Catalina es la primogénita de la familia Bloemen, un ducado de gran importancia en el imperio de Blodau, pero a pesar de eso su vida siempre estuvo lejos de ser la de una dama noble, por lo que desde que recuerda su mayor deseo es huir de su disque familia, algo que logra de la mano de un desconocido que llego a su puerta sin avisar y del que se enamoró perdidamente.
La pareja enamorada hizo su vida lejos de los lujos de la nobleza, felices simplemente con estar el uno al lado del otro, pero algo empañaba esa felicidad y eso eran las preguntas que existían alrededor de Jared, Jared no recuerda nada de su pasado, solo su nombre y descubrir quién es él y encontrar a sus padres es algo que desea hacer, pero Jared no es quien él cree que es, y su verdadera identidad sumergirá a la pareja en un mundo lleno de peligros del que creían que eran ajenos.
¿Podrán Catalina y Jared superar los obstáculos que los esperan y ser felices?
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Capítulo 12
Aeson salía de casa de uno de sus pacientes y lo primero que nota es el hambre que tiene, cuando esta con sus pacientes esos pequeños detalles suelan pasar desapercibidos para él, pero ahora que había terminado, el hambre había aparecido, llevaba despierto desde antes del amanecer y lo único que había consumido había sido un poco de pan, cortesía del primer paciente que visito el día de hoy, y si bien a lo largo del día le habían dado como pago algunos buenos ingredientes para cocinar, no había tenido la oportunidad de ir a su casa a preparar algo.
Afortunadamente no tendría pacientes por un rato, así que iría a su casa a prepararse algo.
Pero sus planes fueron interrumpidos cuando, al avanzar un poco, se topó con Oliver.
—¿Es usted el médico Aeson? —le pregunta Oliver al hombre peliazul frente a él.
—Así es, mi señor —le responde Aeson con una reverencia— ¿Hay algo que pueda hacer por usted? Estoy para servirle —le responde Aeson, feliz de haber sido interceptado por un noble.
A diferencia de sus clientes habituales, los nobles sí tenían la posibilidad de pagarle muy bien por sus servicios, dinero que hacía falta, y es que muchos de sus pacientes a largo plazo se estaban quedando sin medicina, y él ya no tenía la posibilidad de seguir proporcionárselas, pero si atendía a un noble, podía usar el dinero ganado para seguir proveyéndoles las medicinas a sus pacientes.
—Acompáñeme —le dice Oliver, a lo que Aeson asiente y lo sigue obedientemente por la calle, hasta un carruaje, en donde ambos se suben —Le advierto, si dice algo a alguien de lo que está a punto de ver o escuchar, lo pagará con su vida —le advierte Oliger.
—No se preocupe, mi señor, yo nunca divulgo dato alguno de mis pacientes —le responde Aeson, a lo que Oliver tan solo asiente.
Con forme se iban acercando al palacio, Aeson se sintió aún más intrigado por la persona que buscaba sus servicios, debido a que en su mayoría atendía plebeyos la nobleza no solía tomarlo en cuenta, ya que al atender personas de estatus inferior los nobles consideraban que su conocimiento era inferior al de aquellos médicos, lamentablemente la gran mayoría, que solo trabajaba para la nobleza y para aquellos comerciantes que pudieran pagar por sus servicios, un verdadera tontería pero tristemente así funcionaba la sociedad, así que si, era muy raro que un noble contratara los servicios de Aeson, así que el hecho de que se dirigieran al palacio imperial solo hacía aún más extraña la situación, y es que la familia imperial tenía su propio médico, por lo que no tenía sentido que lo llamaran a él.
Llegaron al palacio y Oliver guio a Aeson por el lugar hasta los aposentos de la emperatriz. La verdad, Aeson estaba muy intrigado por la persona que buscaba sus servicios, y si bien estuvo a punto de preguntarle a Oliver, decidió que lo mejor era callar y esperar; al fin de cuentas se enteraría tarde o temprano y esperar un poco más no lo iba a matar, sobre todo porque su escolta no parecía para nada contento con su presencia.
Aeson tenía varias teorías sobre quién era la persona que había solicitado sus servicios, pero ninguna se acercaba ni un poco a la realidad y, la verdad, se impresionó al ver quién era la persona que lo esperaba.
—Catalina, ¿qué haces aquí?, ¿qué está pasando? —le pregunta Aeson, quien sin dudarlo se dirige a Basil, quien aún está inconsciente, pero ya tiene mejor semblante.
—Papá recuperó sus recuerdos, o eso creemos, encontramos a mis abuelos y creo que eso provocó que se desmayara —le explica Ren a Aeson; el niño luce preocupado y con los ojos brillantes de lágrimas sin derramar, se nota que el pequeño intenta mantenerse fuerte, seguramente para no ser una carga para su madre y que esta se concentre en su padre.
