Después de la devastadora pérdida de su madre, Ayla se ve obligada a vivir con su padrastro en el Morro da Rocinha, en Río de Janeiro, donde es sometida a innumerables formas de abuso y violencia. En medio de la desesperación, busca consuelo en noches de alcohol, hasta que un encuentro casual con un grupo de amigos, liderado por Sombra, el dueño del morro, cambia el rumbo de su vida.
Con la ayuda de Sombra, Ayla finalmente logra liberarse de las garras de su padrastro.
Enfrentando traumas del pasado y nuevos desafíos, Ayla descubre que su historia está lejos de terminar. La batalla por la paz y estabilidad apenas comienza, y tendrá que superar muchos obstáculos para encontrar finalmente la tranquilidad que tanto anhela.
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Capítulo 18
Capítulo Dieciocho
Ayla
Estaba en el coche con William mientras él conducía de vuelta a la boca, me quedé observando el cerro y era lindo, solo lo vi de día cuando llegué aquí por primera vez, después solo me quedé encerrada en casa y salía solo de noche cuando Raul no estaba.
Noto que William pasó de la boca y estacionó cerca del bosque. Salimos del coche y me quedé admirando.
— Vamos amor, te voy a mostrar una cosa. — Él dice tomando mi mano.
Voy acompañándolo por un sendero y me quedo admirada de lo lindo que es, algunos minutos después salimos en el pico del cerro, la vista era de quitar el aliento, solté su mano y fui hasta la orilla y sentí el viento golpear mi rostro, era perfecto, me giré hacia William y él estaba arrodillado detrás de mí con una cajita en la mano, donde contenía dos alianzas.
— Ayla, desde el momento en que nuestras miradas se cruzaron, mi corazón encontró paz y felicidad. Tu presencia ilumina mis días y calienta mi alma. Tu sonrisa es mi luz en las horas más sombrías, y tu amor es el cimiento que sustenta mi vida. Prometo estar a tu lado en todos los momentos, compartiendo alegrías y superando desafíos juntos. Prometo protegerte de todo. — Él abre una sonrisa y toma mi mano. — Mi pequeña, sé que estoy siendo muy rápido, pero ¿aceptas ser mi novia?
Mis ojos ya están llorosos, veo que William también está casi llorando, lo miro con cariño — Y claro que acepto mi grandulón.
Él toma la alianza y la pone en mi dedo, después yo tomo la suya y la coloco en su dedo. Él se levanta y me abraza con cariño, nos alejamos un poco y sellé nuestros labios con amor, nos quedamos un tiempo besándonos hasta que la falta de aire llegó.
— Ahora tengo una novia maravillosa. — Él grita mientras me gira en el aire.
Me río y nuevamente lo besé. Nos quedamos un tiempo juntos disfrutando, después volvimos por el sendero y así que llegamos en la boca Ctreze y BN ya estaban allí dentro fumando.
— Pueden apagar ese negocio horrible, había dejado la sala olorosa y ustedes vienen a fumar eso aquí. — digo y los dos se levantan de un salto.
— Carajo patrona... casi trago el porro. — Ctreze dice casi atragantándose.
— La oyeron, va a fumar allá afuera o apaguen eso. — William dice.
— Si ella mandó, está mandado. — BN dice y los tres se ríen.
Me pongo seria, pero luego no aguanto la cara de ellos y río también.
Los Chicos se quedaron conversando con William y yo aproveché para ver algunos informes que Will estaba encontrando extraño.
— Amor voy a bajar en el punto de la 12 y ya vuelvo, nadie entra aquí sin autorización, entonces quédate tranquila. — William habla y me da un beso.
— Está bien grandulón, quédate tranquilo. — Digo abriendo una sonrisa.
Miro a los chicos y ellos están imitando a mí y William.
— Paren de ser retrasados. — William va hasta ellos y da un golpe en la cabeza de cada uno.
Me río de ellos y vuelvo a mirar el notebook. William salió y me quedé sola. Ya estaba algunos minutos allí hasta que oí una gritería del lado de afuera, me quedé con un poco de miedo, pero resolví salir para ver qué era.
Así que abrí la puerta vi a una chica de piel negra, casi sin ropa discutiendo con el vapor.
— Yo tengo derecho de ver a mi hombre, yo soy fiel de él. — Ella gritaba.
— Sheila, vete carajo, Sombra no está aquí no. — Dice el chico ya nervioso.
En ese momento la chica me mira en la puerta y cierra la cara.
— ¿Quién es esa vagabunda? Y ¿qué está haciendo en la sala de mi hombre? — La chica gritó.
— Ayla puedes entrar, yo resuelvo aquí. — El vapor dice mirándome.
