En medio de una situación inesperada, Chimon se aferra a un omega desconocido y asegura con total certeza que él es su padre.
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07
Estaba cerca.
Gun escaneo todo el área infantil, el rastro de aroma de Chimon indicaba que estaba escondido en alguno de los juegos.
Camino sigiloso entre los tantos juegos. Entre todos, hubo uno que le llamo la atención, era una resbaladilla como cualquier otra pero está tenía en la sima una especie de casita.
A paso lento llegó hasta el juego, sintiéndose aliviado de sentir el aroma de Chimon adentro.
Estaba por subir pero unos sollozos lo detuvieron.
Gun se sentía tan preocupado y culpable, precisamente por esta razón no había querido decirle nada al pequeño, escucharlo llorar era tan doloroso como un puñal en el corazón.
Tuvo que limpiar sus propios ojos antes de armarse de valor y entrar al reducido espacio. En momentos así agradecía su altura.
—Cariño...
—No me llames así.
El Omega trago saliva duramente ignorando el nudo que se le formó en la garganta.
— Chimon y-yo-
—¿Vienes a disculparte?— Preguntó y levantó la cabeza para ver con ojitos esperanzados al rubio. Chimon realmente quería creer que todo fue una mala broma pero al ver la expresión derrotada en el rostro del omega supo que no era así.
El rubio bajo la cabeza tratando de ocultar sus lágrimas.
—Lo siento...—Susurro.
El silencio reino por unos minutos que se sintieron eternos. Hasta que una frágil y rota voz hablo.
—¿P-por qué no me creen?—Murmuro bajito en medio de un sollozo.
—¿Que?—Pregunto desconcertado.
—¿Por qué no me creen?—Dijo está vez más alto y sin trabajarse—Somos lobos, nos caracterizamos por nuestro instinto que nos guía en nuestras decisiones y el mío me dice que no estoy en un error, no siento que este equivocado, dime... ¿Realmente es así? ¿No puede haber una posibilidad?
Gun lo atrajo en un abrazo dejando que el castaño se desahogué. Sentía sus propios ojos arder de tantas lágrimas, su dulce aroma estaba agrio y su lobo aullaba con tristeza.
Si, dolía.
Dolía como el demonio.
—No tienes idea de cómo me encantaría ser de verdad tu papá omega... Pero no lo soy—Murmuro bajito pero aún así Gun alcanzo a oír—Yo nunca tuve hijos, ni pareja, tampoco recuerdo haber conocido antes a tu padre, es imposible que yo sea tu papá omega.
Los sollozos se Chimon incrementaron, no quería creer en las palabras del rubio, lo supo desde el primer día que lo vio, él era su papá omega pero toda esperanza a la que se aferraba se estaba viniendo abajo con lo recién dicho.
—¿E-estas seguro?
—Si...— Sostuvo el rostro del menor y limpio sus lágrimas con cariño.— No te puse un freno cuando empezaste a decir que yo era tu papá porque a pesar de que nunca tuve hijos siempre los quise. Trabajar con niños me hace feliz y ver qué yo los hago felices a ellos es uno de los mejores regalos que podría tener. Fue toda una sorpresa cuando apareciste por primera vez, no te voy a mentir, me sentí aterrado cuando afirmaste con tanta confianza que yo era tu papá omega pero luego ese terror se transformó en algo cálido. Me empezó a encantar demasiado que me llamaras así y eso no tenía que pasar...
—¿No querías que esto pasara?—Pregunto refiriéndose a la situación que los abarcaba.
—No, odio ver a pequeños llorar y más saber que esas lágrimas son por mi culpa. Aunque eres el primer niño que llora por mi culpa, no es algo bonito de recordar.— Soltó una risa seca y limpio su rostro.
—Lo siento...
Gun separó con cuidado a Chimon de su pecho y lo observó con compasión. No era su culpa y lo sabía, aún no tenía idea del sentimiento que llevo a Chimon a afirmar con tanta determinación que él era su padre pero si fue tan grande como para afectarlo a esa escala no podía culparlo de nada.
Es solo un niño confundido que busca a su padre omega.
—¿Por qué te disculpas cariño? Yo soy el que tendría que disculparse.
Chimon negó y nuevas lágrimas comenzaron a mojar sj rostro.
—F-fui yo quien los puso en esta situación, e-estás triste por mi culpa y seguramente ahora p-papá está preocupado buscándome.— Cerró los ojos con fuerza y se abrazo al cuello de Gun en busca de consuelo.— D-de verdad lo s-siento.
—Nada es tu culpa, yo me metí en esto por mi propia cuenta y tu papá está sentado en las escaleras de este juego esperando para disculparse contigo—Le sonrió.
—¿D-de verdad?—Se despegó del omega con una sonrisa y se movió rápidamente para abrir la puerta de la casita encontrando a su padre a punto de subir—¡Papá!