—Muy buen resumen de los hechos —le dice Aeson a Ren mientras revuelve su cabello para intentar calmarlo un poco— Y bueno, ¿quiénes son los abuelos de mi precioso ahijado? —pregunta Aeson mientras revisa el estado de Basil.
—Somos nosotros —contesta Elm, quien acaba de ingresar junto a su esposa, ya que ambos habían salido un momento.
—Sus majestades —saluda Aeson con una reverencia, impresionado por lo que el emperador había dicho.
—Eso no es necesario, concéntrese en atender a mi hijo —dice Hana, a lo que Aeson asiente rápidamente y continúa con su revisión.
Jared era el hijo de los emperadores; eso era algo que de verdad él no se esperaba.
Aeson continuó examinando a Basil, algo que no le tomó mucho tiempo, ya que el hombre, en estándares generales, estaba en perfectas condiciones.
—Terminé —anuncia Aeson— y pueden estar tranquilos, está bien; lo que pasó es que colapsó debido al sobreestímulo al que estuvo expuesto el día de hoy. Este fue tanto que causó estragos físicos, pero son pasajeros y pasarán rápido.
—Entonces, ¿está bien? —le pregunta Catalina.
—Así es, la verdad, si llego a estar así es por su culpa; un colapso así no sucede de la nada, tuvo que haber habido señales, mareos, dolores de cabeza, síntomas que le indicaban que debía parar, pero el muy imbécil los ignoró, y ahora está como está —termina de hablar Aeson.
—¿Cómo se atreve a hablar así del príncipe heredero? —le reclama Oliver, molesto por cómo se expresó de Basil.
—Antes que ser príncipe, es mi amigo, y también mi paciente, uno al que le expliqué lo que debía hacer para evitar que esto pasara y que ignoró por completo mis recomendaciones —le responde Aeson
La verdad, el peliazul no había pensado mucho antes de hablar, y es que, para él, Jared o Basil, cual fuera que fuese su nombre, era su amigo, uno al que había tratado por años, y del que era muy cercano, así que le era imposible tratarlo formalmente de un día para otro; solo espera que los emperadores no lo castiguen por sus palabras.
Aeson mira disimuladamente a los emperadores, pero estos no parecen estar particularmente molestos porque llamó imbécil a su hijo, así que respira tranquilo y mejor centra su atención en Catalina.
—Sigue con lo que estabas haciendo; también dale esta medicina disuelta en agua; ayudará con los dolores de cabeza que seguro tendrá una vez se despierte. También eviten hacerle preguntas, ya que eso podría sobrecargar su mente de nuevo, causando otro colapso —termina de hablar Aeson mientras le da la medicina a Catalina.
—Gracias, Aeson, eres el mejor —le dice Catalina, mientras que de su mandil saca las últimas monedas que tiene para pagarle— Quisiera darte más, pero no traigo más conmigo, pero si aún no has comido, puedes ir al restaurante; dile a Lila que yo te invito.
—Gracias, eso es más que suficiente —le dice Aeson, quien se siente un poco decepcionado de no haber conseguido el dinero que necesitaba para conseguir la medicina para sus pacientes, pero haber ayudado a sus amigos sin duda es mucho mejor —Bueno, pequeño, ya me voy, espero verlos pronto, y cuando lo haga le traeré nuevas páginas a tu libro —le dice Aeson a Ren, a quien levanta en brazos.
—Gracias, tío, eres el mejor —dice Ren muy feliz y es que el niño está más tranquilo después de que Aeson revisara a su padre.
—Bueno, ya me voy, que tengo mucha hambre.
—Espere, antes de irse, Rosalina se hará cargo de entregarle su pago —dice Hana, quien junto a su esposo y sobrino había estado observando la interacción entre Catalina y Ren con el médico.
—No es necesario, su majestad, ya me han pagado —le dice Aeson.
—Claro que lo es, Rosalina, entrégale su pago al médico Aeson y después acompáñalo a la salida; dile a uno de los miembros de mi escolta que lo acompañe hasta su destino —insiste Hana, y cuando Aeson está a punto de hablar, es interrumpido por Elm.
—Usted no solo atendió a mi hijo hoy, usted también le salvó la vida hace 7 años; es lo mínimo que podemos hacer por usted.
—Gracias, sus majestades —les responde Aeson.
Sería muy tonto de su parte seguir negándose, sobre todo porque necesita el dinero, por lo que, tras hacer una reverencia, sale de la habitación en compañía de Rosalina.
—Yo siempre supe que Jared no era cualquier persona, pero nunca me imaginé que fuera el príncipe; la vida es tan caprichosa a veces —opina Aeson en voz alta, y a pesar de que no estaba hablando con ella, Rosalina le da la razón.