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La Diosa Del Veneno: Madrastra Fatal.

La Diosa Del Veneno: Madrastra Fatal.

Status: En proceso
Genre:Romance / Mujer poderosa / Época
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Lewis Alexandro Delgado

La Diosa del Veneno : Madrastra Fatal.

Una asesina letal del siglo XXV, Expertas en venenos y curaciones, muere perseguida y despierta en la época antigua, en un mundo antiguo lleno de prejuicios y abusos. Decidida a sobrevivir, rehacerse y proteger a los cuatro hijos que la otra vida dejó a su cargo, rompe todas las reglas: castiga la crueldad con su propia medicina, se gana el respeto con hechos y construye su propio destino. Una historia de fuerza, justicia y transformación, donde la "mujer débil" se convierte en la ley que nadie se atreve a desafiar.



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Capitulo 12: RECUERDOS AMARGOS Y VERDADES OCULTAS

Desperté antes que todos. Oliver seguía profundamente dormido. Me puse de pie con suavidad y me fui a la cocina a preparar el desayuno para todos.

Isabella:

Qué extraño —pensé—. Yo que toda mi vida fui solo una máquina de matar, ahora me siento feliz de preparar comida para estos muchachos. En mi vida pasada nunca tuve calor de hogar, jamás supe lo que era tener una familia. Solo éramos armas del gobierno desde niña, y lo único que conocí fue el dolor.

Los recuerdos me golpearon con fuerza: Aún recuerdo cuando tenía nueve años… mi maestra sumergía mi cabeza en una cubeta de agua hasta casi ahogarme, diciendo que así agudizaría mis sentidos y sería más ágil con las agujas. Experimentaron conmigo todo tipo de venenos, provocándome dolores horribles. En ese lugar solo había niños huérfanos con un único propósito: convertirnos en armas. Crecimos sin afectos, sin emociones, sin saber amar. A los quince años ya era la más letal, incluso superé a mi maestra; mi talento era nato. Luego entré a la preparatoria más prestigiosa, pero nunca tuve libertad para hacer amigos ni vivir como una chica normal. Pero… ¿Por qué me preocupan estas cosas ahora? He salvado muchas vidas por deber, pero también he asesinado sin piedad. ¿Por qué terminé aquí? ¿Cuál es mi verdadero propósito en este mundo?

Los chicos me miraron con respeto y se sentaron a la mesa en silencio. Poco después Oliver también se unió a nosotros. Mientras comía, me observó: mi mirada estaba perdida en el cielo que se veía por la ventana, fría y lejana.

Esta mujer tiene el mismo semblante que yo tenía en el campo de batalla desde los siete años —pensaba él—. Yo también solo conocí el dolor. Mi madre era la consorte virtuosa, pero perdió el cariño de mi padre y terminó odiándome; decía que yo era una desgracia, y un día se suicidó delante de mis ojos. Tuve que enfrentar intrigas y traiciones solo en un palacio donde nadie me quería. En un incendio casi pierdo la vida, y fingí que mi rostro estaba desfigurado para sobrevivir. A los diez años me obligaron a ir al campo de batalla: mi padre deseaba que muriera allí, pero mi hermano mayor, el difunto príncipe heredero, me salvó. A los doce años me hizo tomar la identidad de Oliver para mantenerme con vida. A los quince ya era una máquina de guerra: fui sometido a un entrenamiento brutal, logré comandar el ejército de la frontera con cien mil soldados, y a los veinte años mi padre me nombró príncipe regente… pero luego me envenenó para tenerme controlado. Mi hermano mayor perdió la vida, así que huí con sus cuatro hijos. La emperatriz madre, que respaldaba al heredero, tuvo que fingir su enfermedad, y el segundo príncipe —el actual emperador— tomó el trono… aunque no puede tener el poder completo sin mi sello real. Esos recuerdos amargos invadían la mente de Oliver mientras nos miraba a todos.

Me acomodé en mi silla y le dije con calma:

—Oliver, aquí todos trabajan. Ayuda a Lucas a arar la tierra hoy. Yo iré más tarde a la clínica, pero primero voy a cultivar un huerto; compré semillas ayer.

