"De Colmillos a Cachetes:El olvido es un lugar curiosamente frío. No hay fuego eterno, ni torturas épicas con látigos de sombras; solo hay una nada grisácea que te va borrando los recuerdos como si fueras un dibujo mal hecho en una pizarra.
Yo, Sofía von Bloodrose, la "Dama de las Sombras de Astris", la vampira que hizo llorar a emperadores y que usó el corazón de más de un caballero como juguete para gatos, no iba a permitir que me borraran. No así.
NovelToon tiene autorización de Ariane Blackrose para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capítulo 12
El despacho real de Ondaria Magna parecía haber sido víctima de una explosión en una papelería de lujo. Por todas partes había sobres con sellos de lacre dorado, cintas de seda perfumadas y, lo peor de todo, retratos. Retratos de princesas, duquesas y herederas de todos los rincones del continente, cada una compitiendo por ser la elegida para ocupar el trono vacío al lado del "Rey de Hielo".
Elías estaba sentado tras su escritorio, sepultado bajo una montaña de correspondencia que olía a una mezcla asfixiante de lavanda, rosas y ambición. Sofía, por su parte, caminaba sobre la mesa con la agitación de un general que ve a las tropas enemigas rodear su fortaleza.
—*¡Squeak! ¡Squeak-squeak!* (¡¿Pero qué es esta ordinariez?! ¡Mira esta nariz! ¡Y estos ojos! ¡Parece que la han pintado con un carboncillo mojado en desesperación!) —chillaba Sofía, pateando una carta que venía del Reino de los Valles.
El Capitán Pico Dorado sobrevolaba la habitación, atrapando los sobres que Elías lanzaba al aire con fastidio.
—**"¡Pasarela de modelos! ¡La Princesa Brunilda tiene bigote! ¡Polly quiere un espejo para no ver tanto horror!"** —gritaba el ave, soltando una carcajada estridente antes de aterrizar sobre un busto de mármol.
Elías suspiró y tomó uno de los retratos más elaborados. Era la Princesa Seraphina de las Tierras Altas. La pintura la mostraba con un vestido azul que resaltaba sus ojos claros y una expresión de dulzura que, para Sofía, era claramente una fachada para ocultar a una psicópata.
—Esta no parece estar mal —murmuró Elías, acercando el retrato a su rostro—. Los informes dicen que es experta en leyes comerciales. Sería una socia útil.
Sofía sintió un pinchazo de fuego en su pequeño pecho. ¿Socia? ¿Útil? ¡Ella era la única socia útil en este palacio!
Sin pensarlo, la hámster saltó sobre el retrato que Elías sostenía. Usando sus pequeñas pero eficaces uñas, empezó a rasgar el lienzo justo sobre los ojos de la princesa, mientras emitía sonidos de guerra que habrían asustado a un lobo.
—¡Pelusa! ¡¿Pero qué haces?! —exclamó Elías, tratando de apartarla—. ¡Es una comunicación oficial!
—*¡SQUEAK!* (¡Es una amenaza a la salud pública, eso es lo que es!)
Sofía se aferró al marco con una fuerza sobrenatural. No iba a permitir que ninguna "experta en leyes" se sentara en la silla que ella ya consideraba su territorio. En su mente, ella todavía era la Dama de las Sombras, y nadie, absolutamente nadie, le robaba el protagonismo a una Von Bloodrose, aunque ahora midiera diez centímetros.
—**"¡Cartas perfumadas! ¡Aromaterapia para el Duque!"** —chilló el Capitán, picoteando un sobre rosa que despedía un olor a jazmín tan potente que Sofía empezó a estornudar sin control.
—*¡Achís! ¡Achís!* (¡Veneno! ¡Es un ataque químico!)
Elías tiró la carta del jazmín por la ventana.
—Tienes razón, Pelusa. Ese olor es ofensivo para la inteligencia.
Se inclinó hacia adelante y, por un breve segundo, su mano rodeó a Sofía. Ella se congeló, esperando la caricia. Elías usó su pulgar para limpiarle un poco de pintura del retrato rasgado que se le había quedado pegada en la frente. Fue un contacto suave, casi protector. Sofía cerró los ojos, sintiendo que ganaba la batalla contra las princesas de papel.
"Sí, mírame solo a mí...", pensó con un suspiro.
Pero entonces, Elías retiró la mano y la usó para abrir un catálogo de "Joyas para la Futura Reina" que venía adjunto en otra carta.
—Si vamos a elegir a una, tendré que empezar a presupuestar la dote —dijo él, volviendo a su tono de negocios frío y distante—. Quizás la Princesa de los Mares del Sur. Su dote en perlas pagaría la mitad de nuestra flota.
Sofía se dio la vuelta y le dio la espalda, sentándose sobre un sello de lacre rojo. Estaba en huelga de afecto.
En el Reino de los Cielos, el estanque de visión estaba en llamas de pura diversión. Los Dioses estaban haciendo apuestas sobre cuál sería la primera princesa en ser "saboteada" físicamente.
—¡Mírenla! ¡Está verde de celos! —reía la Diosa de la Belleza—. ¡Es la reencarnación de la envidia en formato de peluche!
