¡¡Aviso, Novela En Emisión!! Cuando aparezcan las letras en amarillo END. Es porqué ya se encontrará completa. Gracias desde ya.
Conoce más de ellos en el primer libro. Titulado: La esposa del duque.
Tras la muerte de Karelin, el emperador Will se convirtió en un hombre deseado.
Tras pasar un tiempo prudente, la corte solicitó nuevamente que el emperador contrajera matrimonio. Un emperador no debe gobernar solo, por lo tanto deberá contraer nupcias.
Pero eso no es todo. Tras una aventura con la duquesa Eliza, Will comenzó a sentir algo por ella, pero "por el que dirán" decidieron alejarse. Pero su atracción no terminó; tras la muerte de Karelin, Will y Eliza se volvieron a unir, pero esta vez el hijo de Eliza no acepta esa relación. Por amor a su hijo Eliza decide ponerle fin.
¿Podrán estar juntos o simplemente tendrán encuentros? ¿El emperador elegirá a la dama correcta para casarse? ¿Qué hará Eliza? ¿Reconocerá sus sentimientos o simplemente dejara ir a Will para siempre?
NovelToon tiene autorización de Sharon Güillen para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 13 Solo mía
Horas antes
Will
Diana cree que no noto cómo me observa; solo sonrío ante su coqueteo. Es una mujer atractiva, debo aceptarlo, pero lamentablemente no son los ojos que deseo que me vean. Justo ahora me encuentro con hombres de la corte; mi día ha terminado y necesito distraerme.
—¿Qué tal si vamos por un trago al burdel? —habla el conde.
—¡Suena bien! —responden los demás.
—¿Se nos une, emperador? —pregunta el conde.
—¡Solo si me dejan embriagarme! —respondo con gracia.
Todos comienzan a reír.
—¡Claro que sí, emperador! Aquí nadie dice absolutamente nada.
—Quédese tranquilo, que aquí no somos damas —añade el marqués.
Todos ríen y observo de lejos a Diana, la cual me sonríe y se marcha.
—Bien, ¡si es así, qué esperamos! —digo sonriendo de lado.
Salimos con dirección al burdel. Ya en el carruaje, voy sentado junto a la ventana y observo hacia mi derecha. Estoy por mirar a otro lado cuando regreso la vista de golpe hacia el café. ¿Esa es Eliza?
—¡Detengan el carruaje! —ordeno con fuerza. El vehículo se detiene en seco.
—¿Sucede algo? —preguntan todos.
—Es algo importante que debo hacer, ¡así que sigan sin mí! Luego los alcanzo.
No espero respuesta. Me bajo y, a través del ventanal, observo a los padres de Eliza y a ella misma. Pero... alguien está a su lado. Los celos me invaden y no entiendo por qué. Solo observo cómo el idiota acaricia su cabello; al parecer a ella no le desagrada, porque le sonríe. Ingreso al café y me saluda la empleada.
—¿Mesa solo para usted? —pregunta.
—¡Sí! —respondo con desespero.
—¡Lo guiaré!
Necesito saber quién es ese idiota. Nos acercamos a la mesa cuando el padre de Eliza me ve.
—¡El emperador! —exclama, y claro que no perderé el tiempo.
—¡Qué gusto verlo, emperador Will! —saluda Margaret.
—¡Qué sorpresa encontrarlos por aquí! —hablo con gentileza.
—¿Qué hace solo? —pregunta ella.
—¡En busca de una dama! —bromeo.
—¡Apuesto que caerá rápido! —me sigue el juego Margaret.
—¡Dios la oiga, mi lady! —le digo y ella ríe.
—¿En serio no tiene compañía? —pregunta Saúl.
—Claro que no. Venía solo para beber un café y luego marcharme a mi hogar —miento.
—¡Siéntese con nosotros! —invita Saúl—. Por cierto, qué maleducado soy. Él es Fernando, marqués de donde somos con Margaret.
—¡Un gusto! —dice el tal Fernando.
—¡Él es el gran emperador del pueblo Grosti! —me adula Saúl.
—El placer es mío —respondo estrechando su mano, pero mis ojos se desvían hacia otra persona.
—¡Mi lady! —le hablo a Eliza.
—Emperador, gusto de verlo —dice ella, como si no hubiéramos compartido la misma cama.
Saúl ordena una silla para mí y la colocan justo donde yo quería: al lado de Eliza. A mi izquierda está ella y a mi derecha Margaret, quien ríe con picardía.
—¡Duquesa, está usted hermosa como siempre! —halago a Margaret.
—¡Lo mismo digo! —responde con su mejor sonrisa.
Mi mirada se centra en esos ojos que se han vuelto mi perdición.
—Me alegra verla, duquesa —le hablo directamente a Eliza.
—Gracias, emperador. Lo mismo digo —responde ella.
