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El Año En Que Dejamos De Respirar

El Año En Que Dejamos De Respirar

Status: Terminada
Genre:Romance / Maldición / Romance paranormal / Completas
Popularitas:565
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

Valeria tiene un don maldito: cada vez que se enamora, la persona amada deja de respirar por unos segundos. Un año entero sin sentimientos es su única salvación. Pero entonces llega Nicolás, un chico con cicatrices en las manos y una enfermedad que lo tiene al borde de la muerte. Él no le teme a su maldición; al contrario, la busca. Porque él solo respira cuando ella lo besa. Juntos descubren que el amor no es veneno, sino el único remedio. Pero el año termina, y con él, la cuenta atrás para salvarle la vida.

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Capítulo 21: El libro escondido

Pasaron las semanas.

El tiempo, ese ladrón silencioso, siguió avanzando mientras yo intentaba aprender a vivir sin él. No fue fácil. Hubo días en los que apenas podía levantarme de la cama, días en los que el dolor era tan físico que creía que el corazón se me iba a parar. Pero también hubo días mejores. Días en los que podía sonreír sin que me doliera. Días en los que podía recordarlo sin llorar.

Mi madre fue mi ancla. Siempre estaba allí, con una taza de té caliente y una palabra de ánimo. Elena y Javier también me llamaban a menudo, y a veces quedábamos para tomar café y hablar de Nicolás. Hablar de él nos ayudaba a todos. Como si al nombrarlo, siguiera vivo de alguna manera.

Pero lo que realmente me ayudó a seguir adelante fue volver a la biblioteca.

Carlos, el bibliotecario, me recibió con los brazos abiertos y una sonrisa cálida.

—Valeria, menos mal —dijo, abrazándome. —Te hemos echado de menos.

—Yo también os he echado de menos.

—¿Estás lista para volver?

—No lo sé. —Sonreí con tristeza. —Pero tengo que intentarlo.

—Eso es todo lo que necesito oír.

Y así, volví a la rutina. Organizar estantes, llevar libros a las habitaciones, leer en voz alta a los niños del ala de oncología. Al principio, todo me recordaba a él. El pasillo de la sexta planta, la cafetería, la biblioteca. Pero poco a poco, empecé a ver esos lugares con otros ojos. Ya no eran sitios de dolor. Eran sitios donde habíamos sido felices.

Una tarde, mientras organizaba los libros recién devueltos, encontré algo que no esperaba.

Era un libro pequeño, de tapa azul desgastada, con el lomo roto y las páginas amarillentas. "Veinte poemas de amor y una canción desesperada", de Pablo Neruda. El mismo libro que le había leído en el hospital. El mismo que habíamos compartido en la biblioteca pública.

—Pensé que este libro estaba en la casa de Nicolás —murmuré, tomándolo con cuidado.

Lo abrí, y algo cayó de su interior. Una hoja de papel doblada, con una letra temblorosa que reconocí al instante.

"Valeria,

Sabía que algún día encontrarías esto. Dejé este libro en la biblioteca del hospital la semana antes de irme a casa. Quería que lo encontraras cuando estuvieras lista.

Quería que supieras que siempre estoy contigo. En cada palabra que leas. En cada poema que recites. En cada latido de tu corazón.

No dejes de leer, Valeria. No dejes de soñar. No dejes de amar.

Te quiero.

Siempre.

Nicolás"

Las lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas. Pero esta vez, no eran lágrimas de tristeza. Eran lágrimas de gratitud. De asombro. De amor.

—Eres un idiota —susurré, sonriendo entre lágrimas. —Un idiota maravilloso.

Me senté en una de las sillas de lectura y abrí el libro por la página donde había caído la nota. Era el poema número veinte, el último del libro. El que hablaba de despedidas y de amores eternos.

"Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como esta la tuve entre mis brazos,

la besé tantas veces bajo el cielo infinito."

Leí el poema entero, sintiendo cada palabra como si él las hubiera escrito para mí. Y al final, cuando llegué al último verso, supe que era verdad.

"Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.

Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.

Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.

Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido."

Cerré el libro y lo sostuve contra mi pecho.

—No voy a olvidarte, Nicolás —susurré. —Nunca. Porque el amor no se olvida. El amor se transforma.

Y entonces, con el libro en las manos y el corazón lleno de paz, me levanté y seguí con mi trabajo.

Porque la vida seguía.

Y yo tenía que seguir con ella.

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