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La mujer del jefe

La mujer del jefe

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor eterno / Completas
Popularitas:495
Nilai: 5
nombre de autor: Dany Figueiredo

A los diecinueve años, Aline creía que su mayor problema era llegar a fin de mes. Hasta que la enfermedad de su madre le puso un precio imposible a la esperanza… y un solo hombre en todo el morro podía pagarlo.

Él es Cobra: dueño de la Rocinha, temido, intocable, acostumbrado a que nadie le diga que no. La propuesta es tan fría como sencilla: ella será su visita íntima tras las rejas, y a cambio el tratamiento de su madre estará cubierto. Sin sentimientos. Sin promesas. Solo un trato.

Pero nadie le avisó a Aline que el hombre más peligroso de Río podía mirarla como si fuera lo único puro que le queda al mundo. Ni que, detrás del arma y la fama, Cobra carga heridas capaces de igualar a las suyas.

Entre balas, celos, secretos de la facción y un deseo que ninguno de los dos supo ver venir, lo que empezó como una transacción amenaza con volverse la historia de amor que ambos juraron no merecer. Porque en el morro, entregar el corazón cuesta más caro que cualquier deuda… y siempre hay alguien dispuesto a cobrarla.

Pasión intensa, drama que aprieta el pecho y un romance prohibido que no vas a poder soltar. Bienvenida al mundo de Cobra. Bienvenida a ser La mujer del jefe.

NovelToon tiene autorización de Dany Figueiredo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

...Xamã 👺...

Me levanté a las cuatro de la mañana; la rubia se quedó a dormir en casa de su madre, así que estoy solo.

Esta semana está del carajo, Cobra tirándome un montón de fitas encima y sobrecargándose él mismo.

El sábado se van a cumplir unos cuatro años de que murió su hermano, así que esta semana anda picado, haciendo un montón de vainas con la cabeza caliente.

Me di un baño rapidísimo y salí de casa, rumbo a la boca.

Llegué allá y estaba contando un dinero y fumando marihuana.

Los ojos todo rojos y la cara cerradísima.

—Buenos días para ti también —solté. Ni me miró, siguió contando.

—Faltan dos mil. —Tiró el dinero sobre la mesa.

—Dinero de viciado, hombre, siempre va a haber algo mal.

—Arréglatelas, caza al hijo de puta que no pagó. —Soltó el humo—. Quiero mi dinero.

—Tengo carga que recibir ahora, resuelvo esa vaina después.

—Resuélvela ahora, te estoy mandando —dijo, furioso.

—Calma, parcero, aguanta un poco. —Se pasó la mano por la cara.

—¿Resolviste la fita del baile? Voy a recibir a un aliado, quiero todo en orden. —Cambió de tema.

—Está todo cuadrado, quédate tranqui.

—Me voy a caer en mi goma, a darme un baño. Me pasé la noche entera resolviendo un lío; ya vuelvo por acá. —Se levantó, acomodándose la gorra.

—Ve en paz, hermano. —Choqué los puños con él.

Salió y yo encendí un porro, para fumarme uno antes de empezar el día.

Al rato llegó la carga y me fui adelantando.

Me llegó la información de que la avenida estaba llena de policía, así que la vaina se atrasó, pero el tipo se las arregló y llegó intacta.

Está loco, carga millonaria. Perder esta mierda Cobra me mata, más ahora que anda con pocas ideas.

Dejar todo en la organización, que el próximo fin de semana es la vaina de Sheila en la casa de playa y yo me voy a tomar un descanso para disfrutar con mi chica.

Dio mediodía, bajé al restaurante a comer algo. Está loco, andaba muerto de hambre.

Pagué la cuenta y, cuando estaba saliendo, vi a Karla y a Aline subiendo la calle.

Las dos acababan de llegar del trabajo.

—Qué tal, buena. —La abracé, apretándole ese trasero.

—Págame un lanche. —Me dio un piquito.

—De una, agarra ahí. —Miré al gnomo, que estaba con el celular—. ¿No vas a saludar? —Se rió.

—Hola, Richard. —Me saludó con la mano.

—¿Te vas a caer al baile mañana?

—Voy a ver.

—Dale.

—Claro que va —dijo Karla.

—Estoy en horario de trabajo ahora. —Volví a mirar a Karla—. ¿Te veo más tarde?

—Te voy a esperar en casa… —Sonrió con maldad.

Le di un beso en el cuello y seguí mi camino. ¿Cómo quedé? Ansioso por llegar a casa.

Cobra desapareció, no volvió a pisar la boca en todo el día.

Pero es mejor para él, quedarse en casa y despejar la mente.

Qué vaina, el tipo está para matar a alguien.

Pasé por el taller y recogí un dinero que el dueño le debía a Cobra de las motos que le había comprado.

Llegué a casa a las nueve de la noche.

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