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Habitar Tu Piel. El Precio De La Farsa

Habitar Tu Piel. El Precio De La Farsa

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Reencarnación / Escuela
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: Hanabi Montano

Ian es el omega perfecto: dócil, hermoso, prometido al alfa más codiciado de la preparatoria. No sabe que para Karl es solo una fachada. Cuando descubre la verdad, muere empujado por unas escaleras.

Pero en su cuerpo despierta Joseph, un chico de barrio con alma de superviviente. Ahora habita la piel del omega ingenuo y tiene un plan: desenmascarar a Karl y liberarse del compromiso.

El problema es Kevin, el hermano mayor de Karl. El heredero silencioso. El único que parece ver más allá de la farsa.

Lo que empieza como venganza se convierte en un amor prohibido. Porque las feromonas no mienten, y Joseph tendrá que elegir entre seguir habitando una mentira o confesar quién es... y perderlo todo.

NovelToon tiene autorización de Hanabi Montano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 12: El idiota

 (POV de Karl)

No sé qué me pasa.

Eso fue lo primero que pensé al despertar. No era la primera vez, llevaba días así, desde que Ian volvió al instituto. Desde que apareció con esa ropa negra y ese arete y esa mirada que ya no era la suya.

Me senté en la cama y me froté la cara. Tenía el teléfono lleno de mensajes, de mis amigos, de mi madre, de Valeria. No quería responder a nadie, solo quería... no sé. Pensar. Y odiaba pensar.

Ian, todo era Ian, no podía dejar de pensar en él. En lo diferente que estaba, en cómo me miró en el café, en esa sonrisa falsa, en su olor. Porque hasta su olor había cambiado. Ya no era tan dulce, ahora tenía algo más, algo que me ponía nervioso. No lo entendía.

¿Por qué me importaba? Antes no me importaba, antes Ian era... Ian. Estaba ahí siempre, no tenía que esforzarme, no tenía que preocuparme. Era el omega perfecto: bonito, callado, comprensivo. Nunca me pedía nada, nunca se quejaba, nunca me miraba como si yo fuera un extraño. Ahora me miraba así todo el tiempo, como si no me conociera, como si no le importara. Y eso me jodía, me jodía mucho.

Me levanté y fui al baño, me miré al espejo. El tipo del espejo era yo, pero no parecía yo. Tenía ojeras, estaba pálido, parecía un desastre.

—¿Qué te pasa, idiota? —me dije.

No supe responder.

El café, no podía dejar de pensar en el café. Yo había llegado temprano, quería que todo saliera bien. Había elegido una mesa junto a la ventana, como a Ian le gustaba, había pedido un agua, había ensayado mentalmente lo que iba a decir.

Y entonces entró él.

No era Ian, era otra persona. Llevaba una camisa gris abierta en el cuello, una cadenita que brillaba con la luz, las mangas arremangadas y esos pantalones verdes que no le había visto nunca. Y las botas. Botas negras, de suela gruesa, que sonaban en el suelo de madera como si cada paso fuera una declaración.

Se me secó la boca, no supe qué decir, solo lo miré. Era guapo, siempre había sido guapo, pero esto era distinto. No era belleza, era otra cosa, era como si por fin se hubiera convertido en lo que siempre debió ser.

Y su olor. Dios, su olor.

Antes era miel y almizcle, pero la miel dominaba, era un olor dulce, casi infantil, empalagoso. El olor de un omega que no da problemas, el olor que yo conocía de memoria. El olor que me relajaba, que me decía "está aquí, es mío, no se va a ir a ninguna parte". Pero ahora... ahora era distinto. Seguía siendo miel y almizcle, los mismos ingredientes, el mismo cuerpo. Pero el almizcle había crecido. Se había vuelto más intenso, más terroso, más salvaje. Y la miel, al mezclarse con ese almizcle más oscuro, ya no era dulce, era más bien como... como miel de caña, casi quemada. Oscura. Profunda. Menos dulce. Más peligrosa.

Era el mismo olor, pero ya no era el mismo. Era como si alguien hubiera abierto una puerta que siempre estuvo cerrada y lo que había detrás no era un niño. Era algo más, algo que me hacía querer acercarme, algo que me hacía querer morder.

Se sentó frente a mi, no al lado, como siempre hacía. Eso me dolió. ¿Por qué me dolió? No lo sé.

—Estás... —intenté decir, pero no me salió. Estás muy diferente.

—Eso ya lo dijiste el otro día. ¿No tienes vocabulario nuevo?

No supe responder, me sentí estúpido. Yo nunca me sentía estúpido, pero con él, en ese momento, me sentí como un niño pequeño. Quise hablar, quise decirle que estaba guapo, que me gustaba su ropa, la cadena, que me gustaba cómo olía. Pero no pude, las palabras no salían.

