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La Que Siempre Fue Villana

La Que Siempre Fue Villana

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Aventura de una noche / Villana
Popularitas:17.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Claudia Reveca Díaz

Me llamo Araceli Durango, y toda mi vida me han señalado como la mala del cuento.
La manipuladora.
La egoísta.
La que destruye todo lo que toca.

Y quizá tengan razón.

No nací siendo un monstruo…
Pero cuando te enseñan desde pequeña que el mundo solo respeta a los fuertes, aprendes rápido a ocultar tus heridas detrás de una sonrisa afilada. A empujar primero antes de que te empujen. A tomar lo que quieres, incluso cuando no deberías.

Durante años construí mi reputación:
la mujer que nadie podía engañar, la que siempre ganaba, la que controlaba cada pieza del tablero.

Todo iba bien… hasta que Yubitza Sandoval regresó a mi vida.

La chica que una vez llamé amiga.
La única que vio mi vulnerabilidad.
La que, sin saberlo, presenció el día en que dejé de ser víctima y me convertí en la villana que todos temen.

Ahora, Yubitza aparece con una sonrisa que me hiere más que cualquier golpe del pasado, dispuesta a demostrar que no soy tan invencible como aparento. Su regreso reabre las puertas

NovelToon tiene autorización de Claudia Reveca Díaz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Reglas y límites

Nuestra boda fue rápida, tan rápida como suelen ser las decisiones que no admiten marcha atrás, el embarazo, mi embarazo fue la excusa perfecta, el empujón socialmente aceptable para acelerar lo inevitable. Las familias lo decidieron sin consultar demasiado, como siempre, como debía ser.

Fue, por supuesto, espléndida.

Una boda de portada, de titulares, de suspiros falsos y promesas vacías, mi vestido era digno de una princesa de cuentos de hadas, falda amplia, encaje delicado, un corsé que me ceñía el torso como si el mundo quisiera recordarme que incluso los sueños se sostienen con estructuras rígidas. El velo caía sobre mi rostro como una bendición… o una sentencia.

Avancé por el pasillo con el brazo de mi padre, sentí su emoción sincera, esa que no sabe de estrategias ni de trampas, el creía entregarme a un futuro seguro, yo me entregaba al poder.

Elías me esperaba al final, impecable, elegante, pálido.

Cuando el sacerdote comenzó a hablar, yo observé cada gesto, cada microexpresión, Elías escuchaba con atención forzada, no había brillo en sus ojos, no había ilusión, cuando llegó el momento de pronunciar el “sí, acepto”, su voz sonó firme… pero vacía.

Parecía una condena... no me importó.

Yo sonreí cuando fue mi turno, mi “sí” fue claro, decidido, casi dulce, la palabra cayó pesada, definitiva, en ese instante dejé de ser Araceli Durango para convertirme en la señora Montenegro, el apellido se acomodó en mí como una corona largamente esperada.

Los aplausos estallaron, las campanas sonaron, la alta sociedad se levantó de sus asientos con entusiasmo ensayado y entonces la vi, en un rincón, casi oculta entre los invitados, estaba Yubitza.

No llevaba un vestido llamativo, no buscaba ser vista, su rostro demacrado hablaba de noches sin dormir, de lágrimas mal contenidas, tenía los ojos hundidos, el maquillaje apenas disimulando el cansancio, cuando nuestras miradas se cruzaron, no hubo reproche, solo dolor.

Fue entonces cuando anunciaron el beso, aproveché el momento.

Tomé el rostro de Elías entre mis manos y lo besé con pasión, no fue un beso tímido ni protocolar, fue intenso, posesivo, lo besé como quien reclama una victoria frente al mundo, sentí cómo se tensó al principio… y luego cedió, los aplausos se multiplicaron, los flashes nos envolvieron.

Vi a Yubitza apartar la mirada, nada me supo tan dulce como ese instante.

La fiesta fue única, deslumbrante, la flor y nata de la sociedad estaba allí, empresarios, políticos, esposas impecables, sonrisas de porcelana, todos celebraban una unión que consideraban perfecta, nadie hablaba de amor, no hacía falta, en ese mundo se celebra el poder, no los sentimientos.

Bailé, reí, brindé, cumplí mi papel a la perfección.

Elías me acompañó como una sombra elegante, atento, correcto, distante, no me reclamó el beso, no dijo nada, eso me divertía, el silencio siempre es un arma cargada.

Cuando por fin llegamos a la habitación preparada para cambiarnos antes de partir a la luna de miel, el ruido quedó atrás, el silencio cayó como un telón pesado, por primera vez en toda la noche estábamos solos.

Elías cerró la puerta.

Se quedó de espaldas unos segundos, respiró hondo, yo lo observé mientras me desabrochaba los pendientes con calma, sabía que hablaría, los hombres como él siempre necesitan marcar territorio cuando se sienten acorralados.

—Tenemos que hablar —dijo finalmente.

—Claro —respondí con suavidad—. Es nuestra noche.—

Se giró, me miró con seriedad, con una seriedad que pretendía ser firme.

—Esto… —hizo un gesto amplio, abarcándolo todo— no significa que olvidé quién soy. Ni lo que quiero.—

Sonreí por dentro.—Nadie te lo pide.—

—Sí —insistió—. Yo necesito dejar algo claro, reglas, límites.—

Ahí estaba.

Me senté en el borde de la cama, cruzando las piernas con elegancia, lo dejé hablar, siempre es mejor dejar que crean que controlan la conversación.

