Premisa: Él es un hombre de negocios muy exitoso pero solitario, que necesita una pareja para cumplir con las expectativas familiares y cerrar un trato importante. Le propone a ella, una chica creativa y libre, fingir que sean esposos por un año a cambio de resolverle todos sus problemas económicos.
El problema: Las reglas eran claras: "prohibido enamorarse". Pero cuanto más fingen, más real se siente.
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Capítulo 12: Una noche que no era para cualquiera
Eran como las 6 de la tarde cuando Benjamín entró a la habitación. Yo estaba sentada, todavía pensando en todo lo que había pasado en la mañana en la empresa.
—Alístese —dijo directo.
Lo miré.
—¿Para qué?
—Vamos a una fiesta elegante.
Sentí un pequeño nervio.
—¿Fiesta? ¿De qué se trata?
Él se acomodó la camisa.
—Es un evento de negocios. Gente importante, socios, inversionistas… tiene que acompañarme.
Tragué saliva.
—O sea… no es cualquier fiesta.
—No —respondió—. es importante.
Respiré profundo.
—Bueno… ¿y qué me pongo?
Él señaló hacia la cama.
—Ya está listo.
Volteé… y ahí estaba el vestido.
Me acerqué despacio.
Era largo… de un color rosado satinado, de esos que brillan suave con la luz, elegante sin ser exagerado. La tela caía de una manera perfecta, como si se acomodara sola al cuerpo.
—Está… hermoso —murmuré.
La parte de arriba era ajustada, tipo corset, marcando la cintura con precisión. Tenía una estructura que hacía ver la figura más estilizada, más firme. El escote era delicado, con una caída suave que no era vulgar, pero sí llamativa.
—Pruébeselo —dijo Benjamín.
Lo miré un segundo.
—¿Aquí?
—Sí.
Tomé el vestido y fui al baño.
Me lo puse con cuidado… la tela era suave, casi como seda. Se pegaba al cuerpo de una forma perfecta, resaltando cada curva pero sin verse exagerado.
Cuando salí…
Benjamín me miró en silencio unos segundos.
La falda del vestido era larga, pegada al cuerpo hasta las piernas, y tenía una abertura alta en un lado, dejando ver parte de la pierna al caminar. Eso le daba un toque elegante pero atrevido.
—¿Qué tal? —pregunté nerviosa.
Él no respondió de una.
—Se ve… bien.
Sonreí leve.
—¿Bien? ¿Solo bien?
—Muy bien —corrigió.
Solté una pequeña risa.
—Ah, bueno.
Me miré en el espejo.
No parecía yo.
El vestido hacía que todo se viera diferente… más elegante, más mujer.
—Faltan los tacones —dijo él.
Había unos tacones finos, altos, combinando perfecto con el vestido. Me los puse con cuidado.
—Camine —dijo.
Di unos pasos.
La abertura del vestido dejaba ver la pierna con cada movimiento.
—Despacio —añadió—. seguridad.
—Sí… estoy aprendiendo —respondí.
Luego me arreglé el cabello y un maquillaje suave, pero más elegante que el de la mañana.
Cuando terminé…
—Lista —dije.
Benjamín asintió.
—Vámonos.
Salimos y subimos al carro.
—Oiga… —le dije—. ¿esa gente cómo es?
—Exigente —respondió—. gente que observa todo.
—Uy no…
Él me miró.
—Tranquila. Solo sea usted… pero con clase.
—Bueno… voy a intentar no embarrarla.
Él soltó una leve risa.
—Eso espero.
El camino fue rápido.
Cuando llegamos… me quedé sin palabras.
Era un hotel de lujo.
Las luces, la entrada, los carros… todo se veía impresionante.
—¿Aquí es? —pregunté.
—Sí.
Bajamos del carro.
La entrada estaba llena de gente elegante, vestidos largos, trajes finos… todo el mundo parecía importante.
Sentí un poquito de inseguridad.
—Respire —dijo Benjamín—. y camine.
Asentí.
Entramos.
El lugar por dentro era aún más increíble. Luces cálidas, música suave, mesas elegantes… todo perfectamente organizado.
—Buenas noches, señor Villanueva —saludaron.
—Buenas noches —respondió él.
Yo caminaba a su lado, tratando de mantener la postura.
—Ella es mi esposa —dijo en un momento.
Sentí todas las miradas.
—Mucho gusto… —dije, sonriendo.
—Encantados —respondieron.
Me acerqué un poco a Benjamín.
—Estoy nerviosa…
—No se nota —respondió.
Respiré profundo.
Porque entendí algo en ese momento.
Esto no era solo una fiesta.
Era otro nivel.
Otro mundo.
Y yo…
Ya estaba dentro de él.