En cambio, hablé de mí. De mis partidos, de mis amigos, de la playa. Todo lo que decía sonaba vacío, lo sabía, pero no podía parar. Era lo único que sabía hacer. Y él me miraba, con esos ojos que ya no eran los mismos. Asentía, sonreía, pero no me escuchaba de verdad, lo sabía, y me desesperaba. Entonces dije lo de que me alegraba de que hubiera aceptado y que antes le encantaba pasar tiempo conmigo.

Y él dijo: "Antes me encantaban muchas cosas. La memoria es así, viene y va."

Y luego sonrió, pero no fue una sonrisa de verdad. Fue una sonrisa falsa, vacía, como si yo no le importara.

—Qué bonito —dijo.

Y algo se rompió dentro de mí. No sé qué fue, pero dolió. Dolió más que un puñetazo, más que una patada en el estómago. Fue como si me dijeran: no significas nada, nunca significaste nada. Y lo peor es que no supe qué responder, me quedé ahí, con la boca abierta, como un idiota. El idiota que siempre he sido.

Y entonces llegó Valeria.

—¡Qué casualidad! —dijo, y su voz me sobresaltó.

No la había visto entrar, no la había oído. Solo la vi plantada junto a la mesa, con esa sonrisa falsa que me ponía de los nervios. Porque era como la mía, como la que yo ponía cuando quería que alguien pensara que todo estaba bien.

—¿No ibas a ir de compras? —le dije, y no me salió amable. Me salió borde.

Ella no me hizo caso, se sentó a mi lado, demasiado cerca, como siempre. Y su olor me invadió. Ese olor dulce y fuerte que antes me encendía y ahora me daba dolor de cabeza. No dije nada, solo quería que se fuera, quería estar a solas con Ian, quería entender qué me estaba pasando. Pero Valeria no se iba. Valeria nunca se iba. Valeria se quedaba, reclamaba y exigía y jodía todo.

La conversación fue un infierno. Valeria hablaba de la ropa de Ian, de su cambio, de lo "irreconocible" que estaba y yo solo quería que se callara. Porque cada palabra suya me recordaba lo que yo mismo pensaba, y no quería pensarlo. Ian preguntó algo sobre si Valeria y yo nos veíamos mucho fuera del instituto. Me tensé, miré a Valeria, ella parpadeó, descolocada.

—Bueno, somos amigos —dijo—. Compartimos grupo, salidas...

—Claro —dijo Ian—, amigos. Qué palabra tan versátil.

Y me miró con esa sonrisa vacía. Y entendí que sabía algo, o que sospechaba algo, o que simplemente no le importaba. No lo sé, pero me asustó.

Luego dijo que se tenía que ir, que había quedado con Marta y Julia y se levantó. Sacó dinero, lo dejó sobre la mesa y se fue. Yo me levanté casi sin pensar. Quería detenerlo, quería decirle que no se fuera, pero no pude. Solo me quedé ahí, como un imbécil, viéndolo alejarse con su cadenita brillando y sus botas resonando.

Y Valeria empezó a hablar.

—¿Qué te pasa? —me dijo, y su voz ya no era dulce—. Me ignoras, me tratas mal y ahora te quedas mirando a la puerta como si él fuera la última persona del mundo.

—No hables así —le dije, sin mirarla.

—¿Así qué? ¿De qué? ¿De que te recuerdo que yo soy tu amante? ¿Que soy la que te calienta la cama mientras tu precioso Ian se hace el inocente?

—Cállate.

—No, no me voy a callar. Porque tú me buscas, tú me usas y luego me dejas de lado cuando te conviene. Y yo no soy un juguete, Karl.

La miré, estaba furiosa y no solo furiosa: tenía miedo, lo vi en sus ojos. Miedo de perderme, miedo de que Ian volviera a ocupar el lugar que ella creía suyo.

—No te estoy dejando de lado —dije, aunque no estaba seguro de que fuera verdad.

—¿No? ¿Entonces por qué no dejas de mirarlo? ¿Por qué no dejas de buscarlo? ¿Por qué hoy, en el café, no podías apartar los ojos de él?

—Porque es mi prometido, porque...

—Porque te gusta. —Valeria me cortó—, te gusta el nuevo Ian. El que te ignora, el que te humilla. Te gusta porque ya no es fácil, porque ahora es un reto.

—No digas tonterías.

—No son tonterías. Te conozco, Karl, te conozco mejor que nadie y sé que ahora te mueres por él, lo vi hoy. Lo vi mirarte con esa sonrisa de "no me importas" y tú... tú te quedaste como un perro apaleado.