—Pero fíjense en esto —intervino la Diosa de la Bondad, señalando el marcador—. Ha acumulado puntos hoy.
* **+2 puntos:** Por destruir el retrato de la Princesa Seraphina (quien, efectivamente, planeaba envenenar a Elías para quedarse con el trono, así que técnicamente fue una obra de protección).
* **+3 puntos:** Por tirar la carta del jazmín (que contenía un polvo alucinógeno oculto en el perfume).
—**Total acumulado: 33/100 obras de bondad.**
—Sigue siendo una villana, solo que sus instintos de posesión coinciden con la seguridad del Rey —gruñó el Dios de la Guerra.
El caos en el despacho fue interrumpido por la entrada triunfal de Isabella. No venía sola. Traía consigo a una joven pálida, con un vestido tan pomposo que apenas cabía por la puerta.
—Elías, querido —dijo Isabella con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Sé que tienes un año, pero la Princesa Eloise de la Marca Oriental acaba de llegar de visita "informal". Me he tomado la libertad de invitarla a tomar el té contigo. Ahora.
La Princesa Eloise miró la habitación y, al ver a Sofía sobre la mesa, soltó un grito que casi rompe las vidrieras.
—¡UN RATÓN! ¡AYUDA! ¡HAY UNA PLAGA EN EL DESPACHO REAL! —chilló la princesa, escondiéndose detrás de Isabella.
Elías se puso de pie, visiblemente irritado.
—No es una plaga. Es mi mascota. Y si no puede tolerar a un hámster, dudo que pueda tolerar las tensiones de este reino.
Sofía, sintiendo el apoyo de Elías, decidió que era el momento de actuar. Miró al Capitán Pico Dorado, quien estaba colgado de la lámpara.
—*¡Squeak!* (Capitán, formación de ataque "Ventilador".)
—**"¡Entendido, Comandante Pelusa! ¡Despeje de pista!"**
El pájaro empezó a batir las alas con una fuerza descomunal sobre el escritorio, haciendo que todos los retratos, cartas perfumadas y catálogos de joyas salieran volando hacia la cara de Isabella y la Princesa Eloise. Fue una tormenta de papel y fragancias en conflicto.
En medio del desorden, Sofía corrió por la mesa y saltó directamente hacia el peinado de la Princesa Eloise, que era una estructura compleja de rizos y flores.
—¡ESTÁ EN MI CABEZA! ¡SAQUEN A LA BESTIA DE MI CABEZA! —gritaba Eloise, girando como un trompo mientras Sofía se aseguraba de enredar bien sus patitas en el cabello postre de la noble.
Isabella intentaba atrapar a Sofía, pero el Capitán Pico Dorado descendía en picada sobre ella, gritando: **"¡Falda sucia! ¡Isabella usa peluca! ¡Fuego! ¡Fuego!"**.
Elías se quedó observando la escena con los brazos cruzados. No movió un dedo para ayudar. De hecho, se tuvo que cubrir la boca con la mano para ocultar lo que parecía ser una risa contenida.
—Parece que mi mascota no aprueba esta visita informal —dijo Elías con una calma glacial—. Guardias, escolten a la Princesa a sus aposentos. Necesita un tónico... y quizás un peluquero nuevo.
Cuando la habitación quedó finalmente vacía y en silencio, Sofía se bajó del escritorio y se sacudió el polvo de los bigotes. Se sentía satisfecha. Una candidata menos.
Elías caminó hacia ella. La habitación estaba desastrosa, llena de papeles por el suelo. Se sentó en su silla y suspiró profundamente.
—Eres un problema, Pelusa —dijo él, pero su voz no era dura.
Extendió su mano y la levantó. Sofía se preparó para el regaño, pero Elías la acercó a su pecho y la mantuvo allí un momento, dejando que ella sintiera el latido pausado de su corazón bajo la seda de su camisa. Fue un momento de paz absoluta. Sofía hundió su nariz en la tela, sintiéndose segura.
—No necesito una Reina —susurró Elías para sí mismo—. Necesito que dejen de intentar controlarme.
Iba a acariciarla de nuevo, sus dedos ya estaban rozando su lomo... pero de repente, se acordó de algo.
—Espera, Eloise tenía liendres o algo así en ese peinado falso. No puedo tocarte ahora, estás contaminada.
La dejó caer sobre una pila de informes financieros y se puso a lavarse las manos obsesivamente en la jofaina de plata.
—*¡SQUEAK!* (¡ERES UN GERMÓFOBO SIN CORAZÓN! ¡NO TENÍA NADA, SOLO ERA LACA BARATA!) —chilló Sofía, indignada, mientras el Capitán Pico Dorado se reía desde el techo.
—**"¡Amor interrumpido por higiene! ¡El Rey es un jabón, la hámster es un trapo!"**
Sofía se acurrucó sobre los informes de impuestos. Había ganado la batalla de hoy, pero sabía que mañana llegarían más cartas. Y mientras ella protegía el trono de las extrañas, su pequeño corazón seguía luchando contra el muro de hielo que Elías construía cada vez que se acercaba demasiado.
**Continuará...**