Sebastián, un huérfano de 16 años rechazado por su heterocromía, solo encontraba consuelo en las novelas BL… especialmente en el villano, a quien siempre admiró.
Tras morir de hambre en un orfanato, despierta en un mundo imposible:
ha reencarnado como el hijo del villano.
Ahora llamado Sirio, con recuerdos intactos y una mente adulta atrapada en un cuerpo de bebé, decide cambiar el destino después del final de la historia.
Su objetivo es claro: hacer feliz a su papá villano.
¿El candidato perfecto para ser su mamá?
El asistente omega serio, elegante y demasiado ignorado por el destino original.
Entre escenas tiernas, momentos ridículamente graciosos y un bebé que claramente sabe demasiado, comienza una comedia BL de reencarnación donde el más pequeño… es quien manda.
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Capítulo 4 — Vigilias que no estaban en la agenda
La noche en el castillo de Lucien era un territorio de silencio disciplinado.
No por paz, sino por hábito. Las antorchas se mantenían bajas, los pasos eran medidos, y los corredores parecían contener la respiración cada vez que el señor del castillo trabajaba hasta altas horas. Lucien estaba acostumbrado a esa quietud. Le permitía pensar sin distracciones, tomar decisiones sin interferencias, existir sin miradas innecesarias.
Aquella noche, sin embargo, el silencio se le hizo incómodo.
Cerró el último informe sin terminarlo. La tinta aún estaba húmeda cuando apoyó la pluma con un gesto impaciente. Miró el reloj de arena: había pasado más tiempo del que estaba dispuesto a admitir desde la última vez que había mirado hacia la pared que separaba su despacho de la habitación del heredero.
☁️ Papá mirando la pared otra vez. Esto ya es un patrón.
Ridículo, pensó.
No había razón para ir.
El niño dormía.
Noctis había informado que estaba tranquilo.
El castillo funcionaba.
Nada requería su presencia.
Y aun así, Lucien se levantó.
☁️ Decisión emocional no autorizada por el manual del villano frío.
El trayecto por el pasillo fue breve, pero le pareció más largo de lo habitual. Empujó la puerta con cuidado, como si temiera que el sonido fuera a romper algo frágil. La habitación del heredero estaba iluminada por una lámpara tenue. Las sombras se deslizaban por las paredes, suaves, inofensivas.
Sirio dormía.
Su respiración era regular, pequeña, como un ritmo nuevo al que el castillo aún no se acostumbraba. Lucien se detuvo junto a la cuna. Observó el rostro del bebé: la piel clara, los labios apenas entreabiertos, los párpados cerrados que ocultaban los dos colores distintos que tanto habían alterado a los supersticiosos.
☁️ Punto a favor del ambiente: aquí nadie me mira como un mal presagio.
No te temen aquí, pensó sin saber por qué esa idea lo cruzaba.
Aquí no te miran como una señal de desgracia.
El bebé se movió un poco. Un pequeño sonido escapó de su garganta, más cercano a un suspiro que a un llanto. Lucien se tensó de inmediato, como si hubiera sido sorprendido en una falta.
—¿…Sirio?
No hubo respuesta. El ceño del bebé se frunció apenas, como si el mundo fuera un lugar incómodo incluso en sueños. Lucien miró alrededor, buscando a alguien que no estaba allí. Nadie iba a venir. Noctis había terminado su ronda. Los sirvientes dormían.
Lucien no sabía qué hacer con un bebé inquieto.
Extendió la mano con torpeza y tocó la manta, meciéndola apenas. El movimiento fue inseguro, más parecido a empujar una hoja de papel que a acunar a un niño. Se detuvo, temiendo haber hecho algo mal.
☁️ Cálmate, papá. No exploto si me meces.
Sirio se calmó.
Lucien parpadeó, sorprendido.
Repitió el gesto, un poco más lento esta vez. El bebé respiró con más calma. La tensión en su pequeño cuerpo pareció disiparse.
¿Así…?
¿Es así de simple?
☁️ Sí. No es una estrategia militar. Es solo presencia.
Lucien se quedó.
No apoyó la espalda en la pared. No se sentó. Permaneció de pie, como si temiera ocupar demasiado espacio en la escena. La luz le recortaba el perfil duro, y por primera vez en mucho tiempo, su expresión no parecía hecha de piedra.
Los pasos suaves en el pasillo lo sacaron de su quietud.
Noctis se asomó por la puerta entreabierta, sorprendido al verlo allí.
—Mi lord… pensé que el heredero ya estaría dormido.
Lucien se enderezó de inmediato, recuperando su postura habitual.
—Lo estaba. Se movió un poco.
Noctis avanzó con cuidado.
—Puedo encargarme, si lo desea.
Lucien dudó un segundo.
☁️ Momento crítico: orgullo vs. quedarse.
Noctis no lo notó, pero Sirio sí. En ese breve instante de indecisión, el bebé decidió intervenir.
Abrió los ojos.
Verde y azul, brillando bajo la luz tenue.
Estiró un brazo, torpe, buscando algo que no sabía nombrar… hacia Noctis.
☁️ Llamado táctico al refuerzo emocional.
Lucien lo vio.
Noctis también.
El omega se quedó inmóvil por un instante. No era miedo. Era sorpresa, y algo más difícil de nombrar: una pequeña calidez que no coincidía con su costumbre de mantenerse al margen.
Se acercó.
Los dedos de Sirio se cerraron alrededor de los de Noctis con una fuerza que no parecía propia de un recién nacido. El contacto fue mínimo, pero el ambiente cambió.
☁️ Vínculo emocional: instalado.
Lucien apartó la mirada, incómodo con una sensación que no reconocía.
—Quédate un momento —dijo, como si se tratara de una orden práctica—. Si vuelve a inquietarse.
Noctis asintió.
Se quedaron los tres en silencio.
El castillo, afuera, seguía siendo el mismo: frío, ordenado, distante. Dentro de esa habitación, algo distinto se acomodaba lentamente, como si una pieza nueva hubiera encontrado su lugar en un mecanismo antiguo.
Sirio cerró los ojos, satisfecho.
☁️ Formación nocturna: completa.
☁️ Papá: presente.
☁️ Mamá candidata: presente.
☁️ Siguiente fase: normalizar la cercanía.
Lucien se permitió, por primera vez en años, no irse de inmediato.
Y el silencio del castillo, esa noche, ya no fue tan pesado.