El amor no siempre aparece como lo soñamos.
A veces llega envuelto en errores, promesas rotas y despedidas que dejan el alma cansada. Idealizamos su forma, su fuerza, su duración, y cuando la realidad no coincide, la decepción nos empuja a pensar que el amor verdadero es solo un mito.
Tropezamos una y otra vez, aprendiendo a proteger el corazón, hasta casi convencernos de que sentir ya no vale la pena.
Pero incluso en esa duda, cuando menos creemos, el amor encuentra la manera de recordarnos que si existe… aunque no sea como lo imaginamos,mucho menos perfecto.
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capitulo 4 otro empleo,un recomienzo.
Quizás por miedo a futuras complicaciones, el hombre al que había salvado pagó la cuenta del hospital y se marchó.
No dejaba ninguna identificación; para no ser encontrado.
Bruna despertó sola, aturdida, con la mano enyesada y sin recursos para mantenerse.
Al menos, todo lo relacionado con el hospital estaba cubierto.
Cuando le dieron el alta, retomó el duro camino de siempre: buscar un empleo, un lugar para dormir ,o en el peor de los casos, regresar a su pueblo.
En la cafetería donde también se quedaba ,al verla con la mano inmovilizada y luego de varios días sin aparecer , le daban la baja .
Caminaba sin rumbo, con el bolso y la maleta a cuestas, recargando todo en un sólo brazo.
De pronto vio a un hombre sacando maniquíes en la entrada de un negocio.
Había pasado varias veces por allí y visto el cartel que anunciaba vacantes como vendedora, pero no creía que aquel empleo se adaptase a sus necesidades.
Decidió probar suerte, pese al yeso.
Después de todo, vender ropa parecía un trabajo más leve que servir mesas o lavar platos.
— Buen dia señor,¿todavía están contratando vendedoras?.— preguntaba humildemente.
— Si.— dijo dándose vueltas y escaneando a la chica en frente
Pero su mirada se clavaba en su brazo.
No era un tipo viejo ,más bien jóven ,no deberia tener más de 40 años.
— Me gustaría trabajar para usted si está contratando.— insistía Bruna ante su silencio.
— Jóven ,no poder por su brazo. — le respondía.
— Tengo el otro,se lo ruego necesito el empleo.— suplicaba al verlo dudoso.
— ¿Que pasar?..— le señalaba el brazo, con tono extranjero, sin conjugar bien los verbos.
— Tuve un accidente por salvar a un distraído.— se explicaba esperando una respuesta afirmativa.
—Semana una ,nada más.— señalando el uno con el dedo, la tomaba a prueba.
— Gracias,gracias, mañana vengo temprano a trabajar.
Bueno ..¿a que hora tengo que llegar?.— una parte de sus problemas parecía resuelto.
— ¡Ahora!, tener que ser ahora — le explicaba señalando los muñecos.
— Es que ahora ,ahora no puedo, tengo que buscar un lugar donde vivir.
Recién salgo del hospital. — le señalaba el bolso y la maleta que arrastraba con ella.
—¿De interior?, ¿Usted estudiar?.— hablaba con acento, después decía otras cosas inentendibles.
— Si,estudiaba,pero me fue mal, no quiero regresar a mi casa derrotada.
Voy a intentarlo nuevamente el próximo año.— contestaba segura de lo que respondía.
— Casa provisoria,cuida de tienda a la noche,la,la.— la invitaba a entrar.
Al fondo del local ,abría una puerta y encendía la luz.
Le mostraba una habitación pequeña con poca iluminación.
— Cama,baño.— le señalaba lo único que había allí.
Un colchón en el suelo y el baño con lo mínimo,sin ducha.
— Parece una caja de fósforos.—exclamó sin querer.
— ¿No querer empleo?,debe empezar hoy.— se cruzaba de brazos sin darle tiempo a decir que no al alojamiento, o a nada.
— No ,no está bien señor,me lo quedo .— le pasaba unas llaves.
— Hay clientes,la ,la.— le señalaba, siempre pronunciado esos monosílabos, como ordenando e imponiendo su autoridad.
Dejaba la maleta y su bolso sobre el colchón.
Luego de trancar la puerta se puso a atender a quien llegaba.
Quizás por los días internada,los medicamentos y todo lo demás, acumulaba unas ganas tremendas de dormir.
El brazo empezaba a dolerle ,lo sentía hinchado ,pero no podía rendirse.
Tenía que trabajar, encima su patrón descansaba en su escritorio, leyendo una especie de Biblia todo el tiempo.
Se alejaba del libro solo para cobrar alguna venta.
Parecía explotación, ni siquiera cerraba a medio dia y los clientes no dejaban de llegar.
