Es un mundo de fantasía medieval mezclado con elementos de mitología oriental y épica clásica, existe una fuerza primordial llamada Ether, la “Esencia de la Creación”. El Ether otorgó poder a un grupo antiguo de guerreros supremos conocidos como los Semidioses, capaces de cambiar el curso de la historia con una sola voluntad. Los Semidioses ocultaron la ubicación del Ether para evitar que cayera en manos de reyes, imperios y criaturas ambiciosas. Esto desató la legendaria Guerra Primordial, un conflicto que destruyó reinos y terminó con la muerte de todos los Semidioses. Con su desaparición, también se perdió el secreto del Ether.
A partir de entonces, las razas del mundo, humanos, elfos, orcos, enanos, bestias espirituales, se lanzaron a una búsqueda desesperada. La aventura se convirtió en profesión.
Nacieron los Aventureros. Se formaron los Gremios. Y comenzó la Era de la Aventura. En este escenario surge un chico llamado Kael , debil… hasta que el destino intervie
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CAPÍTULO 14: SOMBRAS SOBRE LA CAPITAL
La mañana comenzó con un murmullo generalizado que recorría toda la ciudad como un viento inquieto. Kael despertó temprano, consciente de que el día marcaría la mitad del torneo… y también la mitad de su propio camino en la Academia. La marca en su brazo palpitaba con un leve cosquilleo, como si algo dentro de ella quisiera abrirse paso. Era un poder que estaba a punto de despertar y marcaría su desempeño en el torneo. En el gran salón circular, lleno de estandartes de todas las escuelas, los representantes y maestros aguardaban mientras el anuncio oficial comenzaba. La Maestra Sania, seria como siempre, observaba con los brazos cruzados.
Uno de los altos jueces del torneo, vestido con una túnica con símbolos dorados, habló con voz firme:
—La Segunda Etapa iniciará mañana. Esta fase está diseñada para medir a los auténticos prodigios. Combates uno contra uno, desafíos tácticos y pruebas mixtas. Cada escuela deberá demostrar no solo fuerza, sino estrategia, disciplina.
El ambiente se volvió denso. Algunos estudiantes tragaron saliva. Otros sonrieron con prepotencia.
—Mañana empieza, el verdadero combate —susurró Sania a sus alumnos—. Y ya saben quién es el rival más temido.
Kael no necesitaba que lo dijeran. Jaralson. El genio entre Genios que era considerado el más fuerte de todas las escuelas. Incluso Shinro, con toda su arrogancia, no se atrevía a subestimarlo. Su fuerza estaba fuera de lo común, no era fama , sino un hecho. Después de la orientación, Kael, Layra y Lena decidieron salir a despejarse un poco por la capital. La ciudad era vibrante, llena de comerciantes, músicos callejeros y guerreros de distintas regiones luciendo sus colores.
—Necesito comprar vendas nuevas —dijo Layra.
—Y yo unos frascos de maná —añadió Lena, mirando a la otra chica con una vista afilada —. Los míos casi se gastaron en la primera competencia.
—Entonces vamos —respondió Kael con una sonrisa nerviosa.
Entraron en una pequeña tienda de antigüedades y suministros. El dependiente, un hombre de mediana edad, temblaba mientras organizaba apresuradamente unas cajas. Un gruñido se escuchó desde el fondo. Tres sujetos con brazaletes oscuros —con el símbolo de un óvalo cruzado por tres líneas— los observaban como buitres.
Orion.
—Ya te lo dijimos, viejo —dijo uno con voz burda—. Hoy es día de pago. No nos hagas perder el tiempo.
Kael, Layra y Lena se miraron.
—No se metan —susurró el tendero sin levantar la cabeza—. Por favor…
Pero cuando uno de los matones alzó la mano para golpearlo, Layra dio un paso al frente.
—Oye. —su voz retumbó como una flecha afilada—. No vas a hacer eso.
El matón la miró de arriba abajo y rio.
—¿Y quién me lo impide? ¿Tú, niña?
Lena levantó el bastón, y el aire a su alrededor crujió con maná puro.
—No estamos pintados aquí.
Kael respiró hondo.
—Tienen tres segundos para irse —dijo Kael, sorprendiéndose incluso a sí mismo con su firmeza.
Uno. Dos. Los matones no dejaron que llegara a tres.
El enfrentamiento fue rápido. Layra y Lena se movieron con precisión; Kael, aplicando lo aprendido, neutralizó al más grande con un giro limpio y un empujón que lo dejó contra una estantería. Nada mágico, solo habilidad entrenada y decisiones inteligentes.
Los hombres huyeron tambaleándose, humillados. Pero antes de desaparecer entre los callejones, uno murmuró:
—Van a arrepentirse… Orion los está viendo.
El nombre cayó como un balde de agua fría. Ya había noticias de los trabajos que Orion había llevado a cabo con sus cabezas Araldis, Crauler y Ligia. En un edificio abandonado, los tres líderes de Orion se encontraban reunidos.
—¿Nuestros hombres fueron derrotados… por tres estudiantes? —preguntó Ligia, cruzada de brazos, con fría incredulidad.
Crauler golpeó la mesa con su puño.
—No importa quiénes, con quien estan y de donde sean. Eso no quedará así. Son un estorbo.
Entonces Araldis, el hombre que había matado a un trol con sus propias manos, sonrió de manera inquietante.
—No, no… esto es perfecto. —Sus ojos brillaron con un destello salvaje—. Déjenmelos a mí. Yo ajustaré cuentas con esos chicos.
Los otros dos asintieron. No había mejor ejecutor que él. Orion acababa de declararles la guerra. De regreso al hospedaje del torneo, Kael trataba de relajarse, pero su mente volvía una y otra vez a la intervención en la tienda… y a la mirada de los líderes de Orion en su imaginación. Layra se sentó junto a él.
—Hiciste lo correcto, Kael.
Lena, desde el otro lado, suspiró.
—Pero ahora estamos en problemas.
Kael las miró a ambas. La luz dorada de los faroles destacaba la preocupación en sus rostros.
—No dejaré que les pase nada —dijo en voz baja.
Layra lo observó con un leve sonrojo. Lena también, aunque intentó ocultarlo cruzándose de brazos. Las dos intercambiaron una mirada que hizo que la tensión aumentara… a niveles peligrosos.
EL DÍA SIGUIENTE EL TORNEO RENACE. La arena principal estaba repleta. Miles de personas vitoreaban. Estandartes del reino ondeaban en lo alto. El sol entraba en haces dorados desde las ventanas superiores.
La Segunda Etapa comenzaba. Cada escuela seleccionaba a sus mejores representantes para los compases iniciales. Entre los murmullos se escuchaba un nombre repetido una y otra vez:
—Jaralson… veremos a Jaralson …
—Dicen que rompió una muralla de entrenamiento a puños…
—El prodigio de fuerza.
Kael tragó saliva.
La Maestra Sania se volvió hacia sus estudiantes.
—Hoy no es un día para temer —dijo—. Es un día para demostrar quiénes son. Recuerden lo aprendido. Y Kael…
Él levantó la vista.
—No dudes de tu camino. Lo has recorrido a tu manera, pero con el corazón correcto.
Un estruendo sacudió el coliseo. Era Jaralson entrando a la arena. Un chico en forma con musculo, cabello rojo semilargo, de mirada tranquila pero imponente. Cada paso parecía provocar mas tensión. Kael sintió cómo su estómago se cerraba… pero a la vez, la marca en su brazo no paraba de palpitar.
Algo dentro de él entendía que este combate sería decisivo. No solo para el torneo, sino para su destino.