Dicen que ten cuidado con lo que desees... ¡Pero yo pedí un trono!, bah, que más da. Y si no fuera poco, resulta que ahora soy un omega puro. La nueva cáscara, que, aunque tenga mi nombre, en realidad era un... ¡Idiota, migajero, sin nada de dignidad! Y para el colmo; un personaje que sería utilizado por el protagonista y luego desechado.
No gracias, arreglaré eso, y mientras tanto me voy a divertir, porque este mundo donde los alfas dominan; no va conmigo, es más, haré que se inclinen a mis pies.
NovelToon tiene autorización de Sooya'sBook para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Epi 23; ¿Entonces es oficial?
El proceso de recuperación de Inel ha sido como ver una fotografía antigua revelarse en un baño de ácido: lento, por momentos borroso, pero con una nitidez final que te corta el aliento. No fue un despertar cinematográfico, no hubo un momento de choque donde abrió los ojos y recitó código binario. Fue una transición de matices. Un día dejó de pedir barcos de papel; al siguiente, empezó a quejarse de que la música ambiental del ático era "estadísticamente irritante".
Para el séptimo día, la niebla se había retirado casi por completo, dejando tras de sí al hombre que me tiene encadenado a su voluntad sin necesidad de grilletes.
Ahora, estamos sentados en la terraza del ático. El cielo de la ciudad es de un azul cobalto profundo y el viento agita ligeramente su cabello oscuro. Inel está envuelto en una manta de cachemira, sosteniendo una taza de té, y la forma en que sus ojos hazel siguen el movimiento de las nubes me dice que los engranajes de su mente están girando a toda velocidad de nuevo. Ya no hay rastro de la mirada perdida. Ha vuelto el brillo cínico, esa chispa de superioridad intelectual que antes me resultaba arrogante y que ahora me resulta adictiva.
—¿Sabes, Montana? —dice, y el sonido de mi apellido en su voz, dicho con ese tono aterciopelado y mordaz, me hace sentir que el mundo vuelve a estar en su eje—. He estado repasando los registros de seguridad mientras "dormía". Tienes una caligrafía técnica espantosa, pero tus protocolos de defensa perimetral son... aceptables.
Me permito una pequeña sonrisa, una que solo él puede ver. Me apoyo en la barandilla de mármol, observándolo.
—Me alegra saber que mis habilidades de supervivencia pasan tu control de calidad. Estaba preocupado de que lo primero que hicieras al despertar fuera despedirme por no saber combinar tu ropa.
Inel suelta una risa seca, pero sus ojos se suavizan cuando se encuentran con los míos. Hay algo diferente en su mirada. A través de la niebla, él recuerda. Sé que recuerda cómo le sostenía la mano en las noches de fiebre, cómo le hablaba en susurros para ahuyentar sus miedos infantiles y cómo lo cargaba como si fuera el tesoro más frágil del universo. El narcisista calculador está de vuelta, sí, pero el hombre que fue cuidado con una devoción casi religiosa no ha olvidado el calor de ese refugio.
—Hablemos de negocios, Damián —dice, dejando la taza a un lado y poniéndose serio. Se levanta y camina hacia mí, deteniéndose a una distancia que rompe cualquier protocolo profesional—. O más bien, hablemos de esta... anomalía estadística que somos nosotros.
—Te escucho —respondo, mi voz bajando un octavo.
—Durante estos días, me sentí... vulnerable. Es una sensación que detesto, que he pasado toda una vida intentando evitar —Inel apoya sus manos en mi pecho, y puedo sentir el latido de su corazón, firme y decidido—. Pero incluso cuando no sabía quién era yo, sabía quién eras tú. Eras el olor a acero que me mantenía anclado. Eras la fuerza que impedía que la niebla me tragara por completo. Y eso me plantea un problema logístico serio.
—¿Un problema? —arqueo una ceja.
