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El Cowboy De Mis Veranos

El Cowboy De Mis Veranos

Status: En proceso
Genre:Amor de la infancia
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

Hay lugares que nunca se olvidan. Para Rubi, aquel pequeño pueblo siempre había sido el lugar al que regresaba cada verano. El rancho de sus abuelos, los mismos caminos de tierra, los caballos, las tardes interminables y una familia que prácticamente había crecido junto a la suya. Y luego estaba él. Wyatt Carter. Durante años fue simplemente el hermano mayor de su mejor amigo. El cowboy que siempre parecía estar cubierto de polvo, que sabía montar cualquier caballo y que tenía la extraña costumbre de aparecer justo cuando ella estaba a punto de meterse en problemas. Pero han pasado años desde el último verano. Y algunas cosas cambiaron. Ella no esperaba volver a encontrar el pueblo exactamente como lo había dejado. Mucho menos esperaba que Wyatt tampoco fuera el mismo. Porque quizás regresar al lugar donde comenzó todo no sea tan sencillo como recordar viejos veranos. Y quizás este verano tenga algo que ninguno de los dos estaba preparado para enfrentar.

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Un aventón inesperado

A la mañana siguiente, Rubí decidió que necesitaba dejar de pensar en aquel papel.

Lo había doblado cuidadosamente y guardado dentro de uno de los cajones de su antigua mesita de noche, debajo de algunas fotografías viejas. No quería volver a leerlo, al menos no por ahora.

Aunque, por supuesto, seguía pensando en él.

—Rubí, ¿podrías hacerme un favor? —preguntó su abuela desde la cocina.

Rubí apareció todavía con el cabello suelto y una taza de mate en la mano.

—Claro.

—Se terminó el alimento de los patos de la tienda. Tu abuelo quería ir, pero está arreglando la cerca del fondo. ¿Podrías comprar un poco?

—Sí. Voy enseguida.

La tienda quedaba a unas cuantas calles. Nada demasiado lejos.

Rubí dejó la taza sobre la mesa y salió al pequeño cobertizo que había junto a la casa. Allí, entre herramientas, cajas y algunas cosas que su abuelo se negaba a tirar porque algún día podían servir, encontró lo que buscaba.

Su vieja bicicleta.

—No puede ser…

La sacó lentamente, levantando una pequeña nube de polvo.

Era la misma bicicleta que había utilizado durante sus veranos de niña. El cuadro tenía algunos raspones, el asiento estaba un poco gastado y una de las cintas del manubrio se había despegado.

Rubí pasó los dedos por el metal y sonrió.

—Sigues viva.

Después de inflar las ruedas como pudo, se puso una camiseta ligera, unos pantalones cortos de mezclilla y unas zapatillas. Ató su cabello en una coleta y salió con la bicicleta.

El camino frente a la casa estaba tranquilo.

El sol apenas comenzaba a calentar y el aire todavía conservaba ese frescor agradable de las primeras horas de la mañana.

Rubí subió a la bicicleta y comenzó a pedalear.

Durante unos segundos sintió que volvía a tener diez años.

Hasta que la bicicleta hizo un ruido extraño.

—No, no, no…

Pedaleó un poco más.

Clac.

—Por favor…

Clac, clac.

Rubí miró hacia abajo con preocupación.

—No me hagas esto ahora.

Continuó avanzando, aunque más despacio.

La tienda no estaba lejos. Solo tenía que cruzar unas cuantas calles.

Pero antes de que pudiera siquiera llegar al final del camino que separaba las dos propiedades, escuchó el sonido de un motor acercándose.

Una camioneta oscura apareció detrás de ella.

Rubí se hizo a un lado para dejarla pasar.

La camioneta disminuyó la velocidad.

Luego se detuvo completamente a su lado.

Rubí levantó la mirada.

La ventanilla bajó.

Y allí estaba Wyatt.

Llevaba una camisa clara con las mangas arremangadas hasta los antebrazos, jeans gastados y el cabello ligeramente desordenado. El sombrero descansaba sobre el asiento del acompañante.

—¿Problemas?

Rubí miró su bicicleta.

Después lo miró a él.

—Ninguno.

Wyatt arqueó una ceja.

—Tu bicicleta acaba de hacer un ruido que probablemente escucharon hasta el pueblo.

