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BAJO LA LUNA DEL ALFA OSCURO

BAJO LA LUNA DEL ALFA OSCURO

Status: En proceso
Genre:Acción / Aventura Urbana / Batalla por el trono
Popularitas:815
Nilai: 5
nombre de autor: Yesid Cabas

Kael, el rey de los lobos, huye de un destino impuesto… pero no puede escapar de su propia oscuridad.
En el mundo humano conoce a Lía, la única capaz de activar un vínculo prohibido por la diosa de la luna.
Cuando la sombra del pasado, el consejo y una guerra ancestral los persiguen, el amor se vuelve una amenaza.

NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 12: LA NOCHE DE LA CACERÍA

El primer aullido no se desvaneció. Se multiplicó. Se expandió por la ciudad como una señal imposible de ignorar.

Lía lo sintió en la piel.

No como sonido.

Como llamado.

Algo dentro de ella respondió.

Y eso fue lo más aterrador.

La lluvia golpeaba el techo del edificio con fuerza, arrastrando el eco de los aullidos entre las calles iluminadas.

Uno al norte.

Otro más cerca.

Uno más… demasiado cerca.

Kael levantó la cabeza lentamente.

Sus ojos dorados ya no solo estaban tensos.

Estaban listos.

—Ya vienen.

Lía lo miró.

Sabía la respuesta.

Aun así preguntó:

—¿Quiénes?

Kael giró hacia ella.

Su expresión no suavizó nada.

—Alfas.

Silencio.

La palabra pesó más que cualquier explicación.

—¿Todos vienen por mí?

Kael no dudó.

—Sí.

Una pausa.

—Pero no todos por la misma razón.

Lía sintió cómo algo en su pecho se cerraba.

Rabia.

Miedo.

Incredulidad.

—Estoy cansada de ser “algo” para todos.

Su voz salió más fuerte esta vez.

Más firme.

—No soy un símbolo. No soy un premio. No soy—

Kael se acercó.

Un paso.

Solo uno.

Pero suficiente para cambiar el aire.

—Lo sé.

Su voz bajó.

Más cercana.

Más real.

—Pero esta noche…

Miró la marca en su clavícula.

El leve brillo plateado que aún latía bajo su piel.

—Eres la presa más valiosa que existe.

El impacto de esas palabras la atravesó.

Pero antes de que pudiera responder—

¡BOOM!

Un golpe brutal sacudió el edificio.

Luego otro.

La estructura vibró.

Polvo cayendo del techo.

Desde abajo.

Desde la entrada.

Ya estaban dentro.

Kael reaccionó al instante.

Tomó su mano.

Fuerte.

Decidido.

—Arriba. Ahora.

No hubo discusión.

Subieron las escaleras metálicas.

Rápido.

El sonido de pasos irrumpiendo en el edificio llegó detrás de ellos.

Demasiados.

Coordinados.

Cazadores.

Cuando llegaron al techo, el viento los golpeó de frente.

La ciudad se extendía alrededor como un laberinto de luces mojadas.

Edificios.

Sombras.

Posibles rutas.

Posibles trampas.

Kael evaluó todo en segundos.

—Por aquí.

Corrió.

Saltó.

Sin dudar.

A la azotea contigua.

Lía se quedó en el borde.

El vacío la llamó. Tres metros. Doce pisos abajo.

Demasiado.

—¡Kael, no puedo!

Él giró.

Extendió la mano.

Sus ojos se clavaron en los de ella.

—Sí puedes.

—¡No!

Un rugido explotó detrás. La puerta del techo voló en pedazos. Tres figuras emergieron.

No eran como los otros.

Eran más grandes.

Más densos.

Más peligrosos.

Alfas.

Uno sonrió.

—La encontramos.

El corazón de Lía golpeó con fuerza.

Kael no apartó la mano.

—Ahora.

No había más tiempo.

No había opción.

Lía corrió.

Saltó.

El mundo desapareció por un segundo.

El vacío.

El aire.

La caída—

Y entonces…

la mano de Kael.

Fuerte.

Segura.

Tirando de ella.

Atrayéndola.

Sus cuerpos chocaron contra el suelo mojado.

El aire se les escapó al mismo tiempo.

Lía quedó sobre él.

Demasiado cerca.

Demasiado consciente.

El calor de su cuerpo.

Sus manos en su cintura.

Sus respiraciones mezclándose.

Sus ojos.

Dorados.

Intensos.

Fijos en los suyos.

Un segundo.

Solo uno.

Pero suficiente para cambiar algo.

Para hacer que el mundo dejara de importar.

Para que su cuerpo reaccionara antes que su mente.

Para que se inclinara apenas—

Un impacto sacudió el techo.

El momento se rompió.

Los perseguidores habían llegado.

Kael se levantó de inmediato.

La colocó detrás de él.

—No te muevas.

El primero aterrizó con fuerza.

