Keile después de cometer muchos errores y ganarse el odio de su enigma tuvo que ver como la vida se le escapaba a la persona que más amo , no solo lo vio morir el fue su verdugo y vivió cada día en el arrepiento pero ahora el destino a decido darle una oportunidad volviendo al momento antes de que la luz de su egnima fuese apaga¿cometerá keile los mismo errores de su vida pasada?
NovelToon tiene autorización de feliannys Jiménez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El Balcón de los Secretos
El aire de la noche golpeó mi rostro, pero no logró enfriar el incendio que recorría mis venas. Tenía a Brayan acorralado contra la piedra fría, y por primera vez en dos vidas, sentía que el tiempo no se me escapaba de las manos, sino que se detenía para observarme.
Lo miré fijamente, absorbiendo el brillo dorado de sus ojos. Mi mente era un campo de batalla de recuerdos atroces. En el pasado, en este mismo punto de la historia, yo cometí el pecado original: lo rechacé. Recuerdo su mirada de entonces, una mezcla de vulnerabilidad y esperanza que yo aplasté con un discurso sobre la jerarquía y el deber militar. Ese rechazo fue lo que lo mató mucho antes de que llegáramos a la finca. Aquel día, yo mismo fabriqué al Enigma frío y despiadado; lo obligué a endurecer su corazón y a buscar en la oscuridad de la mafia el respeto que yo, por cobarde, le negué.
Sentí un escalofrío. El miedo al rechazo ahora era mío. Tenía pánico de que, al besarlo, él sintiera la sombra del hombre que fui y me apartara con el mismo odio que me mostró en su lecho de muerte. Pero la necesidad de anclarlo a la vida era más fuerte que mi propio pánico.
Me incliné y lo besé.
Fue un choque desesperado. Mis labios buscaban desesperadamente el calor de su aliento, confirmando que seguía aquí, que era real. Sentí su sorpresa, el momento exacto en que su cuerpo se tensó bajo mis manos, y por un segundo eterno, mi corazón se detuvo esperando el golpe, el empujón, el desprecio. Pero no llegó. Brayan, movido por ese orgullo de Enigma que lo obligaba a no ser menos que nadie, me devolvió el beso con una ferocidad que me hizo temblar.
Cuando nos separamos, sus ojos ardían de confusión y reto.
—¿De qué pasado hablas, Keile? —soltó él, con esa voz que intentaba sonar burlona pero que escondía una grieta de inquietud—. Desde que nos conocemos, tú solo has sido el Soldadito que intenta atraparme. No ha cambiado nada.
Su ignorancia era su salvación, pero para mí era un puñal. Él no sabía que, en la otra vida, después de que yo le rompiera el corazón, él se fue a una reunión con la Red Roja para demostrar que no necesitaba a ningún Alfa. Esa reunión fue una carnicería disfrazada de diplomacia, el inicio de su transformación en un heredero de sangre.
—No eres un fantasma, Brayan —respondí, obligando a mi aroma de metal frío y eucalipto a mantenerse firme ante su tormenta de bosque—. Pero a veces, las personas no saben que caminan hacia un precipicio.
Me acerqué a su oído, sujetándolo con una posesividad que rozaba lo doloroso. No podía dejar que volviera a confiar en quienes lo traicionaron.
—Escúchame bien. No te pido que entiendas por qué hoy soy diferente. Pero no confíes en la Red Roja —susurré, y el nombre de la otra mafia sonó como una advertencia fúnebre—. Sé que crees que hay respeto entre familias, pero son ratas esperando a que bajes la guardia.
—¿Me estás dando órdenes de nuevo? —replicó él, arqueando una ceja, tratando de recuperar el control del juego.
—Te estoy advirtiendo, Brayan. En el pasado... o en lo que yo sé que va a ocurrir si sigues ese camino, la Red Roja solo te traerá dolor. No vayas a ninguna reunión con ellos. No te conviertas en lo que ellos quieren que seas.
Me alejé un paso, dejándolo solo en la penumbra del balcón. Mis manos temblaban dentro de los guantes. En el pasado, mi rechazo lo empujó a la Red Roja; esta vez, mi marca y mi presencia serían su muro. No permitiría que buscara en enemigos lo que yo estaba dispuesto a darle: mi vida entera.
—Quédate en la luz, Brayan —dije antes de darme la vuelta—. Porque esta vez, no voy a dejar que el frío te alcance.
Caminé hacia el salón sin mirar atrás, sintiendo su mirada clavada en mi nuca. Sabía que él creía que esto era un nuevo juego de seducción, pero mientras cruzaba el umbral, solo podía pensar en una cosa: el Enigma ya no caminaría solo hacia su propia destrucción. No mientras yo tuviera un segundo de vida para evitarlo.