Por el error de un angel, morí. reencarne y soy la mejor amiga de la protagonista.
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Capitulo 24: Haré lo correcto.
El ambiente dentro de la oficina del príncipe no tenía nada de calma, aunque las puertas estuvieran cerradas y los guardias mantuvieran distancia, la tensión estaba en el aire, se sentía en la forma en que Adam caminaba de un lado a otro sin detenerse, en la manera en que apretaba las manos como si contuviera algo más fuerte que el enojo, y en el silencio de Adrien, que no lo perdía de vista mientras permanecía al lado de Mary.
—No puedo creer que haya pasado esto dentro de mi propio palacio —dijo Adam, deteniéndose por fin, su voz contenida pero tensa—. Frente a mí, sin que lo viera.
Adrien respondió con calma, aunque su mirada no se alejaba de Mary.
—No fue descuido —dijo—. Fue un plan elaborado y con magia.
Adam negó con la cabeza.
—Eso no cambia nada.
—En como debes responder —replicó Adrien.
Adam lo miró, claramente molesto.
—¿Cómo quieres que responda? ¿Como si nada hubiera pasado? ¿Como si no hubiera estado tomando decisiones que no eran completamente mías?
Adrien no elevó la voz.
—Quiero que respondas con claridad, no con rabia.
Adam soltó una exhalación pesada.
—Casi provoco muchos errores por estar ciego.
—Pero no lo hiciste —respondió Adrien—. Y aún estás a tiempo de evitarla por completo.
Hubo un silencio breve.
—Gracias a ella —añadió Adrien, mirando a Mary.
Adam también la miró, su expresión cambió apenas, menos tensa.
—Lo sé.
Isabella, que había permanecido en silencio hasta ese momento, dio un paso adelante, su postura recta, pero su rostro serio.
—Quiero hablar.
Adam la miró.
—Hazlo.
Isabella no dudó.
—Me voy a entregar como lo acordamos
El silencio fue inmediato. Adrien levantó ligeramente la mirada, Adam frunció el ceño.
—¿Qué estás diciendo?
Isabella sostuvo su mirada.
—Voy a asumir mi parte en todo esto, junto con mi hermano.
Adam negó de inmediato.
—No.
Isabella no retrocedió.
—Sí.
—No es lo mismo —replicó Adam—. Tú no actuaste por voluntad propia en muchas cosas.
—Pero sí en otras —respondió Isabella.
El duque intervino.
—Esto no se trata solo de responsabilidad, sino de consecuencias políticas.
Isabella lo miró, pero no cambió de postura.
—Lo entiendo.
Volvió a mirar a Adam.
—Pero hay algo que necesito pedirte. No declares la guerra a mi país.
El silencio volvió, más pesado.
—Es un reino pequeño —continuó ella—. No resistiría un conflicto directo, y no todos ahí sabían lo que estábamos haciendo.
Adam no respondió de inmediato.
—Por eso vinimos —añadió Isabella—. Para evitarlo, para adelantarnos a lo que creíamos que iba a pasar… pero las cosas se salieron de control. Mi hermano tomó decisiones que fueron más allá de lo que acordamos, y yo… no lo detuve a tiempo.
Adam la observó en silencio.
—Pero eso no es razón para destruir un reino entero —termino ella—. No es justo.
El duque miró a Adam, sin presionarlo, pero atento. El príncipe finalmente habló.
—No lo es.
Isabella bajó la mirada un segundo, luego volvió a alzarla.
—Entonces detén esto.
Adam se giró ligeramente, caminó unos pasos, pensó, no respondió de inmediato, y cuando lo hizo, su tono había cambiado.
—Vas a regresar a tu reino.
Isabella lo miró.
—¿Y la guerra?
Adam negó con la cabeza.
—No habrá guerra.
El silencio fue distinto esta vez.
—Desisto —añadió—. No habrá intervención en tu país.
Isabella no respondió de inmediato.
—Pero Terence se queda —continuó Adam—. Va a enfrentar las consecuencias de lo que hizo.
—Yo también
—No te quedas, te vas, Isabella —añadió Adam.
Isabella frunció el ceño.
—Quiero hacerlo.
—No —respondió él con firmeza—. No es necesario, ni útil.
Isabella lo miró, sorprendida.
—Pero yo...
—Vas a regresar —repitió Adam—. Le dirás a tu familia lo que pasó, que no habrá guerra, y que esto termina aquí. Si hubieran venido a hablar desde el inicio, esto habría sido distinto.
Isabella cerró los ojos un segundo.
—Lo sé.
—Aún así —continuó Adam—. Todavía puedes hacer lo correcto.
Isabella levantó la mirada.
—Lo haré.
—Entonces vuelve —dijo Adam—. Yo me encargaré del resto.
Isabella asintió, esta vez sin discutir. Adam no respondió con palabras, pero su expresión ya no era la misma de antes.
El juicio no tardó en llevarse a cabo, no hubo necesidad de prolongarlo más de lo necesario, las pruebas estaban, las decisiones también, pero había algo que faltaba, la verdad completa, sin evasiones.
Mary tenía su mirada fija en Terence, que permanecía bajo custodia. Metió la mano en una pequeña bolsa que llevaba consigo y sacó un pedazo de pan.