—Está vieja.

—Eso lo explica.

—Pero funciona.

Wyatt miró nuevamente la bicicleta.

—¿Seguro?

Rubí apretó los labios para contener una sonrisa.

—Perfectamente.

—Rubí.

—¿Qué?

—Sube.

Ella parpadeó.

—¿Qué?

Wyatt señaló con la cabeza hacia el asiento del acompañante.

—Te llevo.

—Solo voy a la tienda.

—Lo sé.

—Está cerca.

—También lo sé.

—Puedo ir en bicicleta.

—También sé eso.

Rubí cruzó los brazos.

—Entonces no entiendo el problema.

Wyatt soltó una pequeña risa.

—El problema es que tu bicicleta parece estar a punto de desarmarse en medio del camino.

—No se va a desarmar.

Como si quisiera contradecirla, la cadena de la bicicleta hizo otro ruido metálico.

Wyatt la miró.

Rubí miró la bicicleta.

Luego volvió a mirarlo.

—Fue una casualidad.

—Claro.

—Una coincidencia.

—Por supuesto.

—No te burles.

—No me estoy burlando.

Pero estaba sonriendo.

Rubí suspiró.

—Solo tengo que comprar alimento para los patos.

—Entonces te llevo a comprar alimento para los patos.

—¿Y qué hago con la bicicleta?

Wyatt salió de la camioneta y caminó hasta ella.

Sin decir nada, tomó la bicicleta por el manubrio.

—La llevo atrás.

—Wyatt, no hace falta.

—Ya está.

—Puedo—

—Rubí.

Ella lo miró.

—¿Qué?

—Déjame ayudarte.

La forma tranquila en que lo dijo hizo que ella dejara de discutir.

Wyatt colocó la bicicleta en la parte trasera de la camioneta y aseguró una de las ruedas para que no se moviera.

Después abrió la puerta del acompañante.

Rubí permaneció quieta unos segundos.

—¿Qué? —preguntó él.

—Nada.

—Entonces sube.

Rubí tomó aire y finalmente subió.

Wyatt cerró la puerta y rodeó la camioneta para ponerse al volante.

Cuando arrancó, Rubí miró por la ventana.

Desde allí podía ver perfectamente la casa de sus abuelos y, un poco más allá, la propiedad Carter.

—Hace años que no subía a esta camioneta —comentó.

—No es la misma.

Rubí lo miró.

—¿La cambiaste?

—Hace unos años.

—Ya veo.

Hubo unos segundos de silencio.

No era incómodo.

Pero tampoco era igual que antes.

Rubí observó las manos de Wyatt sobre el volante.

Recordó al chico que solía conducir el viejo tractor del abuelo cuando ella y Logan se subían detrás, convencidos de que estaban ayudando con el trabajo.

Ahora aquellas manos parecían pertenecer a alguien completamente distinto.

Aunque, de alguna manera, seguían siendo las mismas.

—¿Qué? —preguntó Wyatt de repente.

Rubí apartó la mirada.

—Nada.

—Me estabas mirando.

—Estaba mirando la camioneta.

—La camioneta está adelante.

Rubí sintió que sus mejillas se calentaban.

—Solo estaba pensando.

—Eso puede ser peligroso.

Ella soltó una pequeña carcajada.

—Sigues siendo igual de molesto.

Wyatt sonrió mientras miraba el camino.

—Y tú sigues mintiendo cuando dices que no necesitas ayuda.

Rubí negó con la cabeza.

—Definitivamente sigues siendo molesto.

—Me alegra saber que algunas cosas no cambiaron.

Rubí lo miró de reojo.

Y por primera vez desde que había regresado, aquella frase le hizo pensar que quizás Wyatt también estaba intentando descubrir qué cosas habían cambiado entre ellos.

La camioneta continuó avanzando hacia el pueblo.

Y, en la parte trasera, su vieja bicicleta viajaba tranquilamente hacia una mañana que ninguno de los dos había planeado.

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Lidia
Me está gustando muchísimo y me intriga que va a pasar con esos tres
Albany Garcia
me encanta 🥰siga actualizando escritora por favor
FGallito
Me encantó el primer capitulo🥰🥰🥰aquí vamos una historia más siiiii🥰🥰🥰
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