Dentro de la Mafia Rusa, existen pactos, lealdades y acuerdos, es por eso que las hijas son monedas de cambios para el ascenso de los jefes de las familia, es un modo facil modo de obtener más poder..
La familia Lombardi resultado de la unión del hijo de un capo de la Cosa znostra Italiana con la unica hija del lugarteniente y mano derecha de la Mafia Rusa. Su decendencua fue su primogeniro Alexander y kas gemelas Laura y Lorena.
El hijo y futuro jefe de la mafia rusa elvfrio y cruel Dimitri Volkov, siente una pasión descontrolada por una de las gemelas, mientras es el mejor amigo de sus hermanos, es que Lorena es un espiritu libre que odia la vida de la mafia y sueña con escapar de eze mundo, no quiere ser como.su madre, una mujer triste que se refugia en frivolidades y alcohol para olvidar su triste vida.
Dimitri logra casarse con Lorena, pero ella no quiere ser su debilidad, ni la de nadie, es por eso que aprendio defenza personal, yvparticipa en peleas clandestinas
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Raices de Sangre y Pinceles de Humo
Raíces de Sangre y Pinceles de Humo
La mafia rusa, a menudo llamada Bratvá (hermandad), no es una organización centralizada, sino un archipiélago de clanes o vorovskói mir (el mundo de los ladrones) que operan bajo un código de silencio y lealtad férrea. A diferencia de la Cosa Nostra italiana, los rusos no tienen una estructura piramidal rígida, sino una red horizontal de jefes (pakhan) que controlan regiones o sectores específicos, secundados por oborotni (hombres lobo) infiltrados en política y policía. Su modo de actuación combina una frialdad extrema con una sofisticación técnica: no dudan en asesinar a un rival con un misil desde un dron, pero también lavan dinero a través de criptomonedas y empresas fantasma repartidas por Chipre, Londres y Dubái.
Se dice que surgieton de los gulags soviéticos, su seña de identidad son los tatuajes simbólicos en la piel (estrellas en las rodillas para significar que no se arrodillan, cúpulas de iglesias por cada condena) y el uso de la kompromat (información comprometedora) para controlar a jueces, oligarcas e incluso presidentes. Son particularmente letales en el tráfico de armas nucleares huérfanas, ciberdelincuencia y extorsión a deportistas, y su lema no escrito es: «Nadie sale de la Bratvá vivo, excepto en una caja de zinc».
La infancia de Dimitri Volkov no fue un cuento de nieve siberiana, sino una lección de anatomía del poder. Mientras otros niños aprendían a atarse los zapatos, él aprendía a distinguir el sonido de un disparo con silenciador del de uno convencional. Su padre, el patriarca Iván Volkov, criaba a su heredero como se forja un cuchillo: a golpes de disciplina y baños de realidad. Dimitri creció entre hombres de negro que olían a pólvora y mujeres de joyas frías que susurraban traiciones. No hubo juguetes, sino réplicas de armas; no hubo cuentos, sino informes de cuentas por cobrar. A los siete años, ya sabía que la misericordia era una deuda que nunca se paga. Su mirada, de un gris acerado, aprendió a no parpadear ante el dolor ajeno. Para los diez, había visto ajusticiar a un traidor con la misma indiferencia con que otros ven llover. Los Volkov no criaban niños: criaban lobos, los lobos crecen matando y esa era su vida. Du hermana Katia 5 años menor fue una niña tan tierra como hermosa, criada solo para ser bella y atendida, como la princesa de la mafia que es, una nin̈a dosil, pero caprichosa yoda una Volkov.
Al otro lado de la ciudad, en una mansión de Moscú rodeada de jardines secretos, crecía la familia Lombardi-Smirnova. Olga Smirnova, bella y triste como una icono rusa olvidada, se casó con Gean Carlo Lombardi por conveniencia, no por amor. La tristeza de Olga era el hilo invisible que tejía la infancia de sus hijos. El primogénito Alexander, moreno y de ojos profundos, pronto entendió que su madre lloraba cuando creía que nadie la veía, y ese dolor se convirtió en su motor silencioso. Las gemelas, Laura y Lorena, nacieron bajo el mismo signo pero con destinos opuestos. Laura reía con las joyas de su madre y bailaba en las fiestas de su padre, aprendiendo pronto el arte de la apariencia. Lorena, en cambio, se escondía en la biblioteca o en el taller de pintura. Desde muy pequeña, veía cómo su madre se embriagaba con vodka entre cortinas de terciopelo, ahogando penas en copas de cristal de Bohemia. Mientras Laura imitaba las vanalidades de la alta sociedad mafiosa, Lorena observaba la tristeza de fondo y, con su pincel, intentaba pintar el vacío.
