NovelToon NovelToon
.5 Soy Mitad Angel Y Demonio

.5 Soy Mitad Angel Y Demonio

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Demonios / Romance / Completas
Popularitas:530
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Antes de que todo ardiera…
hubo un amor que nunca debió existir.
Un ser dividido entre la luz y la oscuridad.
Un alma incapaz de elegir entre lo que era… y lo que sentía.
Y en medio de todo… Nyra.
Ella no pertenecía a ese mundo.
Pero fue el error que lo cambió todo.
Lo que comenzó como una conexión imposible…
se convirtió en obsesión.
En traición.
En una herida que nunca dejó de sangrar.
Porque cuando llegó el momento de elegir…
alguien lo perdió todo.
Y años después…
el pasado no volvió para sanar.
Volvió para destruir.
Esta no es una historia de amor.
Es el origen de una guerra.
Del enemigo que nació del dolor…
y de la única persona capaz de detenerlo.
O de terminar de romperlo todo.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

Controlar algo…

no significa que deje de ser peligroso.

Significa…

que aprendiste a reconocer el segundo exacto

en el que todo puede romperse.

No llevé a Nyra a casa.

Ni a la mía.

Ni a ningún lugar donde alguien pudiera escuchar lo que soy capaz de hacer.

La llevé lejos.

A un claro abierto, rodeado de árboles altos,

donde el viento se movía sin obstáculos

y el silencio no perdonaba errores.

Si algo salía mal…

nadie más pagaría por ello.

—¿Siempre vienes aquí? —preguntó Nyra, observando alrededor.

—Cuando necesito pensar.

Hizo una pausa.

Luego, más bajo:

—¿O cuando necesitas no lastimar a nadie?

La miré.

No había miedo en su expresión.

Tampoco duda.

—Ambas.

Asintió, como si eso encajara perfectamente en su mundo.

Y eso…

seguía siendo lo más desconcertante de todo.

—Entonces… ¿qué hacemos aquí?

Exhalé lento.

—Necesito intentar algo.

—Eso no suena bien.

—No lo es.

—Genial…

Sonrió apenas.

Pero no retrocedió.

Nunca lo hacía.

—Quédate detrás de mí.

—Eso ya me lo sé.

—Y aun así te acercas.

—Porque confío en ti.

El aire se volvió más pesado.

Eso…

era exactamente el problema.

—No deberías confiar tanto.

—Tampoco deberías subestimarme.

Silencio.

—No lo hago.

—Entonces deja de tratarme como si fuera a romperme.

Esa vez no tuve respuesta inmediata.

Porque tenía razón.

—Está bien…

No era cierto del todo.

Pero lo intentaría.

Di un paso al frente.

Cerré los ojos.

Respiré.

Lento.

Profundo.

Y dejé que la energía saliera.

No como antes.

No como un golpe ciego.

Esta vez…

la guié.

El aire cambió primero.

Un susurro.

Luego una presión sutil, como si el espacio mismo se tensara.

Las hojas comenzaron a moverse.

Después… a agitarse.

Sentí a Nyra detrás de mí.

Atenta.

Observando cada detalle.

Memorizándolo.

—Gabriel…

—Estoy bien.

—No parece.

—Es parte del proceso.

—¿Proceso de qué?

Abrí apenas los ojos.

—De no perder el control.

Eso la silenció.

No por miedo.

Por comprensión.

Y eso…

era aún más peligroso.

Porque cuanto más entendía…

más se quedaba.

Y cuanto más se quedaba…

más difícil sería apartarla cuando todo se rompiera.

—No te acerques más.

—No me estoy moviendo.

—Bien.

Porque lo que venía…

no iba a ser limpio.

La energía subió.

Más densa.

Más pesada.

Más real.

Y entonces lo sentí.

Ese punto.

Ese límite invisible

donde todo deja de obedecer.

—Detente… —murmuré.

Pero no me escuchó.

Porque ya no era solo mío.

Algo…

estaba empujando desde el otro lado.

—Gabriel…

—Aléjate.

—No—

—¡Ahora!

Esta vez sí retrocedió.

Dos pasos.

Tres.

Pero no huyó.

Nunca lo hacía.

Y eso…

me hacía más fuerte.

Y mucho más vulnerable.

—No es solo tuyo… ¿verdad? —dijo, más firme.

Cerré los ojos con fuerza.

