Renace en un mundo mágico, en un matrimonio sin amor, pero decidida a cambiar su destino.
* Esta novela es parte de un mundo mágico *
** Todas novelas independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Abby Norhaven 3
La tarde ya estaba cayendo cuando comenzaron los preparativos para el regreso. Los gurkhas revisaban discretamente el carruaje, Dylan cerraba su maletín de documentos y Helen se despedía de algunos criados de la mansión Norhaven con esa sonrisa serena que había aprendido a usar como armadura.
Agnes estaba junto a ella, claramente de buen humor tras el acuerdo comercial.
—Esto fue productivo en todos los sentidos.. Negocios, alianzas… y un poco de drama romántico de cortesía.
Helen la miró de reojo.
—No empieces.
—Oh, voy a empezar muchísimo…
Antes de que Helen pudiera replicar, una voz dulce y calculada se coló en el aire.
—¿Ya te vas, Dylan?
Dylan se giró.
Abby estaba parada a pocos pasos, con un vestido distinto al del almuerzo.. aún más ceñido, aún más sugerente. Su cabello oscuro caía suelto sobre los hombros y su sonrisa tenía esa mezcla de encanto y ambición descarada que ya le resultaba peligrosamente familiar.
—Sí, Abby.. Tenemos que volver a la mansión Lewis.
Ella dio unos pasos lentos hacia él.
—Qué lástima… Justo estaba pensando que podríamos hablar a solas antes de que te vayas.
Dylan tensó apenas la mandíbula.
—Si es rápido.
Helen, a unos metros, fingía revisar su bolso… pero no se perdía ni una sílaba.
Agnes, por su parte, cruzó los brazos con una sonrisa maliciosa.
Abby se colocó frente a Dylan, bajando un poco la voz.
—He oído muchas cosas sobre ti… Que ayudas a mujeres a volverse poderosas. Que haces crecer fortunas… Que conviertes a damas olvidadas en figuras influyentes.
Dylan frunció el ceño.
—No me gusta cómo suena eso.
Abby sonrió, ignorándolo.
—Yo también quiero eso… Quiero ser importante… Quiero tener mi propio poder, mi propio dinero, mi propio nombre respetado. Y creo que tú podrías ayudarme… como hiciste con otras mujeres antes.
Dylan respiró hondo.
—Abby, no trabajo así.
Ella ladeó la cabeza.
—¿Así cómo?
—Elijo con quién trabajo… Y ahora mismo, mi lealtad está con Lady Helen.
Abby parpadeó.
—¿Lealtad?
—Sí… Soy su administrador, su representante y su aliado. No voy a dividir mis esfuerzos ni mis intereses.
Abby frunció un poco los labios.
—¿Solo por un contrato?
—No… Por respeto.
Helen sintió un golpe directo en el pecho.
[¿Respeto…?]
Abby apretó la mandíbula un segundo.
—Podríamos llegar a un acuerdo… No tienes que dejarla… Solo… ayudarme a mí también.
Dylan negó despacio.
—No.
—¿Ni siquiera lo considerarías?
—No… Mi lealtad está con Lady Helen Lewis.
El silencio que siguió fue incómodo.
Abby forzó una sonrisa.
—Vaya… Definitivamente eres más aburrido de lo que pareces.
—Y tú más problemática de lo que pareces —respondió él con calma.
Ella soltó una risa falsa.
—Qué pena… Habríamos sido un equipo interesante.
—Lo dudo.
Abby lo miró unos segundos más… y luego se giró sobre sus talones, claramente molesta.
—Buen viaje, Dylan Yard.
—Buen día, Abby Norhaven.
Desde unos pasos más allá, Agnes no pudo contener una carcajada baja.
—Ohhh… Eso fue glorioso.
Helen se giró hacia ella.
—¿Qué fue glorioso?
Agnes se inclinó hacia su oído, sin bajar demasiado la voz.
—Tu hombre acaba de rechazar una oferta de poder, ambición y escotes peligrosos… por pura lealtad hacia ti.
Helen se puso rígida.
—No es “mi hombre”.
—Claro que no.. Y yo soy una monja del templo.
Helen sintió cómo el calor le subía al rostro.
—Agnes…
—“Mi lealtad está con Lady Helen” —imitó Agnes con voz grave—.,Oh, por favor. Eso no lo dice un simple empleado.
Helen se cruzó de brazos, mirando al suelo.
—No oí nada.
—Mentira.
—No oí nada —repitió Helen, más fuerte.
Agnes la miró con una sonrisa burlona.
—Estás roja.
—Hace calor.
—Estamos en otoño.
—Estoy… cansada.
Agnes soltó una risa suave.
—Te sonrojaste como una adolescente enamorada.
Helen apretó los labios.
—No estoy enamorada.
—Aún —corrigió Agnes.
Helen abrió la boca para protestar… pero justo en ese momento Dylan se acercó.
—¿Todo bien? —preguntó, mirando entre ambas.
—Perfecto… Ya podemos irnos.
Agnes le dio una palmada en el hombro a Dylan.
—Buen trabajo, caballero leal.
Dylan frunció el ceño.
—¿Buen trabajo en qué?
—Nada importante… Solo… sigue siendo tú.
Dylan miró a Helen, confundido.
Ella evitó su mirada.
—¿Nos vamos?
—Sí…
Mientras caminaban hacia el carruaje, Agnes los observó alejarse con una sonrisa enorme.
—Ohhh… Esto se va a poner muy interesante.
Y Helen, sentada ya dentro del carruaje junto a Dylan, con el corazón latiéndole demasiado rápido para ser profesional… no dejó de pensar en una sola frase..
[Mi lealtad está con Lady Helen.]
Y por primera vez en mucho tiempo… sonrió sin poder evitarlo.