El miedo….. cualquier persona lo tiene Dicen que los niños son más miedosos pero es eso verdad? O solo lo usan de excusa para no aceptar los miedos de los adultos , fantasmas, zombis o cualquier género que se vea un viernes por la noche con comida ¿Dirías tus miedos?…. Tal vez los ruidos de tu casa sean reales…
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búsqueda
...9:02 am...
La clase seguía.
Pero algo cambió.
No afuera.sino adentro .
Esa sensación de calma… empezó a quebrarse.
Muy leve.
Casi imperceptible.
Miré a Sofía.
Ella también lo sintió.
—¿Sentís eso? —susurró.
Asentí.
El amuleto…
Ya no estaba solo tibio.
Ahora pulsaba.
Muy suave.
Como un latido.
Tragué saliva.
—No debería pasar esto…
—Tal vez… —dijo Sofía— no los aleja… solo los bloquea.
Silencio.
—¿Entonces están…?
—Cerca.
No terminamos la frase.
⸻
...Recreo — 10:25 am...
El patio estaba lleno.Gente hablando.Riendo.Nada fuera de lugar.
Pero nosotras no estábamos ahí como siempre.
Estábamos mirando.
Buscando.
—No podemos hacerlo tan obvio —dije.
—Entonces cómo.
Suspiré.
—Observando.
Sofía cruzó los brazos.
—Eso estoy haciendo.
—No —respondí—. Estás mirando a todos igual.
Silencio.
Tenía razón.
—Tiene que haber algo que los diferencie… —agregué.
Nos quedamos quietas.
Escaneando.
Sin apuro.
Sin señalar.
Solo…
Mirando.
Un chico corriendo.
Dos chicas hablando.
Alguien solo con el celular.
Nada raro.
Nada suficiente.
—Esto va a ser más difícil de lo que pensé… —murmuró Sofía.
—Sí.
Silencio.
El viento pasó leve.
Frío.
El amuleto reaccionó.
Un calor breve.
Instintivo.
Levanté la cabeza.
Sin saber por qué.
Miré hacia el borde del patio.
Donde la reja daba a la calle.
Y más allá…
A lo lejos…
Se alcanzaban a ver los árboles.
No muchos.
Pero los suficientes.
El límite.
El borde del bosque.
Sentí algo.
No una presencia clara.
No una figura.
Solo…
Atención.
Como si desde ahí…
Algo mirara de vuelta.
Apreté el amuleto.
El calor aumentó.
—Sofi…
—¿Qué?
—No creo que lo encontremos hoy.
Ella siguió mi mirada.
Hacia los árboles.
—No…
Silencio.
Más largo.
Más pesado.
—Pero creo que… —agregué despacio— ellos ya saben dónde estamos.
Sofía no respondió.
No hacía falta.
Porque en ese momento…
Entendimos algo simple.
Y peor que todo lo anterior.
La búsqueda recién empezaba.
Pero nosotras…
No éramos las únicas buscando.
...Jueves — 12:18 pm...
El timbre del almuerzo sonó como cualquier otro día.
Y sin embargo…
Nada se sentía normal.
Salimos del aula con el resto, mezclándonos entre risas, empujones, conversaciones sin importancia. Todo seguía igual… pero nosotras no.
El amuleto seguía ahí.
Constante.
Caliente de a ratos.
Como si reaccionara a cosas que no podíamos ver.
—No miremos tanto —murmuré mientras bajábamos las escaleras.
—¿Qué? —preguntó Sofía.
—Se nota.
Ella bajó la mirada.
Tenía razón.
Estábamos tensas.
Demasiado atentas.
—Ok… actuamos normal —dijo.
Asentí.
Pero no era tan fácil.
Nos sentamos en una mesa del patio, como siempre.
El sol pegaba de lado, generando sombras largas que se mezclaban entre los bancos y las mochilas tiradas.
Abrí mi sándwich.
No tenía hambre.
—Tenemos que hacerlo distinto —dije.
Sofía dejó su botella sobre la mesa.
—¿Distinto cómo?
Pensé unos segundos.
—No buscar quién lo ve.
—¿Entonces?
—Buscar quién encaja.
Silencio.
—Explicá.
Respiré hondo.
—Tomás dijo que hay patrones… pero no son obvios.
Sofía me miró.
—Entonces no es comportamiento raro.
—Exacto.
—¿Y qué es?
Bajé la voz.
—Historia.
Silencio.
—Familia… pasado… lugares.
Sofía entendió.
—El bosque.
Asentí.
—No todos los que fueron al bosque tuvieron contacto real.
—Pero los anclas sí.
—Sí.
Silencio.
—Entonces tenemos que pensar… —murmuró— quién estuvo ahí… de verdad.