—No.

—Lo sabía.

Claro que lo sabía.

—Hay algo más.

—Sí.

—¿El de antes?

—Tal vez.

—¿Y Federico?

El silencio se volvió más denso.

—También.

Nyra cruzó ligeramente los brazos.

No molesta.

Pero ahora…

consciente.

—Entonces no estás luchando solo contra ti.

Solté una risa sin humor.

—Nunca lo estuve.

Y eso…

lo hacía peor.

La energía volvió a elevarse.

Más inestable.

Más agresiva.

Y esta vez…

lo sentí claro.

Federico.

No cerca.

Pero conectado.

Como una mano invisible

apretando desde la distancia.

—Está aquí…

—¿Dónde?

—No físicamente…

—Eso no me gusta nada.

—A mí tampoco.

Y entonces…

lo escuché.

No en el aire.

En mi cabeza.

—Sigues conteniéndote…

Mi cuerpo se tensó de inmediato.

—No lo escuches —murmuré.

—¿A quién?

No respondí.

Porque ya era tarde.

—Podrías ser más fuerte…

—Cállate…

—No necesitas control… necesitas aceptar lo que eres—

—¡CÁLLATE!

La energía explotó.

El aire se comprimió violentamente.

El suelo crujió bajo mis pies.

Y esta vez…

Nyra sí reaccionó.

—¡Gabriel!

Abrí los ojos.

Respiración rota.

Pulso descontrolado.

El límite…

demasiado cerca.

—Estoy bien…

—No lo estás.

—Lo voy a estar.

Pero ni yo me creí esa mentira.

—Lo está provocando… —dije entre dientes.

—¿Quién?

—Federico.

—¿Cómo?

Negué apenas.

—No lo sé…

pero lo siento.

No era una suposición.

Era presión directa.

Constante.

Precisa.

Como si supiera exactamente

dónde empujar.

—Está jugando contigo.

—Sí.

—¿Y tú?

La miré un segundo.

—Estoy intentando no caer.

Silencio.

—Entonces deja de jugar solo.

Eso me hizo fruncir el ceño.

—¿Qué?

—Si está dentro de tu cabeza…

no lo enfrentes como si fueras el único aquí.

—Nyra—

—No puedo hacer lo que tú haces.

—Exacto.

—Pero puedo evitar que te pierdas.

Silencio.

Eso…

no lo había considerado así.

—¿Cómo?

Nyra no respondió de inmediato.

Solo dio un paso al frente.

Uno pequeño.

Pero suficiente.

—Así.

Tomó mi mano.

Otra vez.

Pero no fue como antes.

No fue contacto.

Fue impacto.

Algo dentro de mí se alineó de golpe.

Como si una parte que estaba deslizándose…

volviera a encajar en su lugar.

La energía no desapareció.

Pero dejó de expandirse.

El aire dejó de presionar.

Mi respiración…

se estabilizó.

—¿Ves? —susurró.

La miré.

Y esta vez…

no pude ignorarlo.

—Eres tú…

—¿Qué?

—Tú haces que se detenga.

Parpadeó, confundida.

—No sé cómo…

—Pero lo haces.

Y eso…

lo cambiaba todo.

Porque significaba

que ya no era solo un riesgo.

Era una variable.

Una clave.

—Entonces no me sueltes.

La frase salió sola.

Sin filtro.

Sin estrategia.

Nyra no dudó.

Ni un segundo.

—No lo haré.

Y por un instante…

todo se sintió en equilibrio.

Pero duró demasiado poco.

Porque entonces…

algo cambió.

Otra vez.

La presión volvió.

Pero diferente.

Más definida.

Más cercana.

Y esta vez…

no era una sola presencia.

Eran dos.

Mi cuerpo se tensó al instante.

—Gabriel… —susurró Nyra.

—Lo sé…

Porque ya no era una sensación.

Era real.

Ahí…

entre los árboles…

una figura emergió sin prisa.

Federico.

Pero no como antes.

No había caos en su postura.

No había inestabilidad en su mirada.

Todo en él…

estaba en control.

Y eso…

era infinitamente peor.

—Hola, Gabriel.

El aire se volvió pesado.

No por energía desbordada.

Por intención.

—Federico…

—Veo que estás practicando.

Su tono era tranquilo.

Demasiado.

—Aléjate.

—No vine a atacar.

