Ayla tiene veinticuatro años, un cuerpo lleno de marcas y un secreto que no puede contarle a nadie: el hombre que mató a su madre es el mismo que la tiene prisionera.
Cada noche, Ayla escapa al único bar abierto en el morro, buscando en el fondo de una botella unas horas de paz. Pero alguien la está observando. William —conocido como Sombra, el dueño del morro— no es el tipo de hombre que mira para otro lado cuando algo no le cuadra. Y esa mujer de lentes oscuros y mangas largas en pleno calor de Río de Janeiro le despierta algo que no logra ignorar.
Cuando Ayla aparece una noche al borde del colapso, Sombra toma una decisión que cambiará la vida de ambos: llevarla a su casa, ponerla bajo su protección y jurar que nadie volverá a tocarla.
Lo que ninguno de los dos esperaba era enamorarse.
Pero en el morro, el amor no viene sin guerra. Un enemigo implacable quiere a Ayla de vuelta. Secretos familiares enterrados durante décadas empiezan a salir a la superficie. Y Ayla descubrirá que la mujer rota que llegó pidiendo ayuda tiene dentro de sí una fuerza que nadie —ni ella misma— sabía que existía.
Una historia de amor intenso, lealtad inquebrantable y transformación en el corazón de las favelas de Río de Janeiro. Para lectoras que no le temen a las emociones fuertes.
Contenido para mayores de 18 años.
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Capítulo Dieciocho
Capítulo Dieciocho
Ayla
Estaba en el carro con William mientras él manejaba de vuelta hacia la boca. Me quedé observando el morro y era hermoso; solo lo había visto de día cuando llegué aquí por primera vez. Después me quedé encerrada en la casa y salía solo de noche cuando Raul no estaba.
Noto que William se pasó de la boca y estacionó cerca de la vegetación. Salimos del carro y me quedé admirando.
— Vamos, amor, te voy a mostrar algo. — Dice tomando mi mano.
Lo voy acompañando por un sendero y me quedo admirada de lo lindo que es. Unos minutos después llegamos al pico del morro; la vista era de quitar el aliento. Me solté de su mano y fui hasta la orilla; sentí el viento golpear mi rostro. Era perfecto. Me volteé hacia William y él estaba arrodillado detrás de mí con una cajita en la mano, donde había dos anillos.
— Ayla, desde el momento en que nuestras miradas se cruzaron, mi corazón encontró paz y felicidad. Tu presencia ilumina mis días y calienta mi alma. Tu sonrisa es mi luz en las horas más oscuras, y tu amor es el cimiento que sostiene mi vida. Prometo estar a tu lado en todos los momentos, compartiendo alegrías y superando desafíos juntos. Prometo protegerte de todo. — Esboza una sonrisa y toma mi mano. — Mi pequeña, sé que estoy siendo muy rápido, pero ¿aceptas ser mi novia?
Mis ojos ya están llorosos; veo que William también está a punto de llorar. Lo miro con cariño. — Claro que acepto, mi grandote.
Él toma el anillo y lo coloca en mi dedo; después yo tomo el suyo y lo pongo en su dedo. Se levanta y me abraza con cariño; nos separamos un poco y sellé nuestros labios con amor. Nos quedamos un rato besándonos hasta que nos faltó el aire.
— ¡Ahora tengo una novia maravillosa! — Grita mientras me hace girar en el aire.
Me río y lo beso de nuevo. Nos quedamos un rato juntos disfrutando; después volvimos por el sendero y en cuanto llegamos a la boca, Ctreze y BN ya estaban ahí adentro fumando.
— Apaguen esa porquería horrible, había dejado la sala oliendo rico y ustedes vienen a fumar eso aquí. — Digo, y los dos se levantan de un salto.
— Caramba, patrona… casi me trago el porro. — Ctreze dice casi ahogándose.
— Ya la oyeron, vayan a fumar afuera o apaguen eso. — William dice.
— Si ella mandó, está mandado. — BN dice, y los tres sueltan risas.
Me pongo seria, pero enseguida no aguanto sus caras y me río también.
Los chicos se quedaron platicando con William y yo aproveché para revisar unos reportes que Will estaba encontrando raros.
— Amor, voy a bajar al punto de la 12 y ya vuelvo. Nadie entra aquí sin autorización, así que quédate tranquila. — William dice y me da un beso.
— Está bien, grandote, quédate tranquilo. — Digo esbozando una sonrisa.
Miro a los chicos y están imitándonos a mí y a William.
— Dejen de ser idiotas. — William va hacia ellos y les da un zape en la cabeza a cada uno.
Me río de ellos y vuelvo a mirar la laptop. William salió y me quedé sola. Ya llevaba unos minutos ahí hasta que oí una gritería afuera. Me dio un poco de miedo, pero decidí salir a ver qué era.
En cuanto abrí la puerta vi a una chica de piel negra, casi sin ropa, discutiendo con el vapor.
— ¡Tengo derecho de ver a mi hombre, yo soy su fiel! — Gritaba ella.
