Rose Walker jamás imaginó que un viaje cambiaría su vida para siempre. Reconocida como una joven guionista en ascenso en California, su sueño finalmente se estaba haciendo realidad cuando fue invitada a Singapur para participar en el rodaje de la película que había escrito durante años. Todo parecía perfecto: el éxito, el reconocimiento y la oportunidad que siempre había esperado. Pero el destino tenía otros planes.
Durante el vuelo, una violenta tormenta provoca un accidente aéreo que termina con el avión estrellándose en una isla desconocida perdida en medio del océano. Rose despierta sola entre restos del avión, rodeada únicamente por selva, montañas y un silencio aterrador. Sin experiencia sobreviviendo lejos de la civilización, deberá aprender a luchar contra el hambre, el miedo y la desesperación mientras intenta mantenerse con vida.
Sin embargo, la isla no está desierta.
Mientras explora el lugar buscando agua y comida, Rose descubre algo imposible: una antigua civilización e
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Capitulo 15
(Punto de vista de Kai)
Desde niño me enseñaron que el océano siempre avisa antes de cambiar el destino.
Las olas.
El viento.
Los animales.
Todo habla… si sabes escuchar.
Mi padre solía repetirlo mientras entrenábamos cerca de los acantilados de la isla. Él fue el líder antes que yo. Fuerte. Respetado. Temerario.
Y exigente.
Demasiado exigente.
Nunca fui tratado como un niño normal.
Mientras otros aprendían a pescar o jugaban entre las ruinas antiguas, yo entrenaba desde el amanecer hasta la noche. Aprendí a luchar antes incluso de convertirme en adulto. Aprendí a usar lanzas, arcos y espadas antiguas.
Aprendí que un líder jamás duda.
Jamás teme.
Jamás se arrodilla.
Pero sobre todo…
Aprendí que la tribu siempre está primero.
Incluso antes que uno mismo.
Cuando mi padre murió, heredé el liderazgo de los Anari.
Y con él llegaron las responsabilidades.
Las personas me obedecían.
Los ancianos me aconsejaban.
Los guerreros me seguían.
Pero el peso de la isla cayó completamente sobre mis hombros.
Yo debía protegerlos.
De las enfermedades.
De la selva.
Y del mundo exterior.
Porque desde hace generaciones, los Anari viven escondidos del resto del mundo.
Y eso jamás debía cambiar.
Los ancianos decían que el exterior destruiría todo lo que tocara.
Codicia.
Guerras.
Muerte.
Por eso nadie podía abandonar la isla.
Y ningún extranjero debía quedarse.
Esas eran las reglas.
Hasta que ella apareció.
Días antes del accidente, la isla empezó a comportarse de forma extraña.
Naru fue el primero en notarlo.
Mi puma nunca se alteraba sin razón, pero durante varias noches caminó inquieto alrededor del templo principal observando constantemente el océano.
Los ancianos comenzaron a hablar de señales.
El viento soplaba diferente.
Las aves migraban antes de tiempo.
Y las estrellas…
Las estrellas parecían más brillantes.
La anciana Yaret fue quien pronunció las palabras que todavía recuerdo perfectamente.
—“El océano traerá aquello que fue prometido.”
No me gustaban las profecías.
Nunca confié completamente en ellas.
Pero aquella noche incluso yo sentí algo extraño.
Como si la isla estuviera esperando.
El accidente ocurrió durante la tormenta.
Recuerdo perfectamente el sonido.
Un rugido enorme atravesó el cielo en mitad de la noche. Las personas salieron alarmadas de sus casas mientras fuego caía desde las nubes hacia el océano.
Muchos pensaron que era una señal de los dioses.
Otros creyeron que era el fin.
Yo fui hacia los acantilados junto a varios guerreros.
Y vi el fuego caer al mar.
Jamás había visto algo así.
Pero dentro de mí supe inmediatamente una cosa.
No había sido casualidad.
A la mañana siguiente comenzaron a aparecer restos sobre la playa.
Madera.
Metal.
Objetos extraños del exterior.
La tribu quería quemarlo todo.
Pero yo ordené que no tocaran nada.
Porque algo seguía inquietándome.
Naru tampoco se apartaba de la costa.
Olfateaba constantemente el aire como si buscara algo.
Y entonces la encontré.
Rose.
La vi antes de que ella nos descubriera realmente.
Estaba en la playa moviendo piedras enormes para formar una palabra sobre la arena.
AYUDA.
No entendía el significado exacto… pero sí la desesperación.
Se veía pequeña.
Frágil.
Completamente sola.
Su piel clara brillaba bajo el sol y su cabello parecía oro mezclado con tierra húmeda.
Pero fueron sus ojos lo que me detuvo.
Verdes.
Nunca había visto ojos así.
Parecía perdida.
Asustada.
Y aun así seguía luchando por sobrevivir.
La observé durante mucho tiempo sin acercarme.
Algo dentro de mí reaccionó inmediatamente al verla.
Una sensación extraña.
Intensa.
Como si la hubiera esperado sin saberlo.
Naru también la observaba fijamente.
Y eso jamás ocurría.
Mi puma desconfiaba de todos los extranjeros según las historias antiguas.
Pero con ella no mostró agresividad.
Solo atención.
Los ancianos dijeron que debía matarla o expulsarla antes de que trajera problemas.
Pero no pude hacerlo.
Ni siquiera lo consideré realmente.
Porque cuanto más la miraba… más sentía que la isla la había traído por una razón.
Después la vi entrar en la selva buscando agua.
Y la seguí.
No porque creyera que fuera peligrosa.
Sino porque la selva sí lo era.
Rose apenas sabía sobrevivir.
Intentó pescar de manera desastrosa.
Casi se rompe las manos intentando abrir cocos.
Y aun así seguía avanzando.
Terquedad pura.
Cuando llegó al río, la observé beber agua desesperadamente como si llevara días muriendo de sed.
Y por primera vez sentí algo que no esperaba.
Necesidad de protegerla.
Lou fue quien la descubrió primero.
Y cuando Rose terminó siguiendo a Lou hasta la aldea… supe que todo cambiaría.
Porque los dioses jamás envían señales pequeñas.
Y Rose llegó a nuestra isla justo cuando las estrellas comenzaron a caer.