—No puedo dejarte ir —declara, y su arrogancia es tan absoluta que resulta embriagadora—. No es solo que seas un activo valioso. Es que mi sistema operativo parece haber desarrollado una dependencia crítica hacia tu presencia. En resumidas palabras, me he vuelto tuyo.
Mis manos viajan a su cintura de forma instintiva, atrayéndolo hacia mí. La confesión de Inel, envuelta en términos lógicos y fríos y luego, es la declaración de amor más honesta que he escuchado jamás.
—Respetaré lo que decidas —le digo, mirándolo fijamente a los ojos—. Si quieres que volvamos a ser el jefe y su guardaespaldas, lo haré. Si quieres que sea tu sombra en la junta directiva y tu amante en las sombras, lo haré. Pero si decides que esto es real... no habrá vuelta atrás. Te protegeré de la misma forma que lo hice en esa celda, hasta mi último aliento.
Inel inclina la cabeza, su sonrisa se vuelve juguetona, casi maliciosa.
—¿Amante en las sombras? Qué poco me conoces. Soy un Omega Puro y el dueño de la firma de inteligencia más poderosa del país. No hago nada a medias. Si vamos a hacer esto, vamos a hacerlo de la forma en que el mundo entero se atragante con su propia envidia.
—¿Ah, sí? ¿Y qué tienes en mente? —pregunto, sintiendo cómo la tensión erótica entre nosotros se vuelve insoportable.
—Bueno —él empieza a juguetear con el cuello de mi camisa—, Marco mencionó algo sobre una boda. En su momento me pareció una estupidez burguesa, una pérdida de tiempo y recursos. Pero ahora que lo pienso... ver la cara de mi padre y de todas esas personas ridículas mientras camino hacia el altar con el "mercenario paria" que tanto desprecian... tiene un valor estratégico incalculable.
Suelto una carcajada ronca, hundiendo mi rostro en su cuello, inhalando esa vainilla pura que finalmente vuelve a ser suya.
—¿Me estás pidiendo que me case contigo por el placer de humillar a la alta sociedad, Inel Vargas?
—Es un beneficio secundario —murmura él, rodeando mi cuello con sus brazos y apretándose contra mí—. El beneficio principal es que así tendré un contrato legal que te impida renunciar cuando me ponga insoportable. Y porque... —su voz se vuelve un susurro casi imperceptible— porque te quiero, pedazo de idiota. A mi manera, pero te quiero.
Esa confesión me deja sin aire. Lo beso con una intensidad que lo dice todo, una promesa sellada con fuego y acero. Ya no somos un experimento, ni una alianza táctica. Somos dos piezas rotas que han encajado a la perfección en medio del caos.
—Está bien —digo cuando nos separamos, jadeando—. Pero que conste que yo elijo el destino de la luna de miel. Nada de ciudades con servidores bancarios que hackear. Quiero una isla donde solo estemos tú, yo y el sonido del mar.
—Trato hecho —responde Inel, recuperando su brillo depredador—. Pero solo si me dejas llevar mi portátil. Hay un par de fondos de inversión de los Ruiz que todavía necesitan mi atención personal antes de que los borre del mapa.
Sonrío, dándome cuenta de que mi genio ha vuelto por completo. El futuro es incierto, pero mientras tenga a Inel en mis brazos, el mundo puede intentar lo que quiera.
—¿Entonces es oficial? —pregunto, disfrutando de la forma en que sus feromonas se entrelazan con las mías en un reclamo absoluto.
—Es oficial —sentencia él, guiñándome un ojo—. Prepárate, Damián. Vamos a organizar la boda más escandalosa de la década. Y esta vez, no habrá patitos de goma... solo poder puro.
Caminamos de regreso al interior del ático, juntos, listos para reclamar el imperio que nos pertenece. Inel vuelve a ser el rey, y yo, con gusto, seré el trono donde se siente a gobernar.
inel es simplemente inel