Le pasaba más tarde ,un refuerzo y una botella de agua regresando a su posición original.
Al menos le estaba dando de comer.
Cuando terminó su jornada, la ayudaba a cerrar,y le entregaba un balde con agua señalandole que debía lavar el piso.
—Mi brazo. — atinó a decir, pero no fue escuchada.
Su patrón se iba escaleras arriba y ella se quedaba equilibrandose como podía para cumplir con esa última tarea del día.
Al terminar entró a su habitación tomó la medicina prescripta y se dormía inmediatamente.
El sol en la cara y un golpe en la puerta la despertaban.
—Ya voy, ya voy.... .— se ponía en pie desordenada vistiendo la misma ropa del día anterior.
— Desaiuno, abrir en una hora.— la miró de arriba abajo entregándole un termo y algo de pan.
—Gracias señor.— lo saludaba como si fuera un chino inclinando su cuerpo en agradecimiento,sin saber mucho como comportarse .
— Ducha rota,ven.— la llamaba.
Entendía que era para bañarse, así que tomó algo de ropa y lo acompañó.
La casa de su jefe era linda,le mostraba unas pantuflas , haciendola dejar sus zapatos en la puerta.
No veía más que alfombras en el piso,la mesa central estaba rodeada de almohadones ,todo casi sin muebles.
Observa su alrededor con discreción, sin dudas vivía solo.
Le señalaba el baño , le pasaba una toalla y una bolsa de nylon para su brazo.
—Gracias .— la ducha fue reconfortante ,la necesitaba.
Se vestía con dificultad y guardaba la bolsa para otros baños.
Desayunaba apurada, en su habitación y enseguida se ponía a trabajar.
A pesar del agotamiento de la noche anterior ,descubrió que no era tan mala vendedora.
Su jefe observaba sus pasos,al finalizar el día, nuevamente le señalaba el balde y se alejaba.
Por ahora debía conformarse con refuerzos al medio día y café con un pedazo de pan durante la mañana.
Pero apenas tuviera algo de dinero eso cambiaría.
Su pago llegó, con un no muy alentador descuento, le había cobrado por la vivienda.
Entonces protestó.
— Pero si lavo los pisos.— quería el dinero de regreso.
— Eso es por la comida. — se quedaba absorta .
—¡Turco explotador! —se dijo a sí misma, mordiéndose la rabia, incapaz de gritárselo a la cara.
Ya encontraría un lugar mejor para vivir, también otro empleo, uno que pagara más y no la exprimiera hasta el cansancio.
Pero eso sería para después que le quitaran el maldito yeso.
Aquel fin de semana la tienda permaneció cerrada, concediéndole una tregua.
Aprovechó ese respiro para ir al hospital y cambiarse el yeso, buscando aliviar el peso del brazo hinchado .
Luego se perdía en un shopping.
Tenía dinero, y por algunas horas, volvía a ser ella.
Se detuvo frente a las vitrinas, comió lo que se le antojaba, sin apuros ,para no regresar tan pronto a la tienda.
Necesitaba sentirse libre, aunque fuera un poco, escapar de aquel encierro silencioso.
Esa habitación estrecha al fondo de la tienda,era deprimente, incluso el aire, parecía disputarle el espacio.
Regresaba a la tardecita y al encender la luz de la entrada lateral, su jefe estaba allí entre las sombras.
— Yo preocupado, pensé usted no venir más.— le daba la espalda como enojado.
— Fui a cambiarme el yeso y después camine por ahí sin rumbo.
Es que no conozco a nadie aquí,me siento asfixiada, encerrada.
Parezco una presa,me crié en el interior, libre como un pájaro. — se explicaba sin saber porque.
Su jefe se giró , acercándose paso firme, sintiendo el aroma dulce de su cabello, de ella ,ya no controlaba sus impulsos ,la besaba.
Luego se marchaba a su casa dejándola sin saber que hacer.
No lo veía como acoso,pero ese había sido su primer beso.
Hasta que no estaba tan mal,su corazón latía a mil y Mustafa era apuesto.
Se acostó en ese horrible colchón envuelta en una sonrisa tonta.
Luego se dormía profundamente para despertarse con caricias en el rostro.
— Ya tarde.— le señalaba el baño.
— Si ya se.— se ponía en pie, siguiéndolo por las escaleras para su baño matutino.
Al salir su patrón seguía allí ,se comportaba diferente.
Ahora la invitaba a compartir un desayuno más suntuoso a su lado ,con queso mermeladas , jugos, yougurt .
Hacía mucho que no comía nada de eso.
Se servía lo dulce con lo salado, como pretendiendo terminar con todo lo que tenía a disposición en la mesa.
