Adrien Laurent, 19 años, pensó que ser Beta era una bendición.
En una familia de Alfas, ser Beta significaba ser invisible. Y ser invisible era la única forma de sobrevivir a su madrastra y a su hermanastra después de la muerte de su padre. Cansado de ser tratado como empleado en su propia casa, huye a Montreal con una maleta y renta un estudio helado.
Para pagar la universidad y el depa, toma el turno de noche en el Dépanneur Lumière, una tienda de conveniencia 24/7.
A las 23:47 siempre entra él: Julien Moreau, 42 años, Alfa entero, alto, guapo, de abrigo negro, que solo compra whisky barato y cigarros. Hasta que Adrien empieza a sentirse mal. Fiebre, dolor, un aroma dulce que no debería tener un Beta.
No es un Beta. Es un Omega de presentación tardía, y su primer celo está a punto de llegar. Y el Alfa de la tienda ya lo olió primero.
NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 13: Vivir a dos
La primera semana en el Plateau dormí en el suelo de la pieza chica.
Julien no me dijo nada. Me dejó una colchoneta nueva gruesa y la frazada gris y la bufanda. No me obligó a usar la cama. Me dijo, tu dors où tu veux. Duermes donde quieras.
Yo quería la cama pero me daba vergüenza. Sentía que si me acostaba en una cama de verdad con sábanas limpias iba a ensuciarla con mi olor dulce raro de Omega.
Seguía yendo al Lumière de noche, de once a siete. Julien me llevaba en su camioneta grande negra cuando podía, pero la mayoría de las veces iba en metro porque no quería que Ginette pensara que me había vuelto mantenido.
Ginette me miró raro el primer día que volví. Me olió por encima del mostrador y me dijo, tu sens plus fort et plus calme. Hueles más fuerte y más calmo.
Le dije que sí, que me había mudado al Plateau con Julien.
Me dijo, fais attention, petit, les Alfa riches sont compliqués. Ten cuidado, chico, los Alfa ricos son complicados.
Le dije que Julien no era complicado, que me preguntaba todo antes de tocarme.
Me dijo, c'est ça que je veux entendre. Eso es lo que quiero escuchar.
A las tres de la mañana Julien aparecía a veces en el Lumière a las 23:47 como antes, pero ya no compraba whisky chico. Compraba dos cafés y se sentaba en el suelo de la bodeguita conmigo cuando no había clientes y me hacía compañía.
Me decía, t'as froid? Tienes frío? Y yo le decía que no, que en su depa no tenía frío nunca.
En el depa aprendí cosas que no sabía.
Aprendí que la calefacción no tose. Que hace un ruido bajito y que mantiene la pieza en 22 grados toda la noche. Que uno puede dormir sin parka y sin tres polerones.
Aprendí que la ducha puede tener agua caliente por más de dos minutos. Que uno se puede quedar veinte minutos y nadie te golpea la puerta.
Aprendí que el refri puede estar lleno. Julien lo llenaba los domingos. Compraba pollo, zanahorias, pan de verdad, queso, manzanas. Yo nunca había visto un refri lleno que fuera mío.
Al principio no comía mucho porque me daba vergüenza. Sacaba una manzana y la cortaba en cuatro y comía un pedacito.
Un día Julien me vio y me dijo, mange, petit. Tu as maigri. Come, chico. Adelgazaste.
Me dijo que en su familia los Omega comían primero cuando había poco, no al final.
Me empezó a dejar un plato tapado en el refri con mi nombre escrito en un papel: ADRIEN. Con sopa o con arroz con pollo.
Al principio me daba vergüenza comerlo. Después me lo comía todo.
Aprendí que alguien puede esperarte despierto.
Yo llegaba a las siete y media de la mañana del turno de noche, con los ojos rojos y con olor a café quemado del Lumière. Julien ya estaba despierto, con su café negro y con su compu prendida porque trabaja temprano.
Me decía, bonne nuit, petit? Buena noche, chico? Y me preguntaba cómo me había ido.
Yo le contaba que había vendido muchos Lucky rojo y que un curado me había contado su vida.
Él me escuchaba de verdad, no como si estuviera aburrido.
Después me iba a mi pieza chica y me dormía hasta las tres de la tarde, tapado con la frazada gris. Julien no hacía ruido. Ponía música bajita en audífonos para no despertarme.
A las tres me despertaba y él ya había hecho almuerzo. Me dejaba un plato en la mesa grande.
Un día le dije, no tienes que hacerme almuerzo, yo puedo hacerme.
Me dijo, je sais que tu peux. Mais j'aime te faire à manger. Sé que puedes. Pero me gusta hacerte de comer.
No supe qué decir. Nadie me había dicho nunca que le gustaba hacerme de comer.
Esa noche, después del turno, llegué y lo encontré dormido en el sillón grande gris, con la tele prendida en un partido que no estaba viendo. Tenía la boca un poco abierta y roncaba bajito.
Me senté al lado de él en el sillón y lo miré. Era grande, con barba de dos días, con arrugas en los ojos cuando se reía. Tenía 42 y yo 19 y no me importaba.
Le toqué la mano despacito para no despertarlo.
Se despertó al tiro igual. Me miró y me dijo, t'es là. Estás aquí.
Le dije que sí.
Me dijo, reste ici. Quédate aquí.
Me acosté al lado de él en el sillón grande gris que era muy grande para los dos pero que nos quedaba bien. Me abrazó y olía a madera mojada y a jabón limpio.
Me dijo, tu veux dormir dans le grand lit ce soir? Quieres dormir en la cama grande esta noche? Il fait froid dans la petite pièce pour un Omega. Hace frío en la pieza chica para un Omega.
Le dije que en la pieza chica no hacía frío, que hacía 22 grados.
Me dijo, oui, mais le grand lit est plus chaud avec deux. Sí, pero la cama grande es más caliente con dos.
Le dije que sí, que esta noche quería dormir en la cama grande con él, pero solo dormir.
Me dijo, seulement dormir. Solo dormir. Je demande toujours. Siempre pregunto.
Esa noche dormí en la cama grande por primera vez. No en el suelo de la pieza chica, en la cama grande con sábanas limpias que olían a él.
Dormí sin parka, con una polera suya gigante nomás, abrazado a su brazo grande y caliente.
Y por primera vez desde que mi papá se murió, no soñé con frío.