Fernando me examina. ¿Qué hace a su lado?
—¿Fernando, cierto? —le pregunto.
—Así es.
—¿Qué lo trae al pueblo Grosti? —pregunto acomodando mi abrigo.
—¡Una dama! —suelta él. La sonrisa se me desaparece; desearía no haber escuchado eso.
—¿Ah, sí? ¿Qué dama? Si se puede saber, claro —finjo desinterés.
—Es...
—Su orden, altezas —interrumpe la camarera.
Eliza está perdida mirando a su madre; quisiera saber qué se dicen con esas miradas.
—El marqués Fernando es un viejo amigo de la familia —prosigue Margaret.
—Él era el buen amigo de... —iba a decir Saúl, pero Eliza lo interrumpe.
—Padre, ¿podrías pasarme la servilleta? —dice ella.
¿Por qué intervino? ¿No quiere que sepa algo? ¿Amigo de quién era?
—¿Y cuánto tiempo piensa pasar aquí? —le pregunto a Fernando mientras doy un sorbo de mi café.
—Aún no estoy seguro. Tal vez después de nuestro viaje a Roma —responde él.
¿Viaje? ¿Qué viaje? Solo pensar que estará cerca de este idiota me hierve la sangre.
—¿Ah, sí? ¡Qué bien! ¿Y todos viajarán? —pregunto dejando la taza.
—Pues solo... —Fernando no termina porque Eliza vuelve a interrumpir.
—Fernando, perdona que te moleste, se me ha caído la servilleta y no llego a alcanzarla.
Entre cierro la mirada, observandola con duda.
—¡Claro, Eliza! —le dice él. ¿"Eliza"? ¿Tanta confianza tienen?
—¿De dónde se conocen? —pregunto tratando de parecer sereno.
—La conozco desde antes de que se casara con Erick, el padre de Ciro —responde Fernando.
—¡Así es, él era el mejor amigo de Erick! —añade Saúl.
Conque el mejor amigo del difunto marido de Eliza. ¿Qué hace aquí un viejo amigo del difunto? Y ¿qué hace buscando en Grosti? ¡Una dama! Me respondo y por debajo de la mesa empuñó las manos, esa dama...es.
—¡Eliza! ¿Te encuentras bien cariño? —pregunta Saúl.
—Si papá, simplemente recordar a mi esposo... ya sabes es algo personal.
Eliza posa su mano en la mesa, justo a la par de su taza.
—¡Perdón si te incomodó mencionar a Erick! —le sujeta la mano Fernando a Eliza, cómo si la consolara con ese gesto.
La ira me toma y las ganas de retorcerle el brazo también. Suelto la mano de golpe, haciendo sonar todas las tazas y todos se sorprenden.
—¡Perdón, era una araña! —hablo fingiendo que no me estoy quemando por dentro.
La madre de Eliza sonríe.
—¿Ha regresado a la corte? —pregunta Margaret, cambiando de tema.
—Sí, eso me ha ayudado a distraerme —respondo con una leve sonrisa.
—¿No extraña la compañía, emperador? —pregunta Fernando.
—¡Claro, pero no la de mi difunta esposa Karelin! Ella… fue mala y, como dijo Eliza, es un tema personal duro de hablar.
—¡Comprendo, si llegaron los rumores hasta nuestro pueblo! Lo siento tanto. ¡Es un milagro que aún no se haya vuelto a casar! —habla Fernando y ahora es Eliza la que se nota incómoda.
—¡No lo menciones, no tardarán en tocarme ese tema! —hablo, suspirando.
—¡Sí, comprendo, ya ve que el luto femenino dura bastante tiempo! Pero el luto masculino no. Lo menciono por su puesto como emperador, usted tiene un puesto menos, ya que primero va el rey y luego el emperador; el deber de un rey y un emperador es casi el mismo.
—¡Totalmente cierto, creo que debí ser rey! —bromeo.
Fernando comienza a reír.
—¡Sí, tienen las mismas obligaciones y aparte de que usted no tiene un heredero! ¡Si lo tuviera… posiblemente no se lo exigirían! No es por nada, pero estoy seguro de que pronto se lo pedirán —habla Fernando.
Eliza saca el aire con pesadez.
—¡La política es aburrida! —habla seria y no sé por qué siento que le incomodo. ¿Estará celosa?
—¡Tienes razón, pero a todo hombre le toca cumplir obligaciones! —le responde Fernando—. ¿Hace cuánto tiempo murió su esposa? ¡Si no le incomoda!
—¡Tiene doce meses de haber muerto! —respondo.
—¡Un año, vaya, vaya! Sí es un milagro que no le hayan solicitado ya un matrimonio.
—¿Qué tal si hablamos de otro tema? ¡La política pueden hablarla solo entre ustedes! —habla Eliza, seria.
