accidente… y despierta en el cuerpo de un personaje dentro de la novela que estaba leyendo.
No es una heroína.
No es alguien importante.
Es alguien destinada a morir.
Y lo peor… es saber exactamente a manos de quién.
El duque.
Frío, implacable y peligroso, el mismo hombre que en la historia original termina con su vida. Decidida a cambiar su destino, ella hará todo lo posible por mantenerse lejos de él.
Pero hay algo que no estaba en la novela.
Una conexión inexplicable.
Una mirada que la reconoce.
Un lazo que no puede romper.
Porque mientras ella intenta huir de su muerte…
él comienza a acercarse como si siempre le hubiera pertenecido.
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primer encuentro
El palacio real…
Brillaba.
Pero para mí…
Todo se sentía lejano.
Mis manos…
Sudaban.
No importaba cuánto hubiera cambiado la historia.
No importaba cuánto me hubiera preparado.
El miedo…
Seguía ahí.
Porque lo sabía.
—Aquí fue donde todo empezó…
El banquete avanzaba.
Primero entró el ministro de guerra.
Luego…
Él.
El príncipe Maximilian.
La sala se llenó de murmullos.
Respeto.
Admiración.
A su lado…
Marian.
Nerviosa.
Sonrojada.
Era natural.
Cinco años.
Y ahora…
Frente a ella…
Estaba su prometido.
Yo observé en silencio.
Pero entonces…
Entró él.
El aire cambió.
Kael Draven.
Mi pecho se apretó.
Un vacío…
Se abrió en mi estómago.
—Él…
Mi mente lo reconoció antes que mis ojos.
Alto.
Fornido.
Cabello negro.
Ojos rojos.
Igual que en la novela.
Igual que en mi recuerdo.
El hombre…
Que me mató.
Mis dedos temblaron.
—No… ahora no…
Intenté respirar.
Mantener la calma.
Pero no podía.
Porque por más que todo hubiera cambiado…
Él seguía ahí.
Y yo…
Seguía teniendo miedo.
Me alejé.
Sin pensar.
Solo necesitaba aire.
Distancia.
El jardín.
Silencioso.
Oscuro.
Frío.
Perfecto para escapar…
O eso creí.
Di un paso.
Luego otro.
Y entonces…
Tropecé.
El mundo se inclinó.
Y antes de caer…
Un brazo.
Firme.
Fuerte.
Me sostuvo.
Silencio.
Levanté la mirada.
Y lo vi.
De cerca.
Demasiado cerca.
Kael.
Sus ojos…
No eran como los recordaba.
No había frialdad.
No había desprecio.
Pero tampoco eran suaves.
Eran…
Intensos.
Como si me estuviera viendo por primera vez.
Como si…
Intentara entender algo.
Mi corazón latía con fuerza.
—Es él…
El asesino.
El destino.
Mi final…
En otra vida.
Retrocedí bruscamente.
—Lo siento…
Mi voz salió más débil de lo que esperaba.
Él no dijo nada.
Solo me observó.
Y eso…
Fue peor.
Porque esa mirada…
No era la de alguien que va a matar.
Era la de alguien que…
Reconoce.
Mi respiración se agitó.
—No… no puede ser…
Intenté alejarme.
Pero algo…
Dentro de mí…
Se detuvo.
Porque por un instante…
Sentí algo más.
Algo extraño.
Algo que no pertenecía al miedo.
Y eso…
Me asustó más que todo lo demás.
Las miradas…
Se giraron.
No supe por qué.
Por un instante…
Sentí que algo había cambiado en el ambiente.
Busqué a mi familia entre la multitud.
Pero no los encontré.
El salón era enorme.
Luces doradas.
Música suave.
Susurros constantes.
Todo parecía normal.
Y aun así…
No lo era.
Respiré hondo.
—La historia… ya no es la misma…
Lo sabía.
Lo sentía.
Pero no sabía…
Cuánto había cambiado.
Y eso…
Era lo más peligroso.
Mi mirada se desvió sin querer…
Hacia él.
Kael.
Ya no me miraba.
Pero eso no me tranquilizaba.
Porque lo que había sentido…
Seguía ahí.
Esa extraña tensión.
Como si algo invisible…
Nos conectara.
Desvié la mirada rápidamente.
—No puedo pensar en eso ahora…
El sonido de trompetas llenó el salón.
Las presentaciones habían terminado.
El príncipe Maximilian avanzó.
Se inclinó ante el rey.
Rey Teón.
En lo alto…
El trono brillaba.
A su lado…
La reina Sofia.
Y la princesa…
Selena.
Observando.
Midiendo.
Evaluando.
Maximilian tomó su lugar.
Y con eso…
La celebración comenzó oficialmente.
Música.
Risas.
Copas.
Pero bajo todo eso…
Había tensión.
Los duques discutían.
Los nobles negociaban.
El poder…
Se movía en cada rincón.
Y yo…
Me quedé aparte.
Pensando.
En él.
En el pasado.
En el futuro.
—¿Qué está cambiando…?
Entonces…
La música cambió.
Más suave.
Más elegante.
El baile.
Maximilian descendió de su lugar.
Sin dudar.
Caminó directo hacia ella.
Marian.
A su lado…
El ministro de guerra y su esposa .
Un saludo respetuoso.
Una pausa.
Y luego…
—¿Me concede este baile?
Marian se sonrojó.
Pero aceptó.
Las manos se unieron.
Y comenzaron a bailar.
Elegantes.
Coordinados.
Como si siempre hubiera sido así.
El salón entero observó.
Los murmullos comenzaron.
—Perfectos…
—Dignos…
—El futuro del reino…
Maximilian hablaba con calma.
Marian respondía con timidez.
Una imagen impecable.
Una pareja…
Irrefutable.
Y eso…
Molestaba.
Desde el trono…
La reina tensó la mandíbula.
Selena…
Apretó los puños.
Porque lo sabían.
Si él brillaba así…
Ellas…
Perderían.
La música continuó.
Y yo…
Observé en silencio.
Pero dentro de mí…
Algo no estaba en calma.
Porque aunque todo parecía perfecto…
El destino…
Ya se había puesto en marcha.
Y esta vez…
Nadie podría detenerlo.
ya quiero saber que sige ☺️☺️☺️