Alguien ocupo su lugar ¿estara dispuesto a perder todo para recuperarlo?
NovelToon tiene autorización de Braian Cazzuchelli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Ecos del pasado
Durante un instante, todo el ruido del salón desapareció.
Las conversaciones.
La música.
Las risas.
Todo quedó reducido a un murmullo lejano.
Arlen observó a la mujer junto a Héctor.
El cabello oscuro.
Las dos cuchillas sujetas a su espalda.
La misma postura.
La misma mirada.
Durante semanas había imaginado aquel momento.
Había imaginado enojo.
Odio.
Venganza.
Pero ahora que estaba ocurriendo de verdad...
No sentía ninguna de esas cosas.
Solo una enorme confusión.
—Arlen...
La voz de Luna lo devolvió a la realidad.
—¿La conocés?
Arlen tardó unos segundos en responder.
—Sí.
Y eso fue todo.
Porque en ese mismo instante Héctor levantó la cabeza.
Y también lo vio.
Los ojos del seguidor se abrieron lentamente.
Una sonrisa apareció en su rostro.
Una sonrisa llena de desprecio.
—Mirá nada más...
Su voz resonó por encima del ruido del salón.
—La escoria sigue viva.
Las personas más cercanas comenzaron a alejarse.
Algo en el ambiente había cambiado.
Incluso quienes no entendían lo que ocurría podían sentirlo.
Era como si dos tormentas acabaran de encontrarse.
Arlen dio un paso al frente.
—Digo lo mismo.
La sonrisa de Héctor se hizo más grande.
—Por fin volvemos a vernos.
---
A varios edificios de distancia.
Las alarmas comenzaron a sonar en la sala de vigilancia improvisada.
Adrián observaba las pantallas.
Su expresión permanecía tranquila.
Pero sus ojos analizaban cada movimiento.
—Tenemos contacto.
Dijo.
Kael se acercó.
—¿Confirmado?
—Sí.
—¿Héctor?
—Héctor.
Dorian soltó un silbido.
—Eso explica la sensación horrible que tengo.
Adrián tomó el comunicador.
—Luna. Retirada inmediata.
—Recibido.
Respondió la voz de Luna.
Pero justo después la comunicación se llenó de interferencias.
Estática.
Ruido.
Y silencio.
Adrián frunció el ceño.
—Eso no me gusta.
—A mí tampoco.
Dijo Kael.
---
En el salón principal la tensión era insoportable.
Los invitados comenzaban a huir.
Algunos corrían hacia las salidas.
Otros simplemente se escondían.
Nadie quería permanecer cerca.
Luna observó a Héctor.
Y sintió miedo.
No porque pareciera fuerte.
Sino porque parecía completamente seguro de sí mismo.
Como si no existiera nadie capaz de detenerlo.
Entonces sintió una mano sujetar suavemente su brazo.
Giró la cabeza.
Arlen.
—Tranquila.
Dijo.
Su voz era firme.
Extrañamente tranquila.
—Estás a salvo conmigo.
Luna parpadeó.
Y por un instante el miedo desapareció.
---
Héctor dio un paso.
El suelo pareció vibrar.
—Qué tierno.
Dijo con una sonrisa burlona.
—¿Ahora jugás a ser un héroe?
Sin previo aviso lanzó un ataque hacia Luna.
Pero Arlen reaccionó antes.
La tomó por la cintura y la apartó de la trayectoria.
El impacto destrozó una mesa cercana.
Fragmentos de madera volaron por el aire.
Arlen dejó a Luna detrás de él.
Sus ojos permanecían fijos en Héctor.
—Tu pelea es conmigo.
La sonrisa desapareció del rostro del seguidor.
—Perfecto.
Porque yo tampoco vine por ella.
El aire comenzó a volverse pesado.
Más pesado.
Más denso.
La energía que desprendían ambos empezó a extenderse por todo el salón.
Los ventanales vibraban.
Las luces parpadeaban.
Y entonces los ojos de Arlen comenzaron a brillar.
Azul.
Un azul intenso.
Profundo.
Antiguo.
Como si una fuerza inmensa estuviera despertando en su interior.
Héctor sonrió.
—Ahora sí.
---
Mientras tanto.
Los tres guardaespaldas avanzaron.
Dos hombres.
Y Ailén.
Luna observó las armas.
Observó sus expresiones.
Y comprendió inmediatamente que estaba en desventaja.
—Genial...
Murmuró.
—Odio cuando pasa esto.
Los dos hombres desenfundaron sus hojas.
Pero antes de que pudieran acercarse...
Algo inesperado ocurrió.
Ailén se movió.
Una sombra.
Un destello.
Y apareció detrás de uno de ellos.
El hombre apenas tuvo tiempo de girarse.
Las cuchillas describieron un arco perfecto.
Y el guardaespaldas cayó derrotado.
El segundo quedó congelado.
Luna también.
—¿Qué...?
Ailén giró la cabeza.
—No estoy de su lado.
El último guardia rugió de furia y se lanzó contra ellas.
Luna reaccionó al instante.
Aunque estaba desarmada.
Aunque era más fuerte.
Aunque tenía ventaja.
Ella tenía velocidad.
Y experiencia.
Esquivó el primer ataque.
Luego el segundo.
Retrocedió.