Off suspiró aliviado y feliz. Si bien sabía que Chimon no iría muy lejos, tenía la preocupación de que al encontrar a su hijo, este siguiera enojado. Realmente no sabría que hacer si su amando pequeño guardara rencor hacia él.
Chimon bajo con cuidado y se lanzó sobre su padre en un fuerte abrazo que el pelinegro correspondió con gusto.
—Papi, perdóname, no quería-
—Lo sé, yo también lo siento, tuve que hablar contigo pero reaccione mal... No me agrado del todo que mi pequeño bebé le de atención a otra persona que no sea yo.— Confesó en una risa.
—Papá siempre tendrá toda mi atención.— Sonrió con él y volvió a hundir su rostro en el cuello del mayor para llenarse de ese tranquilizador aroma que tanto ama.
Mientras ellos arreglaban sus desacuerdos, el omega se alejaba de esa tierna escena sin nada más que hacer. Ya había ayudado y no tenía nada que aportar ahí, era un persona ajena a sus vidas ¿Por qué debería quedarse?
Intentaba decirse eso a si mismo pero por alguna extraña razón cada paso que daba se asemejaba con una dolorosa punzada. Su lobo arañaba su interior pidiendo que regresé con los Jumpol pero él no haría eso, ¿Por qué lo haría en primer lugar?
Lobo idiota, no puedes encariñarte con dos personas en dos días.
Limpio las rebeldes lágrimas que se escapaban de sus ojos y siguió caminando más rápido hasta la salida del parque. Quería llegar a su casa y poder llorar tranquilo comiendo un bote de helado, mirando algún drama dónde los protagonistas no terminan juntos.
Si, un buen plan.
—¡Gunnie!
Freno en seco, giró lentamente observando a un pequeño castaño y a su padre agitados, seguramente por correr.
—Gunnie, ¿Por qué no nos espero?—Inquirió el niño abrazando una pierna del rubio.
—¿Gunnie?
—Si, luego de nuestra charla entendí que ya no podía llamarlo de la otra forma porque no sería correcto. Pero no quiero que se aleje de mi por eso, así que de ahora en adelante Te diré Gunnie¿Te gusta?
Gun si que estaba asombrado pero no podía pensar en eso por la pesadez y el nudo que se incrustó en su garganta. No admitiría nunca en voz alta cuan doloroso se sintió que Chimon no lo llamara "Papi" de nuevo pero el niño tenía razón, no era correcto y se conformaría con ser solo Gunnie apartir de ahora.
—Es perfecto Chimon—Se inco y le dió un pequeño abrazo.
—Bueno ya se está haciendo tarde ¿Te llevo a tu casa Gun?—Pregunto el alfa.
—Si, muchas gracias.
—Bien, vamos por el auto.
Regresaron al lugar donde estaban antes y encontraron el auto. Un corto viaje de 10 minutos y ya estaba frente al edificio de departamentos del rubio.
—Nos vemos en la escuela Chimon—Se despidió dejando un beso en la mejilla regordeta del niño.
—Adiós Gunnie—Agito su manita.
El Omega sonrió y bajo del auto siendo acompañado por el pelinegro.
—Gracias otra vez por traerme señor Jumpol—Agradeció mirando al alfa.
—No hay problema y ya dije que dejes de tutearme.
—No lo haré nunca y lo sabes—Dijo divertido mirando el ceño fruncido del pelinegro.
Off suspiró resignado y se acercó al omega para revolver su cabello.
—Que tengas buenas noches Atthaphan y de nuevo, lo siento—Le sonrió.
—Ya te dije que dejes de disculparte.— Negó con una sonrisa.— E igualmente Jumpol.
Con un último adios, entro al edificio observando por las puertas de cristal al auto de los Jumpol partir. Aún no podía procesar todo lo que sucedió en unas pocas horas, parecía irreal. Entro al elevador y observo su reflejo haciendo una mueca.
—Me veo horrible.— Se quejo observando su ojos rojos y nariz congestionada por las lágrimas, su cabello alborotado y desordenado. Aunque no podía decir nada al respecto de la sonrisa que parecía darle vida a su terrible aspecto.
No, por supuesto que no era por el alfa, ¿Por qué lo sería?
Borró esas ideas de su mente que estaba empezando a ir por zonas no recomendables y salió del ascensor cuando esté llegó a su piso. Camino despacio a su departamento, batallo un poco para encontrar la llave correcta y por fin entro.
Todo estaba a oscuras, no era raro considerando que eran casi las 12 de la noche.
Estaba por quitarse los zapatos pero las luces siendo encendidas de golpe lo cegaron momentáneamente.
Con un poco de miedo levantó la vista y ahí parado en medio de la sala, en bata y con una mascarilla es el rostro estaba Bass Hatsanat su mejor amigo y compañero de piso.
—Mas te vale que tengas una buena explicación, maldito rubio oxigenado.