Adrien la miró.
—¿Qué es eso?
Mary no respondió, se acercó a Terence sin titubear.
—Abre la boca.
Terence la miró, con una leve sonrisa.
—No. Sé que es eso. No soy tan estúpido-...
Mary no insistió con palabras, simplemente actuó, lo obligó lo suficiente para que el pan entrara en la boca.
—Traga, infeliz mentiroso.
Los guardias reaccionaron, pero Adrien levantó la mano.
—Déjenla.
Terence frunció el ceño, pero terminó tragando.
El efecto no tardó. Mary le preguntó y él soltó todo.
—Quería la guerra —dijo de pronto, sin filtro—. Era la forma más rápida de consolidar poder. Usé a Isabella —continuó—. No completamente, pero lo suficiente para guiar sus decisiones.
Adam no apartó la mirada.
—También al príncipe —añadió Terence—. No de forma directa siempre, pero influí en lo necesario.
Mary lo observaba sin expresión.
—Todo estaba planeado por mí—siguió—. Cada paso, cada duda, cada elección.
Adrien cruzó los brazos.
—Eso es suficiente.
El juicio concluyó sin más dudas, Terence recibió la sentencia correspondiente, sin espacio para apelaciones, y quedó claro que si su reino intentaba intervenir, Isabella sería testigo de lo ocurrido, con su palabra firmada y respaldada.
El día de la partida llegó sin retrasos.
Isabella estaba lista, vestida de forma más simple, sin adornos innecesarios, su expresión tranquila.
Adam llegó hasta ella.
—Todo está listo.
Isabella asintió.
—Gracias. Y sigo lamentando lo que ocurrió.
—No tienes que decirlo otra vez.
Isabella bajó la mirada un segundo.
—Aun así… me siento culpable de todo esto.
Adam la observó.
—Lo sé.
Hubo una pausa breve.
—Quizás… —dijo él finalmente—. Más adelante, en otro contexto, podamos empezar de nuevo.
Isabella levantó la mirada, sorprendida, pero no incómoda.
—Me gustaría.
Adam asintió levemente.
—Entonces vete tranquila. Con la mente de que no habrá confrontación.
Isabella hizo una pequeña reverencia.
—Lo haré.
Cuando salió, Mary ya la estaba esperando más adelante, en el camino.
Isabella se detuvo al verla.
—Pensé que ya te habías despedido.
Mary negó.
—No de ti.
Isabella sonrió apenas, luego se acercó y la abrazó sin dudar.
Mary respondió al abrazo con la misma firmeza.
—Todos tenemos secretos —dijo Mary en voz baja—. No es malo guardarlos… depende de por qué lo haces.
Isabella asintió contra su hombro.
—Te voy a extrañar.
Mary se separó apenas.
—Yo también.
—No podré volver pronto.
—Entonces escribe.
Isabella sonrió.
—Si, por supuesto que lo haré. De seguro que yo también hubiera obtenido mi castigo de no ser por ustedes.
Se separaron, sin necesidad de más palabras.
Isabella subió al carruaje y no miró atrás de inmediato, pero cuando lo hizo, Mary seguía ahí.
Después de que el carruaje se perdió en la distancia, el silencio se quedó un momento más.
Adrien se acercó.
—¿Y ahora?
Mary lo miró.
—No lo sé. ¿Y tú?
—Estoy pensando en reabrir el taller de joyería de mi familia —dijo—. Retomar lo que dejaron hace años.
Mary lo observó con atención.
—¿En serio?
—Sí.
Hubo una pausa breve.
—Voy a necesitar ayuda.
Mary sonrió apenas.
—Entonces avísame si hay un puesto.
Adrien soltó una pequeña risa.
—No solo hay un puesto —dijo—. Hay una habitación disponible.
Mary lo miró, sorprendida, pero no incómoda.
—¿Eso es parte de la oferta?
—Sí lo quieres ver así.
Mary lo pensó un segundo.
—Entonces acepto. Lo único malo de mí es que tengo dos manos izquierda.
—No me importa. Tengo paciencia para tí.
—Y aveces me levanto tarde...
—Puedo levantarte todo los días.
—¿No te molesta que vean a una mujer en tu casa sin ser nada?
Adrien solo suelta una sonrisa. Le acaricia el rostro y le pregunta.
—Mary. Me gustas tal cuál y como eres. No me importa los demás. Solo tú. Aún así, quiero saber si estás de acuerdo con eso.
Mary asintió con eso. Sin embargo, ella se colocó de puntilla y lo beso cerca de la comisura de su labio. El duque quedó paralizado, no esperó que ella diera el primer paso.
—Tú también me gusta. Adrien.
Esta vivo, sin magia, no fue un castigo como se lo esperaba, o tal vez perder su magia para él si lo sea.
La vida de Mary dio un giro que no se esperaba, pero en el proceso encontró el verdadero amor, Adrien es un buen hombre 😍😍😍
Adam dio a entender qué quiere algo con Yuyu, más adelante cuando todo se estabilice y las heridas sanen. /Whimper/ Mary prometió ir a trabajar a la panadería, cambio pan por joyas, pobre panadero se quedo sin su empleada loquilla /Grievance/