Valeria Castillo tiene una vida clara y ordenada: es periodista deportiva, ama su trabajo y sabe perfectamente cómo manejar a los hombres arrogantes del mundo del boxeo. Al menos… eso creía.
Todo cambia cuando conoce a Adrián Vega, el boxeador más prometedor del campeonato nacional. Talentoso, peligroso dentro del ring, insoportablemente seguro de sí mismo fuera de él… y con una sonrisa capaz de arruinarle la paciencia a cualquiera.
Lo que empieza como simples entrevistas pronto se convierte en algo más complicado: miradas demasiado largas, discusiones cargadas de tensión y una atracción imposible de ignorar. Adrián está acostumbrado a ganar todas sus peleas, pero nunca ha tenido que luchar por el corazón de una mujer que no piensa caer fácilmente.
Entre entrenamientos brutales, campeonatos que pueden cambiar una carrera, celos inesperados y momentos tan caóticos como románticos, Valeria descubrirá que amar a un boxeador significa vivir al borde del nocaut emocional.
Porque Adrián Vega puede derrotar a cualquiera en el ring…
pero con Valeria Castillo cada día es una pelea nueva.
Y tal vez la más difícil de todas.
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Capítulo 12 Problemas de concentración (otra vez)
El auditorio del hotel estaba lleno.
Cámaras.
Luces.
Micrófonos.
Y periodistas.
Era el evento oficial para anunciar la revancha entre Adrián Vega y Diego Morales
En el escenario había una mesa larga.
Cuatro micrófonos.
Un gran cartel detrás que decía:
VEGA vs MORALES II
Adrián estaba sentado a la izquierda.
Diego Morales a la derecha.
Entre ellos estaba el presentador del evento.
Y frente al escenario…
una pequeña multitud de periodistas.
Valeria estaba sentada en la segunda fila.
Libretta en mano.
Expresión profesional.
Totalmente concentrada.
O al menos lo intentaba.
Camila estaba a su lado.
—Esto va a ser divertido.
Valeria ni siquiera la miró.
—Por favor compórtate.
—No prometo nada.
En el escenario el presentador hablaba con entusiasmo.
—La pelea anterior fue una de las más comentadas del año.
El público murmuró.
—Especialmente por un momento inesperado.
Varias personas comenzaron a reír.
Adrián suspiró.
Diego Morales sonrió con malicia.
—Sí.
—Ese momento donde el campeón terminó en la lona.
Algunos flashes explotaron.
El presentador miró a Adrián.
—Adrián, muchos dicen que fue un descuido.
Adrián levantó la mirada.
Y entonces la vio.
Valeria.
Sentada tranquilamente tomando notas.
Cabello oscuro cayendo sobre sus hombros.
Esos ojos verdes concentrados en su libreta.
Adrián se quedó mirándola.
Por un segundo.
Dos.
Tres.
El presentador continuó hablando.
—Así que mi pregunta es…
Adrián seguía mirando a Valeria.
Ella levantó la mirada por un segundo.
Sus ojos se encontraron.
Y Adrián olvidó completamente dónde estaba.
—¿Crees que esta revancha será diferente?
Silencio.
Todos miraban a Adrián.
Adrián seguía mirando a Valeria.
Luego respondió.
—Sí.
Pausa.
—Porque… los gatos son más independientes que los perros.
El silencio fue absoluto.
Diego Morales giró la cabeza lentamente.
El presentador parpadeó.
Un periodista dejó caer su bolígrafo.
Camila se cubrió la boca para no reír.
Valeria cerró los ojos.
Adrián seguía mirando a Valeria.
Como si su cerebro aún estuviera intentando recordar qué estaba pasando.
El presentador habló con cautela.
—Eh…
—¿Perdón?
Adrián parpadeó.
Miró alrededor.
Cámaras.
Periodistas.
Micrófonos.
Sacudió la cabeza ligeramente.
—Un momento.
Se frotó la frente.
—¿Puede repetir la pregunta?
El auditorio estalló en risas.
Camila ya estaba doblada sobre la silla.
—No puede ser.
Valeria se cubrió la boca con la mano.
Intentando mantener la compostura.
En el escenario Diego Morales comenzó a reír.
—¿Qué demonios fue eso?
Adrián se pasó una mano por el cabello.
—Nada.
El presentador intentó recuperar el control.
—La pregunta era si crees que esta revancha será diferente a la pelea anterior.
Adrián asintió.
—Sí.
Pausa.
Miró a Diego.
—Esta vez no voy a distraerme.
Varias risas surgieron otra vez.
Diego sonrió.
—Eso espero.
Adrián respondió con calma.
—Yo también.
El presentador miró sus notas.
—Diego, ¿tú qué opinas de esa famosa distracción?
Diego se inclinó hacia el micrófono.
—Creo que debería pelear mirando al ring.
El público rió.
Adrián sonrió ligeramente.
Pero por un segundo…
sus ojos volvieron a buscar algo en el público.
Valeria.
Ella lo estaba mirando.
Con los ojos entrecerrados.
Como si estuviera evaluando seriamente si ese hombre era realmente un profesional.
Adrián sonrió.
Valeria negó lentamente con la cabeza.
Camila susurró emocionada:
—Literalmente dijo algo sobre gatos.
Valeria murmuró:
—Lo sé.
—Es increíble.
Valeria volvió a mirar al escenario.
Adrián estaba respondiendo otra pregunta.
Pero por alguna razón…
parecía un poco más perdido que antes.
Camila volvió a susurrar:
—Creo que lo rompiste.
Valeria escribió algo en su libreta.
Camila intentó leer.
—¿Qué escribiste?
Valeria cerró la libreta.
—Nada.
Pero si Camila hubiera podido ver la página…
habría leído una frase muy simple.
“Adrián Vega tiene un serio problema de concentración.”
Y lo peor…
era que Valeria empezaba a sospechar cuál era la causa.