—No te creo.

Una leve sonrisa.

—Esta vez… deberías.

Silencio.

—¿Qué quieres?

—Observar.

—Ya lo hiciste.

—No lo suficiente.

Su mirada se movió.

Lenta.

Deliberada.

Hasta encontrarla.

Nyra.

Y esta vez…

no fue curiosidad.

Fue análisis.

Mi cuerpo reaccionó antes de pensar.

Un paso.

Sutil.

Pero claro.

Me interpuse más.

—No la mires.

Federico arqueó apenas una ceja.

—¿Por qué?

—su voz bajó un tono—

¿te molesta que la entienda mejor que tú?

La energía vibró.

—No sabes nada.

—Sé lo suficiente.

Pausa.

—Sé que sin ella…

pierdes estabilidad.

Silencio.

Otra vez.

Esa verdad expuesta.

Sin adornos.

Sin intención de suavizarla.

—Eso no te importa.

—Claro que me importa.

—¿Por qué?

Y entonces…

sin dudarlo:

—Porque eso te hace vulnerable.

El aire se tensó.

Más que antes.

Más peligroso.

—No soy vulnerable.

Federico sonrió apenas.

No burlón.

Seguro.

—Todos lo son.

—No como tú.

Eso lo hizo inclinar ligeramente la cabeza.

—Yo ya acepté lo que soy.

—No.

—Sí.

—No.

Di un paso adelante.

La energía respondió.

Más afilada.

Más directa.

—Tú no aceptaste nada.

Pausa.

—Te rendiste.

Silencio.

Esa frase…

sí golpeó.

No mucho.

Pero lo suficiente.

Lo vi en el leve cambio de su mirada.

—No me rendí.

—Entonces dime cómo llamas a esto.

—Evolución.

Negué lentamente.

—Eso no es evolución.

—¿Y tú qué sabes?

—Lo suficiente para saber

que esto no termina bien.

Federico sonrió.

Pero esta vez…

había algo más oscuro detrás.

—Para ti tal vez.

—Para todos.

Silencio.

Denso.

Medido.

Como si ambos estuviéramos calculando

el siguiente movimiento.

—No vine a pelear —dijo finalmente.

—Siempre vienes por algo.

—Sí.

—Entonces dilo.

Pausa.

Federico inclinó apenas la cabeza.

Pensando.

Evaluando.

—Quería confirmar algo.

—Ya lo hiciste.

—No completamente.

Mi cuerpo se tensó.

—Entonces hazlo…

y vete.

Silencio.

Y entonces…

dio un paso.

No hacia mí.

Hacia ella.

Error.

Grave error.

—No.

La energía se levantó al instante.

Violenta.

Precisa.

Lista para atacar.

Pero Federico no se detuvo.

—Tranquilo…

—Aléjate.

—Solo voy a comprobarlo.

—No te acerques.

—¿O qué?

Silencio.

Pero esta vez…

no había duda.

—O te voy a detener.

Eso…

no lo impresionó.

Ni un poco.

—Inténtalo.

—Inténtalo.

El aire se tensó al límite.

La energía ya no era advertencia.

Era decisión.

Un paso más y todo explotaba.

Y entonces—

—Ya basta.

La voz de Nyra cortó el momento.

No fuerte.

Pero firme.

Suficiente.

Ambos la miramos.

—Esto no es un juego —dijo, sin apartar la vista de Federico—.

Ni para ti…

ni para ti —añadió, mirándome.

—Nyra—

—No.

Un solo paso al frente.

Y todo cambió.

Se colocó entre nosotros.

Entre mi energía…

y él.

El aire reaccionó de inmediato.

Mi poder se agitó, inestable.

No por Federico.

Por ella.

—Aléjate… —murmuré, tenso.

—No.

—Nyra—

—Confía en mí.

Otra vez esa palabra.

Pero ahora…

pesaba más.

Porque no se estaba quedando atrás.

Se estaba poniendo en medio.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Federico.

Pero no sonaba molesto.

Sonaba… interesado.

Eso era peor.

—Evitar que esto empeore.

—Esto apenas empieza.

—Entonces mejor detenerlo ahora.

Silencio.

Federico ladeó ligeramente la cabeza.

Observándola.

No como amenaza.

Como fenómeno.

—Tú no entiendes —dijo.

—Tal vez no.

Pausa.

