“Salvé al alfa más peligroso del reino…
y ahora dice que soy suyo.”
Aren Solaris es un omega sanador que nunca creyó en el amor.
Pero todo cambia cuando salva a un hombre que no debía sobrevivir.
Darian Valerius.
El alfa más temido del reino.
Frío. Poderoso. Peligroso.
Y ahora completamente interesado en el omega que lo salvó.
Pero Aren no es un omega común.
Su presencia calma incluso a los alfas más salvajes…
y hay quienes están dispuestos a capturarlo a cualquier precio.
Porque algo antiguo está despertando.
Un destino que une a la vida… y la muerte.
Y Darian ha tomado una decisión peligrosa:
Proteger a ese omega.
Porque si alguien intenta llevárselo…
tendrá que enfrentarse primero con el alfa más peligroso del reino.
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Capítulo 24 Donde siempre regreso a ti
El sello negro comenzó a expandirse por el suelo del santuario.
Las líneas oscuras avanzaban como raíces vivas, devorando lentamente los símbolos plateados del círculo Solaris.
Elric lo vio primero.
—¡El sello se está completando!
Caelum luchaba contra dos Cazadores cerca de la entrada.
—¡Debemos romperlo!
Pero el ejecutor levantó una mano.
—Demasiado tarde.
El aire dentro del santuario se volvió denso.
Pesado.
Difícil de respirar.
Las puertas de piedra comenzaron a cerrarse con un estruendo profundo que recorrió toda la estructura.
Aren lo sintió de inmediato.
La energía… estaba siendo forzada.
Encerrada.
—Eso no es bueno —murmuró.
Darian bloqueó otro ataque del ejecutor.
—Lo noté.
El ejecutor sonrió detrás de su máscara.
—La vida queda atrapada.
Sus ojos se fijaron en Darian.
—Y la muerte con ella.
Darian gruñó.
—No te emociones.
Pero el sello siguió expandiéndose.
Las líneas negras alcanzaron el centro del templo.
Elric gritó:
—¡Aren, sal del círculo!
Demasiado tarde.
El suelo tembló violentamente.
Una explosión de luz brotó desde el círculo Solaris.
Una barrera invisible se levantó de golpe, separando el centro del santuario del resto.
Elric intentó cruzarla.
La energía lo lanzó hacia atrás.
—¡Maldita sea!
Caelum golpeó la barrera con su espada.
—¡Aren!
Pero dentro del círculo…
solo quedaban dos.
Aren.
Y Darian.
Los Cazadores quedaron afuera.
El ejecutor también.
Observando.
Sonriendo.
—Perfecto.
Su voz atravesó la barrera.
—El templo eligió a sus dioses.
Aren observó la luz que los rodeaba.
—Eso es… problemático.
Darian soltó una leve risa.
—Empiezo a entender tu vocabulario.
Aren lo miró.
—Estamos atrapados.
—Sí.
—Con un sello que intenta contener mi poder.
—También sí.
Aren suspiró.
—Definitivamente inconveniente.
Darian lo observó con atención.
Incluso en medio del caos…
el omega seguía intentando mantener la calma.
Pero había algo más.
Su respiración.
Su mirada.
La tensión en su cuerpo.
—Estás asustado.
Aren alzó una ceja.
—Conclusión precipitada.
Darian dio un paso hacia él.
—No mientas.
Aren sostuvo su mirada.
—No estoy mintiendo.
Pero la energía volvió a pulsar.
La luz Solaris recorrió el suelo como un latido.
Y entonces—
el recuerdo lo golpeó.
Un jardín.
Luz suave.
Darian caminando hacia él.
Sonriendo.
"Siempre regreso a ti."
Aren llevó una mano a su pecho.
—Otra vez…
Darian frunció levemente el ceño.
—¿Recuerdos?
Aren asintió.
—Muchos.
El alfa guardó silencio unos segundos.
Luego habló.
—Yo también.
Aren levantó la mirada.
—¿Qué?
Darian respiró lentamente.
—Ahora entiendo por qué…
Se detuvo.
Aren inclinó la cabeza.
—¿Por qué qué?
Darian lo miró directamente.
—Siempre me sentí en paz contigo.
El silencio cayó entre ellos.
Aren sintió el calor subir a su rostro.
