Bang Chan y Seungmin son estrellas del K-pop... y novios en secreto. Entre giras interminables y luces de escenario, su amor crece fuerte en los pocos momentos que tienen para sí mismos. Pero la fama no perdona secretos, y cuando el mundo empieza a cerrarles el paso, deberán decidir si su vínculo vale más que cualquier gloria. ¿Podrán mantener su armonía en medio del caos?
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el legado de las raíces
Un mes después del festival "Raíces Unidas", la casa del bosque seguía vibrando con la energía de todos los músicos que habían pasado por allí. Cartas y mensajes llegaban de todo el mundo –músicos que habían vuelto a sus países y estaban organizando sus propios festivales, jóvenes que habían decidido dedicarse a la música, comunidades que se estaban uniendo gracias a las canciones que habían creado juntos.
La agencia les propuso crear una fundación para apoyar a músicos jóvenes de comunidades marginadas en todo el mundo, brindándoles acceso a instrumentos, talleres y oportunidades de presentación. Sin dudarlo, aceptaron, llamándola "Fundación Raíces Unidas" y haciendo de su casa del bosque la sede principal.
—Queremos que esto sea algo duradero —explicó Chan en la presentación oficial de la fundación—. No solo queremos hacer música, sino ayudar a otros a encontrar su voz y unirse a través del arte.
Seungmin se encargó de coordinar los programas educativos, trabajando con voluntarios en diferentes países para diseñar talleres adaptados a las necesidades de cada comunidad. En Sudáfrica, organizaron la entrega de tambores hechos por artesanos locales; en Brasil, donaron instrumentos a las escuelas de favelas; en Corea del Sur, crearon becas para jóvenes músicos de zonas rurales.
Un día, recibieron una visita especial –el grupo de jóvenes músicos de la favela de Río de Janeiro que habían conocido meses atrás. Habían venido a Corea gracias a la fundación, para participar en un intercambio cultural y presentar su música en un festival local.
—Ustedes nos dieron la oportunidad de seguir nuestros sueños —dijo el líder del grupo, mientras tocaba un ritmo en el tambor que habían hecho ellos mismos—. Ahora queremos ayudar a otros jóvenes como nosotros.
Esa tarde, los jóvenes músicos brasileños se unieron a los niños del taller local que Chan y Seungmin dirigían, creando una canción que mezclaba el samba con el chanmin coreano. Las voces de los niños en diferentes idiomas se unieron en un estribillo sobre la amistad y la unión, mientras los tambores resonaban en el jardín de la casa.
—Esto es lo que queríamos lograr —dijo Seungmin, emocionado mientras veía la escena—. Que la música pase de generación en generación, uniendo culturas y creando puentes.
Chan estaba trabajando en un nuevo proyecto –un álbum colectivo que reuniría a músicos de todos los países donde habían estado, cada uno aportando una canción que contara la historia de su comunidad. Se llamaría "El Libro de las Tierras" y sería un homenaje a la diversidad del mundo y a la unión que se puede crear a través de la música.
Pasaron semanas trabajando en las grabaciones, conectándose con músicos de Sudáfrica, Nueva Zelanda, Japón, Brasil, Argentina y muchos otros países. Cada canción traía consigo una historia única –una balada sobre la lluvia en el desierto africano, una canción alegre sobre la cosecha en Nueva Zelanda, una melodía meditativa sobre los templos japoneses.
—Cada canción es un capítulo de nuestra historia común —dijo Chan, mientras escuchaba la mezcla final de una pieza creada por músicos de India y Corea del Sur—. Juntas, forman un libro que nos enseña sobre el mundo y sobre nosotros mismos.
Una tarde, mientras estaban en el estudio del sótano, recibieron una llamada del Premio Nobel de la Paz –les informaban que habían sido nominados como parte de un colectivo de artistas que trabajaban por la unión cultural en todo el mundo. Aunque sabían que la posibilidad de ganar era pequeña, el reconocimiento en sí mismo fue un gran honor.
—No necesitamos un premio para saber que estamos haciendo lo correcto —dijo Seungmin, después de colgar el teléfono—. Pero es bueno que el mundo reconozca que la música puede ser una fuerza para el bien.
Esa noche, se sentaron en el porche de la casa, mirando las estrellas y escuchando las grabaciones del nuevo álbum. Chan tomó su guitarra y empezó a tocar una melodía que había compuesto especialmente para la fundación –"El Canto de las Raíces"– mientras Seungmin cantaba letras sobre cómo todas las raíces se conectan bajo la tierra, creando un solo árbol que da frutos para todos.
—Este será el himno de la fundación —dijo Chan, cuando terminó de tocar—. Queremos que cada vez que alguien lo escuche, recuerde que somos todos parte de lo mismo.
Seungmin se acercó a él y le dio un beso suave:
—Hemos recorrido un largo camino desde que empezamos a escribir canciones juntas en el dormitorio del grupo —dijo—. Nunca imaginé que nuestra música llegaría tan lejos.
Chan abrazólo fuerte y sonrió:
—Porque siempre hemos hecho música desde el corazón —respondió—. Y el corazón del mundo está listo para escuchar.
Mientras la noche avanzaba y la música seguía resonando en el bosque, sabían que habían creado un legado que duraría mucho más que ellos mismos –un legado de amor, unión y música que seguiría conectando corazones en todo el mundo.