—Pero entiendo lo suficiente.

Un paso más.

Más firme.

—No quiero que ninguno de los dos se destruya.

El mundo…

se detuvo un segundo.

—¿“Ninguno”? —murmuré.

—Sí.

—Él—

—También importa.

Eso me golpeó más de lo que esperaba.

—¿Por qué?

Nyra no dudó.

—Porque es importante para ti.

Silencio.

Esa respuesta…

no tenía defensa.

Y Federico—

lo vio.

Claro que lo vio.

—Interesante… —murmuró.

—No lo es.

—Sí lo es.

Su mirada volvió a Nyra.

Pero ya no había agresión.

Había cálculo.

—Ahora entiendo.

—¿Qué?

Una leve sonrisa.

Fría.

Precisa.

—Por qué eres la clave.

El aire se volvió pesado otra vez.

—No lo soy.

—Sí lo eres.

—No.

—Sí.

—Deja de decir eso.

—No puedo.

Pausa.

—Porque es verdad.

Silencio.

Sentí la energía reaccionar otra vez.

No descontrolada.

Defensiva.

—No te acerques más —dije.

—No lo haré.

Eso…

no era normal.

Federico no retrocedía sin motivo.

—Por ahora —añadió.

Claro.

Siempre había un “después”.

—Pero esto no termina aquí.

—Lo sé.

—Y cuando vuelva…

Su mirada se fijó en mí.

Oscura.

Decidida.

—No voy a contenerme.

El aire vibró.

—Yo tampoco.

Silencio.

Y entonces…

sonrió.

Pero no como antes.

No roto.

No inestable.

Controlado.

Eso era lo que lo hacía peligroso ahora.

—Eso es exactamente lo que quiero ver.

Dio un paso atrás.

Luego otro.

Sin prisa.

Sin tensión.

Como alguien que no huye…

sino que ya consiguió lo que vino a buscar.

Y desapareció entre los árboles.

El silencio que dejó…

no fue alivio.

Fue advertencia.

Pesada.

Clara.

Irreversible.

—Gabriel…

La voz de Nyra volvió a ser suave.

Humana.

Real.

Di un paso hacia ella de inmediato.

—¿Estás bien?

—Sí…

—¿Seguro?

—Sí.

Pausa.

—¿Y tú?

Silencio.

Esta vez no mentí.

—No lo sé.

Exhaló despacio.

—Está cambiando…

—Lo sé.

—Y tú también.

—Lo sé.

—Eso me asusta.

—A mí también.

Silencio.

Pero no se movió.

No retrocedió.

—Pero no me voy a ir.

Otra vez.

Esa elección.

—No tienes que—

—Quiero.

Eso…

cerró cualquier argumento.

La miré.

Y esta vez…

no discutí.

Porque ya no tenía sentido hacerlo.

—Entonces quédate.

—Eso hago.

Y no fue promesa.

Fue decisión.

Compartida.

Pero en el fondo…

lo sabía.

Esto ya no era algo pequeño.

No era solo nosotros.

Era más grande.

Más oscuro.

Más inevitable.

Y nadie…

iba a salir igual.

El silencio que dejó Federico…

no fue alivio.

Fue una advertencia que se quedó flotando en el aire.

Invisible.

Pero imposible de ignorar.

El viento volvió a moverse entre los árboles.

Suave.

Casi tranquilo.

Pero dentro de mí…

nada lo estaba.

—No me gustó eso… —murmuró Nyra.

—A mí tampoco.

La miré.

Y esta vez…

no intenté ocultar lo que sentía.

No tenía sentido.

—Está cambiando.

—Sí.

—Y tú también.

Silencio.

Esa parte…

dolía más de lo que debería.

—No quiero hacerlo.

—No siempre es una elección.

—Para él sí lo fue.

—Y tú no eres él.

Eso debería haber sido suficiente.

Pero no lo fue.

—No todavía.

Nyra frunció el ceño.

—No digas eso.

—Es la verdad.

—No.

Dio un paso más cerca.

—Es miedo.

—Es realidad.

—Es duda.

—Es lo mismo.

—No.

Su voz no tembló.

—No lo es.

Silencio.

—Tú no eres él.

—No lo sé.

—Sí lo sabes.

—No.

—Sí.

—Nyra—

—¡Gabriel!

Eso me detuvo en seco.

—Mírame.

