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Justicia Y Amor.

Justicia Y Amor.

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor-odio / Malentendidos
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabriela

Entre rejas, mentiras y mafias, un hombre inocente lucha por recuperar su libertad mientras una abogada arriesga todo para demostrar la verdad.

NovelToon tiene autorización de Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una esperanza.

La tarde caía lentamente, y las luces del pequeño restaurante Trattoria Matteo comenzaban a encenderse mientras el cielo se teñía de tonos anaranjados y rojos.

Dentro del restaurante, el ambiente era cálido.

El olor a salsa de tomate, ajo y pan recién horneado llenaba el lugar, mientras algunos clientes conversaban tranquilamente.

Pero en la mesa cerca de la ventana, el ambiente era completamente diferente.

Yaya Rossi estaba sentada frente a Daniel Carter, el asistente de la abogada Isabella Moretti.

Sus manos aún sostenían la tarjeta que él le había dado.

Su corazón latía con fuerza.

Durante meses su familia había sentido que el mundo los había olvidado.

Que nadie escuchaba.

Que nadie quería saber la verdad.

Y ahora, de repente, alguien poderoso estaba investigando.

—¿De verdad cree que mi hermano es inocente? —preguntó Yaya con voz temblorosa.

Daniel asintió.

—No solo lo cree.

—Entonces…

—Está convencida.

Yaya tragó saliva.

—¿Cómo?

Daniel se inclinó ligeramente hacia la mesa.

—Porque encontró algo en el expediente que no encaja. Hay mucha inconsistencia en el proceso, pistas que no se tomaron en cuenta en el juicio.

Yaya lo miró con atención.

—¿Qué cosas?

Daniel dudó un momento antes de responder.

—El informe forense, por ejemplo.

Yaya frunció el ceño.

—¿Qué tiene que ver eso?

—Según ese informe… Valentino no disparó el arma.

La joven se quedó completamente inmóvil.

—¿Qué?

—No había residuos de pólvora en sus manos.

Los ojos de Yaya comenzaron a llenarse de lágrimas.

—Eso significa que…

—Que probablemente alguien más disparó.

El mundo parecía haberse detenido por un instante.

Durante meses había repetido esas palabras.

Mi hermano es inocente.

Pero nadie había querido escucharla.

Hasta ahora.

—¿Entonces por qué lo condenaron? —preguntó Yaya.

Daniel suspiró.

—Porque alguien quería que pareciera culpable. Querían cerrar el caso pronto y que nadie hiciera preguntas.

En la cocina, el anciano Matteo escuchaba en silencio mientras limpiaba un vaso.

Su rostro permanecía serio.

Muy serio.

—¿Qué necesita Isabella de nosotros? —preguntó Yaya.

—Todo lo que recuerdes de los días antes del arresto.

Yaya pensó un momento.

—Valentino trabajaba mucho. Siempre llegaba tarde a casa.

—¿En dónde trabajaba?

—En un taller mecánico.

Daniel anotó algo en una pequeña libreta.

—¿Notaste algo extraño?

Yaya frunció el ceño intentando recordar.

—Sí…

—¿Qué?

—La noche cuando ocurrió lo del arresto.

Daniel levantó la mirada.

—¿Qué pasó?

—Cuándo estaba en la celda Valentino mencionó un nombre.

—¿De quién?

—No lo recuerdo bien.

—¿Dijo algo?

Yaya cerró los ojos tratando de recordar.

—Parecía preocupado.

Daniel se inclinó más hacia adelante.

—¿Preocupado cómo?

—Como si alguien le hubiera dicho algo importante.

Daniel dejó de escribir.

—Debes recordar el nombre, es importante.

—Creo que mencionó… el nombre de un animal, o algo así.

Daniel sintió que algo encajaba.

—¿Un animal?

Yaya abrió los ojos.

—Sí.

El silencio se instaló por un momento.

Ese tal vez era el mismo nombre que habían escuchado antes.

Daniel anotó rápidamente.

—Esto es importante.

Yaya lo miró.