La adolescencia endureció a Dimitri como el acero en agua helada. A los quince años, cometió su primer asesinato sin inmutarse, y a los diecisiete dirigía ya una de las facciones más brutales de los Volkov. Su frialdad era proverbial en el bajo mundo: se decía que podía mirar a los ojos de un hombre mientras lo ahogaba y luego tomar el té como si nada. Pero bajo esa coraza de hielo crecía una obsesión enfermiza por Lorena Lombardi. La había visto en una cena de familias, pintando flores en un rincón mientras los demás negociaban armas, y algo en su pureza le resultó insoportablemente adictiva. Laura, la gemela ardiente y vana, se convirtió en su mejor aliada y su peor tormento. Todos creían que Laura y Dimitri eran pareja: ella se colgaba de su brazo en fiestas, reía con sus chistes crueles y organizaba sus encuentros. Pero Laura amaba a Dimitri en secreto, con un amor desesperado que ella misma sabía que no sería correspondido. Mientras tanto, Lorena seguía ajena a la obsesión del heredero ruso, sumergida en sus pinturas y en su creciente odio hacia el mundo de violencia que su madre reflejaba con sus ojeras violáceas.
Por su parte, Alexander Lombardi se había convertido en un protector feroz para su hermana Lorena. Al ver la tristeza de su madre y la fragilidad de la gemela más sensible, el primogénito juró que nadie la tocaría. A espaldas de su padre, entrenó a Lorena en defensa personal, manejo de armas cortas y, para sorpresa de ambos, en química de explosivos caseros. Lorena, la chica dulce que amaba pintar atardeceres, resultó ser una alumna prodigiosa. Alexander, por su parte, se había forjado una leyenda en el ciberespacio: conocido como «Lobo Solitario», era un hacker tan escurridizo que ni la inteligencia rusa ni la italiana habían podido identificar. Juntos, hermano y hermana formaban un arma letal de dos cabezas: él movía los hilos de la información global; ella, con sus manos de artista, podía desarmar un circuito o un corazón. Pero ninguno de los dos sabía aún que el lobo gris de Moscú, Dimitri Volkov, ya había puesto sus ojos en la gemela de pinceles limpios, y que Laura, su mejor amiga, alimentaba en silencio una hoguera que amenazaba con quemarlo todo.
Las gemelas tan identical fisicamente, como diferente su forma de ver el mundo interior y exterior. Laura proviene del latín laurus, que significa "laurel", la planta con la que se coronaba a los héroes y poetas en la Antigua Roma. Simboliza victoria, gloria y honor. Es un nombre que evoca luz, fuerza y una naturaleza triunfadora, destinada a brillar en sociedad. Por eso Laura Lombardi es ardiente, vanidosa y ama las fiestas: su nombre la impulsa hacia el reconocimiento externo y el centro de atención.
Lorena, en cambio, tiene un origen incierto pero suele asociarse al latín laurentius "natural de Laurento", una ciudad de laureles o al germánico loth "famoso" y hrôd "gloria". Sin embargo, con el tiempo adquirió matices más melancólicos: evoca la región francesa de Lorena, conocida por su historia de guerras y pérdidas. Muchos le atribuyen el significado de "la que lleva el laurel" pero también "la triste" o "la llorosa", por su cercanía fonética con lamentum o lamento. Ese doble filo calza perfectamente con Lorena: capaz de coronarse en inteligencia y talento artístico, pero marcada por la tristeza de su madre y el odio a la violencia.
Mientras Laura es el laurel que se exhibe en las fiestas, Lorena es el laurel que crece en silencio entre sombras, regado con lágrimas.