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Su Obsesion Prohibida

Su Obsesion Prohibida

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Mafia / Amor a primera vista / Esclava / Sirvienta / Amor-odio / Triángulo amoroso / Secuestro y encarcelamiento / Yandere / Romance oscuro / Completas
Popularitas:20.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Leslie Michelle Gonz

Valentina fue comprada a los seis anos por el hombre que la crio. A los dieciocho, un magnate mafioso la reclama como suya. Atrapada entre su tutor obsesivo y un multimillonario que le compra islas y le destroza enemigos, descubre que su propio cuerpo esconde un secreto por el que matarian. ?Escapara... o elegira al hombre equivocado?

NovelToon tiene autorización de Leslie Michelle Gonz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Capítulo 13: El broche de mariposa

La camioneta se detuvo frente al mercado de artesanías a las cuatro de la tarde.

Sasha apagó el motor y miró a Valentina.

—Veinte minutos. Nicolás quiere los manteles para el comedor antes de las seis.

—Veinte minutos —repitió Valentina.

Salieron. El calor húmedo de Puerto Sombrío les pegó en la cara como una toalla caliente. El mercado era un laberinto de toldos de colores, puestos de madera y tela, con olor a copal, cuero nuevo y comida frita. Gente por todas partes: mujeres cargando bolsas, niños corriendo entre los puestos, vendedores gritando precios que nadie pagaba.

Valentina caminó por el pasillo principal buscando los manteles bordados que Rocío le había encargado. Sasha iba dos pasos atrás, con los lentes de sol puestos y las manos en los bolsillos de la chamarra, como una sombra que no necesitaba instrucciones.

Encontró los manteles en el tercer puesto. Los pagó con el dinero justo que Nicolás le había dado —contado, como siempre, sin un peso de más— y los guardó en la bolsa.

Le quedaban doce minutos.

—¿Puedo ver un puesto más? —preguntó sin voltear, como si no le importara la respuesta.

Sasha no contestó de inmediato. Valentina sintió la pausa, la midió, la pesó.

—Rápido —dijo Sasha.

Valentina caminó hacia el fondo del mercado, donde los puestos eran más pequeños y la gente más escasa. Joyería de plata. Huaraches pintados. Figuras talladas en madera de copal que olían a resina y bosque.

Se detuvo frente a un puesto de joyería artesanal. Un hombre mayor con sombrero de palma y manos callosas estaba sentado detrás de una mesa cubierta de terciopelo negro, con anillos, pulseras y broches acomodados en filas.

La vio llegar y se levantó.

—¿Valentina Solís? —preguntó.

El estómago se le apretó.

—¿Quién pregunta?

—Nadie pregunta, señorita. Solo entrego. —El hombre se agachó detrás del mostrador y sacó una caja pequeña envuelta en papel kraft—. Esto ya está pagado. Me dijeron que usted iba a pasar por aquí hoy.

Valentina miró la caja. Luego miró al hombre. Luego miró a Sasha, que estaba a tres metros, observando sin intervenir.

—¿Quién lo dejó?

—Un muchacho. Alto, bien vestido. No dio nombre. Solo dijo: "Ella va a saber de quién es."

Le extendió la caja. Valentina la tomó. Era liviana, del tamaño de su palma.

—Gracias —murmuró.

El hombre asintió y se volvió a sentar como si nada hubiera pasado.

Valentina caminó hacia un rincón entre dos puestos, donde la sombra de un toldo verde la cubría del sol y de las miradas. Abrió la caja con dedos que no le temblaban, porque ya había aprendido que temblar era un lujo que no podía darse en público.

Adentro, sobre una cama de algodón blanco, había un broche.

Era de plata. Una mariposa con las alas abiertas, del tamaño de una moneda grande, con líneas finas grabadas en cada ala que le daban textura de algo vivo, algo a punto de volar. No era ostentoso. No era caro en el sentido que Nicolás entendía la palabra "caro". Era perfecto.

Debajo del broche había un papel doblado. Lo abrió.

Cinco palabras. Sin firma. Sin nombre.

"Para que vueles, aunque sea un rato."

Valentina cerró los ojos.

"Damián."

La letra no la conocía. Pero las palabras sí. Las conocía como se conoce una voz en la oscuridad, como se reconoce un olor que te ha seguido entre sueños. Era él. No necesitaba firma ni nombre ni prueba.

Mariposa. Él la llamaba mariposa.

Y ahora le mandaba una para que la cargara.

Pasó el pulgar por las alas del broche. La plata estaba fría, lisa, con un peso que se sentía justo en la mano. No era una joya para lucir. Era una joya para esconder. Para llevar cerca del cuerpo, debajo de la ropa, donde nadie pudiera verla ni quitarla.

Guardó el broche en el bolsillo interior de la chamarra, pegado contra la costilla izquierda, donde el corazón latía más fuerte. Dobló la nota y la metió en el otro bolsillo.

Respiró.

"Primero las rosas. Ahora esto. Me está diciendo que sigue ahí. Que no se olvidó. Que tiene un plan o que al menos me tiene en el suyo."

La culpa le subió por la garganta como bilis. Porque sentir esto —esta calidez, este anhelo, esta sensación de que alguien en algún lugar de esta ciudad la veía como algo más que una deuda o una mercancía— estaba prohibido. No por ley, no por moral. Prohibido porque era peligroso. Porque Nicolás mataba lo que no podía controlar y Damián era exactamente el tipo de cosa que Nicolás no podía controlar.