—¿Eso puede ayudar a Valentino?

Daniel levantó la vista.

—Mucho.

Mientras tanto, en la parte trasera del restaurante, el anciano Matteo salió discretamente por la puerta de la cocina.

Caminó hasta la calle lateral del edificio.

Su mirada recorrió la calle lentamente.

Entonces vio algo que no le gustó.

Un automóvil negro estacionado al otro lado de la calle.

Las ventanas estaban ligeramente oscuras.

Pero Matteo pudo ver dos siluetas dentro.

Observando el restaurante.

El anciano frunció el ceño.

—Problemas… —murmuró.

Matteo llevaba demasiados años en la ciudad.

Había aprendido a reconocer ciertas cosas.

Y esos hombres no parecían clientes.

Volvió a entrar al restaurante.

Dentro, Yaya seguía hablando con Daniel.

—Mi madre se enfermó más, después del arresto.

Daniel asintió con respeto.

—Isabella sabe sobre eso.

—Ella quiere hablar con ustedes.

Yaya levantó la mirada.

—¿Con mi madre también?

—Si es posible.

Yaya dudó.

—A veces no tiene fuerzas para recibir visitas.

Daniel habló con suavidad.

—Lo entendemos.

—Pero su testimonio podría ayudar mucho.

Yaya asintió lentamente.

—Hablaré con ella.

Matteo se acercó a la mesa.

—Yaya.

La joven levantó la cabeza.

—¿Sí?

El anciano habló con calma, pero su mirada era seria.

—Ven un momento.

Yaya frunció el ceño.

—¿Ahora?

—Sí.

La joven miró a Daniel.

—Un segundo.

Se levantó y caminó con Matteo hacia la cocina.

—¿Qué pasa? —preguntó en voz baja.

El anciano habló en tono grave.

—Hay hombres vigilando el restaurante.

Yaya sintió un escalofrío.

—¿Qué?

—Un automóvil negro.

—Dos hombres dentro.

El corazón de Yaya comenzó a latir con fuerza.

—¿Crees que…?

Matteo asintió lentamente.

—Sí.

—Creo que saben que estás hablando con ese abogado.

Yaya sintió que el miedo recorría su espalda.

—¿Qué hago?

Matteo pensó un momento.

—Termina la conversación.

—Pero no salgas sola.

—Yo te llevaré a casa.

Yaya respiró profundo.

—Gracias.

El anciano la miró con firmeza.

—Tu familia ya ha sufrido demasiado.

—No voy a dejar que algo te pase.

De regreso en la mesa, Daniel terminaba de guardar sus notas.

—Esto ayudará mucho —dijo.

Yaya asintió.

—¿Cuándo podré hablar con Isabella?

—Pronto.

Daniel sacó su teléfono.

—Le enviaré toda esta información esta misma noche.

Yaya lo miró con esperanza.

—¿De verdad cree que mi hermano puede salir de prisión?

Daniel respondió con honestidad.

—Si demostramos que el juicio fue manipulado…

—Sí.

Yaya sintió que algo dentro de su pecho se iluminaba.

Esperanza.

Una esperanza que había estado dormida durante meses.

Daniel se levantó de la mesa.

—Tengo que irme.

Yaya también se levantó.

—Gracias por venir.

—No me agradezcas a mí.

Daniel sonrió ligeramente.

—Agradécele a Isabella.

—Ella es quien decidió luchar por tu hermano.

Yaya apretó la tarjeta en su mano.

—Lo haré.

Mientras Daniel salía del restaurante…

los hombres dentro del automóvil negro lo observaron.

—Ese es el abogado —dijo uno.

El otro asintió.

—Sí.

—¿Seguimos al hombre… o a la chica?

El primero sonrió.

—A la chica.

Encendió el motor lentamente.

—La familia siempre es el punto débil.

El automóvil comenzó a moverse lentamente por la calle.

Sin hacer ruido.

Sin llamar la atención.

Dentro del restaurante Yaya Rossi aún no sabía que acababa de convertirse en el próximo objetivo.

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