departamento.
No digo nada, pero sonrío, recordando sus reacciones a mis palabras. Su mirada, su tensión… la forma en que intentaba mantener el control.
Siempre fue malo ocultando lo que realmente sentía.
—Hermano… no quiero ni imaginar lo que significa esa sonrisa siniestra —dice, sentándose en el sofá frente a mí.
—Digamos que tuve una gran primera impresión —respondo.
—¿Has escuchado eso de dejar que la persona que quieres sea feliz, aunque no sea contigo?
Lo miro, sin responder de inmediato.
—¿No fuiste tú quien me llamó para que volviera? ¿Y quien se apresuró a decirme que Lucas se casaba? ¿Ahora quieres que lo deje tranquilo?
—Me siento un poco culpable, ¿sabes? —y, sin embargo, no suena para nada culpable—. Nunca pensé que te mudarías al mismo edificio, armarías una empresa del mismo rubro e incluso copiarías el nombre. Yo solo esperaba que te robaras al novio.
Está disfrutando esto.
Siempre le gustaron demasiado los problemas.
—Tengo menos de seis meses. No puedo ser suave ni tomarme mi tiempo.
No vine a intentarlo.
Vine a conseguirlo.
Theo suelta una pequeña risa, negando con la cabeza.
—Sigues siendo el mismo.
—No —respondo—. Ahora soy peor.
Eso parece divertirlo aún más.
—¿Qué planeas hacer ahora? —pregunta, curioso.
Apoyo la espalda en el sofá, relajado.
—Creo que Lucas ha vivido demasiado tiempo sin sobresaltos. Le daré un poco de emoción a su vida.
Theo sonríe, como si ya supiera que nada de esto va a terminar bien.
—Creo que me dejaré caer por su empresa uno de estos días. No puedo esperar para ver cómo te maldice.
—Haz lo que quieras, pero no arruines mi juego.
Su expresión cambia apenas. Más seria.
—No lo haré. Tienes mi apoyo… y no quiero que vuelvas a irte al extranjero.
Hay algo más detrás de eso, pero no pregunto.
—Bueno, me largo. Nos vemos.
Sale del departamento y me quedo solo.
El silencio no dura mucho.
Mi mente vuelve a él.
A su expresión.
A su voz.
A la forma en que me miraba.
Cierro los ojos un segundo.
Error.
Porque lo único que consigo es verlo otra vez.
Más cerca.
Más real.
Más presente de lo que debería estar.
Sonrío levemente.
Esto va a ser interesante.
*****
Al día siguiente, en la mañana, bajo al gimnasio que se encuentra en el primer piso de la torre.
No es casualidad.
Nada de esto lo es.
Tomo una de las máquinas trotadoras y comienzo a caminar, ajustando la velocidad lo suficiente como para parecer concentrado… sin estarlo realmente.
Lo veo antes de que me vea.
Su forma de entrar.
La tensión en sus hombros.
Su mirada recorre el lugar con rapidez.
Inquieta.
Solo toma unos minutos para que me note.
—¿Qué se supone que haces aquí? —pregunta finalmente, con los dientes apretados.
Lo miro de reojo.
—¿Acaso eres ciego?… Ejercicio.
—Eso lo sé. Pregunto por qué estás haciendo ejercicio justo aquí.
—Porque es un gimnasio, obviamente.
—Sabes lo que quiero decir.
Aumento apenas la velocidad de la máquina, sin dejar de mirarlo.
—No. No lo sé. Explícame —pido.
Su mandíbula se tensa.
Siempre fue fácil.
—Olvídalo.
Se gira y se va hacia la otra punta del gimnasio, claramente frustrado.
Lo observo unos segundos más.
Intenta concentrarse. Falla. Vuelve a mirar en mi dirección sin querer.
No ha cambiado tanto como cree.
Una sonrisa involuntaria se forma en mis labios.
Y ni siquiera he empezado.