¿Alguna vez te ha gustado tanto una persona que no puedes aguantar las ganas de verla y la tienes presente en tu mente todo el día?
Ese es el caso de Amanda. Desde que conoció a Mauricio; personal de mantenimiento en su casa, quedó flechada instantáneamente con su voluptuoso cuerpo y forma de ser. No obstante, tratará de conquistarlo cueste lo que le cueste. Pero muchas veces no todo lo que se quiere se puede tener... ¿O tal vez sí?
¿Será que su amor será correspondido algún día?
¿A qué se deberá enfrentar Amanda para ganar su corazón?
NovelToon tiene autorización de Natalïa Dïaz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
NO SOY YO
Desde ese día decidí hacer las cosas bien y comprometerme con todo. A decir verdad, han pasado tres meses desde la última vez que vi a Mauricio. Quise ocultarle la decisión que tomé, para que así fuera una sorpresa. Si hubiera seguido hablando y hablando, sin hacer lo que corresponde, él no podría tomarme en serio y más que nada eso quiero. Mi casa tiene dos cuartos y es de una sola planta. Es acogedora, cómoda, tiene su patio y lo mejor es que la renta no es tan alta. Quise que tuviera patio con el propósito de que Esme pueda jugar con el cachorrito Beagle que he adoptado. Hoy se supone que me hagan entrega de él, pero primero tengo pensado ir a la tienda con mi amiga. Todos los ajustes que he tenido que hacer están rindiendo sus frutos. Incluso si Mauricio no me da una oportunidad como quiero, voy a asegurarme de que Esme se sienta a gusto aquí. Y no, no lo hago con ningún interés de que Mauricio me note o se sienta en deuda conmigo, lo hago porque me encariñé de ella, quiero conocerla mejor y compartir más momentos juntas.
—Pareciera que han pasado años desde la última vez que te dejaste ver. Estás cambiada. Hasta te ves más madura.
—Ni que fuera plátano. Esta soy yo luego de tener dos trabajos al mismo tiempo.
—¿Dos? ¿No es eso demasiado? No deberías explotarte de esa manera.
—Vale la pena hacerlo. Ambos trabajos son buenos, el horario es flexible y tengo mi día libre que, por cierto, es exactamente el mismo que Mauricio.
—¿Todavía tienes a ese hombre en tu mente? Pensé que ya lo habías superado.
—No se puede superar a un hombre como él.
—¿Lo has estado viendo?
—No, de hecho, ya van tres meses de no vernos. No tienes idea de lo mucho que lo extraño, pero sé que el sacrificio valdrá la pena.
—Tienes a ese hombre más sembrado que un ñame en tu cabeza.
—Es una pena que solo sea en la cabeza.
—Maldita sea, eso tampoco lo has cambiado. Por cierto, nunca me dijiste si lograste algo. No seas traviesa y cuéntame.
—Eso es tema para otro día — sonrío —. Necesito escoger un regalo para él, pero no sé qué podría regalarle.
—Ponte un lazo en la cabeza.
—Navidad está a la vuelta de la esquina. Fíjate que no es mala idea eso de empacarme. Ahora que este regalito está doblemente protegido, puede estrenarme y jugar conmigo tanto como quiera — sonrío maliciosa y siento su mano en mi hombro.
—No estamos en el mismo canal. ¿A qué te refieres con eso?
—Yo me entiendo.
Entramos al área de herramientas, ya que sé lo mucho que le gusta esto. Siempre tiene una mochila con sus herramientas, así que planeo encontrarle una caja de herramientas, pero no vacía, sino con las más esenciales y buenas. No sé nada de esto, por lo que detuve a un empleado para investigar y me fue de gran ayuda su recomendación.
—A él le gusta mucho su trabajo y esto puede serle de utilidad. Me llevaré este.
—Pero ¿has visto el precio, Amanda?
—¿Eso qué? Para mi futuro esposo lo mejor. Por algo me he fajado trabajando arduamente durante estos tres meses. He ahorrado lo suficiente para poder darme mis gustos y también para esto. El dinero se hizo para gastarse, no para guardarse y uno limitarse. Mientras siga trabajando podré duplicarlo, así que eso es lo de menos. Incluso si nunca tengo la oportunidad de enamorarlo, sé que con esto lo estoy ayudando mucho y para mí eso vale más que esa caja de herramientas.