El concreto se agrietó bajo sus pies.

Su presencia era aplastante.

—Entrégala.

Su voz era grave.

Dominante.

—No tienes territorio. No tienes manada. No tienes nada.

Kael dio un paso adelante.

—Tengo suficiente.

El alfa sonrió.

—No contra nosotros.

Atacó.

El choque fue brutal.

Carne contra fuerza.

Poder contra poder.

El sonido resonó entre los edificios.

El segundo alfa fue hacia Lía.

El tercero la rodeó.

Cazándola.

Midiéndola.

Ella retrocedió.

Hasta el borde.

Otra vez el vacío.

El viento subiendo desde la calle.

El miedo regresó.

Pero no igual.

Esta vez…no la paralizó.

La encendió.

—Ven con nosotros —dijo uno—. Y vivirás.

Lía negó lentamente.

—No.

El otro avanzó.

—Entonces morirás.

Y algo dentro de ella…se rompió.

O despertó.

La marca brilló.

No como antes.

Más intensa.

Más consciente.

La energía no salió sola esta vez.

Lía la sintió.

La guió. Levantó la mano.

Y la liberó.

La luz plateada explotó hacia adelante.

Golpeó al atacante de lleno.

Lo lanzó varios metros.

Su cuerpo chocó contra una antena metálica.

El sonido fue seco.

Brutal.

Silencio.

El otro alfa no atacó.

La observó.

Interesado.

Sonrió.

—Ahora sí eres interesante.

Kael lanzó al primero contra el suelo.

Giró hacia ella.

La vio.

De pie.

Con la energía aún vibrando en su piel.

Y entendió.

Esto ya no era protección. Era algo más grande.

—Lía—

Pero ella no retrocedió.

No esta vez.

El alfa restante sacó una daga.

Plata.

La hoja reflejó la lluvia.

—Veamos si también resistes esto.

Se lanzó.

Rápido.

Letal.

Lía reaccionó.

La energía volvió a surgir—

Pero esta vez…no fue suficiente.

El alfa atravesó la defensa.

La daga descendió—

Kael apareció.

Demasiado rápido.

Interponiéndose.

La hoja se hundió en su costado.

Silencio.

El mundo se detuvo.

Lía dejó de respirar.

Kael gruñó.

No de dolor.

De furia.

Sus ojos brillaron con una intensidad salvaje.

Nunca antes vista.

—Te equivocaste.

Su voz ya no era humana.

Era algo más antiguo.

Más oscuro.

Más letal.

Sujetó al alfa por el cuello.

Lo levantó del suelo.

Y entonces— sus ojos cambiaron.

El dorado desapareció.

Sustituido por negro.

Total.

El alfa dejó de sonreír.

—No…

Kael habló.

Pero no como rey.

Como algo peor.

—Ahora es mi turno de cazar.

Y lo lanzó fuera del edificio.

El grito se perdió en la caída.

Silencio.

Solo lluvia.

Lía corrió hacia él.

—¡Kael!

La sangre comenzaba a mezclarse con el agua.

La herida era profunda.

Demasiado.

—No… no… no…

Sus manos temblaban.

Kael la miró.

Y aun así…sonrió.

—Sigues… viva.

—¡No hables!

La marca reaccionó.

Otra vez.

Pero diferente.

Más cálida.

Más controlada.

La luz salió de Lía.

Pero esta vez no atacó.

Sanó.

Se deslizó hacia la herida de Kael.

La plata siseó.

La carne comenzó a cerrarse lentamente.

Kael abrió los ojos con sorpresa.

—¿Qué estás haciendo?

Lía no respondió.

No sabía cómo.

Solo lo estaba haciendo.

La energía obedecía.

El silencio se volvió denso.

Hasta que—un aplauso.

Lento.

Irónico.

Ambos se congelaron.

Una figura apareció en el borde del edificio.

Elegante.

Impecable.

Seca a pesar de la lluvia.

Selene.

Sonriendo.

—Perfecto.

Lía la miró.

—¿Perfecto qué?

Selene bajó un escalón.

Sus ojos brillaban con algo oscuro.

—Ya no eres solo una candidata.

Miró la herida cerrándose.

Luego a Kael.

—Ahora eres un problema para todos.

Sonrió.

—Incluyéndolo a él.

El aire se tensó.

Lía frunció el ceño.

—¿De qué estás hablando?

Selene inclinó la cabeza.

Disfrutando el momento.

—El vínculo ya no puede romperse.

Pausa.

Silencio.

Miró a Kael.

—Y cuando eso pasa…

Su sonrisa se volvió peligrosa.

—El rey deja de decidir.

Lía sintió el frío recorrerle la espalda.

—¿Entonces quién decide?

Selene sostuvo su mirada.

Y susurró:

—El lobo.

Silencio absoluto.

Kael no se movió.

Pero algo en él…cambió.

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me encanta leer
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