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EL CACHORRO DEL ALFA

EL CACHORRO DEL ALFA

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Demonios / Brujas / Embarazo no planeado / Hombre lobo / Embarazada fugitiva / Completas
Popularitas:1.2M
Nilai: 4.9
nombre de autor: Adriánex Avila

Dayana, una loba nómada, se ve involucrada con un Alfa peligroso. Sin embargo un pequeño bribón hace temblar a la manadas del mundo. Daya desconcertada quiere huir, pero termina en... situaciones interesantes...

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap. 6 Para en el próximo pueblo

El silencio dentro del vehículo era tan denso y pesado que parecía un ser vivo más, ahogando hasta el último sonido, excepto los desgarradores sollozos de Óscar. El pequeño, con el rostro enrojecido y bañado en lágrimas, miraba a su madre con unos ojos desorbitados por el miedo y la confusión, extendiendo sus manitas hacia ella en un gesto que le partía el alma a Dayana. Cada grito era un cuchillo clavado en su corazón.

No podía soportarlo más. El instinto maternal, más fuerte que cualquier temor a la furia del Alfa, la impulsó a romper la tensión.

—Lycas —su voz surgió como un susurro ronco, cargado de una urgencia desesperada.

—Por favor, pásame al niño. Está llorando, se está asfixiando. Solo… solo lo voy a calmar. No puedo escapar. ¿A dónde iría? —rogó, suplicante, manteniendo la mirada baja en un acto de sumisión calculada, aunque cada fibra de su ser gritara por desafiarle.

Observó cómo el pequeño cuerpo de Óscar se sacudía con espasmos, jadeando por recuperar el aliento entre llanto y llanto. El sonido era débil, alarmante. Eso, finalmente, pareció perforar incluso la fría armadura de ira de Lycas. Con el ceño fruncido en un gesto que era pura irritación resignada, miró al niño que se ahogaba en su propio llanto y luego lanzó a Dayana una mirada que podría haber helado la lava.

A regañadientes, con movimientos bruscos que delataban su disgusto por ceder, le extendió el pequeño bulto que sollozaba.

—Toma —gruñó, su voz, un rumor grave y peligroso.

Dayana lo recibió con una rapidez temeraria, apretando contra su pecho el cuerpo cálido y tembloroso de su hijo. Lo meció suavemente, susurrando palabras tranquilizadoras contra su finísimo cabello, sintiendo cómo los pequeños puños se aferraban a su blusa con fuerza desesperada.

Pero la tregua duró poco. La mano de Lycas, grande y con prominentes venas, se cerró como una tenaza alrededor de su muñeca. La presión no era suficiente para doler, pero sí para inmovilizarla. Era una advertencia física, tangible.

Dayana alzó la vista y se encontró con sus ojos. El gris de una tormenta inminente, cargados de una promesa de violencia contenida.

—Ni se te ocurra hacer nada estúpido, Omega —masculló su nombre como un insulto, una palabra baja y cargada de desprecio y posesión

—Recuerda que todavía tienes muchas cuentas que pagar. Y este —su mirada bajó hacia el niño que ahora se calmaba en sus brazos

—Es solo el recordatorio de tu error. No mi hijo. No tu libertad. Eres mía. Y el precio de tu desobediencia será más alto de lo que puedes imaginar.

La amenaza flotó en el aire enrarecido del auto, tan palpable como el olor a cuero y a poder alfa. Dayana apretó a Óscar con más fuerza, comprendiendo que su cautiverio no había hecho más que empezar, y que el hombre frente a ella era tan peligroso como el lobo que llevaba dentro.

El rugido constante del motor y el suave balanceo del vehículo actuaron como una extraña nana. Poco a poco, los desgarradores sollozos de Óscar se convirtieron en hipos, luego en suspiros entrecortados, hasta que finalmente, agotado por el miedo y la fatiga, se hundió en un sueño profundo y reparador, aferrado aún al cuello de su madre. Dayana, con los nervios destrozados y el cuerpo pesado como el plomo, también se dejó vencer por el agotamiento, dormitando entre movimiento y movimiento, pero siempre con un brazo firmemente enrollado alrededor de su hijo, incluso en el sueño.

Lycas, sentado frente a ellos en la lujosa butaca opuesta, no había desviado la mirada. Observaba la escena con una intensidad que casi quemaba. La furia glacial aún se aferraba a sus facciones, pero ahora se veía perturbada por algo más... incómodo. La quietud del niño le permitió ver lo que su rabia había opacado: la palidez del rostro de Dayana, las profundas ojeras bajo sus ojos, el modo instintivo en que incluso dormida buscaba proteger al pequeño.

Y luego estaba el niño. Su hijo.

Vio la manera en que sus pequeños puños aún estaban apretados, como si esperara otra pelea. Observó la suciedad seca de las lágrimas en sus mejillas. Escuchó su respiración, ya tranquila, pero aun con un leve y patético temblor ocasional.

Un gruñido bajo, casi inaudible, surgió de su pecho. No era de ira, sino de frustración. Su lobo, el depredador implacable, se agitaba inquieto dentro de él. Este no era el botín de una cacería gloriosa. Esto... esto se sentía incorrecto. El instinto de protección de su lobo, dirigido ferozmente hacia el cachorro, chocaba violentamente con su deseo de castigar a Dayana. El niño no tenía la culpa. Era de su sangre, de su linaje. Merecía comodidad, seguridad, respeto. No este secuestro indigno, esta fuga cansada.