Lo hice.

Sin esquivar.

Sin huir.

—Tú decides quién eres.

Las palabras quedaron suspendidas entre nosotros.

—No lo que llevas dentro.

—No es tan simple.

—Nunca lo es.

Pausa.

—Pero sigue siendo tu decisión.

Eso…

pesó.

Porque una parte de mí quería creerlo.

Y otra…

sabía lo fácil que era perderse.

—¿Y si pierdo el control?

—Entonces lo recuperas.

—¿Y si no puedo?

Nyra no retrocedió.

Ni un centímetro.

—Entonces no te voy a dejar solo.

Otra vez.

Pero ahora…

más fuerte.

Más real.

—No quiero que tengas que hacer eso.

—No quiero hacerlo.

Pequeña pausa.

—Pero lo haré.

Eso no era miedo.

Era decisión.

—No eres débil.

—No se trata de debilidad.

—Entonces ¿de qué?

Silencio.

—De lo que puedo llegar a ser.

Nyra me observó unos segundos.

Como si intentara ver más allá de todo lo que decía.

—Entonces asegúrate de no llegar ahí.

—¿Y si ya estoy en el camino?

No dudó.

—Entonces camino contigo.

Silencio.

Esa respuesta…

fue más fuerte que cualquier otra.

—Eso no es justo.

—No me importa.

—Debería.

—No cuando se trata de ti.

Pausa.

—No cuando se trata de nosotros.

Eso…

ya no era solo cercanía.

Era algo más profundo.

Más peligroso.

Más real.

—Esto no es fácil.

—Nunca dije que lo fuera.

—Puede terminar mal.

—Entonces que termine valiendo la pena.

Silencio.

Y ahí…

lo entendí.

No era ingenuidad.

No era falta de miedo.

Era elección.

Y eso…

lo cambiaba todo.

—Está bien.

No perfecto.

No seguro.

Pero real.

—Está bien.

Nyra soltó el aire, como si hubiera estado conteniéndolo.

—Gracias.

—No me agradezcas.

—Lo haré igual.

Eso me hizo casi sonreír.

Casi.

Nos quedamos ahí unos segundos.

Sin hablar.

Sin movernos.

Solo… existiendo.

Pero en el fondo…

algo no encajaba.

Y entonces…

lo sentí.

Otra vez.

Pero esta vez…

no era Federico.

No era la presencia anterior.

Era algo distinto.

Más profundo.

Más antiguo.

Mi cuerpo se tensó.

—¿Qué pasa?

—No estamos solos.

Nyra suspiró, tensa.

—Otra vez…

—Sí.

—¿Quién ahora?

Silencio.

Porque esta vez…

no tenía respuesta.

—No lo sé…

Y eso era lo peor.

Porque significaba que esto no estaba creciendo.

Ya estaba aquí.

Desde antes.

Mucho antes.

—Gabriel…

—Tranquila.

—Eso no ayuda.

—Lo sé.

Pero era lo único que tenía.

—Esto ya no es solo él…

—Lo sé.

—Ni solo el otro…

—Lo sé.

—Entonces ¿qué es?

Miré alrededor.

Los árboles.

El viento.

El silencio.

Todo parecía igual.

Pero no lo era.

—Algo que ya estaba aquí…

Pausa.

—…antes que nosotros.

Nyra se quedó completamente quieta.

—Eso suena peor.

La miré.

Directo.

Sin suavizarlo.

—Lo es.

Silencio.

Y en ese instante…

lo entendí.

Esto no estaba empezando.

No era un accidente.

No era una coincidencia.

Era algo que había estado esperando.

Dormido.

Observando.

Y ahora…

había despertado.

Sentí esa presencia moverse.

No cerca.

No lejos.

Simplemente…

en todas partes.

Y por primera vez desde que todo comenzó…

no pensé en controlar el poder.

Pensé en algo peor.

En que tal vez…

ya era demasiado tarde para detenerlo.

Miré a Nyra.

Ella apretó ligeramente mi mano.

Todavía estaba ahí.

Todavía confiaba.

Todavía elegía quedarse.

Y eso…

era lo único que me mantenía en pie.

Pero incluso eso…

podría no ser suficiente.

El viento sopló más fuerte.

Las hojas se agitaron.

Y el bosque…

respondió.

Como si algo en él…

hubiera abierto los ojos.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play