Haberle querido fue un error, pero seguía deseándole…
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Capitulo 1
Los hermanos mayores de Danel Maxwell llevaban toda la vida sacándolo de quicio, pero esa vez habían ido demasiado lejos. Debido a su intromisión, la examante de Danel iba de camino a su aislada casa para vivir y trabajar con él un mes o algo más. Danel no sabía cómo sobreviviría.
A los veintiocho años, era el director ejecutivo de la empresa de equipamiento para actividades al aire libre que poseía con sus hermanos. Eso, de por sí, ya era suficiente responsabilidad como para tener que compaginarla con tener que hacer frente a los sentimientos no resueltos que experimentaba hacia la mujer que lo había abandonado.
Estaba a punto de estallar.
–Vosotros dos, dejad de entrometeros en mi vida. Soy yo quien toma las decisiones.
Pero ya era tarde.
Helena había aceptado ir y él no iba a consentir, bajo ningún concepto, que creyera que su presencia lo afectaba, que su traición le había herido.
Los tres hermanos se hallaban sentados en enormes sillones frente a la gran chimenea de piedra. Si hubieran querido, podían haber asado un cerdo en ella, y aún les habría sobrado sitio. Pero estaban en julio, en Maine, así que la chimenea estaba vacía.
Fabio, el mayor de los hermanos Maxwell, más conocido como el «genio loco» cuando Nathan y Danel querían burlarse de él, se inclinó hacia delante con el ceño fruncido.
–Últimamente te has comportado como un estúpido, Dan. Según el cirujano, te arriesgas a lesionarte de por vida si no haces lo que dice. Puede que no vuelvas a esquiar si no te das un tiempo para curarte.
A Dan se le hizo un nudo en el estómago ante la idea de no volver a esquiar.
Esquiar era lo que más amaba en la vida, después de a sus hermanos y la empresa. Y no hacía tanto que había sido uno de los mejores esquiadores del mundo.
Observó la roja cicatriz que le dividía la rodilla. Año y medio antes, en el accidente de coche que había arrebatado la vida a su padre, la pierna derecha le quedó destrozada. Le operaron tres veces, y en la última le pusieron una prótesis. Tras seis semanas de agotadora rehabilitación volvió a caminar con normalidad, pero el cirujano insistía en que los ligamentos y tendones necesitaban tiempo para recuperarse.
Danel no se hallaría en aquella situación si hubiera sido prudente después de las dos primeras operaciones, pero ansiaba demostrar que seguía siendo el mismo hombre que antes del accidente. Así que, el día de Año Nuevo, se puso los esquís y se lanzó por una pronunciada pendiente en Vermont.
Por desgracia, le falló la rodilla, que no estaba totalmente rehabilitada, se cayó y acabó chocando con un grupo de árboles del borde de la pista. Recibió ayuda inmediata, pero el daño estaba hecho. La pierna estaba tan dañada que no pudieron curársela. Por eso le habían puesto una prótesis completa. A cada doloroso paso, aumentaba su decisión de recuperar su vida.
Ansiaba volver a esquiar, llevar su parte de la empresa familiar y disfrutar de un sexo en el que no intervinieran los sentimientos. ¿Era mucho pedir?…