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Sangre Prometida

Sangre Prometida

Status: En proceso
Genre:Síndrome de Estocolmo / Venganza / Mafia
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Carola Reyes

Bruno Caruso, un hombre fuerte, calculador y la cabecilla de un imperio levantado a base de sangre. Es el rey indiscutible de la mafia siciliana: no perdona, no olvida… y sobre todo, convierte la traición en castigo.

Xenia, sin quererlo, se convierte en la pieza central de su furia. Y en la oscuridad de su mundo, él decide cuánto debe pagar… pero entre amenazas, secretos y silencios que queman, ¿ambos podrian descubrir que la oscuridad también sabe atraerte?

NovelToon tiene autorización de Carola Reyes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

—Sí —respondió, la voz más baja de lo habitual.

Me incliné hacia atrás, disfrutando de la calma previa a la tormenta.

—Mandé a investigar a este hombre —expliqué—. No suelo dejar cabos sueltos. Descubrí que sus cuentas no cuadran. Negocios turbios, lavado de dinero, tratos con gente peligrosas.

El color comenzó a abandonarle el rostro. No creo que estuviera enterada de todo esto.

—Curioso —continué, jugando con la foto entre mis dedos— En esta imagen no parece muy afectado por tu desaparición. Tu madre se ve destruida, tu hermana también. Pero él… ni una grieta... ¿Y es que sabes que?, tengo entendido que llevan varios años siendo una "familia".

Ella tragó saliva. Su respiración se aceleró de una forma que no podía ocultar.

—¿Qué insinúas? —preguntó, pero su voz apenas era un hilo.

—Que quizá él es más parecido a ti de lo que pensaba —le respondí, con un tono deliberadamente ambiguo— Frío. Calculador. O tal vez solo le conviene que estés lejos. ¿Tú que dices?

El temblor empezó en sus manos y le recorrió los brazos. Su cara se llenó de un pavor tan evidente que, por un instante, la habitación pareció encogerse. Aquella reacción era una confesión muda, y la reconocí de inmediato: miedo real, antiguo.

Me incliné hacia adelante, apoyando los codos sobre el escritorio.

—Dime, Xenia —murmuré—, ¿qué clase de hombre es en realidad? Porque mi informe dice una cosa, pero tu cara… tu cara lo grita todo.

Ella no respondió. Solo bajó la mirada, los labios apretados, como si temiera que cualquier palabra liberara un secreto que lleva demasiado tiempo encadenado. Y en ese silencio, supe que había tocado una herida que ni siquiera mis amenazas habían rozado.

.

.

.

Pov. Xenia

El silencio del despacho se volvió un cuchillo. La voz de Bruno aún resonaba: “¿Qué clase de hombre es en realidad?” Cada palabra me perforaba como si conociera cada rincón de mi historia. Mantuve los labios sellados, pero dentro de mí una tormenta rugía.

No podía mirarlo. Sentía sus ojos fijos, intentando arrancar una confesión que yo jamás daría. Cada segundo que pasaba, el nombre de mi padrastro martillaba en mi mente. Las paredes del despacho parecían encogerse, acercándose hasta asfixiarme.

Imágenes que creía enterradas regresaron con una nitidez cruel: su mano pesada en mi cintura, su voz susurrando amenazas si no hacia lo que quería, la forma en que sus ojos calculaban cada movimiento mío. Apreté los puños para ahuyentar esos recuerdos, pero solo logré que el temblor se hiciera más evidente.

—Necesito irme —dije, mi voz apenas un hilo.

Bruno no respondió de inmediato. El silencio se alargó como una cuerda tensada a punto de romperse.

—Aún no he terminado —replicó con calma gélida.

El aire me pesaba en los pulmones. Sentía que si no salía, la habitación me devoraría entera.

—Por favor… —la palabra escapó antes de que pudiera contenerla— Déjame ir.

Bruno me observó un largo instante. Algo en su mirada cambió, como si midiera el límite de mi resistencia. Finalmente, asintió con un leve gesto. No esperé una segunda señal: giré el picaporte y salí casi corriendo, los pasillos interminables bajo mis pies.

Llegué a la habitación que me habían asignado y cerré la puerta de un golpe. El cuerpo me temblaba. Me dejé caer en el suelo, la espalda contra el colchon, y las lágrimas llegaron sin permiso, silenciosas, ardientes. Quise gritar, pero solo solté un gemido ahogado. No quería pensar en él, en ese hombre que había convertido mi infancia y adolescencia en una colección de cicatrices invisibles.

Recordé su sonrisa falsa en las reuniones familiares, su voz que siempre sonaba a perversidades disfrazadas de cariño. Cada recuerdo era un veneno que quemaba.

Me abracé a mí misma, intentando borrar su sombra, pero ella seguía allí, aferrada a mi piel.