Sonrío de lado, al parecer no solo yo me siento incómodo.
Saúl comienza a hablar sobre sus viajes, Fernando lo escucha atentamente.
—¡Me dejaste plantado! —hablo solo para los dos.
—Will, ya lo hemos hablado.
—¿Te gusta? —le pregunto y se queda callada.
—¡No es tiempo para hablar de eso aquí! —me habla molesta y Margaret nos observa.
Sonríe, es como si supiera algo.
Eliza vuelve a prestarle atención a su padre y yo la observo lentamente. Me acomodo en mi silla. Eliza tiene una mano en su barbilla, como apoyando su rostro; tiene su otra mano en su pierna. La tomo y se sorprende, mas no me voltea a ver y tampoco retira la mano que tiene en su barbilla.
La acaricio, luego acaricio su pierna. Respira profundo, sé que le gusta mi tacto, pero… es como si reaccionara y se acomoda en su lugar, cruzándose de piernas y cruzándose de brazos. Sonrío de lado y le pido más café a la mujer del servicio.
Nuestras miradas se encuentran y es como si habláramos a través de ellas.
—¿Le ha gustado el café? —pregunta Margaret, sacándome de mis pensamientos.
—¡Sí, sí, claro!
—¡En ese viaje hubo una mujer mayor, pero todos la veían mal, porque la encontraron en adulterio! Pero eso no es todo, la encontraron con un hombre mucho más joven que ella —habla Saúl—. Ya ve que no es normal en una pareja que la mujer sea mayor, siempre es el hombre.
Eliza se mueve incómoda.
—¡De seguro le gustó lo que el joven le hacía! —hablo y Saúl sonríe, al igual que Fernando.
—De seguro sí. Pero se supone que un hombre mayor, ya saben… tiene mucha más experiencia.
—¡Papá! —habla Eliza.
—¡Oh, me equivoco, Fernando! —le habla y el enojo me vuelve a tomar.
—¡Estoy totalmente de acuerdo! —responde Fernando.
—¡Depende de qué edad hablamos! —intervengo—, porque estoy seguro de que la edad no tiene nada que ver, si de complacer a la dama se trata. —hablo y Eliza se pone roja, tomándose de un solo trago su vaso de agua que pidió hace un momento.
—¡Jaja, no nos dejen atrás! —habla Margaret.
—¡Iré al tocador! —se pone de pie Eliza y todos hacemos lo mismo.
Tomamos asiento y observo hacia dónde se fue y… no solo yo la observo, también el idiota de Fernando.
La plática continúa y la curiosidad por saber más me intriga. ¿Es posible que tenga otras intenciones este idiota con Eliza?
—¡Tengo dolor de cabeza! Me apetece regresar a casa —habla Eliza, regresando del tocador.
—¡Creo que es buena idea! —habla Margaret—. Ya la noche ha llegado y deseo leer mi libro.
Todos nos ponemos de pie y otra curiosidad aparece.
—¿Todos se quedan en el hogar de la duquesa Eliza? —pregunto.
—¡Sí, ahí nos quedamos todos! —contesta Saúl y el humor se me empeora.
—¡Preguntaba por si alguien no tenía lugar, mi palacio es bastante amplio!
—¡Muchas gracias, emperador, es usted muy amable! Pero todos estamos perfectos ahí —responde Saúl y empuño las manos.
—Perfecto, espero tengan una agradable noche —hablo, tratando de no verme serio.
Doy una pequeña inclinación, veo a Eliza, pero aparto rápidamente mi mirada.
—¡Descansen! —es lo último que digo, saliendo como los mil demonios.
Necesito un trago, pienso. Voy caminando en busca de un caballo, el enojo me tiene mal. Él está durmiendo bajo su mismo techo y si… sucede lo mismo que sucedió conmigo, beben unas copas de más y…
—¡Ahhh! —grito furioso al estar solo.
No, sobre mi cadáver, ella es mía, solo mía.
Will
Sin duda estás dejando todo claro con Diana si ella ilusiona es xq quiere
Will aquí hay muchas lectoras que quieren estar en el lugar de Eliza
No quiero ni imaginar que si como la piensa podría tomar pensar en tomar malas decisiones x despecho
Y usted solita está arrojando a Will a brazos de Diana
Que es multifuncional
Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido.Pars poner en claro tus sentimientos no era necesario viajar con Fernando suerte x que la vas a necesitar
Es injusto que el padre de ella utilice cuentos viejos para darle más a 🪽 a don tonto que ya le dijieron que lo ven como amigo
El que no escucha consejos no llega a ser sabio después no te lamentes Eliza x no tomar buenas decisiones
gracias por el capítulo me gusta el personaje de la duquesa obvio de la madre muy centrada no tiene pelos en la 😛
💍