La vida de Elif se vio trágica cuando el hombre más poderoso del pueblo la obligó a contraer matrimonio. Pero resultaba que era un hombre que cuatriplicaba en edad, por lo que en la consumación, murió de un infarto, quedando ella como heredera de toda esa fortuna.
Elif creyó que todo terminaba ahí, no obstante, aparecieron los familiares de aquel hombre, y la obligaron a contraer matrimonio con el nieto de su difunto esposo, un joven de 23 años, que la odiaba y despreciaba con cada segundo de su vida, por haberse quedado con todo lo que les pertenecía.
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13
Elif trató de apartarlo, de que no continuara acariciando su cuerpo, pero con cada toque, con cada caricia se perdía. Reaccionó cuando Burak estaba sobre ella, cuando empujó con mucha fuerza para hundirse en su interior, y Elif no pudo hacer nada para impedírselo.
A pesar de lo húmeda que estaba, Elif no quería. Se rehusaba a entregarse a un hombre que no la amaba. Fueron cuatro intentos y en el último sintió el desprendimiento de sus telas. Aquel dolor lo aplacó en un gemido y las lágrimas brotaron de sus ojos.
Burak no tenía conocimiento del daño que le provocaba, pues él pensaba que ella ya había estado con su abuelo. Sobre todo, el deseo que causaba la droga no se lo permitía.
Una vez que se complació, se levantó y salió de la habitación dejando a Elif rota, desgarrada en llanto. Elif se hizo un ovillo, sollozó y se quedó mirando a la nada. Pensó en su madre, en su hermano, los imaginó yendo por ella, salvándola de ese martirio.
Por la mañana se levantó, fue a la ducha y se sentó en el suelo. El agua rodaba por su desnudo cuerpo, las lágrimas se mezclaban con esta, y de su entrepierna corría la sangre.
Mientras ella se duchaba, Reyhan ingresó a la habitación. Miró la mancha de sangre sobre la cama y enarcó una ceja. Seguido se dio la vuelta y bajó.
—Cambia las sábanas de la habitación de Elif —ordenó a una empleada que pasaba.
La mujer asintió, fue por las sábanas y subió. Al ver la mancha comprendió por qué aquella mujer le ordenó que cambiara las sábanas. Sin perder tiempo lo hizo, salió de la habitación y caminaba por el pasillo a toda prisa. Cuando Burak salió de su habitación chocó con ella. Las sábanas cayeron por los pies de este.
—¡Puedes fijarte! —bufó y pateó las cobijas que cayeron por sus pies. Al patearlas, la mancha quedó a la vista.
—¡Lo siento, joven! No lo vi salir —se disculpó, recogió las sábanas y bajó a toda prisa.
Burak bajó detrás y, cuando llegaba al comedor, escuchó a sus padres hablar.
—Era pura —Cem miró a su esposa y limpió la comisura de sus labios.
—¿Cómo lo sabes?
—Las sábanas quedaron manchadas después de que Burak la tomó.
—¿Qué estás diciendo? ¿A quién tomé? —no recordaba con claridad lo que había pasado anoche. Todo lo veía como un sueño, un sueño que por supuesto lo llenó de asco y expulsó de su cabeza.
—¿No lo recuerdas, cariño? Anoche tú y tu esposa… estuvieron juntos.
—No podría estar con esa mujer…
—Pues lo estuviste. En tu borrachera la buscaste.
—¡Eso no es cierto! ¡No es la primera vez que me emborracho! —miró a su madre y recordó que ella lo esperó, también todo lo que le dijo sobre la herencia.
—Te dimos una ayudadita.
Burak frunció el ceño, apretó los dientes y fulminó a su madre con la mirada.
—Debes embarazarla.
—¿¡Cómo pudiste, madre!? ¿Qué parte no entendieron de que no quería ningún acercamiento con esa mujer?
—Quieras o no debes tenerlo, ya que es la única oportunidad que hay para obtener el dinero. Si ella tiene un hijo…
—Si ella tiene un hijo no pasará nada. Seguirá siendo la heredera de todo. Su hijo heredará —estaba molesto, indignado por lo que habían hecho—. Son unos… unos infaustos. No tienen conciencia.
—No nos dejaste otra opción —refutó Cem—. Te dimos tiempo para que te adaptaras a ella, y no hiciste nada por acercarte… No podemos esperar hasta que te dé la gana de enamorarla. En serio, Burak, no sé cuál es el puto problema de acercarte a ella. ¿Qué tiene que no te gusta? Dínoslo y podremos cambiar esa parte. ¿Son los pechos o la cola? Podemos llevarla a cirugía y cambiar…
—Burak no se anima a acercarse porque fue la esposa de tu padre —comentó Reyhan—. Lo que no sabe es que su abuelo jamás la tocó, que anoche fue la primera vez de esa campesina, y el primer hombre en su cama fuiste tú, mi niño —le acarició el rostro—. Ahora ya puedes dejar de sentir esa repulsión, porque la mujer que está ahí arriba es solo tuya. Si no me crees, puedes ver las sábanas que acabo de enviar a cambiar.