—Esta vez se nota que vas mucho más en serio que antes. Así que mi mejor amiga se ha enamorado hasta los huesos, ¿eh?
—Ese osito panzón no sabe lo que le espera.
Luego de pagar la caja de herramientas, hago que la envíen a su dirección y que no digan que es de mi parte. En mi auto no iba a caber por lo grande y pesada que es. Después pasé a recoger a nuestro nuevo integrante a la familia. No le he puesto un nombre, ya que quiero que sea ella quien lo haga. El día que lo vi, por alguna razón, sentí una especie de conexión con él. Tal vez porque era el más distante que se mantuvo de los demás perritos. Bueno, en realidad es que lo dejaron atrás por ser el más pequeño de todos y me identifiqué mucho. Mi amiga se fue a su casa y aproveché a prepararle la cama que le compré, el papel para entrenarlo y servirle agua y comida en su platito. Es tan liviano y le gusta lamer mucho.
—Ya mismo traeré a tu hermanita y a tu papá, así que debes portarte bien con ellos. Te aseguro que te sentirás a gusto con tu nueva familia y no te va a faltar nunca nada — acaricio su suave pelaje.
Subo a la habitación a bañarme, vestirme y arreglarme. Hace tiempo no lo veo y quiero causar un gran impacto en él. Uso unos tacones para verme más alta y estar al menos a la altura de su pecho. Tan pronto llego a su casa y me recibe se me queda viendo. Incluso las piernas me están temblando. Quisiera saltarle como trampolín y comerme esos ricos labios, pero tengo que alejar esos pensamientos ahora.
—Amanda — no sale de la sorpresa.
—¿Feliz de verme, Mau?
—Entra — me da paso para que entre y miro los alrededores—. Habías desaparecido, pensé que no volvería a verte.
—Tranquilo, precioso. Ahora tendrás Amanda para rato— sonríe ladeado ante mi comentario.
—No has cambiado ni un poco.
—En cambio, tú si lo has hecho y mucho. Te has puesto más bello.
Peina su barba con la mano, mientras agita la cabeza con una sonrisa.
—Vengo a robarte a ti y a la princesa.
—¿Por qué? ¿Para dónde?
—Es una sorpresa — le hago un guiño.
—Fuiste tú, ¿cierto?
—¿Qué cosa?
—El encargo que llegó hace una hora.
—¿No te gustó?
—No es eso, pero considero que no debiste tomarte esa molestia, Amanda. Esas herramientas son costosas y no debiste malgastar el dinero que ganas con tanto esfuerzo y sudor en la frente, en alguien como yo.
—Tu vales mucho más que eso. Los regalos se aceptan, no se desprecian, no se cuestionan y tampoco se devuelven. Si lo que te preocupa es que esté tratando de comprarte, no lo hice con esa intención, todo lo contrario, lo hice con todo el cariño, la buena intención y amor del mundo.
—¡Amanda! — la niña baja las escaleras corriendo y me brinca encima según se acerca.
—Hola, mi muñeca de porcelana. ¿Cómo ha estado mi dulce y mejor amiga? Cada día que pasa estás más hermosa.
—Me he portado bien. ¿Dónde estuviste, Ama? — esa palabra se escucha muy dulce, pero sé que es por mi nombre.
—Estuve trabajando mucho. Perdóname por haberlos abandonado, pero estoy aquí ahora para quedarme. Vamos a cumplir lo que acordamos aquella vez en el auto, ¿lo recuerdas?
—¡Sí!
—¿Qué te parece si subes y te pones bien hermosa para que salgamos juntos? Te tengo una sorpresa. Ve — la bajo y ella sube las escaleras corriendo. Se le puede notar la alegría y emoción—. ¿Estás bien, Mau?
—Sí, estoy bien.
—Como no has dejado de mirarme ni un instante, pensé que por tu mente estaba cruzándose algún pensamiento impuro.
