Alana es una joven que ha enfrentado numerosas dificultades desde muy pequeña. A la edad de solo cinco años, sufrió la pérdida de su madre, quien falleció, y poco tiempo después, su padre decidió abandonarla al encontrar una nueva pareja y formar una nueva familia con dos hijos más. Desde ese momento, Alana fue ingresada en un orfanato, donde pasó su infancia y adolescencia.
Ahora, al llegar a los 18 años, se encontraba en el umbral de una nueva etapa de su vida. Era el momento de abandonar el orfanato y dar un paso hacia la independencia, pero la situación le resultaba abrumadora. Con lágrimas brotando de sus ojos, dejó aquel lugar que había sido su hogar por tantos años. Mientras cruzaba la puerta, no podía evitar preguntarse cómo habría sido su vida si su madre estuviera a su lado. La melancolía y la incertidumbre la acompañaban, ya que se sentía sola en una ciudad que apenas conocía; su tiempo había estado casi completamente dedicado a los estudios en el orfanato, y ahora se enfr
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capítulo 21
Alana le contó a Diana todo lo que había sucedido. Diana, sorprendida, no podía creer lo que estaba escuchando. Después de un momento de asombro, exclamó: ¡Amiga, esto es realmente extraño! ¡Le gustas al CEO de la empresa! Jajajaja, ¡qué emoción! Si realmente sientes algo por él, deberías darte una oportunidad.
Alana comenzó a expresar sus pensamientos sobre todo esto, mencionando su opinión sobre el CEO y lo que podría pensar la gente al respecto.
Diana, tratando de animarla, respondió: No deberías preocuparte por lo que opine la gente. Tú sabes quién eres y conoces tu valor. A nadie le debería importar lo que hagas con tu vida.
Finalmente, Alana se quedó con una pregunta en la mente: ¿Será que le digo que sí?.
Diana, al darse cuenta de que Alana estaba sumida en sus pensamientos, le dijo con cariño: Amiga, sé que te gusta. Solo date la oportunidad de explorar esa posibilidad. Alana, sonriendo tímidamente, respondió: Está bien, veré cómo nos va con esto. Diana asintió con entusiasmo y reafirmó: Así es, ¡hay que intentarlo!.
De repente, el teléfono de Diana sonó. Era su madre, quien necesitaba que regresara a casa por un asunto importante. Diana se despidió de Alana con una sonrisa y, tras unos breves momentos de conversación, se marchó.
En la soledad de su habitación, Alana comenzó a reflexionar. Pensó: ¿Debería llamarlo? No puedo esperar hasta el martes. Esa inquietud la llevó a decidir que sí, que no esperaría más. Después de esa decisión, se sintió un poco más tranquila y, sintiendo que era hora de descansar, se fue a dormir.
Al despertar a la mañana siguiente, Alana se levantó con energía. Preparó su desayuno, disfrutando de un momento de tranquilidad. Después de comer, decidió aprovechar su día libre para arreglar la casa. Mientras organizaba todo, encendió la música, dejando que las melodías crearan un ambiente animado en su hogar.
En la cocina, Alana se percató de que faltaban algunos utensilios y productos que necesitaba, así que se dijo a sí misma que más tarde iría a comprarlos. Decidió que en ese momento lo mejor era terminar de organizar el espacio para poder estudiar luego con su computador. Alana estaba cursando la universidad a distancia, lo cual se hacía un poco complicado debido a sus responsabilidades laborales.
Cuando finalmente terminó de ordenar, ya era la hora del almuerzo. Se sentó a comer y, después de eso, se dispuso a estudiar con tranquilidad.
Por su parte, Alejandro se encontraba en la empresa, lidiando con diversas tareas y reflexionando en su mente sobre Alana. Aunque Yuly lo había llamado por teléfono, él no estaba muy interesado en hablar de nada que no fuera trabajo y se limitó a mantener la conversación en ese ámbito.