Giró sobre sí misma.
Y utilizó el impulso de su rival contra él.
El hombre perdió el equilibrio.
Solo un segundo.
Pero fue suficiente.
Luna aprovechó la apertura.
Y tras una intensa lucha consiguió derribarlo definitivamente.
Respiró agitada.
El combate apenas había durado unos momentos.
Pero se sintió eterno.
Cuando levantó la vista encontró a Ailén observándola.
—Nada mal.
Dijo.
—Vos tampoco.
Respondió Luna.
Hubo silencio.
—No voy a lastimarte.
Dijo finalmente Ailén.
—¿Por qué?
La mujer observó a Arlen en la distancia.
—Porque fui amiga de alguien importante para mí.
---
Y mientras tanto...
Héctor y Arlen chocaron.
El impacto resonó por todo el edificio.
Héctor fue el primero en atacar.
Una ofensiva implacable.
Rápida.
Precisa.
Cada movimiento estaba diseñado para quebrar defensas.
Para obligar a retroceder.
Para dominar.
Una lluvia de golpes cayó sobre Arlen.
Uno tras otro.
Sin descanso.
El suelo se agrietaba.
Las columnas temblaban.
Los invitados restantes huían aterrorizados.
Y aun así...
Arlen apenas se movía.
Recibía cada impacto.
Observaba.
Analizaba.
Esperaba.
Finalmente uno de los ataques logró alcanzarlo de lleno.
Arlen escupió sangre.
Héctor sonrió.
—Ya está.
Pensó.
Pero entonces Arlen levantó la cabeza.
Se limpió la sangre con el dorso de la mano.
Y sonrió.
—Esperaba más.
El rostro de Héctor cambió.
Por primera vez.
Sintió algo que no había sentido antes.
Duda.
Y entonces Arlen desapareció.
No literalmente.
Simplemente se movió tan rápido que Héctor perdió su posición.
El primer impacto llegó desde un costado.
El segundo desde atrás.
El tercero desde arriba.
Héctor intentó reaccionar.
Intentó defenderse.
Intentó seguirlo.
Pero era imposible.
La diferencia era demasiado grande.
Por primera vez desde que lo conocía...
Era él quien estaba siendo superado.
Minutos después cayó de rodillas.
Respirando con dificultad.
La sangre resbalaba por la comisura de sus labios.
Y frente a él apareció Arlen.
Tranquilo.
Sereno.
Como si la pelea hubiera terminado hacía mucho.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Arlen sacó un pañuelo.
Y se lo ofreció.
Héctor lo observó como si estuviera loco.
—¿Qué se supone que significa esto?
—Tomá.
—¿Por qué?
—Porque lo necesitás.
Luna y Ailén intercambiaron una mirada.
Ninguna entendía lo que estaba pasando.
Héctor tampoco.
—Deberías matarme.
Dijo.
—Quizás.
Respondió Arlen.
—Entonces hacelo.
—Todavía no decidí qué hacer con vos.
La respuesta desconcertó incluso más al seguidor.
—Quiero proponerte algo.
Héctor soltó una carcajada.
Una carcajada amarga.
—Prefiero morir.
Arlen sonrió.
—Sabía que dirías eso.
Y antes de que pudiera reaccionar...
Le dio un golpe preciso.
Héctor perdió el conocimiento al instante.
El gigante cayó al suelo.
Silencioso.
Derrotado.
---
Luna fue la primera en acercarse.
Todavía estaba recuperando el aliento.
—Tu forma de pelear es increíble.
Dijo.
Y sonrió.
Una sonrisa sincera.
Arlen sintió que la tensión desaparecía poco a poco.
—Me alegra que estés bien.
—Yo también.
A pocos metros.
Ailén los observaba.
Finalmente dio un paso al frente.
—Peleás mucho mejor que antes.
Arlen la miró.
Y otra vez apareció aquella sensación extraña.
No era odio.
No exactamente.
Pero tampoco era perdón.
Simplemente dolor.
Ailén bajó la mirada.
—Necesito hablar con vos.
Luna observó a Arlen.
—Creo que te debe una explicación.
Arlen permaneció en silencio.
Durante unos segundos.
Luego suspiró.
—Después.
Porque ahora tenemos que irnos.
---
La entrada principal explotó de repente.
No por una explosión.
Sino porque tres figuras atravesaron las puertas a toda velocidad.
Kael.
Dorian.
Y Adrián.
Los tres se detuvieron.
Miraron alrededor.
El salón destruido.
Los guardias derrotados.
Héctor inconsciente.
Luna ilesa.
Y Arlen de pie.
Dorian fue el primero en hablar.
—Bueno...
Miró a Kael.
—Llegamos un poco tarde.
—Un poco.
Respondió Adrián.
Arlen soltó una carcajada.
—Bastante tarde.
Kael negó con la cabeza.
—Después habrá tiempo para bromas.
Su mirada se desplazó hacia Ailén.
La estudió unos segundos.
Y finalmente sonrió.
—Perfecto.
—¿Qué tiene de perfecto?
Preguntó Dorian.
Kael comenzó a caminar hacia la salida.
—Que tenemos un nuevo huésped en el refugio.
Y por primera vez desde que había llegado a Kilop...
El pasado de Arlen acababa de alcanzarlo.