Entre secretos prohibidos y un vínculo imposible, ¿será el amor su única salida… o la razón de su caída eterna?
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Un Nombre Difícil de Olvidar
El convoy negro desapareció lentamente entre la lluvia.
Caleb permaneció inmóvil unos segundos, observando el punto donde el último automóvil dobló la esquina. La expresión tranquila que mostraba ante todos seguía intacta, pero en su mente repetía un solo nombre.
Draven.
No era un hombre común.
No necesitó liberar su presencia para comprenderlo. Bastó una mirada para darse cuenta de que aquel desconocido escondía un poder que muy pocas personas poseían.
—Interesante... —murmuró para sí.
Guardó el paraguas y continuó caminando hacia el edificio principal de la universidad.
Al otro lado de la ciudad, el ambiente dentro del automóvil principal del convoy era completamente distinto.
El silencio reinaba.
Draven observaba por la ventanilla las calles cubiertas por la lluvia.
Su segundo al mando, sentado frente a él, rompió finalmente el silencio.
—Jefe... ¿ese era el estudiante del informe?
—Sí.
—¿Qué impresión le dio?
Draven tardó varios segundos en responder.
—No coincide con ningún expediente que haya leído.
—¿Cree que oculta algo?
Una leve sonrisa apareció en el rostro del Enigma.
—Todos ocultamos algo.
Cerró los ojos por un instante.
—Pero él... lo hace demasiado bien.
El subordinado abrió una carpeta.
—Podemos investigarlo más a fondo.
Draven negó con calma.
—No.
—¿No?
—Quiero que siga viviendo con normalidad.
El hombre pareció confundido.
—¿Y si alguien más llega primero hasta él?
Draven apoyó lentamente una mano sobre el apoyabrazos.
—Entonces descubriré quién se atrevió a acercarse.
Su voz permanecía serena, pero bastó para que el interior del vehículo quedara completamente en silencio.
Esa misma tarde, Caleb salió de su última clase.
Mientras descendía las escaleras del edificio de Humanidades, sintió una vibración en el bolsillo de su mochila.
Era su teléfono.
Había recibido un mensaje de un número desconocido.
"Espero que hayas llegado bien a casa después de la lluvia."
Caleb frunció ligeramente el ceño.
No tenía firma.
Sin embargo, solo una persona sabía que había caminado bajo la lluvia aquella tarde.
Respondió con un mensaje breve.
"Gracias por la preocupación, detective."
Pasaron apenas unos segundos.
El teléfono volvió a vibrar.
"Me alegra saber que estás bien."
Caleb sonrió sin darse cuenta.
Guardó el teléfono y continuó caminando por el campus.
Por primera vez en mucho tiempo, alguien se había preocupado por él sin pedir nada a cambio.
Mientras tanto, en la Torre Black Crown, Draven sostenía entre sus manos la fotografía del expediente universitario de Caleb.
La observó durante largo rato.
Después la guardó cuidadosamente dentro de un cajón que cerró con llave.
No entendía por qué.
Solo sabía que, desde aquel encuentro bajo la lluvia, el rostro del joven se negaba a abandonar sus pensamientos.
Apoyó la mirada en el ventanal.
Las luces de la ciudad comenzaban a encenderse.
Una sensación extraña, desconocida incluso para alguien como él, se instaló lentamente en su pecho.
Y comprendió que volvería a buscar a Caleb.
No por el informe.
No por la investigación.
Sino porque deseaba conocer quién era realmente el estudiante que había permanecido completamente sereno frente a él.
En otro extremo de la ciudad, Caleb levantó la vista hacia el cielo que empezaba a despejarse.
Una leve sonrisa apareció en sus labios.
—Pregunta número diez...
Su voz fue apenas un susurro.
—¿Por qué algunas personas permanecen en nuestra memoria... incluso después de un solo encuentro?
Continuará...