Mía una de 19 años es obligada a casarse con un mafioso por culpa de su hermana gemela ella está pagando
su hermana era una drogadicta siempre estaba en problemas mano a la mujer de un mafioso y el por venganza decide casarse con ella para hacerla pagar todos los días por haber arrebatado al amor de su vida
sus padres por proteger a su princesa entregaron a mía una hija que ellos cautiva
NovelToon tiene autorización de Adri pacheco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 14
Despierto lentamente…
Siento el cuerpo pesado… la mente nublada… y por unos segundos no sé dónde estoy.
Miro a mi alrededor.
La habitación.
Los pétalos de rosas… algunos ya aplastados… las sábanas desordenadas…
Y entonces recuerdo todo.
Joseph.
Anoche.
Cierro los ojos un segundo… respiro profundo.
No me arrepiento… o al menos eso intento creer.
Me siento en la cama.
—¿Joseph?
Silencio.
Miro a mi alrededor.
No está.
Me levanto, envuelta en la sábana, y camino por la habitación.
—¿Joseph?
Nada.
Salgo al pasillo… todo está en silencio.
Un pequeño vacío empieza a crecer en mi pecho.
—¿Se fue…?
Camino hasta la sala.
Tampoco está.
Mi corazón se acelera un poco.
No… él no haría eso.
No después de anoche.
¿Verdad?
Me abrazo a mí misma.
Empiezo a sentir esa inseguridad que creí haber dejado atrás.
Ese miedo… ese abandono…
—Tranquila, Mía… —me digo en voz baja—. Seguro salió un momento…
Pero algo no se siente bien.
Algo dentro de mí… me dice que tenga cuidado.
Justo cuando estoy por volver a la habitación…
Escucho la puerta.
Me giro rápido.
Y ahí está.
Joseph.
Con la misma sonrisa de siempre.
—Buenos días, preciosa.
Suelto el aire que no sabía que estaba reteniendo.
—¿Dónde estabas? —pregunto, intentando sonar tranquila—. Me asusté…
Él se acerca lentamente.
—Tenía que atender unas cosas… pero ya volví.
Me toma de la cintura.
—¿Me extrañaste?
Bajo la mirada un segundo.
—Un poco…
Él sonríe… y besa mi frente.
—No tienes que preocuparte por nada cuando estás conmigo.
Sus palabras… son suaves.
Pero no sé por qué… algo no encaja.
Lo miro.
—¿Seguro que estás bien?
—Claro —responde rápido—. ¿Por qué lo preguntas?
Dudo.
—No sé… te siento… distinto.
Joseph ríe suavemente.
—Estás pensando demasiado.
Me levanta el mentón.
—Anoche fue especial… ¿no?
Mi corazón late más fuerte.
Asiento.
—Sí…
—Entonces quédate con eso —dice—. Con lo que sentimos.
Me besa.
Y por un momento… vuelvo a caer.
Porque cuando me toca… cuando me mira…
Todo parece real.
Pero lo que yo no veo…
Es lo que pasa detrás de esa mirada.
Joseph – Pensamientos
Mírala…
Tan tranquila.
Tan confiada.
Tan… mía.
Joseph la observa en silencio mientras ella se aleja unos pasos.
Su expresión cambia apenas.
No tienes idea…
No sabes en lo que estás metida.
Aprieta la mandíbula.
—Renzo… —murmura para sí mismo.
Saca su celular discretamente.
envía un mensaje
Guarda el teléfono.
Y vuelve a sonreír.
Como si nada.
De vuelta con Mía
—¿En qué piensas? —pregunto al verlo tan callado.
—En ti —responde sin dudar.
Me acerco.
—¿Sí?
—Sí… en que no quiero que esto termine.
Mi corazón se aprieta.
—No tiene por qué terminar…
Joseph me mira fijamente.
Demasiado fijamente.
—Todo termina… tarde o temprano.
—No digas eso…
Lo abrazo.
—Podemos hacer que funcione…
Él cierra los ojos un segundo.
Y por primera vez…
Algo dentro de él duda.
Pero solo dura un instante.
Porque vuelve a abrirlos… frío.
—Claro que sí… —dice—. Vamos a hacer que funcione.
Me separo y le sonrío.
—¿Qué haremos hoy?
—Quiero que te quedes conmigo —responde—. Todo el día.
—¿Aquí?
—Sí.
Dudo.
—Tengo que trabajar…
—Por un día no pasará nada.
Me toma de la mano.
—Quiero tenerte solo para mí.
Mi corazón vuelve a latir fuerte.
—Está bien…
En camino…
Renzo conduce como un loco.
Sus manos apretando el volante.
Sus ojos llenos de rabia.
—Más rápido —dice.
Milo mira al frente.
—Ya vamos al máximo, señor.
Hanna en el asiento trasero, en silencio.
Su mente no deja de pensar en lo peor.
—Renzo… —dice finalmente—. Tenemos que hacer esto bien.
—No me digas cómo hacer las cosas —responde frío.
—Joseph quiere provocarte… eso está claro.
Renzo ríe sin humor.
—Y lo logró.
Aprieta los dientes.
—Pero se equivocó en algo.
—¿En qué?
—En meterse con lo único que me importa.
Silencio.
—Si le hizo algo… —continúa—. No voy a dejar nada en pie.
Hanna traga saliva.
Porque sabe…
Que no está exagerando.
De vuelta en el departamento
Estoy sentada en el sofá.
Joseph está hablando por teléfono en otra habitación.
No escucho bien lo que dice…
Pero su tono… no es el mismo.
Es frío.
Seco.
Distinto al que usa conmigo.
Frunzo el ceño.
—¿Con quién habla…?
Me levanto despacio.
Camino unos pasos.
No quiero espiar… pero algo me empuja.
Entonces escucho…
—Sí… que venga.
Mi corazón se detiene un segundo.
—Estoy listo.
Me quedo congelada.
¿Listo… para qué?
Retrocedo rápido antes de que salga.
Me siento de nuevo.
Intento actuar normal.
Joseph vuelve.
—¿Todo bien?
—Sí…
Lo miro.
—¿Quién era?
—Trabajo —responde—. Nada importante.
Pero esta vez…
No le creo.
Y por primera vez desde que lo conocí…
Siento miedo.
Un miedo distinto.
Más profundo.
Más real.
Como si todo lo que construí…
Estuviera a punto de romperse.
Última escena
Joseph mira el reloj.
Luego la mira a ella.
Sonríe.
—Disfruta este momento… Mía.
—¿Por qué dices eso?
—Porque… a veces los momentos felices duran poco.
Frunzo el ceño.
—No entiendo…
Él se acerca… me acaricia la mejilla.
—No necesitas entender.
Se inclina…
y me besa.
Pero ese beso…
ya no se siente igual.
Porque afuera…
muy cerca…
la tormenta ya llegó.