Kira Drago conocida como la "Madrina". Una de las influencias más poderosas en la mafia italiana. Muere en un atentado orquestado por el señor Vittorio.
Kira le promete a su subordinado volver, pero sabe que es su final.
...
Feng Juexing la fénix nacida para gobernar a Yanhuang es envenenada e inducida a un sueño profundo justo antes de poder pasar el nirvana y renacer. Y todo esto, hecho por su hermana Feng Fuhuo y su propio esposo humano.
Misteriosamente Kira despierta en un cuerpo que no es suyo, sino de Juexing.
Ahora como la nueva fénix, se propone recuperar el trono, reconstruir Yanhuang y desterrar todos los secretos que este nuevo mundo guarda.
Pero pronto se da cuenta que hay algo más en Yanhuang. Una energía que no debería estar ahí y parece estar ligada a Anyue, su esposo humano.
Ahora el próximo plan es buscar respuestas y solo quizás reunir las almas de Anyue y hacer que vuelva a la vida.
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Capítulo 13: Una visita a Feng Fuhuo.
Se comenzó con los preparativos para el envío de los suministros a los reinos lejanos de Yanhuang.
Muy pronto la primera comitiva saldría en dirección a Bei-lang en donde la emperatriz viajaría.
El comandante Jin también preparó a un grupo de guardias que protegerían a la soberana en el camino, mientras tanto “sombras de fénix” al mando de Hui Ying ya se habían adelantado para inspeccionar el camino.
El palacio se llenó de bullicio esos días. Sirvientes aquí y allá.
El eunuco Mo, ahora el líder de todos los eunuco, no dejaba de dar órdenes de lo que llevaría la emperatriz para un viaje cómodo.
Mientras tanto, en el palacio de Feng Fuhuo. Todo era un silencio.
El patio antes lleno de energía espiritual, ahora se veía sin vida, seco. Como si hubieran drenado toda vida ahí.
El invierno parecía haber llegado antes, el frío parecía congelar las columnas.
En el interior de la habitación el humo del incienso subía en un vaivén lento.
Fuhuo permanecía sentada en su cama, montones de mantas cubriéndola.
Sin su qi, su cuerpo acostumbrado al calor empezaba a enfriarse.
Y un fénix sin fuego era como un frágil mortal que moriría por el frío.
Habían pasado varios meses y su hermana mayor no la había visitado, era extraño. Aunque también entendía que Juexing debería estar limpiando el palacio de sus cómplices.
Escuchó como ella incineró al secretario imperial y al antiguo ministro de guerra.
El general del ejército imperial fue destituido e incluso sentenciado a muerte por abusar de su poder.
Apretó las mantas con fuerza de solo pensar en como Feng Juexing había reducido a sus hombres.
Ahora estaba sin refuerzos.
—¿Su majestad? —una de las sirvientas que la atendían habló desde afuera.
Juexing, estaba ahí para verla.
Lo sabía, su querida hermana no soportaría verla encerrada por mucho tiempo.
Solo tendría que fingir arrepentimiento y cuando ella le quitara ese sello, esperaría por un buen momento y definitivamente la destruiría por completo.
—La princesa no está en condiciones para recibir visitas —habló la sirvienta.
Pero la puerta de la habitación fue abierta con una corriente de energía carmesí que hizo derretir la fina capa de hielo que cubría el suelo.
El aire cálido chocó contra el rostro de Fuhuo, que sintió por primera una calidez que no había sentido en meses.
Sus ojos brillaron de alegría repentina.
—¡Hermana! —se bajó como pudo de la cama, aun con la manta enrollada a su cuerpo.
Corrió hacia Juexing que entraba.
La sirvienta que la seguía, al ver a la princesa correr hacia ella.
Se plantó delante de la joven para protegerla de cualquier daño que quisiera hacerle aquella mujer.
—Majestad, tenga cuidado —habló.
Aunque Fuhuo no llegó muy lejos, sus pies entumecidos por el largo tiempo que llevaba sentada, tropezaron y cayó arrodillada a un metro de la emperatriz.
La sirvienta de Juexing se hizo a un lado y se apretó los labios mientras miraba al suelo, conteniendo una risa ante tal escena.