Iba a entrar de nuevo y la chica una vez más gritó.
— Aaah tú eres la putilla de Ayla, la talarica que agarró a mi hombre. — Ella dijo apuntando el dedo hacia mí.
Me subió un odio enorme por oírla hablar así conmigo, me giré nuevamente y fui hasta ella.
— Vete de aquí ahora, Sombra no está aquí. — Digo nerviosa.
La chica empieza a reírse a carcajadas y me mira de arriba a abajo.
— Tú ni siquiera tienes tamaño chica, ahórrame, quien tiene que salir de aquí eres tú, que te gusta estar dando para el macho de los otros. — Ella dice apuntando el dedo en mi cara.
Mi sangre hirvió, quien ella piensa que es para hablar así conmigo, en ningún momento irrespeté a esa chica.
Camino hasta ella y me quedo cara a cara con la maldita. — Es mejor tener cuidado con lo que hablas de mí, yo no estoy ni ahí si ya le diste a mi novio algún día, pero no vengas a irrespetarme.
— ¿Novio? — Ella se rió a carcajadas. — Ahórrame ¿no? tu putilla.
A no esa chica me sacó de quicio, cerré mi puño y sin pensar le di un puñetazo en la cara, la misma tambaleó para atrás y vi su nariz empezar a sangrar, ella me miró con una furia toda y vino para encima de mí, pero el vapor la sujetó.
Ella empezó a gritar como una loca y cuando iba a mandarla irse los chicos aparecieron con William.
— ¿Qué porquería está pasando aquí? — William pregunta nervioso.
— Menos mal que llegaste amorcito, esa zorra ahí invadió la boca y aún por encima me dio un puñetazo en mi cara. — Ella habló tirándose en los brazos de él.
Me quedé solo observando, solo quería ver qué iba a hacer.
William empujó a la chica con todo y vino en mi dirección.
— Ya te mandé quedarte lejos de mí, hablé que si hablabas de mi familia iba a matarte. — William habla furioso. — Llévala para el cuartito y denle un correctivo a esa puta después ya saben qué hacer.
El vapor empezó a arrastrar a la chica y la misma gritaba desesperada, me quedé un poco mal por la situación, me giré y entré en la sala de nuevo, me senté en el sofá y miré para mi mano que estaba sangrando.
— Amor, ven aquí vamos a limpiar eso. — Él dice tirándome para el baño. — Disculpa por eso.
— No fue tu culpa, y otra yo que acabé saliendo de aquí, ella estaba gritando allá afuera y pensé que había sucedido algo. — Digo
— Es mejor que volvamos para casa, debes estar cansada. — él dice dándome un beso en la mejilla.
Salimos del baño y los chicos estaban sentados en el sofá moviendo el celular.
— Mira nuestra luchadora ahí, se quebró la nariz de la chica. — BN dice riéndose.
— Quién diría que Ayla era fuerte así. — Ctreze habla riendo.
— Paren con eso chicos, solo me quedé con rabia de los insultos de ella. — digo abriendo una sonrisa.
— Estoy viendo que nuestra nueva patrona está caliente. — BN habla y todos nosotros reímos.
— ¿Ustedes consiguieron resolver el problema del punto de la 12? — Pregunto.
— Gracias a ti sí. — William dice abrazándome.
— Yo nací para ver a William ser cariñoso con alguien, Ayla estás dejando a nuestros amigos volverse su perrita. — BN dice riendo.
— Calla la boca BN, por el amor de dios. — William habla revolviendo los ojos.
— ¿Cuándo va a asumir a la patrona para el cerro eh? — Ctreze pregunta y yo me quedo medio avergonzada.
— No sé, pero las personas necesitan saber, porque si la tratan mal de nuevo, voy a tener que salir por ahí matando a todos. — William habla riendo.
— Para con eso, grandulón, no vas a salir matando a nadie no. — Digo encarando él.
— No voy a dejar a nadie acercarse de mi novia, o el palo va a comer suelto. — Él me abraza y da un beso en mi pescuezo.
— ¿Novia? — Ctreze pregunta encarándonos.
William levanta mi mano y muestra el anillo que me dio. — Sí mis amigos, mi novia.
Los chicos abren una sonrisa y se levantan, ellos vienen en nuestra dirección y los dos nos abrazan uno de cada lado.
— Mi pareja favorita. — BN habla apretándonos.
Me río y luego William empuja a los dos y da un golpe en la frente de BN. — Ustedes son aburridos para el carajo. — Él dice.
Yo adoraba la forma que los chicos eran, no tenía un día que ellos no me hacían reír con sus payasadas, y lo mejor de todo era cuando ellos irritaban a William, él se quedaba tan lindo nervioso.