NovelToon NovelToon
No Es Una Invitación, Es Una Orden

No Es Una Invitación, Es Una Orden

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Amor de la infancia
Popularitas:4.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Phandi

Había regresado al pueblo con una sola intención: verla.
No pasaron ni diez minutos desde que bajó del bus cuando la noticia lo golpeó como una patada al pecho: “Ella se casa el sábado.”
El corazón le ardió. Los puños también.
¿Casarse? ¿Con otro? ¿Ella? ¿Suya?
No.
Eso no iba a pasar.

NovelToon tiene autorización de Phandi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

“La noche de los nombres susurrados, Amanecer con ojos en la sombra”

Las mulas descansaban amarradas cerca del arroyo.

El bosque susurraba con el viento entre los árboles, y el fuego bajo parpadeaba con timidez.

Tomás y Elsa habían recorrido todo el día sin detenerse, y el cansancio comenzaba a quebrarles el cuerpo.

—Aquí dormiremos esta noche —dijo él, bajando la mochila y extendiendo un pequeño cobertor dentro de la improvisada carpa que Silvio les había dejado.

—¿Y si nos encuentran? —preguntó Elsa, con los ojos grandes, brillando por el reflejo del fuego.

—No lo harán —respondió él, pero en su voz aún vivía la duda.

Entonces añadió, más firme—: No mientras yo esté aquí.

Elsa se acercó lentamente.

Tomás le tomó la mano, la apretó, como si la necesitara para seguir respirando.

—Te ves diferente —le dijo ella, con la voz temblorosa—. Más hombre, más fuerte. Pero tus ojos… siguen siendo los mismos de aquel niño que me talló un collar con una crin de caballo.

Tomás la miró.

—Y tú… sigues siendo esa niña que se escapaba para hablar conmigo por una ventana del orfanato.

—No importa cuántos años pasen… tú siempre fuiste mi hogar, Elsa.

El silencio se llenó con un suspiro.

El fuego chisporroteó.

Y los labios se buscaron.

No fue un beso de prisa, ni de hambre.

Fue un beso de reconocimiento, de reencuentro.

Un “aquí estás, al fin”.

Un “me sobreviviste, me encontraste, me recordaste”.

Dentro de la carpa, Elsa se sentó sobre las piernas de Tomás.

Él le acarició el rostro con reverencia.

Las cicatrices de sus golpes ya no dolían, pero estaban ahí.

Tomás las besó una por una, como si quisiera pedirle perdón por todo lo que no pudo evitar.

—¿Tienes miedo? —le susurró.

—No —respondió ella—. Porque estoy contigo. Pero si muero… quiero que esta noche me pertenezca.

Quiero que tú me pertenezcas.

Y no como antes.

Quiero que esta vez sea completa. Sin prisas. Sin robarnos.

Esta vez… el mundo puede esperarnos.

Se quitaron la ropa lentamente.

No había luz, solo el calor de la piel, el roce de los dedos, el amor que volvió a encontrar su cauce.

Él la acarició como si no fuera real.

Ella lo miró como si lo estuviera soñando.

Y cuando se unieron… no fue el cuerpo el que gritó.

Fue el alma.

Fue una ofrenda de dos sobrevivientes, dos condenados que se habían reencontrado entre ruinas.

Una noche que no tenía nombre, pero que sellaba su destino.

Y en la madrugada, mientras Elsa dormía entre sus brazos, Tomás miró el cielo abierto entre las ramas.

—Ahora sé quién soy.

Y no dejaré que te arrebaten de nuevo.

La primera luz del día se colaba entre las hojas del bosque.

Los pájaros despertaban en el dosel, y el río corría con su murmullo sereno.

Todo parecía tranquilo… pero no lo estaba.

Tomás abrió los ojos antes que Elsa.

Aún la tenía abrazada.

Su cuerpo tibio, su respiración pausada…

Y en sus labios, una palabra que dijo mientras dormía:

—Tomás…

Él sonrió.

La besó en la frente, con delicadeza, como si el mundo pudiera quebrarse si lo hacía más fuerte.

Se levantó con cuidado.

Salió de la carpa, y miró el bosque.

Todo seguía en su lugar.

Pero algo no encajaba.

Las ramas del seto al este parecían pisadas.

Y había una huella en el barro, pequeña, imperfecta… pero no era suya, ni de Elsa.

Su mirada se endureció.

—No estamos solos…

Volvió a entrar.

Elsa aún estaba medio dormida, envuelta en la manta.

Se estiró con suavidad, hasta que notó el rostro de Tomás: tenso, preocupado.

—¿Qué pasa?

—No hagas ruido. Empieza a vestirte. Creo que alguien nos está siguiendo.

Elsa se puso de pie, el corazón agitándose.

—¿Estás seguro?

Tomás asintió.

—Aún no están cerca. No han querido acercarse… probablemente quieren ver si seguimos en ruta. Tal vez esperan a que cometamos un error.

Elsa miró hacia el bosque, su respiración agitada.

—Es él…

—Sebastián.

Tomás apretó los dientes.

—O sus hombres. No sabemos cuántos son. Pero tenemos que movernos. Ya.

Mientras tanto, a unos cientos de metros…

Unos ojos vigilaban desde la espesura.

Era uno de los hombres de Sebastián. El mismo que había estado dos días antes en la puerta de la residencia donde Tomás se alojaba.

Tenía un pañuelo negro en la cabeza y una daga en la mano.

Miraba en silencio, sin moverse, sin ser visto.

En su oído, un pequeño comunicador de cobre —una reliquia del pueblo— soltaba un susurro apenas audible:

—¿Siguen en el sitio?

—Sí. Acaban de salir de la carpa. Parece que se han dado cuenta. Se moverán pronto.

—Déjalos avanzar. Quiero que crean que están a salvo.

Esta noche… los quiero rodeados.

La voz era la de Sebastián.

Y sonaba calmada.

Demasiado calmada.

Tomás y Elsa desmontaron el campamento rápido.

Guardaron lo esencial.

Dejaron rastros falsos hacia el norte.

Y tomaron el desvío hacia el Cañón del Silencio, una ruta peligrosa, pero más difícil de rastrear.

—¿Crees que podamos perderlos ahí? —preguntó Elsa mientras se sujetaba de la mula, con la vista fija en el camino.

—No lo sé… pero si quieren atraparnos, tendrán que correr más rápido que el viento.

Tomás no lo dijo en voz alta.

Pero lo pensaba:

Sebastián no nos persigue solo por odio.

Nos persigue porque quiere ganar.

Y para él, poseer es más importante que amar…

...pero esta vez, va a perder.

1
Miriam Muñoz
hasta el momento
ecxelente
Miriam Muñoz
me gusta
Miriam Muñoz: me gusta mucho ☺️
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play