Se acercó más, me puso una mano en el brazo, me obligó a mirarla.

—Pero yo estoy aquí —dijo, y su voz se volvió suave, casi suplicante—. Yo soy la que siempre está, la que te espera, la que te da lo que necesitas. No él.

Me dolió, porque era verdad. Porque Valeria me estaba diciendo lo que yo no quería admitir ni a mí mismo.

—Estás exagerando —dije y me levanté, apartando su mano—. No tengo por qué aguantar esto.

—Claro que no, vete, corre detrás de él. Pero cuando te rompa el corazón, no vengas llorando a mí.

Me fui, no miré atrás, pero mientras caminaba, sus palabras me perseguían. Te gusta porque ya no es fácil, te gusta porque ahora es un reto.

Y lo peor es que tenía razón.

No fui a casa, no podía, di vueltas por la ciudad, sin rumbo, sin saber adónde ir. Solo quería dejar de pensar, pero mis pensamientos siempre volvían al mismo lugar.

¿Qué me pasaba? ¿Por qué no podía dejar de pensar en él? Antes era fácil. Ian me admiraba, me seguía, me perdonaba todo y yo... yo lo quería, supongo, a mi manera. Era lindo tenerlo cerca, era lindo saber que había alguien que me quería sin condiciones. Pero ahora no., ahora me miraba como si no le importara y eso me destrozaba, porque descubrí que necesitaba su atención. No su amor, su atención, sus ojos puestos en mí. Su sonrisa, aunque fuera falsa.

¿Era eso amor? No lo creía, era orgullo. Eso decía mi padre siempre, el orgullo es lo único que no se puede dejar. Y yo era orgulloso, muy orgulloso. Y no soportaba que algo que consideraba mío me diera la espalda. Ian me pertenecía, había sido así desde siempre y ahora se me escapaba y no sabía qué hacer para retenerlo.

Entonces, sin poder evitarlo, recordé a Kevin.

Me había llamado ayer, diciendo que Ian necesitaba apoyo, que no fuera un idiota. ¿Quién se cree? Él no sabe lo que es estar en mi lugar, él no sabe lo que es tener que fingir todo el tiempo. Él no sabe nada.

Mi hermano el perfecto, el heredero, el que nunca falla. Mi padre siempre me lo pone de ejemplo. "Mira a Kevin, Kevin esto, Kevin lo otro". Estoy harto. Harto de que siempre sea él el bueno, el responsable, el que hace todo bien y yo... yo soy el que se divierte. El que no se toma nada en serio, el que nunca está a la altura.

Llegué a casa de noche, agotado, me tiré en la cama sin desvestirme, cerré los ojos e intenté no pensar, pero no pude.

Sonó el teléfono. Valeria.

Lo dejé sonar. Sonó otra vez y otra y otra. Hasta que contesté.

—¿Qué quieres?

—Karl... te extrañé. —Su voz era suave, melosa, como si no hubiéramos discutido—. Hoy no hablamos bien. ¿Quieres venir?

—No sé, Val, estoy cansado.

—Tengo algo que te va a gustar. —Hizo una pausa—. Esa lencería que te encanta. ¿Recuerdas?

Cerré los ojos, lo recordaba. La lencería negra, las noches en su apartamento, el placer fácil. Sin pensar, sin sentir, solo disfrutar.

—¿La negra? —pregunté, y mi voz sonó ronca.

—La negra. Y hay más, ven y lo ves.

No tenía ganas, no como antes. Antes me habría muerto por ir, ahora solo quería dormir, olvidar, apagar la cabeza. Pero no quería estar solo con mis pensamientos, porque mis pensamientos eran Ian y pensar en Ian me volvía loco.

Una noche con Valeria, una noche de sexo y risas y nada más, eso era lo que necesitaba. Relajarme, dejar de pensar, mañana ya vería qué hacer con Ian.

—Está bien —dije—, voy para allá.

—Te espero, papi. —Su voz era un ronroneo.

Colgué.

Me levanté, agarré las llaves. No me miré al espejo, no quería ver la cara del idiota que huye de sus propios pensamientos en brazos de la chica equivocada. Ian no era el idiota, el idiota era yo y lo peor es que lo sabía.

Salí de mi habitación sin mirar atrás Fui a ver a Valeria y no pensé en nada más hasta que el sol salió.

Y ahora estoy aquí, sentado en la cama, con resaca, con el cuerpo cansado y la cabeza hecha un lío.

Hoy Kevin vendrá a casa, lo sé porque mi madre me lo dijo anoche, antes de que saliera. "Tu hermano vendrá mañana a comer, quiere hablar contigo". Hablar. Como si tuviéramos algo que hablar, como si él tuviera derecho a darme lecciones.