— Sheila, lárgate carajo, Sombra no está aquí. — Dice el chico, ya nervioso.
En ese momento la chica me mira en la puerta y pone mala cara.
— ¿Quién es esa zorra? ¿Y qué hace en la sala de mi hombre? — Gritó la chica.
— Ayla, entra, yo resuelvo aquí. — El vapor dice mirándome.
Iba a entrar de nuevo cuando la chica volvió a gritar.
— ¡Ahhh, tú eres la puta de Ayla, la roba-hombres que se metió con mi hombre! — Dijo señalándome con el dedo.
Me subió una rabia enorme al oírla hablar así de mí. Me volteé de nuevo y fui hasta ella.
— Vete de aquí ahora, Sombra no está. — Digo furiosa.
La chica empieza a carcajearse y me mira de arriba abajo.
— Tú ni das el tamaño, niña, ahórratelo. La que tiene que irse de aquí eres tú, que le gusta andar acostándose con el hombre de otras. — Dice señalándome con el dedo en la cara.
Me hirvió la sangre. ¿Quién se cree para hablarme así? En ningún momento le falté el respeto a esta chica.
Camino hasta ella y le quedo cara a cara a la maldita. — Es mejor que tengas cuidado con lo que dices de mí. Me importa un carajo si alguna vez te acostaste con mi novio, pero no vengas a faltarme al respeto.
— ¿Novio? — Se carcajea. — Ahórratelo, piruja.
Ah no, esta chica me sacó de mis casillas. Cerré el puño y sin pensarlo le solté un golpe en la cara; ella se tambaleó hacia atrás y vi que su nariz empezó a sangrar. Me miró con toda la furia y se me vino encima, pero el vapor la detuvo.
Empezó a gritar como una loca, y cuando iba a mandarla a largarse aparecieron los chicos con William.
— ¿Qué carajo está pasando aquí? — William pregunta furioso.
— Menos mal que llegaste, amorcito; esa perra invadió la boca y encima me dio un puñetazo en la cara. — Dijo lanzándose a sus brazos.
Me quedé solo observando; solo quería ver qué iba a hacer él.
William empujó a la chica con todo y vino hacia mí.
— Ya te mandé a que te alejaras de mí; te dije que si hablabas de mi familia te iba a matar. — William dice furioso. — Llévensela al cuartito y denle un correctivo a esta puta; después ya saben qué hacer.
El vapor empezó a arrastrar a la chica y ella gritaba desesperada. Me sentí un poco mal por la situación; me volteé y entré de nuevo a la sala. Me senté en el sofá y miré mi mano, que estaba sangrando.
— Amor, ven, vamos a limpiar eso. — Dice jalándome hacia el baño. — Perdón por esto.
— No fue tu culpa, y aparte yo fui la que salí de aquí. Ella estaba gritando afuera y pensé que había pasado algo. — Digo.
— Es mejor que volvamos a casa, debes estar cansada. — Dice dándome un beso en la mejilla.
Salimos del baño y los chicos estaban sentados en el sofá viendo el celular.
— Miren a nuestra peleadora, le rompió la nariz a la chica. — BN dice riéndose.
— Quién diría que Ayla era tan fuerte. — Ctreze dice riendo.
— Ya párenle, chicos, solo me dio rabia por sus insultos. — Digo esbozando una sonrisa.
— Ya vi que nuestra nueva patrona es brava. — BN dice, y todos nos reímos.
— ¿Lograron resolver el problema del punto de la 12? — Pregunto.
— Gracias a ti, sí. — William dice abrazándome.
— Yo nací para ver a William ser cariñoso con alguien. Ayla, estás convirtiendo a nuestro amigo en tu perrito faldero. — BN dice riendo.
— Cállate BN, por el amor de Dios. — William dice rodando los ojos.
— ¿Cuándo vas a presentar a la patrona ante el morro? — Ctreze pregunta, y yo me pongo un poco avergonzada.
— No sé, pero la gente necesita saber, porque si la tratan mal de nuevo voy a tener que salir por ahí matando a todos. — William dice riendo.
— Ya para con eso, grandote, no vas a salir matando a nadie. — Digo mirándolo fijamente.
— No voy a dejar que nadie se acerque a mi novia, o se va a armar en grande. — Me abraza y me da un beso en el cuello.
— ¿Novia? — Ctreze pregunta mirándonos fijamente.
William levanta mi mano y muestra el anillo que me dio. — Sí, amigos, mi novia.
Los chicos esbozan una sonrisa y se levantan; vienen hacia nosotros y los dos nos abrazan, uno de cada lado.
— Mi pareja favorita. — BN dice apretándonos.
Me río y enseguida William empuja a los dos y le da un zape en la frente a BN. — Son insoportables, carajo. — Dice.
Yo adoraba la forma en que eran los chicos; no había un día en que no me hicieran reír con sus payasadas. Y lo mejor de todo era cuando irritaban a William; se ponía tan lindo enojado.