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SU MAJESTAD, ESTE NO ES SU SIGLO, PERO TIENE MI CORAZÓN

SU MAJESTAD, ESTE NO ES SU SIGLO, PERO TIENE MI CORAZÓN

Status: Terminada
Genre:Viaje En El Tiempo / Magia / Completas
Popularitas:5.7k
Nilai: 5
nombre de autor: RENE TELLO

Hace tres siglos, la joven reina Isolda fue traicionada la noche antes de firmar un tratado que habría salvado su reino.
En su última hora, una mujer misteriosa le prometió: “Tendrás otra oportunidad, pero no en este tiempo.”
En el 2025, Tomás Vidal, es un arquitecto urbano y orgulloso escéptico de todo lo sobrenatural, encuentra en la restauración de un antiguo palacio europeo a una mujer desorientada, vestida como si acabara de salir de una pintura. Dice ser reina. No recuerda cómo llegó allí.
Entre intentos por adaptarse a un mundo sin carruajes, sin criadas y con “pantallas mágicas”, Isolda se convierte en un fenómeno viral.
Tomás intenta protegerla de la prensa y de sí misma, pero acaba descubriendo que lo imposible tiene su propia lógica y que está empezando a enamorarse de alguien que, literalmente, no pertenece a su tiempo.
Mientras tanto, los fragmentos de la traición que la condenó comienzan a resurgir.
¿Sobrevivirán al pasado o al presente?

HISTORIA DE 25 CAPÍTULOS. GRACIA

NovelToon tiene autorización de RENE TELLO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 14

La mañana amaneció con café derramado, una tostadora en huelga y una invitación inesperada.

Tomás la encontró sobre la mesa, entre catálogos y recibos:

“Evento de gala – Fundación Lady Idolen: Noche de mecenas y arte.”

—¿Qué es una “alfombra roja”? —preguntó Isolda, sosteniendo el teléfono con dos dedos, como si temiera que tuviera vida propia.

Tomás levantó la vista desde la computadora.

—Un desfile elegante. Caminas, sonríes, finges naturalidad.

—¿Y luego?

—Luego te aplauden y publican tu foto.

—¿Por eso el color?

—Por tradición.

—En mi época, el rojo era para los sacrificios.

Tomás rió.

—Tranquila, solo sacrificamos la dignidad.

Ella arqueó una ceja.

—Tú primero, entonces.

Dos horas más tarde, cuando salió del dormitorio, él casi dejó caer el vaso que tenía en la mano.

El vestido era blanco con un leve brillo dorado, y su cabello suelto caía sobre los hombros como una promesa.

—¿Qué… es eso? —balbuceó.

—Ropa adecuada para una ceremonia —respondió ella con naturalidad—. No pensarás que iré vestida como las mujeres del mercado.

Tomás intentó decir algo, pero su cerebro estaba ocupado intentando recordar cómo se respiraba.

Ella lo miró divertida.

—¿Te ocurre algo?

—Sí. El corazón. Está… rebelde.

—Debe ser contagioso —dijo Isolda, tomando su abrigo con calma.

Él la siguió hasta el auto sin decir palabra. En el trayecto, sus manos se rozaron más de una vez. Ninguno las apartó.

La gala de Luré era un océano de luces y cámaras.

Cuando Isolda bajó del coche, el murmullo se detuvo por un segundo.

El aire parecía reconocerla.

Tomás se quedó atrás, con la corbata torcida y el orgullo confundido.

Ella caminaba con una seguridad que no pertenecía a este siglo, y cada flash que estallaba sobre su rostro la volvía más irreal.

—¡Señorita Doren! —llamó una periodista—. ¿Qué significa para usted estar aquí esta noche?

—Que algunos siglos cambian de escenario, pero no de intenciones —respondió sin dudar.

Risas, aplausos, y Tomás desde lejos, murmurando:

—Perfecto. Ahora también es filósofa.

Durante la sesión de fotos, Richard Idolen —presente entre los invitados— los observaba con atención.

Su sonrisa era cordial, pero su mirada tenía algo que medía y calculaba.

Tomás lo notó. Isolda también.