Respiré hondo, obligándome a volver al presente. No. No más. No le daría poder sobre mí. No aquí, no ahora. Me limpié las lágrimas con la manga y me puse de pie. Tenía tareas que cumplir en esta mansión; no podía permitir que el pasado me quebrara frente a Bruno, no frente a mí verdugo.

Cuando abrí la puerta, el pasillo estaba en calma. Enderecé la espalda y avancé hacia la cocina.

Cada paso era una orden a mí misma: cumple con tus obligaciones, sigue adelante, no mires atrás. Lo que ocurrió con él se quedaría sepultado, aunque mi corazón siguiera latiendo con un miedo que solo yo conocía.

Cuando llegué me encontré a Betty, la sirvienta de cabello rizado y sonrisa amplia. Levantó la vista y chasqueó la lengua.

—Vaya, la desaparecida —bromeó— Pensé que te habías escondido en tu cuarto para siempre.

Solté una risa tímida, agradecida por su tono despreocupado.

—Lo consideré —admití— pero el calor de la tarde no ayuda.

—Jaja vale... pero ya, ven —dijo Betty—, necesitamos manos para que esta mansión brille. Si trabajamos juntas, acabamos antes.

—Perfecto, pero antes tengo que comer algo porque de lo contrario te me voy a desmayar y no queremos eso, ¿cierto? —Pregunte en broma y la vi negar apresuradamente— jaja pues acompáñame a comer y luego ya veremos.

....

La tarde se nos fue entre cortinas sacudidas y mesas de caoba relucientes. Betty hablaba sin parar, encadenando historias como si el tiempo no existiera: desde la vez que un gato se coló en la bodega, hasta como un día Bruno regresó empapado de agua porque su auto se quedó varado en la carretera, sin señal, sin escolta. Esa anécdota fue algo que hubiera querido ver. Ver como el hombre que todos temen llegó de una manera tan común, pero para él tan inusual.

La risa de Betty era contagiosa. Yo me descubrí sonriendo, algo que no hacía desde que todo comenzó. Por momentos, la mansión dejó de ser una prisión y se sintió como un escenario donde dos amigas compartían secretos inofensivos.

Mientras limpiábamos un candelabro imposible de alcanzar, Betty improvisó una canción inventada en el acto, cambiando la letra con palabras absurdas. Terminamos cantando a dúo y riendo tan fuerte que un guardia se asomó, frunciendo el ceño antes de marcharse confundido.

—Ese es Marcos —me susurró Betty entre carcajadas— Cree que el mundo se acaba si escucha una carcajada en esta casa.

—Tal vez tiene miedo de que la risa sea contagiosa —respondí, y ambas volvimos a reír.

Al pasar la aspiradora en el pasillo principal, Betty me enseñó a hacer dibujos en la alfombra antes de que el cepillo los borrara. Corazones, estrellas, incluso un intento de gato que terminó pareciendo un pulpo. Cada pequeño juego alejaba el peso de la noche anterior.

Cuando terminamos, el sol comenzaba a caer. Sentí el cuerpo cansado pero el corazón un poco más ligero.

Betty me dio un codazo amistoso.

—No está tan mal, ¿verdad? Aunque este lugar parezca una cárcel a veces.

—Hoy no —contesté con una sonrisa sincera— Hoy no.

Mientras guardábamos los trapos y el aroma a madera limpia llenaba el aire, comprendí que, aunque mi vida seguía siendo una tormenta, este día con Betty había sido un pequeño refugio para mí.

—Bueno, vamos a cenar, ya me está picando el hambre Xenia— Puso cara triste y sonreí.

—Por supuesto que sí, vamos— La tomé del brazo y nos conduje a la cocina.

....

La noche había caído sobre la mansión y el silencio parecía envolver cada pasillo. Me había acostado temprano, pero el insomnio se instaló en mi habitación como una sombra que no podía espantar.

La ansiedad y la rutina me empujaban a moverme. No sabía exactamente por qué, pero sentí que necesitaba salir un poco, despejar la mente. Odiaba sentirme tan ansiosa y encerrada.

Como si fuera una respuesta a mis llamados de auxilio, escuché como abrían la puerta lentamente, ocasionando un suave chirrido.

Era Betty, con una linterna diminuta en la mano y una sonrisa traviesa.

—¿Aún despierta? —susurró.

—¿Qué haces aquí? —pregunté, intentando mantener la voz baja.

—Te voy a mostrar algo que casi nadie conoce. ¿Te animas?

Inmediatamente, mi mente martillaba diciendo que no, pero al final la curiosidad me venció. Me paré de la cama y me dispuse a seguirla.

—Espera, trae tu toalla de bañar—Me miró con una sonrisa y yo la miré raro.

¿Para qué mi toalla de bañar?

Fui por ella y ya luego nos fuimos. Betty avanzaba con pasos felinos, evitando hacer cualquier tipo de escándalo. La mansión, de noche, parecía otro mundo: los cuadros parecían observarnos, y las sombras bailaban en las paredes.