—Estamos casados —continuó—, y vamos a cumplir con lo que se espera, ante la sociedad, ante nuestras familias, pero esto no es… —buscó la palabra— definitivo.—

Levanté una ceja.—Explícate.—

—Tres años —dijo con decisión—. Tres años de matrimonio, después, nos divorciamos, de forma civilizada, sin escándalos.—

Lo miré fijamente.—¿Y luego? ¿que pasara con nuestro hijo?—

—Luego cada uno sigue su camino a nuestro hijo le daré una mensualidad no le faltara nada,— respondio

Ahí estaba la verdadera intención, escondida bajo la palabra “reglas”.

—¿Incluye eso a Yubitza? —pregunté, fingiendo ingenuidad.

Su silencio fue respuesta suficiente.

—No voy a fingir —dijo al fin—. No renuncié a lo que siento, esto… esto es una obligación, no una elección.—

Sentí cómo algo me hervía por dentro, no dolor, ira, una ira fría, peligrosa.

—Qué curioso —respondí con calma—. Porque al casarte conmigo, elegiste, aunque no te guste admitirlo.—

—No me obligarás a amarte —dijo, casi desafiante.

Me levanté, caminé hacia él despacio, con el vestido aún puesto, la cola rozando el suelo, me detuve frente a su rostro.

—No necesito que me ames, Elías —susurré—. Solo necesito que cumplas.—

Retrocedió un paso, no por miedo, por incomodidad.

—Hay otra regla —añadió—. Nuestra relación será… cordial. Nada más.—

Sonreí.

—¿Eso incluye los besos frente a la prensa? —pregunté.

—Eso fue un error —murmuró.

Me acerqué aún más.—No, fue un mensaje.—

Se quedó en silencio, yo también, finalmente asintió.

—Tres años —repitió—. Ese es el trato.—

Extendió la mano, como si sellara un acuerdo empresarial.

Lo observé un segundo… y estreché su mano.

—Por supuesto —dije—. Tres años.—

Sonreí con dulzura.

Por dentro, ya estaba rompiendo cada una de sus reglas.

Porque las normas existen para tranquilizar a quienes creen tener el control, yo no necesitaba reglas, necesitaba tiempo y tres años eran más que suficientes para destruir cualquier esperanza que tuviera de volver con Yubitza.

Él aún cree que puede escapar, que puede recuperarla, veremos si lo logra.

Me giré hacia el espejo, comencé a desvestirme con movimientos lentos, escuché su respiración tensarse detrás de mí, no me importó, el deseo también es una forma de dominio.

Esta historia no va de amor.

Va de poder.

Y en ese juego…

las reglas siempre las rompo yo.

1
Eudy Sotillo
una atípica historia de Villanos hermosa historia llena de emociones gracias a la autora por esta bella historia que no es lo que uno cree al principio
Filomena Ramírez Jiménez
Estupenda novela, mucha emoción.
Claudia Reveca Diaz Rodriguez: Gracias
total 1 replies
Filomena Ramírez Jiménez
Agárrate fuerte Elías y compañía, q te espera el infierno!!
Josephine Medina Torres
Yo hubiera ella g le doy su buen sape
Josephine Medina Torres
La envidia solo hará que todos sufran ella es una traición era en todo los sentidos
Josephine Medina Torres
No se porque siento que voy a odiar a la amiga, me da aire de que será la malvada del cuento
Josephine Medina Torres
Whao que historia, yo la entiendo muchas veces no se crean la villanas sino se crean y más cuando vienen de lo que son tan cercano a ti
Aracelis Durango
Que emoción Diego Ocampo esta despierto 👏👏♥️♥️♥️♥️♥️♥️
valeska garay campos
que emoción 🤭💪
valeska garay campos
Diego hará una guerra por su familia 🤭
Kim Nava
estoy llorando 😩😩😩
espero ya despues de todo esto haya más capítulos de Diego, Araceli y sus hijos felices
Eudy Sotillo
ahhhhh que capítulos gracias autora 🙏
Kim Nava
con calma Diego recuperate y después viene lo bueno 😡😡😡 ellos pagaran caro
Kim Nava
😩😩😩😩 no todo lo que se perdió el y Araceli en el proceso del embarazo solo por el maldito ego de el imbécil de Elías y
la zorra de Yubitza
ojalá esta maldita no llegue a maximus😡
Eudy Sotillo
no te contengas Diego que sufran con tu regreso 😈
Eudy Sotillo
estos hermanos Ocampos son muy lentos creí que iban estar al pendiente de su cuñada ya han dejado sola /Smug/
Kim Nava
🤯🤯🤯🤯🤯 hay por Dios

ya no tengo uñas 🤯🤯🤯 ahora si Elías y Yubitza ni abra ligar donde esconderse 😡
Kim Nava
esa loca le está a siendo las peores cosas a su propia hija 😡😡😡
por que pensé que Araceli atacaría estando presa para que no sospecharán de ella pero parece que eso no pasará
karencitha: tanto Elias como Yubitza le están arruinando la vida asu hija y ella va a terminar por odiarlos a ambos espero que cuando acabe todo la niña se quede con sus abuelos maternos
total 1 replies
Eudy Sotillo
queeeeeee dioxxx pero que capitulo estoy gritando literal de la emoción y.mi hija me dice mamá estás loca 😂😂😂😂
karencitha: si Diego despertó ahora si Elias Yubitza no sabe lo que les espera
total 1 replies
valeska garay campos
me dejaste 🤯
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