"Y aun así lo guardo. Aun así lo llevo encima."

Salió del rincón. Sasha la esperaba a la entrada del pasillo, recargada en un poste de madera con los brazos cruzados.

—¿Encontraste lo que buscabas? —preguntó.

Valentina la miró. La pregunta tenía dos niveles y las dos lo sabían.

—Sí —dijo—. Encontré lo que buscaba.

Sasha asintió. No preguntó qué. No preguntó de quién. Se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la camioneta.

Valentina la siguió.

Y entonces lo vio.

Al otro lado de la calle, recargado contra la pared de una tienda cerrada, había un hombre que no estaba comprando nada. No caminaba. No miraba los puestos. Miraba hacia el mercado. Hacia ellas.

Era grande. Hombros anchos bajo una camisa oscura. Pero eso no fue lo que le heló la sangre a Valentina.

Fue su cara.

Una cicatriz le cruzaba el lado izquierdo del rostro desde la ceja hasta la mandíbula, profunda, gruesa, como un camino de tierra cortado en la piel con algo que no era un bisturí. El ojo izquierdo estaba entrecerrado bajo el peso del tejido cicatrizado. El derecho estaba fijo. Quieto. Clavado en Valentina como un alfiler en una mariposa de colección.

No era uno de los hombres de Nicolás. A los hombres de Nicolás los conocía: Braulio, los guardias del club, los choferes. Todos tenían el mismo corte de pelo, la misma postura de soldados a sueldo, el mismo vacío en los ojos.

Este hombre era diferente. Este hombre miraba como alguien que estaba tomando nota.

—Sasha.

—Lo vi —dijo Sasha sin voltear—. Camina.

Valentina caminó. No corrió. Corriendo se pierde la dignidad y la dignidad era lo único que le quedaba. Pero con cada paso sentía la mirada del hombre en la nuca, pesada como una mano que todavía no aprieta.

Subieron a la camioneta. Sasha arrancó sin prisa, con la calma de quien sabe que acelerar es mostrar miedo y mostrar miedo es dar ventaja.

Valentina miró por el espejo lateral. El hombre seguía ahí. No las siguió. No se movió. Solo se quedó de pie contra la pared, con los brazos cruzados y esa cicatriz que partía su cara en dos mitades que no encajaban.

—¿Lo conoces? —preguntó Valentina.

Sasha tardó tres segundos en contestar. Tres segundos que fueron suficientes para que Valentina supiera que la respuesta iba a ser importante.

—No —dijo Sasha—. Pero la cicatriz sí. Se la he visto a alguien que trabaja con Los Jaguares.

Los Jaguares. El nombre le sonaba lejano, como algo que había escuchado de pasada en alguna conversación del club que no debería haber escuchado. Otro grupo. Otra fracción del mundo que se movía debajo del mundo que la gente normal conocía.

—¿Qué quiere?

—No lo sé. Pero nos estaba observando a las dos.

La camioneta salió del centro y tomó la avenida hacia la casa. El sol de la tarde pegaba en el parabrisas y le pintaba todo de naranja.

Valentina se llevó la mano al bolsillo interior de la chamarra. El broche de mariposa seguía ahí, frío y sólido contra sus costillas.

"Para que vueles, aunque sea un rato."

El problema era que las mariposas que vuelan en el lugar equivocado atraen a los depredadores. Y el hombre de la cicatriz tenía cara de coleccionista.

Valentina cerró la mano alrededor del broche y no lo soltó en todo el camino de regreso.

1
Jujerny Del Valle Farfan cuica
que miedo
Jujerny Del Valle Farfan cuica
es una mujer sin voluntad propia
Jujerny Del Valle Farfan cuica
que rabia con Valentina
Jujerny Del Valle Farfan cuica
Huy q miedo
Jujerny Del Valle Farfan cuica
ya era hora 🥺
Jujerny Del Valle Farfan cuica
fuera de lo común me encanta 👏
Jujerny Del Valle Farfan cuica
siempre fue esto lo q quiso el pelambres este 😱
Jujerny Del Valle Farfan cuica
que le pasa a esta mujer tanto miedo le tiene a Nicolás y no se va
Jujerny Del Valle Farfan cuica
ojalá consiga aliados q la ayuden a salir de ese horror 😱
Jujerny Del Valle Farfan cuica
ojalá consiga aliados q la ayuden a salir de ese horror 😱
Jujerny Del Valle Farfan cuica
que terror vive Valentina!
Jujerny Del Valle Farfan cuica
no soy vip y no lo voy a ser aunque quiera soy de Venezuela 🥺
Jujerny Del Valle Farfan cuica
interesante
Jujerny Del Valle Farfan cuica
ojalá Damián pueda sacarla d allí
Jujerny Del Valle Farfan cuica
por que tanto encierro es abrumador 🥺
Luz Silvero
x lo q entendí, si no entendí mal
El si la compro, para estar esos días con ella😑
Gaby N
Tanto poder tiene Nicolás?
Xq el banana de Damián no hace nada?
Gaby N
Xq le dice "Cruza"?
Pdll Dsrth
🥰Esta novela diferente al principio casi dejo de leerla pero ya le fui tomando el hilo un buen final
Graciela Saiz
todo el mundo la manipula a esta mujer ,!
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