—Isabella, tu comida es deliciosa —murmuró él, sorprendido—. Tenía años sin probar un platillo con tanto sabor.

—Me alegro de que te guste —respondí sin darle demasiada importancia.

Él no dejaba de mirarme con insistencia, recorriendo mi cuerpo con la vista.

—¿Qué miras? —lo corté de golpe—. ¿Acaso eres un pervertido?

—Claro que no —se defendió él—, pero soy un hombre, es normal que note las cosas. Además, en estos cinco años tu físico ha cambiado mucho: tienes el cuerpo de una guerrera.

—¿Acaso sospechas que no soy la verdadera Isabella? —lo miré fijamente—. Revisa bien mi cara, comprueba si llevo puesta una máscara.

—No quise decir eso —murmuró él, apartando la vista.

—Pues yo también podría decirte lo mismo —le respondí con astucia—. He descubierto que el verdadero Oliver era un niño cobarde, y que te obligaron a ir al ejército. Regresaste a los doce años totalmente cambiado… ¿Qué garantiza que tú no seas un impostor? Incluso doña Ana llegó a sospechar que habían cambiado a su propio hijo, aunque luego se resignó a la idea.

Esta mujer también sospecha de mí… es demasiado astuta, pensó Oliver con cautela.

—Esposa, no digas esas cosas —dijo con tono fingido—, no sospecho de ti para nada.

—¡Papá, mamá, por favor no discutan! —intervino Lucía con voz tierna—. Sea la verdadera Isabella o una impostora, nosotros queremos a esta mujer que nos cuida y nos da cariño.

Oliver asintió y salió de inmediato a cortar leña al patio.

Oliver:

Mientras tanto, en un rincón apartado, Sombra Uno apareció ante él:

—Mi señor, no hemos encontrado rastro de lo que pasó antes… pero sabemos que Isabella cayó por un acantilado, y desde entonces cambió por completo. También descubrimos que no es hija biológica de don Savier Estrella: la encontraron en la orilla del río cuando tenía dos años y la adoptaron por casualidad. Lo curioso es que la hija del general supremo tenía exactamente esa edad cuando desapareció sin dejar rastro.

—Ya me di cuenta de algo —respondió él—: el cabello de Isabella es de un rojo oscuro muy particular. Sigan vigilando a esa familia de cerca.

Al otro lado del patio, las vecinas observaban a Oliver mientras trabajaba:

—¡Qué hombre tan guapo!

—Es tan atlético y fornido…

—Alto, fuerte y con ese porte de noble…

De pronto, una de las vecinas, Marina Zamora, entró directamente al patio sin permiso: era una mujer muy hermosa y codiciada por todos, de cabello negro y ojos verdes brillantes.

—Hola, señor Oliver —le dijo con voz melosa—, ¿se acuerda de mí? Le traje un poco de caldo caliente.

—Disculpe, señorita —respondió él con frialdad—, pero soy un hombre casado. Mi esposa ya me preparó el desayuno.

—Señor, perdón que me entrometa —insistió ella, bajando la voz con malicia—, pero todo el pueblo sabe que su esposa fue perseguida por bandidos y volvió con la ropa toda rasgada…

—¡Basta! — él la interrumpio—. Si te atreves a insultar a mi esposa de nuevo, te mato.

—Vaya… así que según tú fui deshonrada —dije con voz serena pero gélida—. Pues que sepas que no dejé que nadie me tocara: preferí lanzarme por un acantilado antes que someterme. Pero mira tú… vienes a seducir al esposo de otra mujer. Eso solo lo hacen las rameras. Y además, no te di permiso para entrar en mi casa.

—¡Esta casa es propiedad del señor Oliver! —gritó ella, altiva.

—Te equivocas —la corregí—: esta casa es de los dos. Así que retírate ahora mismo.

La sujeté del cuello con firmeza, y en ese instante todo encajó en mi mente:

—Ahora lo recuerdo… tú y doña Ana fueron quienes me pidieron ir a ese lugar. No tuve que ir a buscarte, tú viniste a buscarme a mí.