Al mediodía, Alejandro decidió salir a almorzar y luego volvió a la empresa para seguir con sus obligaciones laborales.
Yuly, sintiéndose angustiada por las reacciones de Alejandro, tomó la decisión de concluir todo su trabajo lo más rápido que pudiera, ya que quería regresar lo antes posible. No quería pasar más tiempo del necesario allí, y sabía que su estancia podría extenderse hasta un mes si no se apuraba.
Alrededor de las siete de la noche, Alana se vistió y decidió bajar para ir al supermercado. Realizó todas sus compras, llenando su carrito con lo que necesitaba. Cuando iba de regreso a casa, un auto se detuvo frente a ella. Al bajar la ventanilla, se dio cuenta de que era Juan. Él la saludó con un Hola, Alana. ¿Necesitas que te lleve a tu casa? Te veo con muchas bolsas.
Alana esbozó una sonrisa y le respondió: Hola, Juan. ¿Cómo estás? ¿Qué haces por aquí?
Juan, bajándose del auto, le dijo: Ven, te llevaré.
Alana aceptó la ayuda de Juan, quien, al notar que ella cargaba muchas bolsas, se ofreció a asistirme a subirlas. Así, ambos se dirigieron hacia el auto de Juan, donde colocaron las bolsas.
En ese momento, Alejandro, que pasaba por allí, observó la escena y, sintiendo una mezcla de celos y frustración, golpeó el volante de su coche mientras pensaba: Entonces, ¿te gusta él?
Alana, le preguntó a Juan : ¿Qué haces por acá?
Juan, con una sonrisa amigable, respondió: Yo también vivo por esta zona, solo que viajo a diario para trabajar en la empresa de Maximus.
Alana asintió, y comentó: Bueno, al menos tienes un auto propio.
Juan se rio, diciendo: Jajaja, sí, tienes razón. ¿Me dices a dónde te llevo?
Alana le dio la dirección, y Juan comenzó a conducir hacia allí, mientras Alejandro, desde su vehículo, los seguía a una distancia prudente, sin poder apartar la mirada de ellos.
Al llegar a su destino, Alana se bajó del auto, seguida por Juan, quien se apresuró a ayudarla a bajar las bolsas que llevaban en el maletero. Mientras tanto, Alejandro, lleno de furia, los observaba desde su vehículo.
Juan, sonriendo amablemente, le preguntó a Alana si quería que la acompañara hasta su casa. Ella, con una sonrisa agradecida, le respondió que no era necesario, que podía encargarse de llevar las bolsas sola. Le agradeció por haberla traído.
Estaré esperando tu llamada, le dijo Juan antes de despedirse.
Alana se despidió con un gesto y Juan se marchó. Sin embargo, al ver que él se alejaba, Alejandro se sintió frustrado y decidió conducir rápidamente hacia Alana. Pero para su decepción, ella ya estaba caminando hacia su casa, arrastrando las bolsas de la compra. Alejandro bajó del auto, caminó rápido y la llamó por su nombre Alana.
Alana se detuvo en seco y giró su cabeza para mirar hacia él.
Alejandro se acercó a Alana y, con una expresión sincera en su rostro, le dijo que también quería ayudarla y que podía hacerlo. Alana, sorprendida y paralizada por la situación, solo pudo formular una pregunta: ¿qué haces aquí?
Alejandro, intentando explicarse, respondió: No, no venía específicamente a este lugar. Simplemente pasaba por el supermercado y te vi con una sonrisa, subiéndote al auto de Juan, por lo que decidí seguirte hasta aquí. Al escuchar esto, Alana no pudo evitar sentirse confundida y exclamó: ¿Qué? ¿Qué te hace pensar eso?.
Con una mezcla de sorpresa y aclaración, continuó: Juan solo me trajo a casa. Me vio y amablemente se ofreció a ayudarme. La situación entre ellos se tornó tensa mientras ella intentaba entender lo que estaba sucediendo y por qué Alejandro había llegado a esa conclusión tan equivocada.