Ella no necesita que la rescaten.
Él no cree en el amor.
Luciana Ríos es una mujer que manda. Jefa en su oficina, independiente y acostumbrada a tomar decisiones que otros solo se atreven a sugerir. No depende de apellidos ni de fortunas ajenas… y jamás pensó convertirse en la esposa de nadie.
Alexander Montclair es el hombre más poderoso del continente. Exmilitar, magnate y heredero de un imperio que no admite errores. Frío, reservado y meticuloso, su vida se rige por contratos, reglas y control absoluto.
Un encuentro inesperado los enfrenta.
Un acuerdo los une.
Un matrimonio por contrato lo cambia todo.
Mientras una influencer caída en desgracia intenta recuperar el estatus que perdió, y un exnovio poderoso se consume entre celos, secretos y traiciones, Luciana descubre que ceder el control no siempre significa perder el poder… especialmente cuando el hombre que intenta dominarla es el único capaz de mirarla como un igual.
En un mundo donde el dinero compra silencios y los contratos
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Capitulo 12
Alexander
Luciana quería saber cosas de mi vida.
Yo también quería saber de la suya.
Pero conmigo nada funcionaba en una sola dirección. Si iba a abrir una parte de mi historia, necesitaba equilibrio. Ganar–ganar.
—Una pregunta por una respuesta —le dije esa mañana, mientras la observaba moverse por la cocina con el teléfono en una mano y una carpeta en la otra, como quien está acostumbrada a dirigir —. Nada de interrogatorios.
Alzó la vista, arqueando una ceja.
—¿Estás negociando información personal conmigo?
—Siempre negocio.
Sonrió. No burlona. Cómplice.
—Entonces empieza tú más tarde.
La boda se había adelantado a dos semanas. Una decisión táctica, necesaria después de la filtración. Para Luciana, eso significaba agendas imposibles, llamadas constantes y pruebas interminables. Para mí, observarla en ese caos con una calma que no me era habitual.
Antes de salir, se detuvo frente a mí.
—No vayas a usar traje negro —dijo.
—¿Por qué?
—Porque siempre estás en grises, negros y sus variantes —respondió—. Tu clóset parece diseñado por alguien que no cree en la luz natural.
—Eso es eficiencia cromática.
—Eso es aburrimiento con presupuesto —replicó.
Me acerqué.
—Tu esquema de seguridad va a estar contigo todo el tiempo —le dije—. Cuando no esté yo, estarán ellos.
Su expresión se tensó apenas.
—Es… agobiante.
—Lo sé —respondí sin rodeos—. Lo siento.
Le di un beso en la frente. No fue impulsivo. Fue deliberado.
Ella sonrió.
—Nos vemos más tarde —dijo—. Almorzamos después de mi cita con el vestido y la tuya con el traje.
La vi salir antes de girarme hacia mis propias obligaciones.
Fui con mi padre a escoger el traje. No porque lo necesitara, sino porque él insistió. Caminaba a mi lado observándolo todo con esa mezcla de control y distancia que siempre tuvo conmigo.
—Fuiste difícil de criar —dijo de pronto—. Muy difícil.
—Eso ya lo sé.
—No —continuó—. No lo sabes desde nuestro lado. La seguridad, las amenazas, las restricciones. Mientras otros niños salían sin pensar, tú crecías con escoltas, protocolos, puertas cerradas.
Me ajustaron el saco mientras hablaba.
—Te rebelaste —añadió—. Y lo hiciste con razón. Pero eso no lo hizo más fácil.
—El ejército me dio algo de libertad —respondí—. Fue lo mejor que me pasó.
Asintió.
—También fue cuando dejé de poder protegerte.
Guardé silencio.
—Eres el único heredero —dijo finalmente—. Tu abuelo confiaba en ti. Yo… aprendí a hacerlo tarde.
—Ella es una buena mujer —añadió—. No la lastimes.
—No lo haré.
Me miró largo. Evaluándome. Como si intentara decidir si, por primera vez, estaba diciendo la verdad sin cálculo.
Cuando salí, el teléfono vibró.
Confirmado. La persecución y la filtración provienen del mismo origen. Financiamiento cruzado.
Exhalé despacio.
Rodrigo y Bárbara creían estar avanzando.
No entendían que acababan de empujarme.
Pensé en Luciana. En cómo confiaba sin preguntar demasiado. En cómo ocupaba espacio sin pedir permiso.
Tomé una decisión.
—Activen el protocolo completo —ordené—. Y preparen el siguiente movimiento.
Porque esta vez, no iba a limitarme a responder.
Iba a cerrar el juego.
déjense de tanto juego 🤦🏼♀️
a cuidarse las espaldas /Shy//Slight/