—Fuhuo, puedes levantarte —dijo Juexing con una leve sonrisa en su rostro.
—Majestad, su alteza no se encuentra bien. Por favor no le haga las cosas difíciles —la sirvienta de Fuhuo corrió a socorrerla, le ayudó a levantarse.
—Hermana, si no hubieras llegado antes, habría muerto de frío —Fuhuo se sostuvo en su sirvienta, fingiendo debilidad. Sus ojos ahora llenos de lágrimas miraron a su hermana.
—Deberías haber pensado en eso antes de intentar tomar el trono y envenenarme —la joven emperatriz la miró con seriedad.
—Hermana, yo…no lo hice. Esos demonios mintieron, ellos solo quieren ponernos en contra. Tú me conoces Juexing —pidió entre lágrimas la princesa.
—Claro, te conozco lo suficiente para saber que no dudarías en matarme para quedarte con el trono —Juexing observó el interior de esa gran habitación, ignorando la presencia de esa mujer.
—Juexing, la emperatriz me dejó a tu cuidado. No puedes fallarle —Fuhuo se dejó caer al suelo otra vez. Llorando como si no hubiera un mañana.
Si su energía espiritual no hubiera sido sellada, esas lágrimas habrían quemado años de cultivo y eso la debilitaría. Y al parecer Fuhuo aprovechaba ese sello para llorar e intentar ablandar el corazón de su hermana.
—Soy lo suficiente buena por solo haberte encerrado en este palacio, teniendo en cuenta todos los delitos que haz cometido—Juexing se giró a ella otra vez. Sus ojos llenos de frialdad la fulminaron.
Fuhuo se encogió y su sirvienta retrocedió hacia atrás. Los rumores de que la emperatriz ya no era tolerante con ese tipo de dramas, ya había sido esparcido por todos lados.
—¡¿Sellar mi poder incluye ser buena?!—Fuhuo se levantó y dio unos pasos hacia ella.
—Soy la emperatriz de Yanhuang. Así que muestra un poco de respeto —Juexing movió los dedos hacia abajo.
Las rodillas de Fuhuo cedieron y volvieron al suelo otra vez, incapaz de levantarse de nuevo. El qi carmesí la rodeaba presionando su cuerpo y manteniendola inmóvil bajo los ojos de la portadora.
—Ya he castigado a todos tus aliados. Es hora de que tú, mi querida hermana también seas sentenciada.
—¡No! ¡hermana! ¡Por favor! —Los ojos de la princesa se llenaron de pánico real por primera vez.
—Y ya que deseas que quite el sello que suprime tu poder, lo haré —siguió Juexing.
Fuhuo se calmó y sonrió.
El momento que estaba esperando. Sabía que su hermana seguía siendo tan blanda de corazón por ella.
—Pero te despojaré de tu título de princesa imperial y serás enviada a la prisión de invierno eterno, como castigo.
Cada palabra cayó como un balde de agua fría sobre Fuhuo, quien segundos antes creía ya haber ganado. Lo último no lo conocía, pero por como lo dijo Juexing, debería ser un infierno.
—No puedes quitarme mi título de princesa imperial, su Majestad, la emperatriz me lo otorgó —levantó los ojos a su hermana con ira esta vez.
—Yo soy la emperatriz y mis palabras son la ley —la emperatriz, movió la mano desde atrás.
Un par de sirvientes entró, tomaron a la princesa de los brazos y la levantaron.
—Por cierto, la prisión de invierno eterno, es un regalo de la antigua emperatriz para tí cuando te portaras mal —agregó Juexing.
—¿La emperatriz pensó en mí, incluso después de irse? —Fuhuo sonrió ligeramente. Su maestra se había encargado de dejarle un lugar y eso significaba que seguía siendo importante—. Entiendo que estés envidiando mi relación con su majestad, pero no por eso tienes derecho a tratarme de esta forma.
La figura de la princesa volvió a erguirse y su semblante arrogante una vez más apareció en su rostro.
—Sí, definitivamente pensó en tí —Juexing sonrió con burla—. Pero no soy tan estúpida como para envidiar ese tipo de relación.
Movió la mano y un círculo de luz carmesí rodeó a los sirvientes y a ella misma.
Al siguiente segundo desaparecieron de aquella habitación.