— Come tranquila. —Mustafa le untaba las mermeladas y se las entregaba cariñosamente.
— Gracias por el desayuno ,por todo.
Pero creo que dejaré el empleo.— se lo comunicaba de ante mano.
— ¿Porque?,¿por beso?.— lamentaba su indiscreción,era una excelente vendedora.
— Si eso...es que fue mi primer beso.— le confesaba.
— Mi primer beso también.— respondía con ojos enamorados.
Ahora... ,ella tomaba la iniciativa ante tamaña declaración.
Se fundieron en más besos para luego abrir la tienda intercambiando miradas cómplices y besándose más cuando estaban a solas.
Todo fue más sencillo para Bruna después.
Compartian los almuerzos y las cenas , pero no pasaban de besos apasionados,como si estuvieran practicando como hacerlo mejor.
Hasta que una noche ,Bruna a pesar de su inexperiencia , subía por las paredes,habían pocas ventas .
Los besos llegaban a su cuello,las manos se deslizaban recorriendo sus piernas y por lugares prohibidos.
— Cierra la tienda,tengo algo que hacer.— dijo de repente frenandose.
Se marchaba en su auto rápidamente, dejándola desconcertada.
Empezó a entrar los maniquíes, algunos clientes llegaron, los atendió ,luego cerraría la reja.
Algo inesperado sucedía.
La empujaban bruscamente,se veía obligada a dejar pasar a un par de muchachos,la iban a asaltar.
Entró en pánico, su jefe a pesar del enamoramiento,podría acusarla de robo.
Un golpe en seco cayó en su rostro dejándola mareada en el piso.
Sus ojos se apagaron sin sentir,ni ver más nada.
Al despertar se encontraba en una ambulancia y su jefe le tomaba la mano.
Se tocó la cabeza , había sangre corriendo por allí, se asustó más,su cuerpo le dolía hasta para respirar.
La habían golpeado incluso en el piso, sin que ella se diera cuenta por el desmayo.
Se puso a llorar mientras el médico la revisaba en urgencias.
— Rendi ladrones,policía llevo preso.
No robar nada, no deber dejarte sola.— le hacía un cariño.
Ella asentía, mientras el sueño le ganaba de nuevo.
Con la caída, su mano que estaba sanando se volvió a quebrar en otro lugar fuera del yeso.
¡Que mala suerte tenia!.
El yeso que antes era hasta la mitad del brazo ,ahora llegaba hasta cerca del codo.
Su patrón no la acompañaba durante el dia, pero si una enfermera que la ayudaba a incorporarse.
Bromeaba con ella por estar internada de nuevo.
— Tengo mala suerte,creo que me voy a tener que vencer por alguna curandera.
Me agarraron todos los males. — agregaba divertida a pesar de todo.
En la noche, vio a Mustafa acercarse a la cama ,trayendole comida y atendiendola con cariño.
Había estaba muy ocupado entre su declaración a la policía y la tienda .
Durante las siguientes noches permanecía a su lado cuidándola.
Sentía remordimientos por estar hospitalizada, quería darse el alta,pero los morados en su cuerpo dolían más que su determinación.
Una semana después regresaba por su cuenta a la tienda.
Mustafa la recibió con un abrazo , cargado de besos.
Durante los días en que estuvo enyesada ,la consintió como a una reina.
La trataba como a una esposa, aquel hogar por instantes, también le pertenecía.
En las llamadas a su madre no mencionó nada: ni la beca perdida, ni la universidad abandonada, ni que había salvado una vida.
Tampoco habló del nuevo empleo, de la operación en su mano ,ni de la golpiza que le había quebrado el brazo más arriba.
¿Para qué amargarla, si nada podía hacer al respecto?.
La única verdad ,era que se estaba enamorando perdidamente de aquel turco.
Pero no tenía con quién compartir esos sentimientos, ni las dudas sobre cómo avanzar un poco, más allá de los besos.
Mustafa la acompañaba a las consultas médicas, cerrando la tienda para que ella no se perdiera ninguna.
Cuando por fin le retiraron el yeso, sintió alivio, no quería ser una carga.
Entre venta y venta apretaba una pequeña pelotita para recuperar fuerza, siguiendo las indicaciones del fisioterapeuta y del ortopedista.
Una muchacha acudía a atenderla a domicilio dos veces por semana, y su novio se encargaba de pagar cada sesión sin decir una palabra.
Se sentía feliz, cuidada, profundamente amada.
Quizás había llegado el momento de confesarle a su mamá ,de esos sentimientos que por primera vez, florecían en su corazón.
Todo le parecía un sueño demasiado hermoso,uno del que no quería despertar.