—Te estoy observando porque te ves diferente y muy hermosa. Parece que te ha sentado bien el cambio — primera vez que escucho algo así de su boca y casi infarto de la emoción.
—¿No subirás a preparar las cosas de la niña?
—Rayos, sí es cierto. Espéranos aquí — sube las escaleras y lo observo. Como extrañaba ese culalé moverse.
Espero por ellos hasta que bajan y los traigo directamente a mi casa.
—Bienvenidos a mi casa, que ahora es de ustedes también.
Ambos se ven sorprendidos, en especial Mauricio.
—Creí que estabas de compañera de cuarto. Eso fue lo que me dijo tu mamá.
—No, esta casa es mía. Por lo tanto, también tuya, bebé.
—Ya echaba de menos tus comentarios.
—¿Solo mis comentarios? — se queda en silencio, pero me mira fijamente—. Entremos — les dejo pasar y le tapo los ojos a Esme, haciéndole un gesto de silencio a Mauricio, ya que él había visto al cachorrito rápido según entró.
Me acerco con ella a la caja y le quito las manos para que pueda verlo. Casi se queda con la casa entera con sus gritos de emoción y saltos.
—¿Te gusta? Es tu hermanito — miro de reojo a Mauricio y su reacción fue llevar la mano a su barbilla con una sonrisa.
—¡Sí! ¿Puedo tocarlo?
—Claro, si es para ti, princesa. Aunque claro, debe quedarse conmigo aquí. Debes pensar en un nombre para ponerle.
—Quédate cuidando del perrito mientras Amanda me muestra la casa, princesa.
—Sí, papá. Gracias, Amanda. Es muy lindo y suave.
—Lo es. Le gusta lamer mucho, pero no dejes que te lama la cara.
Camino por la casa con Mauricio para enseñarle cada rincón de ella, dejando por últimos los cuartos.
—¿Te gusta como se ve la casa?
—Sí. ¿Todo esto lo hiciste tú sola?
—La gran parte de las cosas.
—¿Por qué no me dijiste nada y decidiste desaparecer? Te dije que siempre que me necesitaras, iba a estar para ayudarte.
—Esto era algo que debía hacer por mí misma. He estado agradecida siempre por tu ofrecimiento y buena fe, créeme. Fíjate que no ha sido tan malo, ya que he aprendido mucho durante el proceso. Como por ejemplo, pintar, romper bombillas y hacer rotos en la pared con el martillo— sonríe ladeado, mientras agita la cabeza—. No olvides lo que me debes— acorto la distancia entre los dos y lo acorralo contra la pared.
—¿Todavía estás pensando en eso?
—¿Cómo podría olvidarlo? Ni siquiera te he podido sacar de mi mente. ¿Cómo podría olvidar esta panza que me enloquece? — descanso mis manos sobre ella y lo acaricio, solo que él no hace gesto de evitarlo —. Había estado esperando por este momento como no tienes idea. He fantaseado con nuestro reencuentro y batallado con estas ganas de volver a sentir tu cuerpo. Solo espero aún estar a tiempo para anotarme en esa gran lista que debes tener de pretendientes. Dado el caso que llevo más tiempo que ellas, más he probado un adelanto, quiero que me hagas un acomodo.
—Puedo darte todos los acomodos que quieras.
—¿Me estás coqueteando? Déjame decirte que cada gesto, palabra o lonjita tuya me enamora. Por lo tanto, considero que no deberías jugar con mis sentimientos si no te gusto.
Mueve mi cuerpo y es ahora él quien me acorrala contra la pared. Extrañada y maravillada por su repentina acción, solo lo miro fijamente.
—¿Puede existir alguien en este maldito mundo que se pueda resistir a tu encanto? —levanta mi pierna en el aire, acerca su cuerpo al mío, mientras su otra mano mueve a un lado mi cabeza, dejando mi cuello a su entera disposición y sus labios entran en contacto con mi piel, proporcionando varios besos húmedos hasta mi barbilla y poniendo mi piel de gallina—. Si es así, te doy toda la seguridad de que esa persona no soy yo, mi diablita.