—¿Qué vas a hacerme? —preguntó ella, asustada.

—Ojo por ojo y diente por diente —le respondí con una sonrisa fría. Y sin que se diera cuenta, le esparcí sobre la ropa un polvo muy potente: el polvo de la pasión, que empezaría a hacer efecto en unos minutos.

Marina regresó a su casa y al poco tiempo empezó a sentir un calor insoportable que la consumía. Como vivía con sus dos hermanastros, perdió el juicio por completo, les arrancó la ropa y se abalanzó sobre ellos. Yo, desde lejos, lancé una pequeña granada que hizo que su patio se incendiara de golpe. Al ver el fuego, todos los vecinos corrieron hasta allí… y se toparon con la escena horrorosa de Marina forcejeando con sus propios hermanastros.

—¡Dios mío, qué zorra! —gritaban unos.

—¡Es una asquerosa! —decían otros.

—¡Con sus propios hermanastros… qué vergüenza!

—Yo que pensaba que era una joven ejemplar… pero no es más que una ramera.

—¡Qué falta de decoro, en plena luz del día!

Oliver se quedó petrificado en el patio, mirando todo lo que pasaba: ¿Qué fue lo que hizo? Esa cosa que lanzó provocó ese incendio y ese caos… esta mujer es extremadamente peligrosa. Cada día me sorprende más. Es una diablilla traviesa y vengativa. Qué cosa tan extraña: quiero matarla, pero al mismo tiempo no puedo evitar admirarla. ¿Qué demonios me está pasando?, se preguntó confundido.

Yo observé todo el espectáculo con una sonrisa tranquila: Uno a uno irán cayendo. Esta noche iré por ese viejo… saldaré todas las deudas que me deben. Y hablando de deudas, ya es hora de ir a ver a esos que dicen ser mis padres biológicos. Llegó el momento de cobrarles tantos años de sufrimiento, y de investigar mi verdadero origen. Está claro que no soy su hija: si lo fuera, jamás habrían pensado en venderme a ese viejo verde. En los recuerdos de la verdadera Isabella, ellos nunca la quisieron, la maltrataban y la obligaban a hacer los trabajos pesados. Esos desgraciados deben pagar mil veces más de lo que nos hicieron sufrir.

En ese momento, una noticia recorrió todo el pueblo: uno de los sacerdotes del Templo Fénix anunció con voz solemne:

—¡Atención, pueblo de Garen! Ayer la Mujer Fénix apareció en el templo. Se trata de Eva, una joven nacida en esta misma aldea. ¡Mañana será presentada públicamente ante todos!

La gente empezó a murmurar entre sí:

—Así que Eva es la verdadera Mujer Fénix…

—Me temo que Isabella no está a su altura…

—Oliver debió haberse casado con ella desde el principio.

—¡Eva traerá la suerte y la gloria al imperio!

—¡Por fin llegó la salvadora que todos estábamos esperando!

Yo me quedé pensativa, sin darle demasiada importancia: ¿Acaso Eva es una reencarnada? No creo en esas tonterías de la Mujer Fénix. Seguro que todo esto es un invento del templo para ganarse el favor del pueblo y manipular a la gente.

 

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Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
inuyasha/ Tomoe🦊
aliado y trasmigrado
Aleida Delgado Santana: Puede ser.
total 1 replies
Elizabeth Yepez
esa emperatriz viuda ya es hora que pague
Elizabeth Yepez
lo tenía bien merecido
Elizabeth Yepez
y esos hijos son de quien entonces
Aleida Delgado Santana: Sobrinos de Oliver.
total 1 replies
Elizabeth Yepez
así es nada de sumisa
Elizabeth Yepez
también viene del futuro
Elizabeth Yepez
que busca la vieja inmunda
Aleida Delgado Santana: Solo busca, joder.
total 1 replies
Elizabeth Yepez
así,se habla esas escorias no merecen perdón
Elizabeth Yepez
vino a poner orden,carajo
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