Llegamos a un pequeño armario en un pasillo lateral. Betty apartó un abrigo viejo y presionó un panel oculto. Con un clic apenas audible, un fragmento de la pared se abrió, revelando una escalera de piedra descendente.

—Me gusta usar este lugar para relajarme —explicó en un susurro.

Bajamos con cuidado, la linterna de Betty dibujando círculos de luz en la humedad del pasadizo. El aire olía a tierra y a algo antiguo, como si las paredes guardaran secretos de siglos. Después de un recorrido, un tenue resplandor azul comenzó a brillar al final del túnel.

Al salir, me encontré con una piscina interior, iluminada por luces bajo el agua que la hacían parecer un lago de cristal. El techo de vidrio mostraba el cielo nocturno lleno de estrellas. Me quedé sin aliento.

—Es… increíble —murmuré.

Betty sonrió orgullosa.

—Bienvenida a mi rincón favorito.

Sin pensarlo más, Betty y yo nos quitamos todo y nos metimos en el agua. La tibieza nos abrazó de inmediato y nos reímos como niñas, chapoteando y haciendo carreras improvisadas de un extremo al otro.

—¡Mira, estoy flotando! —grité mientras Betty me empujaba suavemente hacia atrás. Ella gritó de risa y me alcanzó, y por un momento, el mundo entero desapareció, dejando solo agua, estrellas y nuestra complicidad.

Después de un buen rato de juegos, risas y cuentos, salimos del agua y nos envolvimos en nuestras toallas. Ninguna de las dos quería que el momento terminara, pero el cansancio comenzó a imponerse.

Subimos por el túnel, aún riendo en susurros, y cerramos el panel secreto detrás de nosotras. Cada paso nos acercaba a la rutina de la mansión, pero también a un recuerdo que nos acompañaría en las noches más largas.

Cuando llegamos a nuestras habitaciones, nos despedimos con una sonrisa cómplice. Me dejé caer en el colchón, todavía con el sabor de la aventura en la piel. Aunque la mansión seguía siendo un lugar de tensiones y secretos, aquella noche había encontrado un pequeño refugio, un instante de libertad y diversión que nadie podía arrebatarme.

Betty se estaba convirtiendo en alguien especial para mí, en una amiga, y eso me helaba la sangre... En un lugar como este, bajo el control de Bruno Caruso, encariñarse no era un refugio… era una debilidad.

1
Judith Arvallo
prefiero no leerla tardes mucho para actualizar
Laura Puente
Hola !!
Esto está increíble !!
Laura Puente
changos ...este no se mide con nada /Whimper/
Laura Puente
cielos ... que orror 😭
Laura Puente
cómo hay personas que disfrutan viendo el sufrimiento de las personas 🤬
Anonymous
Siii es poco respeto para las lectora gracias!!
Gloria Claveria Romero
cada cuanto actualizA
Liseth paola Mosquera mejia
que sucede con la continuidad
Anonymous
Nunca pusieron la denuncia los familiares de su desaparición , demasiado para mi gusto
Maru
Ya antes había estado desnuda cuando la golpearon salvajemente con el látigo
Maru
Bien! Lo dice el movimiento #metoo el silencio 😶🤫 te hace cómplice y permite que esos hombres infames sigan cometiendo esas bajezas.
Maru
Horrible 😔 los sucesos de ella pero capté cierto descuido en lo que respecta a su seguridad: sin mal no recuerdo dijo supermodelo y no tiene guardaespaldas?:Los traumas que arrastra desde la niñez por su padrastro y ahora profesional e independiente no busca ayuda y protección? Sabiendo que ese hombre que no va a desistir
Maru
🤔💭De verdad que sí! Pasear por la playa bajo el cielo nocturno consciente de que no había nadie alrededor y a ella se le ocurre pasear
Maru
Saludos! 🙋🏼‍♂️Solo espero NO! incluyan la violación pretendiendo normalizarla y revestirla de romanticismo, que ese trauma tenga a juro tenga que ser el estandarte para que la protagonista avance.
Tania
Amiga basta ya me aburrió lo sumisa y tonta que es … ni hablar se queda muda todo el tiempo
Teresa Gámez
hay Dios que pasará la llevarán para casa de su familia o para la casa de Bruno? no te espera nada bueno Xenia 🤔🤔
Judith Arvallo: más capitulos por favor 🫢
total 2 replies
Teresa Gámez
a bruno lo veo mal ,se va a enamorar de Xenia y le va a dolor mucho por tana maldad que le hizo ☺️☺️
Elilu 🇲🇽
pobre Xenia mientras más leo más rabia me da su situación
Teresa Gámez
que pare el mafioso investiga tiene su gente que mueven todo porque no han inventado bien , para que agarre al padrastro de ella y le den hasta en la cédula 🤭🤭
Eli
hay no , tanto dinero el mafioso más poderoso y no investiga para que sepa la verdad
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