No quiero verlo, no quiero que me mire con esa cara de "estoy decepcionado de ti", pero no puedo evitarlo. Kevin siempre aparece cuando menos lo quiero, como un recordatorio de todo lo que él es y yo no. Y encima, hoy es sábado, el día que debería pasar con Ian, el día que tengo que dedicarle a mi prometido. Pero no quiero ver a Ian, no hoy, no después de lo del café, de esa sonrisa falsa. No después de sentirme tan pequeño.

Me levanté, me duché, me vestí y bajé a desayunar, preparado para lo que venga. Porque hoy Kevin vendrá y no sé qué es peor: si enfrentarme a él o enfrentarme a la idea de que Ian ya no me pertenece.

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Nidia Mojica
Que enredo y que manera de frustarse la vida.
Nidia Mojica
Un muy buen punto.
Nidia Mojica
No señora Ian no debe aguantarse nada de nadien.
Nidia Mojica
Después ir por Kevin.
Nidia Mojica
También estaba sin respirar al leer.
kohaku viento
cuál será el secreto... ay. que angustia por saber. puede ser varias cosas supongo la que se me viene a la mente es que no es hijo de Sofía y por eso el favoritismo no se ya quiero saber el secreto. 🤣🤣🤭🤭🤭🤭🤭 abra que esperar a los próximos capítulos
kohaku viento: de que kevin es mejor no ay ninguna duda 🤣🤣Karl no sirve para nada
total 2 replies
kohaku viento
estubo de suspenso el capítulo. 🤭🤭🤭🤭. espero el próximo y queri ver la caída de Karl
kohaku viento
vamos que se puede aquí le hecho porras 🤣🤣🤣🤣🤣
Julissa Jimenez
siiiiii por fin tiene las pruebas 😂😂😂😂😂autora más capítulos para saber cómo va utilizar esas pruebas 😍😍😍😍😊😊😊😊😊
Alex
ojalá que cuando se rompa el compromiso la solución sea comprometer a Kevn y a Ian 🙏🏼🙏🏼
Alex
espero que Diego sea amigo y no enemigo
☆Nanu☆
son muy hábiles!!!👏👏👏👏
y el pobre de Diego debería ser pronto un aliado, hay que desvaratarles el mundo, como hicieron ellos, pero con la verdad, esa es la diferencia entre unos y otros 😏💪
y también recuperar la presencia de Kevin!!! vamos muchacho, conversa con tu amiga y que te ponga en eje!!!🤭
Nidia Mojica
Se puso bueno, le hubiera dado unos chingadazos el viejo a Karl e Ian Ignora y sigue cerca de Kevin así cambia de prometido.
kohaku viento
me encantó. si karl piensa que logrará revertir esto creo que realmente está loco y es todo un idiota 🤣🤣🤣 y en cuanto al contrato también puede cambiarse digo Kevin también es su hijo 🤭🤭🤭🤭 y así no se arruinan nadien. problema resuelto solo se cambia el nombre del prometido 🤭🤣🤣🤣🤣
☆Nanu☆
por fin Kevin muestra su carta, aunque se apagó un poco con papi... pero puede que Ian lo insite a desobedecer 🤪😏🤭
Podría mostrar un punto para cambiar de prometido🤭🤭🤭 aunque si pudiera ser, para eso falta. No veo la hora de que se planten un beso🫦 (para eso también debe falta pero espero 🙏 🥰)
☆Nanu☆: me encanta!!! 😏🎉👏👏👏👏
total 3 replies
Julissa Jimenez
sigo pensando que Karl es muy poca cosa para este nuevo Ian 😊😊😊😊😊😊Kevin es mejor pareja 😍😍😍😍
Kevin por favor no hagas caso sigue viendo a Ian 😍😍😍😍escondidos 😍😍😍😍interesante 😍😍😍😍
Nidia Mojica
Ya era hora que Karl se diera cuenta del gran cambio de Ian. Me encanto el capitulo.
Julissa Jimenez
estupido Karl 🙄🙄🙄🙄🙄esta bien que Ian le de hasta con le pote😊😊😊😊se lo merece y mas😊😊😊😊😊me encanta Ian y Kevin 😍😍😍😍más capítulos 😊😊😊😊😊
kohaku viento
esto ya es guerra. ya quiero ver. destrozado. a karl y definitivamente Kevin es mucho mejor para Ian 🤭🤭🤭
☆Nanu☆
se puso caliente la papa!!! 🤭 ya me gustan más estos dos casi que aliados. Espero actualización pronto porque me como los codos!!!
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