Al acercarse para posar junto al logotipo de la Fundación, ella susurró apenas:

—Me mira como si supiera quién soy.

—Tal vez sospecha —contestó él.

—¿Y tú?

—Yo ya lo sé.

Ella lo miró de reojo, sin sonreír, pero con un brillo en la mirada.

—No me traiciones, Tomás.

—No podría, aunque quisiera.

Esa línea bastó. El aire entre ellos volvió a ser el mismo que había existido antes del beso: denso, eléctrico, inevitable.

Durante el resto de la noche, las cámaras no capturaron el roce de sus dedos cuando él le pasó una copa de champán, ni cómo ella lo miraba cuando creía que nadie los veía.

Pero el público sí. El público siempre ve.

Al día siguiente, los titulares fueron un delirio:

“La reina del siglo XXI”, “Entre historia y deseo: quién es Isla Doren”, “La química en la alfombra roja”.

Las redes estaban inundadas de videos de ambos.

Algunos recortaban solo las miradas.

Otros ponían música romántica de fondo.

Tomás dejó el teléfono sobre la mesa, incrédulo.

—Somos un meme.

—¿Eso es un título nobiliario? —preguntó ella con toda seriedad.

Él rió.

—Algo peor: fama sin control.

Ella se encogió de hombros.

—Los reinos también se pierden así.

Y cuando él se giró para responder, ella estaba junto a él, tan cerca que pudo oler su perfume.

—Gracias por acompañarme —dijo ella.

—No iba a dejarte sola.

—Lo sé. Pero me gusta escucharlo.

Él la miró con esa mezcla de deseo y miedo que solo existe cuando el amor recién se está inventando.

—Isolda, si seguimos así…

—¿Qué?

—Voy a creer que esto no es solo historia.

Ella sonrió, lenta.

—Tal vez nunca lo fue.

Isolda levantó su taza, como si brindara por un reino invisible.

—Por los castillos reconstruidos y los corazones extraviados —dijo, con una sonrisa que solo Tomás entendía.

Él se acercó un poco más.

—¿Puedo acompañar ese brindis con algo más tangible? —susurró.

Ella arqueó una ceja, divertida.

—Depende… ¿hablas de palabras o de besos?

Tomás no dudó. Apenas un paso los separaba.

—De ambos —respondió, con la voz baja.

Ella se inclinó, tan cerca que sus frentes se tocaron, y el mundo, por un instante, se redujo al perfume y la risa contenida.

El beso verdadero llegó entonces, breve, dulce, cómplice. No había público que lo arruinara, ni flashes que lo registraran: solo ellos, y la sensación de que el tiempo, finalmente, se rendía.

—Eso estuvo… —murmuró él, aún con los ojos cerrados—. Perfecto.

—Como todos los reinos que saben esperar —respondió ella, apoyando la cabeza en su hombro.

Y ellos se regalaron un minuto eterno. Un minuto que sería recordado por siglos, aunque nadie más lo supiera.

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Lupita Espinoza Castro
Rara historia, interesante, gracias escritora
RENE: Gracias ☺️
total 1 replies
Thibizay Garcia
Excelente
RENE: Gracias ☺️
total 1 replies
Thibizay Garcia
Me ha encantado leerte y mucho /Proud//Proud//Proud/
Ana Elena Jiménez
felicitaciones @RENE muy linda la historia 👏👏👏
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja
Ana Elena Jiménez
super fascinante 🫶
Ana Elena Jiménez
muy linda la historia,
Ana Elena Jiménez
cuanto misterio 🫢
MANATE
😘💯
RENE: Gracias ☺️
total 1 replies
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja con isolda es para morirse de la risa definitivamente 🫢
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja isolda totalmente atropellada por la tecnología
Ana Elena Jiménez
eso sí es cierto
Ana Elena Jiménez
amo esta historia,es espectacular 🫶
Ana Elena Jiménez
está historia es espectacular muchas gracias René Tello por continuarla 🫶🫶🫶
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
este par son todos un personaje 🫶🫶🫶
Ana Elena Jiménez
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja ya no puedo más con isolda
Ana Elena Jiménez
me encanta este amor 😍😍
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