—Eso podría ser el efecto Solaris.
Darian negó.
—No.
Su voz bajó.
—Es más antiguo que eso.
Aren no respondió.
Pero su corazón latía demasiado rápido.
La energía volvió a pulsar.
Los recuerdos se hicieron más claros.
Otra vida.
Otra ciudad.
Darian apoyado contra una pared, observándolo con esa misma mirada.
"¿Otra vez tú?"
Aren murmuró:
—Siempre me encontrabas.
Darian sonrió levemente.
—Siempre lo hago.
Aren lo miró.
—Eso es inquietante.
Darian se encogió de hombros.
—Tal vez.
Dio otro paso.
—Pero también inevitable.
La distancia entre ellos desapareció.
Aren sintió el calor de su presencia.
Esa calma extraña.
Ese equilibrio imposible.
—Darian…
—Sí.
—Si realmente fuimos…
Dudó.
—Lo que dicen.
Darian alzó una ceja.
—¿Dioses?
—Sí.
El silencio se volvió pesado.
—Entonces eso significa que…
Aren tragó saliva.
—Siempre terminamos encontrándonos.
Darian levantó la mano lentamente.
Sus dedos tocaron el rostro de Aren.
Suavemente.
Cálido.
Aren se quedó inmóvil.
—No solo encontrándonos —murmuró Darian—.
Su voz era baja.
—Siempre intento conquistarte.
El corazón de Aren latía con fuerza.
—Eso suena arrogante.
Darian sonrió.
—Tal vez.
Sus dedos recorrieron su mejilla.
—Pero también es verdad.
Aren cerró los ojos un segundo.
Esa sensación volvió.
Hogar.
—¿Por qué?
Darian respondió sin dudar.
—Porque eres vida.
Sus ojos se suavizaron.
—Y la muerte siempre se siente atraída por ella.
El silencio se volvió intenso.
Pero afuera—
el ejecutor observaba.
—Increíble…
Dentro del círculo, el mundo parecía haberse detenido.
Aren abrió los ojos lentamente.
—Darian.
—Sí.
—Esto es una situación muy peligrosa.
Darian sonrió.
—Lo sé.
—Y estamos rodeados de enemigos.
—También lo sé.
Aren suspiró.
—Entonces deberíamos concentrarnos en salir.
Darian inclinó la cabeza.
—Probablemente.
Pero no se movió.
Aren lo miró.
—¿Qué?
Darian respondió con calma.
—Solo pensaba.
—¿En qué?
Darian sonrió levemente.
—Que incluso en medio de una guerra…
Sus ojos no se apartaron de él.
—Terminamos así otra vez.
Aren levantó una ceja.
—¿Así cómo?
Darian respondió en voz baja.
—Juntos.
Aren desvió la mirada.
—Eso es circunstancial.
Darian soltó una leve risa.
—Claro.
Pero entonces—
el sello negro se aceleró.
La energía comenzó a distorsionarse.
El ejecutor levantó su espada.
—Es suficiente.
Un golpe de energía oscura impactó la barrera.
—Veamos cuánto pueden resistir… los amantes eternos.
El círculo Solaris comenzó a girar.
La luz se volvió inestable.
Y por primera vez—
los poderes de ambos despertaron al mismo tiempo.
Vida.
Y muerte.
Entrelazándose… como siempre.
Pero esta vez—
algo estaba mal.
El santuario no equilibró la energía.
La rechazó.
El suelo se agrietó bajo sus pies.
La barrera vibró violentamente.
Un sonido profundo, casi un lamento… recorrió el templo.
Y entonces—
una grieta de luz atravesó el centro del círculo.
Aren lo sintió primero.
Su respiración se cortó.
—Esto no es una fusión…
Sus dedos temblaron.
—Es una ruptura.
Darian lo miró, serio.
—¿Ruptura de qué?
Aren levantó la mirada.
—De todo.
El ejecutor sonrió.
—Perfecto…
La energía se desbordó.
Luz y oscuridad chocaron sin control.
Sin orden.
Sin límite.
Y entonces—
la energía explotó.
...****************...
Después de esto… ya no hay vuelta atrás.
Si estuvieras en su lugar…
¿confiarías en ese vínculo… o lo romperías antes de que sea demasiado tarde? 👀🔥
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