Estaba maltratando a su propio heredero. La idea le cayó como un balde de agua helada. No con golpes, sino con negligencia, con la crudeza de sus acciones. Y por primera vez en años, Lycas, el Alfa todopoderoso, sintió el aguijón de la injusticia.

Alzó la vista y sus ojos se encontraron con los de uno de sus betas a través del espejo retrovisor. Su expresión era impenetrable, pero su orden fue clara y contundente, rompiendo el silencio opresivo.

—Para en el próximo pueblo. Consigue un hotel. Algo discreto, pero adecuado. —Su voz era grave, pero había perdido el filo de la amenaza. Ahora era la orden práctica de un líder.

El beta asintió en silencio, desviando inmediatamente su atención para cumplir la instrucción.

Lycas volvió su mirada hacia Dayana y el niño dormido. Su mandíbula se tensó. No era una capitulación. No la perdonaría tan fácilmente. Las "cuentas por pagar" seguían ahí, pendientes. Pero otra cosa, más primitiva y poderosa que su orgullo herido, se estaba imponiendo: la obligación de cuidar de lo que era suyo.

—Dayana —dijo, su voz más baja, pero aún cargada de autoridad.

Ella se despertó sobresaltada, sus ojos se abrieron de par en par, buscando inmediatamente a Óscar en sus brazos, asegurándose de que estuviera a salvo.

—El niño necesita descansar de verdad. Y comer. —Declaró, como si fuera, una conclusión a la que hubiera llegado por sí solo, sin la evidente angustia que lo había impulsado

—Nos detendremos a pasar la noche.

Dayana solo lo miró, demasiado exhausta para responder, demasiado aliviada por la noticia como para cuestionar el cambio. Apretó a su hijo con más fuerza, sintiendo una pequeña, ínfima chispa de esperanza. Tal vez, solo tal vez, el lobo que tenía frente a ella no era completamente insensible. Tal vez, a través del niño, podría encontrar una grieta en su armadura de hielo y furia.

Era un rayo de luz tenue en la oscuridad de su cautiverio, pero por ahora, era suficiente.

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Maria Gudiño
una novela maravillosa, felicitaciones para la escritora 👍👏💯
Imelda Rejon
hermoso capítulo. el alfa Lucien. su pareja destinada de segunda oportunidad y por supuesto el papá de Dayana que se va con ellos para estar al lado de su hija y nietos
Imelda Rejon
al fin se hizo justicia y se acabó el peligro que representan y merecido el ascenso de Lycas cmo rey alfa
Imelda Rejon
me parece una historia muy buena, m gusta mucho, gracias autora
me encantó esta historia, nos tuvo, al menos a mí, por momentos con el Jesús en la boca de la emoción. gracias autora por historia maravillosa. Felicidades y bendiciones 💐💐
Imelda Rejon
ah que Oscar. acusando a s madre de desobediente jajaja y si que sn s un cachorro!!!!
Imelda Rejon
al fin Cronos se está vengando de los que le hicieron tanto daño
Imelda Rejon
ésa manada sangrienta va desaparecer como lo sentenció la reina y Lycas va a tomar venganza por sus seres queridos y de su gente que pereció en el ataque traicionero
Imelda Rejon
el papá de Lycas será que su mate de segunda oportunidad sea beta de la reina ?, y será que puedan curar al alfa luciano?
Imelda Rejon
hermoso capítulo de confesiones u reencuentros y ternurita, Óscar cuidando a su abuelo
Imelda Rejon
que bueno que Dayana ua reaccionó. aunque está delicada y los cachorros también van a salir de esta rodeada del amor de su padre que al fin la encontró y de su familia paterna y el pequeño Oscar al fin vió a su mamá
Imelda Rejon
un capítulo muy triste la despedida de la luna madre. el dolor de la nana , de Lycas u toda la manada
Imelda Rejon
que poca......, la de las hermanas de Lycas, matar a su madre y a tantos
lobos, todoor su envidia , odio y racismos, pero que bueno que llegó la familia de ella para rescatarlas
Imelda Rejon
que bueno que apareció la familia de Dayana, ellos la van a salvar, creo que fue con el ella se topó en el baño el día de la reunión
Imelda Rejon
Artemisa y las hermanas malvadas , a ver si no secuestran a Óscar
Imelda Rejon
mira que dejar tirado la reunión y salir corriendor su luna,!!!! la ama de verdad u Oscar va a tener hermanitos
Imelda Rejon
pobres tontas no saben que lo único que conseguirán será el hermano cilio o la muerte
Imelda Rejon
Lycas se está aprovechando del celo de Dayana y la está haciendo suya nuevamente, a ver si no viene n hermanito o hermanita a Óscar☺️☺️☺️
Imelda Rejon
he ahí la clave del misterio del nacimiento de Dayana, perro quién será su padre?
Imelda Rejon
supongo que como Dayana es na loba especial y poderosa, así como la sangre alfa de Lycas también será poderoso y especial y que bueno que desde bebé defiende a su madre
Imelda Rejon
la loba tomó el control supongo, por eso fue a preguntar
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